Los 100 días de Petro: siete señales que pintan su gobierno – Por Juanita León

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Los 100 días de Petro: siete señales que pintan su gobierno

Por Juanita León

Los cien días son considerados el “periodo de gracia” de un gobierno, en el que el presidente monta su equipo y da las primeras pistas de su talante como gobernante y de las prioridades de su gabinete. Estas son siete señales que pintan lo que podría ser el mandato de Gustavo Petro:

1. Un gobierno que ofrece un cambio en todo, menos en las prácticas políticas

La bandera que enarboló Gustavo Petro para gobernar fue la del cambio y en estos 100 días se ha visto un cambio notable a varios niveles: en la conformación de su gobierno, en su discurso, en los enfoques de las políticas públicas, en los símbolos y en los interlocutores del Presidente.

“El gobierno de Petro cambió la élite dominante en Colombia”, dice el analista Héctor Riveros. “Están mandando otros, con una lógica distinta a las de las élites y eso en términos de legitimidad política del sistema es un avance gigantesco”.

Si los que votaron por él querían que otros diferentes tuvieran “su turno”, Petro les ha cumplido. Su equipo de gobierno refleja más cercanamente la composición étnica, política, regional y etaria del país y el solo recambio en el poder ha legitimado las instituciones y la democracia.

Desde que llegó, el gabinete ha propuesto enfoques diferentes en casi todas las políticas públicas: la política criminal da un giro de 180 grados respecto al del “que la hace la paga” de Iván Duque; en drogas se aleja del enfoque represivo del consumo y la erradicación; en política social vuelve a los subsidios a la oferta; en seguridad cambia los indicadores de éxito de incautaciones y bajas por reducción de homicidios y masacres; etc.

El presidente usa declaraciones diarias para reforzar el mensaje de “cambio” en temas donde tiene poco margen de maniobra pues enfrenta restricciones presupuestales, institucionales o políticas.

En cambio en lo tradicional —en su manejo del Congreso y en sus prácticas políticas— dice poco pero ha hecho mucho como lo demuestra el haber sacado adelante y sin muchas concesiones reformas tan difíciles como la tributaria, Escazú o la que le permite negociar con grupos armados y organizaciones criminales. En su manejo político, el presidente ha demostrado ser muy efectivo y, a la vez, retrógrado.

En sus primeros tres meses apeló a las mismas estrategias que criticó duramente como senador de oposición: se inmiscuyó en la elección del Contralor para que su coalición eligiera uno cercano al gobierno; armó una coalición más grande que la que tuvo Juan Manuel Santos cuando aún era uribista en su primer período a punta de repartición burocrática y reasignaciones presupuestales a los ministerios que les entregó a los partidos tradicionales; no le concedió a Francia Márquez el Departamento de Prosperidad Social para que Colombia Humana tuviera ese fortín con miras al 2023.

En la reforma política que está impulsando, metieron la posibilidad del transfuguismo, y eliminan el conflicto de intereses sobre las actuaciones de congresistas en asuntos que competen a los financiadores de sus campañas, lo que lejos de eliminar la politiquería la facilitará. “El discurso anticorrupción que primó en la campaña electoral aún no ha sido correspondido con una visión y una estrategia anticorrupción igualmente visible”, dice Transparencia por Colombia en su balance de los primeros 100 días.

2. Un gabinete que propone debates, diálogos y pactos como forma de gobierno, con el riesgo de que mientras los ministros ‘reflexionan’ otros actúan

Si bien durante la campaña, Gustavo Petro fue un candidato eminentemente confrontacional, durante sus primeros 100 días ha ejercido un gobierno más ‘habermasiano’, dominado por los debates, las invitaciones al diálogo y los pactos.

Se ha sentado dos veces a dialogar con Álvaro Uribe y llegó a un mega-acuerdo con Fedegán, la federación de ganaderos que muchos petristas no bajaban de brazo empresarial del paramilitarismo.

