Desentrañando las alternativas sobre el desarrollo – Por Eduardo Gudynas

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Eduardo Gudynas*

Un recorrido de los actuales debates sobre las ideas y propuestas de cambio, las llamadas alternativas, es urgente. Están, por un lado, quienes sostienen que no son necesarios los cambios e incluso los consideran riesgosos, y por el otro lado, observamos un creciente conjunto de ideas, slogans, planes y ensayos que se presentan como alternativas, transiciones, giros y hasta revoluciones. Esas proliferación se incrementó a raíz de la pandemia por coronavirus, llegando a la situación actual, con la maraña de opciones que enfrentamos.

Es necesario abordar todo ese conjunto por varias razones. La primera es que las crisis actuales siguen agravándose, por lo que insistir en las clásicas estrategias de desarrollo las agravarán. Al mismo tiempo, los actores más conservadores que rechazan cualquier reforma siguen operando, e incluso hacen que la mera imaginación de otras alternativas se vuelva cada vez más difícil. Dando un paso, las propuestas que se presentan como alternativas son ahora un enorme conjunto, desde todo tipo de perspectivas, algunas de las cuales son apenas ajustes y otras tienen ambiciones más radicales. Todo ese conjunto está teñido por slogans y titulares a veces radicales, pero con contenidos limitados e incluso contradictorios. Por momentos, las posturas sobre el desarrollo son tan conservadoras y las derechas políticas han avanzado tanto, que cualquier tímida reforma es calificada como propia de la izquierda.

En todo esto, es como si en años recientes se hubiesen deteriorado las capacidades en analizar, desentrañar y evaluar las alternativas. Esas condiciones tienen el efecto de erosionar la capacidad en imaginar, diseñar y promover las opciones de cambio para poder superar crisis tan graves como las actuales. Esa es la temática de un próximo libro que publicará Ediciones Desde Abajo, y que en este breve artículo, basado especialmente en uno de sus capítulos, ofrece un adelanto.

La proliferación de alternativas

Toda esas tensiones son muy evidentes en Colombia, donde han proliferado los llamados a las alternativas, las transiciones y los cambios. Los giros propuestos por el gobierno de Gustavo Petro corresponden a los que son calificados como reformas dentro de las estrategias de desarrollo capitalista. Petro lo ha dejado muy en claro con sus llamados a un capitalismo democrático que buscaría superar aquel que considera atrasado e incluso feudal. Esas opciones son análogas a las que defienden sectores de la elite del empresariado y la política global, tal como la idea de “resetear” del capitalismo del Foro Económico de Davos. O sea, que no pueden ser etiquetados como propios de una izquierda revolucionaria.

Sin embargo, dentro de Colombia, intentos tales como las reformas laboral y tributaria, o la consideración de abandonar la explotación de combustibles fósiles, despertó la más airada oposición de los sectores conservadores. Esto deja en claro que el marco político colombiano está tan recostado sobre las ideas conservadoras que hasta esas simples medidas de ajustes dentro del capitalismo son consideradas intolerables. Pero al mismo tiempo, se genera una ilusión en otros que la mera rectificación del desarrollo convencional permitiría resolver todos los problemas, cuando es evidente que es imposible.

Es necesario reconocer los distintos tipos de alternativas para comprender sus alcances y limitaciones, y ese es el ejercicio que se realiza en el libro. En la actualidad, muchas de ellas pueden agruparse en un conjunto que busca reformar el capitalismo. El diagnóstico de partida acepta que son necesarios los cambios dentro del capitalismo convencional; admite que se enfrentan problemas, tensiones y contradicciones, que no deberían persistir en el futuro inmediato, y por lo tanto son necesarias las alternativas. La naturaleza y los énfasis en esos cambios es muy diversificada, tal como puede verse en los ejemplos del Foro Económico de Davos, las iniciativas de las Naciones Unidas, o los distintos “pactos” verdes o las reformas del capitalismo por Joseph Stiglitz o Mariana Mazzucato, todos ellos muy conocidos en nuestro continente.

