El fútbol, como escenario de resistencia (y también de alegrías) – Por Lucía Mazzini Puga

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El fútbol, como escenario de resistencia (y también de alegrías)

 

Por Lucía Mazzini Puga

Argentina es campeón del mundo. No hay una oración mejor para comenzar esta nota. En 1978 con Kempes, en 1986 con Maradona y ahora, en 2022, de la mano de Lionel Messi. La felicidad es total y se siente en todos los rincones del país: cada argentino y argentina vistiendo la camiseta celeste y blanca, cantando la canción “Muchachos” y otras tantas conocidas, la bandera que cuelga de balcones y ventanas. En suma, con la llegada de la “scaloneta”, fueron cinco millones de personas las que se reunieron en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para festejar que la copa del mundo ya está en suelo nacional. De esta manera se registró la mayor movilización de la historia argentina y el país sigue sumando títulos.

Aunque hasta el último minuto no se supo el ganador, el pueblo confiaba en que efectivamente se iba a dar: Messi merecía ser campeón del mundo, y así fue. Con la participación de todos los jugadores del plantel a lo largo del campeonato, las tapadas y el agite del “Dibu” Martínez –que salvó la vida de todos y todas las argentinas en un último mano a mano– y un cuerpo técnico con Lionel Scaloni a la cabeza que pensó cada partido, cada composición y cada pelota. En definitiva, un partido perfecto con un final que llevó a que la gloriosa hinchada argentina se volcara a las calles a abrazarse y festejar. Por fin, después de 36 años, y con el mejor jugador del mundo como capitán, Argentina es campeón mundial.

En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, la jugadora de fútbol de 1era. división de All Boys, Mónica Santino, desglosa el último partido del campeonato así: “Vivimos una final que va a ser recordada por los siglos de los siglos como la mejor de los mundiales. Tuvo todo: una selección argentina que dominó durante 70 minutos y borró de la cancha a un equipo como Francia, el empate, otra vez Argentina que pasa al frente y otra vez lo empatan y los penales. No se pueden contar más situaciones a favor y en contra en un partido de final de mundial

Y continúa: “Tenemos un equipo difícil de encasillar en un único estilo porque es capaz de resolver el partido que cada rival le presenta. Lo del domingo fue puro fútbol, con altos y bajos, felicidad y bronca, querer romper la televisión y después abrazarte con tu familia y llorar por el triunfo. Y tuvo lo más importante, la posibilidad de ver a Messi abrazar el trofeo que quería hace tanto tiempo”.

Para los nacidos después del ‘86, ser campeón mundial era una anécdota que generaba orgullo y ganas de vivirlo en carne propia. Había fotos, canciones, relatos y más, pero faltaba algo: que se diera en este siglo y con un jugador de la inmensidad que tiene Messi. “Para las generaciones que es la primera vez que lo viven, tienen la posibilidad de sentir en cuerpo y en cabeza lo que significa el fútbol para Argentina y lo que es tener el privilegio de ser contemporáneos a él y poder verlo en la cancha”, manifiesta Santino.

El fútbol como identidad

El fútbol para este país de Sudamérica no es solo un juego, es mucho más: es un espacio donde convergen todas las emociones, donde se recuerda a aquellos que dejaron una huella en los corazones de los argentinos –Di Stéfano, Kempes, Maradona, Messi, por nombrar solo algunos–, donde se refuerza el sentido de pertenencia a un equipo y se aman los colores. Es el lugar desde donde se resiste y se recuerdan algunos reclamos nacionales. Sin ir más lejos, la hinchada no se olvidó de los pibes de Malvinas que fueron enviados injustamente a la guerra en 1982.

Y sí, también es el espacio donde los pibes y las pibas del barrio juegan a la pelota para divertirse. Esa sensación de disfrute, de recordar lo que la camiseta albiceleste vale fue lo que conectó a la scaloneta con el pueblo argentino estando a miles de kilómetros de distancia. Santino lo explica mejor: “Fue muy difícil asimilar la derrota de Arabia Saudita porque fue una trompada al estómago. Pero Messi tiró una frase muy barrial, ‘quédense tranquilos que no los vamos a dejar tirados’. Esa es una muy buena síntesis de cómo el grupo conectó con la gente”.

Cuando la scaloneta tiene la pelota, juega como en el barrio. Ellos juegan el fútbol que le gusta a la mayoría y, si tiene que arremangarse porque el partido no va tan derecho, lo hace, si tienen que entrar y salir jugadores también, nadie se enoja. Estamos hablando del fútbol de personas que juegan en distintos lugares del mundo y que cobran mucho dinero por eso. La identificación con la gente se da cuando los ves jugar como el equipo de tu barrio, como los pibes del futsal o las pibas en la cancha de la Villa 31”, enfatiza Santino.

Todos juntos

La directora técnica de “La Nuestra Fútbol Feminista”, jugado por mujeres y diversidades en la Villa 31, subraya también que las nuevas generaciones deben entender “la capacidad transformadora que tiene lo colectivo, y el fútbol es un libro abierto en eso. Esta selección llevó esa condición como bandera, todos jugaban para un objetivo común y alentando para el mismo lado”.

Otra cosa a destacar es la conciencia social que mantuvieron los jugadores. En cada declaración dejaron en claro que sabían la alegría que le daban al pueblo argentino en un momento de crisis política, judicial y económica. “El fútbol sigue siendo a su forma y a su manera un espacio de resistencia para muchos de nosotros y es una alegría que no nos puede chorear nadie. Ni las grandes empresas que tienen intereses, ni una dirigencia que a veces le da la espalda al pueblo, ni los grupos mediáticos concentrados ni el sistema judicial que hace las cosas que hace”, afirma Santino.

Tras las frustraciones futboleras de años atrás, la pandemia y la situación económica que atraviesa el país, este deporto funcionó una vez más como el canal que conectó al pueblo con la alegría.

Las pibas al mundial 2023

Y como si esto fuera poco, el año que viene trae un nuevo mundial, la Copa Mundial Femenina de Fútbol, que se disputará en Australia y Nueva Zelanda. La selección nacional logró la clasificación tras obtener el tercer puesto en la Copa América, jugada en julio de este año.

Santino ofrece su mirada sobre el próximo campeonato y la situación del equipo conducido por Germán Portanova: “Hay una distancia grande entre las selecciones europeas y nosotras, pero eso es estructural. Confío en que en una década nuestro fútbol jugará de igual a igual con esas selecciones. Principalmente, en lo que es lo formativo, y que las contraten como futbolistas desde que son chiquitas, algo que a estas jugadoras no les pasó. En 2019 no superamos la fase de grupos, pero hicimos un gran papel. Con confianza a lo que se nos venga el año que viene y con mucho deseo de que tenga una visibilidad importante, más allá de los resultados”.

El fútbol en Argentina es una pasión, que no puede explicarse, simplemente se vive y se siente. Este año –y hasta el próximo mundial– este país es el mejor del planeta en la categoría masculina, solo queda disfrutar de este título y esta copa que finalmente están en la tierra de Diego y Lionel.

Agencia UNQ

 

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