Haití culmina el 2022 atravesado por el cólera y por la crisis económica, política y social

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Haití despide un 2022 de tragedias sin esperanzas de mejora

Por Carlos Enrique

La siempre azotada Haití sobrevivió a duras penas a otro año de crisis económica, política, social, y a un brote de cólera para rematar a una población duramente castigada por las bandas criminales.

Haití vive hace meses una ola de inseguridad y violencia, acentuada por la crisis de carburantes, la inflación y la falta de gobernanza que prima desde el asesinato en 2021 del presidente Jovenel Moise (2017-2021), por lo cual se pidió, incluso, una intervención militar humanitaria.

En su más reciente reporte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) confirmó que Haití cerrará el año con una contracción de 0,7%, la mayor de la región.

A su vez, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh) señaló que desde inicios de año 1.448 personas fueron asesinadas, 1.145 heridas y 1.005 secuestradas por las bandas criminales que operan en Haití, con el presunto apoyo de elites económicas y políticas.

Fruto de este imperio del terror, las bandas mantienen bajo su control más del 60% de la capital haitiana, Puerto Príncipe, y someten mediante el miedo y la violencia sexual a unos 4,7 millones de habitantes, que también padecen hambre.

“Esta es una crisis multifacética y prolongada. Pero existen soluciones. Requieren coraje político y responsabilidad a nivel nacional e internacional. Hay que abordar las causas profundas de la crisis, especialmente las desigualdades sociales, la corrupción rampante, la connivencia entre las élites poderosas y los líderes de las bandas, y la impunidad endémica”, señaló el comisionado Volker Turk.

El cólera contraataca

Por otro lado, el Organización Internacional para las Migraciones (OIM) pidió a inicios de diciembre 3,2 millones de dólares para enfrentar el actual brote de cólera en Haití y asistir a los más de 96.000 desplazados por la violencia en la capital de la nación caribeña.

A inicios de octubre, Haití registró su primer caso de cólera en tres años, y apenas un mes después ya se reportaban 6.800 contagios en siete regiones de Haití, con unos 280 fallecidos hasta la fecha por esa enfermedad, caracterizada por su breve periodo de incubación (de dos horas a cinco días), que propicia su rápida propagación.

Haití ha lidiado con recurrentes brotes de cólera, como el que siguió al terremoto de magnitud 7 en enero de 2010, cuando el vertido negligente de aguas residuales de un campamento de paz de la ONU a un río de la localidad de Mirebalais desató una epidemia que causó unas 9.800 muertes y 820.000 infecciones.

Impacto en la infancia

Un estudio de la investigación Save The Children alertó que 2,4 millones de menores de edad en Haití sufren hambre debido a los problemas políticos y económicos en el país, de ellos 9.600 menores que padecen “niveles catastróficos”, cercanos a la inanición.

La directora de Save the Children en Haití, Chantal-Sylvie Imbeault, declaró que la situación en el país “se está deteriorando rápidamente”, enfatizando que “millones de niños se van a la cama con hambre cada noche, y por primera vez, estamos viendo que los niños se enfrentan a condiciones similares a la hambruna”.

Verdad asesinada

Otra víctima de la crisis es la libertad para informar: la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) registró casi una decena de asesinatos de reporteros durante este año, algunos de ellos en circunstancias oscuras, mientras estaban detenidos en comisarías locales.

El Colectivo de Medios en Línea de Haití (Cemel) demandó incluso a la Policía Nacional por una agresión al periodista Robeste Dimanche, apenas días después de que el reportero Romelo Vilsaint muriera en una comisaría capitalina el 30 de octubre.

A inicios de 2022, dos reporteros fueron asesinados a manos de la banda de Ti Makak en el sudeste de la capital y sus cuerpos fueron quemados, el mismo destino sufrieron otros comunicadores, víctimas de las pandillas que operan en Cité Soleil, comuna del norte de Puerto Príncipe.

Un insólito secuestro

A inicios de noviembre, las autoridades de Haití recuperaron el control de la base de Verreux, que almacena el 70% del combustible en esa nación, y que permanecía secuestrada por una alianza de bandas armadas liderada por el exoficial Jimmy Barbacoa Cherizier.

Luego de varios días de asedio, a manos de la Unidad Especial Antipandillas, los miembros de la alianza criminal G9 cedieron uno a uno sus posiciones y la Policía Nacional de Haití recuperó el control de la base de combustible, para poner fin a una crisis que paralizó a la nación.

Dura vecindad

La casi imposibilidad de vivir en su tierra natal hizo que muchos haitianos se fueran a la vecina República Dominicana, pero chocaron con una serie de deportaciones ordenadas y defendidas por el presidente Luis Abinader, a todas luces preocupado porque el país se le convierta en un campo de refugiados.

Abinader calificó el 10 de noviembre como inaceptables e irresponsables las declaraciones del ya mencionado Turk, quien pidió detener las deportaciones de ciudadanos haitianos: el mandatario quisqueyano se mantuvo firme en las repatriaciones, a despecho de los cuestionamientos humanitarios.

Es más, la Cancillería de República Dominicana insistió ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre la necesidad de una fuerza (externa) que contribuya a recuperar la paz en Haití, secuestrada por las pandillas.

Sputnik

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