No se niega que existen diferencias entre esos distintos tipos de desarrollo; no son iguales las implementaciones, pongamos por caso en Alemania que en México, en Estados Unidos o en Argentina, pero todas ellas son capitalistas. La cuestión clave en el análisis de esas diversas alternativas es que todas concuerdan en la estructura y funcionamiento del capitalismo basado en mercados, su asignación de derechos de propiedad, el reconocimiento de la propiedad privada, de los flujos de capital, y así sucesivamente. También acuerdan en que el desarrollo requiere crecimiento económico. Los futuros preferidos plantean cambios en cuestiones como el papel del Estado, las formas de regular el mercado, y otras cuestiones, pero se defienden economías en las que fluye el capital, hay propietarios, se interacciona en mercados, y que buscan el crecimiento.

Las discusiones entre los reformadores no sólo son intensas, sino que contienen elementos compartibles (como imponer impuestos a los más ricos), y como atacan a los que insisten en blindar el capitalismo, aparecen como una alternativa por momentos radical. Al mismo tiempo, distintos movimientos sociales se suman a esos debates, lo que es comprensible ya que, pongamos por caso, resulta más atractiva una variedad socialdemócrata que un neoliberalismo autoritario.

Esos reformismos están presentes en América Latina, como son los pactos o Green New Deasl que se han elaborado en distintos países, como también las agendas que reclaman reformas de tono keynesiano. El capitalismo democrático petrista está dentro de ese conjunto.

Seguidamente debe identificarse otro grupo de alternativas que de modo explícito o implícito, cuestionan al capitalismo en cualquiera de sus expresiones, y concibe un futuro preferido no-capitalista. Es otro agrupamiento diverso donde se incluyen las críticas al capitalismo por la acumulación, el tipo de crecimiento o las distorsiones entre las valoraciones de cambio y uso, y buena parte de ellas han sido calificadas como socialistas o comunistas. América Latina cuenta con una larga tradición en ese campo, y más recientemente se han sumado otros autores y propuestas (analizándose varios ejemplos en el libro).

Un examen primario podría indicar que no hay relación entre las reformas dentro del capitalismo y las opciones no-capitalistas, como si correspondieran a cosmovisiones distintas. Pero eso es cierto solamente en parte, porque todas ellas comparten la misma adhesión a los elementos determinantes en la idea de desarrollo, o sus equivalentes como progreso o crecimiento. Desde el reseteo capitalista de los empresarios en Davos, a los llamados al socialismo del siglo XXI sudamericano, o al hibridismo chino, todos aspiran a desarrollarse, todos buscan el progreso y desean crecer económicamente. Sus diferencias están en cómo organizar e instrumentalizar esas tareas, bajo diferentes papeles del Estado, de la regulación de la propiedad y el capital, y así sucesivamente.

Estamos frente a variedades de desarrollo. Este es un conjunto amplio, diverso, con sus aspectos positivos y negativos, y que más allá de poder ser ordenado en conjuntos (como capitalistas, socialistas, híbridos, etc.), comparten una misma base conceptual y sensible. En ella se encuentran, por ejemplo, el mito del crecimiento y el progreso, la expoliación de los recursos naturales, la dualidad sociedad-naturaleza, los utilitarismos y las valoraciones antropocéntricas.

Por lo tanto, existen múltiples alternativas pero todo ese gran conjunto está enmarcado dentro de esas concepciones del desarrollo. Se cuestiona una variedad de desarrollo, pero, de inmediato se presenta otro como alternativa, el que sería mejor y resolvería los problemas que deja una anterior versión. En sus expresiones más conocidas diagnostican lo que califican como desarrollos incompletos, atrasados, subdesarrollos, maldesarrollo, etcétera, y desde allí elaboran alternativas que serían nuevos desarrollos descritos como humanos, integrales, endógenos, verdaderos…. Del mismo modo, ante el conjunto de variedades de desarrollo capitalista se presenta como horizonte de cambio las alternativas de desarrollos no capitalistas. Pero, como puede verse, el horizonte alternativo imaginado o permitido está siempre dentro del desarrollo.

