Ecuador: banana republic o renacimiento – Por Alex Ron

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Alex Ron*

Locura es hacer lo mismo, una y otra vez, esperando obtener resultados diferentes.

Albert Einstein

En 2002, la artista escocesa Jan Nimmo, realizó un documental sobre las condiciones laborales en algunas de las haciendas de Álvaro Noboa, el cuarto mayor exportador de banano en el mundo. Nimmo, constató las pésimas condiciones de vida de los trabajadores, lo más dramático fueron los testimonios de obreros que afirmaron que mientras laboraban se realizaban fumigaciones aéreas con químicos peligrosos. Además, cuando los trabajadores intentaban exigir mejores condiciones salariales, la respuesta de la corporación Noboa ha sido enviar bandas paramilitares para reprimirlos salvajemente. “Bonita Banana”, la exitosa marca de la familia Noboa, ha sido levantada sobre la base de una historia de colonialismo, explotación y violencia. Nuevamente la frase de Balzac se cumple al pie de la letra: “Detrás de toda gran fortuna siempre hay un crimen”.

Septiembre de 2023, Ecuador se encuentra a pocas semanas del balotaje entre la candidata de centroizquierda Luisa González y, por otro lado, Daniel Noboa, el hijo del magnate bananero quien defendió abiertamente a Guillermo Lasso en la Asamblea Nacional. La historia política ecuatoriana sigue marcada por la influencia de la oligarquía cuyos ejes programáticos apuntan a reducir el tamaño del Estado para que aumenten las inversiones extranjeras a través de la disminución de impuestos. Lo patético es que éste ya fue el discurso con el que llegó al poder Guillermo Lasso, el banquero cuya gestión está marcada por la ineptitud y la corrupción. Basta mencionar que el número de asesinatos por 100000 personas pasó de 5.5 muertes violentas en 2015 a más de 30 en 2023. Además, el riesgo país aumentó de 700 en 2016 a 2035 en 2023 y la tan mentada inversión extranjera durante el gobierno del dueño del Banco de Guayaquil no llega ni al 0,5% del PIB.

Daniel Noboa, propietario de bananeras, también es dueño del Banco del Litoral y participa junto a Verónica Abad, su candidata a la vicepresidencia, quien plantea privatizar salud, educación y seguridad social. Abad ha señalado, sin ambages, que apoya la evasión de impuestos, ¿cómo llegó a la segunda vuelta este binomio?, ¿lo político se convirtió en algo tan poco gravitante para la gente?, en pleno siglo XXI ¿tenemos alma de colonia?

New York Times, hace tres meses, realizó una comparación entre correísmo y lassismo. Hay una parte que dice: “entre 2005 y 2015, Ecuador fue testigo de una transformación extraordinaria, ya que millones de personas salieron de la pobreza, aprovechando la ola del auge petrolero cuyas ganancias el presidente de ese momento, Rafael Correa, de izquierda, invirtió en salud y otros servicios sociales.” Luego NYT señala: “de repente, las amas de casa y los albañiles creyeron que sus hijos podrían terminar la escuela secundaria, convertirse en profesionales y vivir vidas completamente diferentes a las de sus padres. Hoy, esos ecuatorianos ven cómo sus barrios se deterioran en medio del crimen, las drogas y la violencia.”

Durante el correísmo la pobreza disminuyó del 36,7% al 22,5%. Pese a estos datos favorables las corporaciones mediáticas construyeron un relato sensacionalista sobredimensionando los errores del caudillo Correa. Se fue levantando el discurso oscurantista de que vivíamos en una dictadura de mafias con poderes descomunales, lo cierto es que las condiciones de vida de la mayoría mejoraron y el aumento en la inversión pública permitió una mayor movilidad social. Hoy Ecuador, el país de la bancocracia, es un país sin rumbo donde a diario estallan coches bomba y hay nuevos casos de sicariato. Vivimos una auténtica dictadura de políticos y narcotraficantes, donde las cabezas más visibles son las del tinglado del presidente y su cuñado vinculado a la mafia albanesa.

Pese al desprestigio del gobierno del banquero, su poder sobre los medios de comunicación le ha permitido deslindarse de responsabilidades políticas para trasladar la culpa del avance del narcotráfico al correísmo. El sonsonete de que el correísmo es una fuerza maligna ha superado al sentido común de millones de ciudadanos que lucen confundidos y desesperados, pero que repiten el relato una y mil veces transmitido por periódicos y noticieros de que Correa es el mayor narco de la historia ecuatoriana. El anticorreísmo se ha extendido como un cáncer político que ha eliminado la capacidad discursiva de un importante sector de la población que por convicción o esnobismo se muestra contraria al líder de la Revolución Ciudadana.

Por último, la derecha culpa a Correa por el asesinato al candidato Fernando Villavicencio, este atentado tiene todas las características de un crimen de Estado. Siguió un guion totalmente planificado cuyo principal objetivo era generar una reacción negativa contra la candidata Luisa González para acusarla del magnicidio sin prueba alguna. Vale la pena recalcar que todos los protocolos de seguridad fueron rotos cuando la policía no protegió ni frontal, ni lateralmente al candidato, además que lo subieron a una camioneta que no estaba blindada. La misma familia de Villavicencio responsabilizó a Lasso por el asesinato del candidato de CONSTRUYE. No olvidemos que quien da las órdenes a la policía es el gobierno de Lasso y no el ubicuo Rafael Correa. Fue una jugada política maquiavélica que demostró el hambre de poder de la derecha.

Faltan pocas semanas para que Ecuador vaya a las urnas, lo lógico sería que los votantes abandonen relatos y se orienten políticamente por los resultados de los diferentes modelos económicos que se han aplicado en los últimos dieciséis años. Diez años de keynesianismo populista de Correa frente a seis años de neoliberalismo rentista de Lasso y Moreno. Las diferencias son abismales en cuanto a resultados de gestión política y económica, sin embargo, la derecha se mantiene fuerte gracias a la parodia elaborada por las nuevas armas de destrucción masiva: televisión, prensa e internet.

Hace dos años Guillermo Lasso apareció en la lista de mayores evasores del mundo en Pandora Papers, esta gigantesca investigación internacional dejó clara la calidad moral de nuestro gobernante y de sus cómplices. Una dosis de memoria histórica y serenidad ayudaría mucho para que la gente rompa de una vez por todas con la hegemonía dantesca del capital financiero y sus aliados que apuestan por un nuevo suicidio político de un pueblo secuestrado por la pobreza y el miedo.

*Escritor y catedrático universitario.

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