Doce años de la CELAC: «La integración no está en las prioridades ni económicas ni políticas»

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Doce años de la CELAC: «La integración no está en las prioridades ni económicas ni políticas»

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) cumple este 3 de diciembre 12 años de su creación, surgida con el objetivo de fomentar la integración de los 33 países de la región, pero, a decir de especialistas consultados por Sputnik, el mecanismo se ha quedado hasta ahora en un foro útil para fotos y declaraciones.

Para los expertos, hay una «clara» falta de voluntad política para avanzar en la integración latinoamericana, un proceso que, además, no está dentro de las prioridades de los diferentes líderes regionales, e incluso recientemente ha sufrido nuevos reveses, con la llegada al poder de personajes como el autonombrado libertario argentino Javier Milei, a quienes «no les interesa» la unidad ni ningún otro tipo de mecanismo de cooperación con los países vecinos.

Los procesos de integración en América Latina «están en un periodo, si no de estancamiento, sí de muchas dificultades», dice el profesor José Briceño, académico del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en entrevista con Sputnik.

«La integración no está en la agenda de prioridades, ni económicas, ni políticas, ni de política exterior», de los líderes regionales, a pesar de la llegada de una nueva ola de dirigentes de izquierda, como Gustavo Petro en Colombia o Gabriel Boric en Chile, explica el especialista.

Primera ola progresista: la materialización del sueño

Hace 12 años, la CELAC fue creada con el objetivo de fortalecer la integración regional y con la idea de que fuera el espacio adecuado para reafirmar la identidad de América Latina y el Caribe, su historia común y sus continuas luchas por la justicia y la libertad.

«Que, conforme al mandato originario de nuestros libertadores, la CELAC avance en el proceso de integración política, económica, social y cultural, haciendo un sabio equilibrio entre la unidad y la diversidad de nuestros pueblos», decía la rimbombante declaración final de la cumbre que dio origen al mecanismo, el 3 de diciembre de 2011, en Caracas, Venezuela.

En aquel encuentro, presidido por el entonces mandatario caribeño Hugo Chávez, participaron, entre otros dirigentes latinoamericanos, Cristina Fernández de Kirchner, de Argentina; Dilma Rousseff, de Brasil; Evo Morales, de Bolivia; Raúl Castro, de Cuba; Fernando Lugo, de Paraguay; José Mujica, de Uruguay; Rafael Correa, de Ecuador, representantes todos ellos de esa ola de gobiernos de izquierda que llegaron al poder en la región desde finales del siglo pasado.

La recién creada Comunidad era un nuevo mecanismo de integración que simbolizaba un contrapeso a la Organización de Estados Americanos (OEA), dominada por Estados Unidos y que había llegado al extremo de expulsar a países miembros, como Cuba.

«Cuando empieza a integrarse toda esta oleada de gobiernos progresistas de izquierda o centroizquierda, se empieza a dar una dinámica muy importante e interesante, que da como resultado una época de integración que nunca había tenido la región. De alguna manera las ideas de (el libertador Simón) Bolívar se estaban materializando con cierto alcance», afirma el profesor Nayar López Castellanos, doctor en ciencia política y maestro en estudios latinoamericanos también por la UNAM, en entrevista con Sputnik.

Estados Unidos: imperialismo intervencionista

Para este académico, integrante del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la misma universidad, esta ola progresista dio pie a una respuesta por parte de Estados Unidos, pues, en su lógica imperialista, comenzó a intervenir el proceso.

Y, como ejemplo de esta actitud imperialista, dice el académico, están las entre 76 y 100 bases militares que Washington tiene en distintos puntos del territorio latinoamericano, además de mecanismos de libre comercio que, en vez de intercambiar mercancías, hegemonizan mercados.

Ha sido Estados Unidos el que ha «palomeado» los golpes de Estado perpetrados contra líderes populares en la región, y los ha apoyado en los siglos XIX, XX y XXI, dice el profesor investigador.

«En este siglo llevamos seis golpes de Estado: Venezuela, en 2002; Honduras, en 2009; Paraguay, 2012; Brasil, 2016; Bolivia, 2019 y Perú, 2022. Todos promovidos por Estados Unidos, esa es la dimensión del intervencionismo» de ese país, ejemplifica López Castellanos.

Para el especialista, en estos procesos ha sido clave también el papel las oligarquías nacionales de cada uno de los países intervenidos, que son «aliadas naturales» de Estados Unidos y permiten, promueven y hasta solicitan estos intervencionismos norteamericanos.