“Se ha logrado un gran acuerdo político invisible”, dice el analista Gustavo Duncan. “Ya nadie habla de llevar a los rivales ante la comisión de la Verdad como lo hicieron en campaña”.

Durante estos primeros meses, el gobierno ha puesto sobre la mesa múltiples debates, varios de ellos intocables hasta hace poco. Desde el modelo económico hasta el servicio militar obligatorio y los ascensos militares pasando por el rol de la banca o el racismo.

Esa idea del diálogo como estrategia de gobierno la ha aterrizado en los diálogos regionales vinculantes en los que han participado miles de colombianos a llevar sus propuestas para ser incorporadas en el Plan de Desarrollo. Aunque es una idea que en la práctica ha terminado siendo más parecida a mítines políticos del Pacto Histórico con miras al 2023 que verdaderos ejercicios de diálogo.

Algunos de estos debates han forzado acuerdos con el status quo, como el “pacto de justicia tarifaria” que provocó la reducción del 2,7 por ciento en las tarifas de factura de energía tras amenazar con intervenir la Creg.

Un gobierno tan discursivo, sin embargo, ha demostrado que acarrea sus riesgos, pues mientras cada ministro ambienta en twitter los cambios de paradigma que propone, otros actores de poder van tomando decisiones efectivas.

La Silla ha hablado con varios empresarios que pospusieron o cancelaron inversiones a raíz de las elucubraciones de la minTrabajo sobre cobrar horas extras desde que “oscurece” o ponerle fin del contrato de prestación de servicios.  “Es que uno no sabe si es un globo. Pero si no lo es, cambia toda la estructura de costos de mi negocio”, dijo una empresaria, que tenía prevista una ampliación de su planta para el 2023. “Por eso prefiero esperar a ver si presenta la reforma laboral.” Más de 100 empleos nuevos quedaron en el congelador.

Y esas decisiones tienen mínimo impacto frente a otros jugadores, mucho más poderosos, como los fondos de inversión internacionales que son agnósticos políticamente pero que reaccionan a la menor señal de que Colombia pueda incumplir los pagos de los 171 billones de pesos que les debe el gobierno en TES.

“Las críticas (del Presidente) al banco central y un trino en el que sugirió que controles de capital podrían ser preferibles a una política monetaria más austera también puso muy nerviosos a los administradores de los fondos”, dice un artículo reciente del diario económico Bloomberg, que cuenta cómo el Fondo de Abu Dhabi lideró la venta de TES en octubre.

3. Un presidente comprometido con el mundo popular y con un sesgo antiempresarial

Desde que se posesionó, Petro ha demostrado que su prioridad son los sectores populares y que quiere gobernar desde ‘abajo’ y de la mano de las comunidades.

Esto se ha expresado de múltiples maneras. En el Catatumbo y otros escenarios, invitó a los cocaleros a formular su propuesta para una nueva política de drogas. La política de seguridad se está elaborando a partir de los insumos que le están dando al ministro de Defensa las comunidades de los sitios más azotados por los grupos ilegales.  El presidente ha dicho que hará Plan de Desarrollo a partir de los insumos que surjan de los diálogos regionales vinculantes.

Petro también le dijo a los directores de medios en la reunión que sostuvo hace unas semanas que hará una “alianza público-popular” (a diferencia de las alianzas público-privadas de sus antecesores) y que invertirá una parte significativa de los 20 billones que recaudará con su tributaria en capitalizar el Banco Agrario para que invierta en la “economía popular”. Es decir, en los comerciantes informales, en los negocios unipersonales, en la pequeña agricultura.

En contraste con ese compromiso con lo popular, durante estos tres meses su gobierno ha mostrado un claro sesgo anti-empresarial.  El presidente va a los foros gremiales pero con frecuencia llega tarde, sin saludar a nadie, y centra su discurso en echarles pullas. A los banqueros los culpó de la existencia del gota gota; a la industria minero-energética (principal financiador del Estado) la compara con la cocaína, para citar solo dos ejemplos.

