Argentina: La inflación forzó un cambio en el consumo popular – Por Javier Slucki

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Argentina: La inflación forzó un cambio en el consumo popular

Por Javier Slucki

La aceleración y persistencia de la inflación no solo perjudica el bolsillo per se sino que también llevó a la clase media-baja y baja, es decir las clases populares, a adoptar nuevos hábitos de consumo. Además de un desplazamiento de estos sectores hacia los comercios de grandes superficies, los que siguen comprando en los comercios de barrio deben incluso usar la tarjeta de crédito para comprar un puñado de bienes básicos.

El último informe de la consultora Scentia puso en cifras este fenómeno. En febrero, el consumo en los grandes supermercados creció un 8,3% interanual, mientras que en los pequeños comercios de barrio cayó un 8,9% en el mismo período.

Los analistas coincidieron en que la causa es que los grandes supermercados tienen mejores precios para los productos de consumo masivo. Se trata de una tendencia que, como remarcó a El Destape el titular de ScentiaOsvaldo del Río, comenzó a verse con el lanzamiento de Precios Máximos durante los primeros meses de la pandemia. Pero que, aún así, se aceleró con la llegada de Precios Justos.

De hecho, tanto en noviembre como en enero el índice de supermercados del Indec mostró una suba intermensual desestacionalizada, algo que no se vio en diciembre cuando, por los regalos de las fiestas, la gente suele gastar más en comercios barriales de distintos rubros.

Sin embargo, esta causa no explica el fenómeno social que está detrás. Al respecto, tanto los expertos como referentes del sector concuerdan que se da una doble tendencia.

El desplazamiento a los grandes supermercados

Por un lado, especialistas en consumo reconocen que parte de la pérdida del volumen de mercado de los comercios de barrio se debe a que parte de sus consumidores habituales migraron a realizar compras a los hipermercados en busca de mejores precios.

«Precios Justos oficia en las grandes superficies, donde las ventas crecen en el orden del 8,6%. En súpers de cercanía, almacenes, pequeñas despensas no hay Precios Justos, por lo que la gente se desplaza a los hipermercados«, señaló al respecto Damián Di Pace, titular de Focus Market.

Las quejas también llegaron desde ese sector económico. El vocero de la CAMESalvador Femenía, explicó: «Con el acuerdo de Precios Justos, las pymes quedaron afuera, sobre todo porque no se nos aseguraba la provisión de productos a los precios acordados y eso produjo y produce un corrimiento hacia los grandes supermercados en busca de precios. Eso nos afecta en caída de consumo y pérdida de rentabilidad».

De este modo, comenzó a revertirse la tendencia de la última década. Unos diez años atrás, la novedad era que la mayoría de la gente dejaba de comprar en los hipermercados para pasar a aprovechar la amplia oferta que comenzaba a verse en los comercios de cercanía. Ahora, la inflación acelerada hace que las grandes superficies ya no sean patrimonio exclusivo de la clase media acomodada.

Los que se quedan en los comercios de barrio y el uso del crédito

Aun así esto no lo explica todo, sino que se complementa con el hecho de que muchos clientes siguen comprando en los comercios barriales, aunque ahora disponen de menor poder de compra. La caída del poder adquisitivo de los sectores populares se hizo palpable el último año. Mientras que el salario real del sector privado perdió 5 puntos en 2022, entre los informales esta caída fue de unos impresionantes 30 puntos, según el Indec.

«Los clientes son los mismos, pero el problema es que tienen menos poder de compra», opinó Yolanda Durán, referente de los supermercados chinos, dando cuenta de la otra causa del peor volumen de mercado de los locales de proximidad.

Del Río, de Scentia, señaló que los que se desplazan a los grandes comercios y los que siguen comprando en los de proximidad no necesariamente son clientes distintos, ya que, además de dirigirse a los hipermercados, «visitan todos los días los negocios de barrio para comprar uno o dos productos y no gastar de más». En tanto, Di Pace, de Focus Market, explicó que «desgraciadamente gente de clase media-baja o baja termina teniendo que ir a esos lugares donde los precios están más elevados (por los comercios de proximidad) porque no tiene posibilidad de desplazarse a un gran hipermercado«.

En ello también pesa el hecho de que los hiper están pensados para hacer grandes compras, y mucha gente no tiene resto para esa posibilidad, agregó Di Pace. «Llenar un changuito en un hipermercado sale entre 40.000 y 50.000 pesos. Hay familias en mi barrio que ganan entre 80.000 y 90.000 pesos por mes, por lo que en el día a día se maneja más con nuestros comercios», comentó en el mismo sentido Fernando Savore, titular de la Federación de Almaceneros bonaerenses.

El otro factor que permite entender que muchos permanezcan en los comercios de barrio es el geográfico. «Nunca va a haber un hipermercado en un barrio humilde, pero nuestros comercios están», añadió Savore. Para quienes no tienen auto, señaló, el desplazamiento a los híper es imposible.

La elevada inflación también modificó los hábitos de consumo en otro sentido.Desde hace aproximadamente un año que «a partir del 15 de cada mes» cambia la forma de compra, advirtió el referente almacenero, quien ve «con sorpresa que muchos clientes compran cuatro o cinco productos básicos, como yogur, leche, azúcar, fideos, y los paga con tarjeta de crédito«. «Cuando un cliente te paga con tarjeta de crédito cinco artículos es porque tocó fondo», resumió.

Y, para finalizar, lanzó otra dramática descripción. Según Savore, la preocupante tendencia empeoró en los últimos meses: «Ahora ya cambia a partir del día 12.«

El Destape

 

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