«Hay una colaboración», dice el universitario, «así nos explicamos a una (Dina) Boluarte en Perú, que traiciona a su propio presidente y se vuelve una presidenta a modo de Estados Unidos, o a un Milei, que el primer destino que visita es Estados Unidos y de paso a Israel, que está cometiendo un genocidio contra el pueblo palestino».

«Ahí está clara la película de cómo va a actuar Argentina en los próximos cuatro años en los temas de política latinoamericana y cuál va a ser su relación de sumisión completa con Estados Unidos», afirma el académico de la UNAM.

Ingobernabilidad y avance de la derecha

Para el profesor José Briceño, a diferencia de lo que ocurrió con la primera ola de gobiernos progresistas, los mandatos actuales de la región están más concentrados en las dinámicas políticas internas y en hacer frente a una derecha radical organizada, que intenta por todos los medios sabotear las instituciones y sus proyectos de nación.

«Uno tiene la sensación de que esas iniciativas se han estancado», dice el profesor Briceño. «A los gobiernos de izquierda no les está haciendo tan fácil el tema de la gobernabilidad interna; no es el mismo ciclo de izquierda de hace 20 años».

Conforme al académico del CIALC, los gobiernos de la primera ola progresista tenían, por ejemplo, mayoría en sus respectivos congresos o fueron capaces de construir alianzas para conseguir una gobernabilidad.

«Ahora enfrentan un congreso que están en oposición, derechas radicales organizadas para no permitir la gobernabilidad (…). Hay un frente interno con el que todavía los gobiernos tienen que tratar, los apoyos populares han disminuido y, además, vemos el ascenso de una extrema derecha», afirma el investigador, especialista en procesos de integración.

Para el profesor Ignacio Martínez, integrante del centro de relaciones internacionales de la UNAM y coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios, lo que pasa con la integración de América Latina es que simplemente no hay voluntad política entre sus dirigentes.
«El sueño bolivariano se quedó en eso, en un sueño», afirma el profesor Martínez en referencia al proyecto del revolucionario Bolívar de construir unidad política latinoamericana y gestar incluso, por ejemplo, la llamada Gran Colombia: un mismo Estado que agrupaba las hoy independientes Colombia, Venezuela y Ecuador.

«Seguimos en carriles totalmente distintos, donde no hay una conversión, donde no convergen propuestas precisamente que lleven a procesos de cooperación que pudieran trascender a esquemas de integración, tomando en consideración que los acuerdos de cooperación no son coercitivos, tanto que los mecanismos de integración sí lo son», explica Martínez.

BRICS, una opción en el futuro

En este sentido, asegura López Castellanos, el surgimiento y fortalecimiento de bloques como los BRICS son una alternativa que puede terminar por beneficiar a la región latinoamericana al reducir su dependencia de Estados Unidos y estrechar vínculos con países como China, que integra el bloque comercial junto a Brasil, Rusia, la India y Sudáfrica.

«China no pone bases militares en otros países, no interviene, no da golpes de Estado, no se mete en las elecciones, no construye mediáticamente candidatos y luego los apoya», señala López Castellanos.
«La presencia en ese sentido de China, de Rusia, de India, de otros actores de esa naturaleza resulta fructífera para América Latina y el Caribe, ya que, de una forma independiente y soberana, se pueden tener relaciones con países que tienen problemáticas y necesidades similares», afirma el académico universitario.

Fuerzas profundas

Para el profesor Briseño, aun cuando en estos momentos esté pasando por dificultades, no se debe descartar un proceso de integración latinoamericana, aunque resalta que no debe ser un modelo basado en el de la Unión Europea. «Europa tiene su historia y nosotros la nuestra», afirma el académico.
«Yo creo que la integración latinoamericana no va a desaparecer (…) Hay motivaciones históricas muy profundas detrás de la integración latinoamericana (…) Hay fuerzas profundas, la integración es un mecanismo para promover el desarrollo, para consolidar nuestra autonomía y con todas sus limitaciones lo ha logrado, parcialmente, pero lo ha logrado», afirma.

«Que desaparezca totalmente implica que las fuerzas sociales en América Latina que apoyan esa idea vayan a desaparecer; yo creo que están perdiendo gobiernos, no están ganando elecciones, pero no van a desaparecer», pondera, «tenemos ciclos políticos y si estas fuerzas progresistas, integracionistas, se reorganizan, la idea de integración, de unidad, de cooperación, de unidad regional se va a mantener viva».

Sputnik

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