El presidente (Lacalle) y sus ministros – Por Juan Raúl Ferreira

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Juan Raúl Ferreira*

Entre mentiras, agravios y falta de idoneidad en su cartera, los ministros del gabinete del presidente Luis Lacalle Pou dejan aún un pequeño espacio para las contradicciones internas.

El lunes pasado, en un acto de cierre del año del grupo político de Lacalle, el candidato a sucesor, Álvaro Delgado, dijo que “el presidente hizo aprobar una ley de reforma previsional para cumplir su compromiso electoral”. Los compromisos electorales se cumplen, concluyó con su pastosa voz el aspirante presidencial de la mayoría blanca.

Pero el 22 de agosto del año pasado el presidente había dicho otra cosa. Todo lo contrario… La prensa informó ese día que Lacalle Pou admitió que incumplió la promesa electoral de no aumentar la edad jubilatoria: “Era imposible”. Pidió perdón porque, reconociendo que había dicho antes de las elecciones que no iba a tocar los límites de edad, la realidad le había demostrado que cumplir con ese compromiso era imposible. ¿Nos mintió el presidente? Si no, quedan dos opciones… Álvaro Delgado no se acuerda bien cómo fue. O es el propio secretario de la Presidencia que nos miente. Llevamos ya cuatro años enteritos bicicleteando una mentira sobre la inminencia de un Tratado de Libre Comercio con China. Cada vez que hablan queda en evidencia que nos mintieron. Si no nos hubieran mentido ya tendríamos el TLC. Si no, tras Bustillo, debería haber renunciado Arbeleche y hasta el propio Lacalle por ineptitud en cerrar la negociación.

Como hemos venido insistiendo desde el 2020, para China no es fácil negociar un TLC en forma bilateral con Uruguay, de espaldas al Mercosur. Especialmente porque en el bloque está Brasil, primera economía de la región y aliado estratégico de China en los BRICS. Nos siguen mintiendo. Resulta difícil de comprender que Uruguay no haya votado, junto a 153 países del mundo, a favor del alto el fuego en la Franja de Gaza, donde ya han muerto 1.800 israelíes y 20.000 palestinos. Es raro y peligroso para Uruguay que el ministro Paganini, aún admitiendo que es muy nuevo en esto, haya dicho que Uruguay no acompañó la moción porque no condenaba el terrorismo. A ver, no cabe duda de que los ataques del 7 de octubre por parte de Hamás merecen nuestra más firme condena, sin vacilaciones. Pero ello no debería inhibirnos de utilizar todos los caminos que aparezcan para lograr que termine la matanza y se abra un corredor humanitario. El número de civiles muertos en Gaza es 61 % del total de fallecidos, mayor que en cualquier conflicto del siglo XX, según un estudio publicado por el diario israelí Haaretz.

Por otra parte, no parece muy conveniente ni favorable a la causa que se supone quiere impulsar, sostener que los 153 países que votaron la resolución de la AG de las Naciones Unidas apoyan al terrorismo. Entre ellos, la mayoría de los países de la Unión Europea. De hecho, de los 27 miembros de la Unión Europea (UE), dos votaron en contra: Austria y República Checa. Diecisiete, por su parte, votaron a favor de la resolución.

Por años, los ministros del Interior y de Relaciones Exteriores se sacaron chispas para ganar el premio al menos hábil declarante, pero se fueron. Se fueron precisamente por las cosas que dijeron… Audios en manos, hoy, de la Justicia… Pero esperamos que el novel canciller corrija esta tendencia, pues detrás de su palabra está el prestigio del país.

El problema más grave está cuando el ejemplo viene desde arriba. Más allá de su cautela cuando solamente “pasa a saludar”, el presidente deja abierta la puerta para el discurso descalificador, irrespetuoso y ajeno a su investidura.

Veamos como ejemplo el indisimulado enojo y falta de nivel con que en un acto público ante representantes del sector privado, que no daban crédito a sus palabras, se cruzó con el intendente de Canelones. Le increpó las declaraciones que había hecho sobre Marset. Es cierto que el tema de Marset los descoloca. Mucho.

Pero no debe olvidar que tiene una investidura que hace que lo que dice comprometa a la misma. Debiera ser más cuidadoso. Lo olvida con frecuencia. Cuando la Corte Interamericana de Derechos Humanos falló sobre un reonocmiento público del Estado sobre el terrorismo de Estado, mandó rápidamente que le sustiutuya la vicepresidente Beatriz Argimón.

Recuerdo la admiración del mundo por el Uruguay, todo el Uruguay, en otra situación parecida pero de diferente desenlace. El Estado debía pedir perdón por la violación de los derechos humanos durante los años de dictadura, por el fallo en el caso Gelman. Era presidente Mujica, víctima en carne propia de la barbarie del Estado uruguayo en aquellos años. 12 años en un pozo.

Mujica no lo dudó. Él no era solo él. Era el jefe de Estado y, ante la admiración de todos los países amantes de la paz, concurrió ante la Asamblea General y pidió perdón por los crímenes de la dictadura… Habló por el Estado uruguayo.

Tienen mucho que aprender. Tienen que apurarse, les queda poco…

*Político, escritor y periodista uruguayo, hijo del caudillo del Partido Nacional Wilson Ferreira Aldunate, analista de Caras y Caretas.

CARAS Y CARETAS

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