Al mismo tiempo, no escapa al examen que muchas alternativas adolecen de limitaciones en su estructura interna, o sus propósitos no se corresponden con los cambios que dicen buscar. No es una cuestión menor, y de hecho en el libro se abordan muchos ejemplos de esas limitaciones, que no siempre son advertidas, pero que debilitan o incluso anulan a las alternativas. Además, alerta sobre propuestas que caen en simplismos y slogans, como pueden ser el comunismo liberal que desea un gobierno mundial al estilo de China de Slavoj Žižek, o la de cambios a partir de memes postapocalípticos para un comunismo alterno de Bifo Berardi. Esas proposiciones, que se han vuelto muy comunes en el mundo académico del norte, no revisten mucha utilidad para las alternativas necesarias en América Latina.

Buen Vivir: más allá deldesarrollo

La particularidad latinoamericana está en un último conjunto que corresponde a las alternativas que se posicionan más allá de cualquiera de esas variedades de desarrollo, sean en sus expresiones capitalistas, socialistas o de otro tipo. Son opciones que no comparten las mismas bases conceptuales y sensibles, y rechazan aspectos fundamentales tales como la adhesión al crecimiento, la valoración antropocéntrica o la dualidad que separa entre humanos y la Naturaleza. Es en esta posición donde se ubican las llamadas alternativas al desarrollo en sentido estricto, y cuyo ejemplo más conocido es el Buen Vivir en sus formulaciones originales.

Existe una discontinuidad o ruptura, al menos parcial, con las opciones que están dentro del desarrollo. Esto se debe a que se cuestionan o se rechazan aquellos aspectos que son propios a todas las variedades del desarrollo, que corresponden a la esencia moderna de esas concepciones. Por ejemplo, cuando se rechaza que sólo pueden existir sujetos humanos y se aceptan valores intrínsecos en lo no-humano, se cruza esa brecha. De hecho, esa diversificación de las valoraciones no se corresponde con esas concepciones compartidas por todos los desarrollos.

Algunas alternativas se acercan a esta condición, como ocurre con aquellas variedades de la plataforma del decrecimiento que se discute en Europa. Pero éste mantiene muchos problemas al observarse desde América Latina, no solo por aludir a que resultaría en una recesión económica, sino por carecer de una teoría del valor alternativa, y que por lo tanto no puede asumir con comodidad innovaciones latinoamericanas como los derechos de la Naturaleza. En cambio, el Buen Vivir expresa una ruptura ética y disuelve la dualidad entre los humanos y lo que llamamos como Naturaleza. Bajo ese tipo de alternativas el horizonte de opciones imaginadas y explorables se amplía notablemente, ya que no están encapsuladas dentro de las ideas del desarrollo.

Adhesión al desarrollo

Las bases compartidas entre las variedades de desarrollo es tan fuerte que una y otra vez se apuesta por reformarlo. En un hecho notable, a inicios de 2020, la secretaria de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), Alicia Bárcena, admitió que las estrategias de desarrollo estaban agotadas*. En esa confesión resaltó además que se registraba un bajo crecimiento económico en la región junto a otros factores, tales como la desigualdad o la ausencia de políticas en industrialización e innovación. Para dejarlo bien en claro, un actor clave en una institución latinoamericana muy influyente, admitía que los distintos tipos de desarrollo, todos ellos, habían fracasado. Pero a pesar de eso, de todos modos insistió en invocar al crecimiento económico, no abandonó la necesidad del desarrollo, sino que apenas propuso un cambio de rumbo.

Las alternativas que están afuera del campo del desarrollo son las que perciben ese agotamiento. Entonces no puede sorprender que el Buen Vivir, en sus concepciones originales, entendiera que cualquier variedad de desarrollo no resolvería las causas de los problemas e impactos sociales y ambientales. Lo que ocurre es que las ideas del desarrollo se blindan a sí mismas, y uno de los componentes que define esas posturas es precisamente contar con mecanismos que nieguen sus contradicciones, impactos e inefectividades. El blindaje opera, de ese modo, como protección ante los cuestionamientos y al mismo tiempo haciendo que las alternativas aceptables o discutibles deben estar dentro del campo del desarrollo. No se aceptan considerar como serias o posibles las opciones de cambio que cuestionan las bases conceptuales y sensibles, tales como el progreso y el crecimiento.