Y es que si bien Petro ha dicho que su apuesta es por un capitalismo moderno, las señales que ha dado estos primeros cien días es que, como dice Héctor Riveros, “Su propuesta de desarrollo no necesariamente está atada al crecimiento económico”.

En su gobierno están convencidos de que el que mueve la economía es el Estado y no el sector privado. De ahí que aún no haya dado señales claras de qué rol le ven a la empresa privada en la propuesta de gobierno (más allá de cargar con el fardo tributario).

4. La Paz Total como prioridad de gobierno y con la improvisación como teoría de negociación

Durante su campaña, el tema de la paz ocupó un lugar tangencial en su campaña. Los temas de inclusión, pobreza, medio ambiente, corrupción fueron mucho más protagónicos en su mensaje de cambio. Sin embargo, desde que se posesionó la Paz Total se volvió el hilo y prioridad de su gobierno.

En estos cien días, reactivó la negociación con el ELN, reformó la ley 418 para poder negociar no solo con esta guerrilla sino también con las disidencias —incluida la del desertor Iván Márquez— e incluso con organizaciones criminales y narcotraficantes. Y el comisionado de Paz, Danilo Rueda, ya ha anunciado ceses del fuego de diez grupos aunque le dijo a La Silla que la información de cuáles era confidencial.

Los resultados del anuncio de la política y de estos acercamientos del Comisionado se han traducido en una disminución de homicidios, en un alivio humanitario en varias regiones e incluso en sensación prácticamente olvidada de ‘paz’ en sitios como Buenaventura.

En el campo de la Paz Total es donde el gobierno ha mostrado más resultados concretos y a la vez en el que surgen más preguntas hacia el futuro puesto que, como ha dicho el canciller, Álvaro Leyva, la teoría de la negociación es la improvisación. Ha dicho que a diferencia de la negociación de la Habana que seguía una partitura, la Paz Total se parece a un concierto de jazz, con un margen amplio de improvisación.

5. Un discurso global del siglo XXI, con políticas locales del XX

Durante los primeros 100 días, Gustavo Petro ha logrado transmitir al país (y al mundo, donde ha demostrado que quiere ejercer un liderazgo en este tema) la urgencia de la crisis climática, el debate contemporáneo por excelencia.

Pero más allá de ese discurso, las políticas concretas que ha empujado en estos tres meses son más propias del siglo XX que del actual.  Por ejemplo, el acuerdo de compra de tierras de Fedegán que según cálculos de la minAgricultura costará más de 60 billones de pesos es una mega apuesta por el campo en un país que es mayoritariamente urbano y donde cada vez es más difícil encontrar jóvenes que quieran trabajar el campo; la prioridad (por lo menos en el discurso) que le ha dado a la “industrialización” contrasta con su silencio frente a la economía digital, de tecnologías de información y de servicios que hoy son las que crean riqueza.

“Es una agenda anticuada”, dice Riveros. “Se parecen mucho a las del gobierno de Carlos Lleras”.

“Son deudas pendientes que tiene este país”, las defiende el analista político y líder social Álvaro Jiménez, ex compañero de Petro en el eme.

6. Un gobierno con mucho énfasis en el qué y en lo simbólico y muy poco en el cómo y en la gestión

Durante estos 100 días, el gobierno Petro ha demostrado ser principalmente discursivo y muy efectivo en crear nuevas narrativas y en transmitirlas.

Desde la traída de la espada de Bolívar el día de la posesión hasta la aterrizada de Satena como primera aerolínea colombiana en Venezuela la semana pasada, Gustavo Petro es un heredero de la fe en la potencia comunicativa de los símbolos y la espectacularidad del M-19.   “El lenguaje no es sólo una expresión de poder, sino un medio para crear poder”, era parte de la filosofía de esa guerrilla.

Pero el gabinete ha demostrado ser menos efectivo en convertir esas narrativas en pasos concretos para volverlas realidad.

