Pobre Guatemala – Por Daniela Pacheco

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Pobre Guatemala 

Por: Daniela Pacheco*

En Guatemala hay unos poderes fácticos, hay unas élites, hay una candidata perdedora, hay unas autoridades judiciales, que no han entendido que se produjo un cambio en la correlación de fuerzas, que no entendieron el contundente mensaje popular que se dio en las urnas el pasado 20 de agosto.

Lo que parecía el fin de una era de persecución política a cualquiera que se atreviera a denunciar la corrupción en Guatemala, se convirtió en un nuevo punto de partida en la persecución política contra el presidente electo, Bernardo Arévalo, a través de instituciones, fiscales y jueces. El establishment no se quedará de manos cruzadas; tienen mucho que perder. Arévalo simboliza un quiebre con la manera tradicional de hacer política en Guatemala que se roba el Estado a manos llenas.

Antes de las elecciones de segunda vuelta, el fiscal Rafael Curruchiche —quien ordenó suspender la personería jurídica del partido Semilla— advirtió que podría suspender al partido y emitir órdenes de arresto para algunos de sus miembros por supuestas irregularidades en la recolección de las firmas ¡de 2017! para la creación del Movimiento, debilitando así la capacidad de Arévalo para gobernar. Dicho fiscal especial contra la impunidad de Guatemala fue incluido en una lista de actores corruptos y antidemocráticos por el Departamento de Estado de EEUU en 2022.

Aunque la inhabilitación de Semilla no impedirá que Arévalo llegue a la presidencia, la decisión del Tribunal Supremo Electoral puede impedir que los miembros de su partido lo acompañen en el Congreso Nacional, donde le urge su acompañamiento para negociar las reformas sociales que le prometió a su pueblo. Sus opositores buscan dirimir en el terreno judicial, de forma ilegal, una lucha que debería darse abiertamente en la política.

Después de que los intentos de voltear los resultados de la elección no funcionaran, la estrategia es la persecución judicial y el boicot. Ya una vez fue el pueblo guatemalteco el que presionó desde las calles para defender su voto de un posible fraude y a su candidato de la persecución de la fiscalía y muy seguramente Arévalo, al menos en esta etapa de transición, tendrá que recurrir a él nuevamente.

La situación que incluye hasta intentos para atentar contra su vida y la de su vicepresidenta, Karin Herrera, es tensionante y muy preocupante. Hasta la desprestigiada Organización de Estados Americanos (OEA) llamó la atención sobre la suspensión del partido Semilla a la que calificó como un “abuso”.

La interferencia judicial no sólo amenaza al presidente electo sino a la abrumadora voluntad expresada en las urnas por el pueblo guatemalteco que expresó su hartazgo, pero especialmente su esperanza y su deseo de cambio para recuperar la muy deteriorada democracia.

Hay un cáncer terminal en Guatemala y Bernardo Arévalo prometió extirparlo. No se ha posesionado y las élites ya le quieren quitar el quirófano, las enfermeras, la anestesia y las herramientas para operar. Luego, la culpa de que se muera el paciente es sólo del bendito médico.

*Comunicadora social y periodista. Asesora de gobiernos progresistas. Colaboradora del Instituto para la Democracia Eloy Alfaro (IDEAL).

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