Las alternativas al desarrollo, en cambio, entienden que necesariamente se deben atacar esas raíces, allí donde su ubican las ideas y sensibilidades básicas que determinan al desarrollo y el progreso. Por lo tanto, estas alternativas no pueden resumirse a cambios en el gerenciamiento político o ajustes económicos, sino que necesitan transformar la política y la cultura contemporánea. Se vuelve aceptable, e incluso necesario, pensar alternativas que resultan impensables o imposibles para todo ese amplio conjunto que defiende algún tipo de desarrollo.

Un pensamiento propio

El examen de las alternativas también revela otra particularidad: las influencias, las imitaciones e incluso las repeticiones de las propuestas del norte global en América Latina. En unos casos, ello se debe a las presiones de gobiernos y empresas, o en las determinaciones que producen el Pacto Verde de la Unión Europea sobre el comercio y la asistencia financiara con nuestro continente. En otros casos, más allá de las mejores intenciones, se repiten las ideas del norte. Esto es muy evidente en la proliferación de pactos al estilo del Green New Deal.

Sin duda que en las iniciativas de otros continentes es posible encontrar análisis y planes, que pueden tener un enorme valor, pero deben ser reconsiderados, vueltos a analizar y ajustados a las situaciones propias de nuestro continente. Esto no quiere decir rechazar, negar o no aprender de las propuestas de toda iniciativa elaborada desde el norte, sino que es necesario, incluso es una obligación, abordarlas enmarcados en los contextos y urgencias propias de América Latina.

Las alternativas en el campo del desarrollo siempre deben estar ajustadas a los propios contextos políticos, y lo que ha sucedido en América Latina es muy distinto a las experiencias de Europa occidental o Estados Unidos. El larguísimo conflicto armado en Colombia o la huella que dejó Hugo Chávez en los progresismos, no tiene analogías con lo que ocurrió en los países del norte. Los contextos plurinacionales en Ecuador o Bolivia, con movilizaciones indígenas y las discusiones sobre el Buen Vivir, no tienen analogías posibles, por ejemplo en Europa occidental.

Los académicos, intelectuales o militantes de ese norte, especialmente europeos, responden con alternativas pensadas y elaboradas para sus realidades y urgencias. Eso explica, por ejemplo, que aborden de cierto modo las cuestiones del desarrollo, las urgencias sociales o los problemas ambientales que enfocan sobre todo en el cambio climático. Del mismo modo fundaciones, redes o coaliciones del norte, con las mejores intenciones, intentan difundir sus ideas, comparten sus alternativas y colaboran con grupos e instituciones latinoamericanas.

Ante todo esto, la principal responsabilidad para no quedar condicionados por esas circunstancias está en fortalecer nuestra propia reflexión y prácticas desde América Latina. Es importante evitar caer en una nueva colonialidad de saberes incluso en el campo de las alternativas, por aferrarse a los ejemplos de moda en el norte o emular sus propuestas.

Nuestro continente cuenta, sin dudas, con una rica experiencia, con múltiples ensayos, con sus éxitos y fracasos, que siempre deben ser tenidas en cuenta para nutrir las alternativas. Desde estas consideraciones debe destacarse las alternativas originales del Buen Vivir, ya que incorporaron críticas que se pueden rastrear en aportes desde ese norte global, pero las organizaron y formalizaron en un entramado intercultural específicamente enfocado en problemática sudamericanas. Es por ello un ejemplo innovador en pensar y sentir una alternativa más allá del desarrollo.

La necesidad de alternativas es por cierto urgente. Al hacerlo se debe, por un lado, evitar caer en la repetición de los saberes del norte, defendiendo un pensamiento propio, y por el otro, es evidente que no basta con proponer una nueva reforma del capitalismo, ni siquiera del desarrollo, tal como se ha hecho por décadas. Los horizontes de cambio están más allá del desarrollo. Todo ello nos indica que el debate será largo, su implementación no lineal ni exenta de intensas confrontaciones sociales con el poder hoy imperante.

*Investigador en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES) e investigador asociado del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA).

Desde Abajo

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