El episodio de Satena es representativo. El Presidente trina y celebra que Satena por primera vez en la historia hará vuelos internacionales, comenzando por Venezuela. Lo hace sin haber consultado previamente con el ministro de Defensa, de quien depende la aerolínea oficial.  El ministro, entonces, se ve forzado a revelar públicamente que los aviones no tienen autonomía de vuelo para hacer la ruta Bogotá-Caracas y que solo sería rentable si transportaran 180 personas. Anuncian que comprarán dos aviones con esa capacidad. Y un día después, que mejor por leasing.

Al final, la voluntad del presidente logra que un avión de Satena aterrice de primero en Venezuela, así haya tenido que despegar desde Barranquilla y a pérdidas con 50 personas. Pero no se han tomado ninguno de los pasos necesarios para transformar a Satena en una aerolínea internacional. Es más, el minDefensa renunció a 800 mil millones del presupuesto previsto para el próximo año.

Esto mismo pasa con el acuerdo de compra de tierras, que no es claro ni de dónde saldrá la plata ni a quién le entregarán las tierras ni a qué precio se comprarán; con la Paz Total; e incluso con el plan de transición energética (que aún no se conoce) pasa igual.

“Petro sí tiene un país soñado. Pero se rodeó de activistas que reforzaran su idea de país y no de grandes gestores para hacer esos cambios”, dice Duncan. “Puede desperdiciar el capital político que tiene por carecer de una mínima capacidad de gestión. No basta con decir las cosas para que sucedan”.

7. Petro ha mantenido las ilusiones de los que votaron por él y disipado grandes temores, pero no el de que su ideología arruine la economía 

El presidente ha logrado mantener viva la ilusión de quiénes votaron por él, según muestran las encuestas más creíbles como la Invamer y la del Centro Nacional de Consultoría en las que registra una favorabilidad cercana o superior al 50 por ciento del país que lo eligió.  Algo que, por ejemplo, Iván Duque no logró.

También ha disipado algunos de los temores más grandes que tenían los que se opusieron a su elección. Con el acuerdo de compra de tierras con Fedegán disipó el miedo a que expropiara la tierra; con las reuniones con Uribe y la velocidad con la que se movió para proteger a la familia de la senadora María Fernanda Cabal cuando la amenazaron disipó el temor de que iba a desatar una persecución vengativa contra el uribismo; con el desmonte gradual del subsidio a los combustibles y la reforma tributaria como primera reforma ha demostrado ser mucho menos populista de lo que creían algunos; también se ha opuesto a que se incluya en la reforma política una extensión de su mandato señalando nuevamente que no se aferrará al poder como advirtieron algunos de sus rivales.

Por otro lado, los contrapesos institucionales han funcionado. Incluso en la megacoalición que armó a punta de mermelada, los partidos tradicionales han tumbado medidas como el indulto a la primera línea y la ganancia ocasional del 35 por ciento; la junta del Banco de la República ha subido las tasas en contravía de lo que quería el presidente; y la junta de Ecopetrol dejó a Felipe Bayón como presidente.

El temor que sí no ha logrado disipar Petro es que su propuesta de cambio de modelo económico vía desincentivos a la industria minero-energética, las EPS y los fondos privados de pensiones —en una coyuntura mundial complicada— se lleve por delante la economía.

“La economía ha sido una protagonista en diferentes niveles durante los primeros 100 días de Petro”, dice Francisco Miranda, director del diario económico Portafolio. Anota que es “paradójico” que siendo una de las economías que más crece este año en América Latina (al 7 por ciento) la percepción de empeoramiento de la situación económica individual y del país es generalizada como lo revelan las entrevistas a jefes de hogar del Pulso Social del Dane.  “El ambiente económico está marcando el ambiente del país.”

Y precisamente por esta fragilidad, la economía se ha vuelto el campo de disputa política y donde la debilitada oposición se jugará sus cartas con miras al 2023.

La Silla Vacia

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