América Latina en el paro internacional: los feminismos populares ocupan las calles en defensa de sus conquistas – Por Paula Giménez

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América Latina en el paro internacional: los feminismos populares ocupan las calles en defensa de sus conquistas

Por Paula Giménez*

Las mujeres y disidencias trabajadoras de Latinoamérica y el mundo, volvieron  a ocupar las calles y a inundar las redes sociales este 8 de Marzo en el marco del Paro Internacional Feminista, pronunciándose ante las desigualdades históricas, reconociéndose como clase trabajadora, y oponiéndose en las calles, como proyecto popular, a la ofensiva neoliberal que descarga toda su violencia contra quienes tienen la capacidad de mover y parar el mundo.

El mapa regional representa hoy un heterogéneo mosaico de avances y retrocesos en materia de políticas de género. Difícil es medir de manera uniforme los avances producidos en materia regional. La falta de uniformidad y la ausencia general de registros oficiales, informes, trabajos y datos desde los territorios revelan un panorama difícil en cuanto a la identificación de problemáticas. Esto a su vez, impacta de manera directa en la creación e implementación de políticas públicas que atiendan a las problemáticas de género y diversidad. 

La discusión respecto de la brecha salarial y los derechos económicos ocuparon un lugar en la agenda de algunos gobiernos entre 2023 y este año.

En Brasil, el Presidente Lula propuso, al inicio de su gestión, que se trabaje en una ley de igualdad salarial entre hombres y mujeres. En Ecuador, la Asamblea Nacional sancionó en enero de este año una ley para garantizar la igualdad salarial entre hombres y mujeres. También el presidente chileno, Gabriel Boric, junto a la ex presidenta Michelle Bachelet, y Jeannette Jara, ministra del Trabajo y Previsión Social anunciaron cambios al sistema de pensiones promoviendo una mejoría  para las mujeres en enero pasado. En el gobierno de Gustavo Petro, por su parte, se encuentra en ejecución el Plan Nacional de Desarrollo del país, el cual integra plenamente la igualdad de género e incluye un rastreador presupuestario de género, obligatorio por ley, para llevar a cabo un seguimiento de la asignación y ejecución del presupuesto. 

Otro de los ejes que atravesaron el 2023 en la región fueron los proyectos referidos a la violencia. La Cámara de Diputados y Diputadas de Chile,despachó el proyecto de ley de reparación para víctimas de femicidio y sus familias, mientras que en Uruguay se produjo la expulsión del legislador oficialista Gustavo Paneadés, tras su imputación por 21 delitos sexuales.

A propósito del respeto por la diversidad la Universidad de la República (Uruguay) modificó la Ordenanza de Expedición de Títulos para su adecuación a la identidad de género trans no binaria. Así también, en Brasil el Tribunal Supremo de Justicia, emitió un veredicto donde informó que insultos homofóbicos y transfobicos serán penalizables. 

México fue el destacado del 2023 en el mes de septiembre cuando despenalizó el aborto, estableciendo así que cualquier institución pública de salud federal deberá brindar el servicio de aborto a todas las personas con capacidad de gestar que lo soliciten.

En materia de participación política, según el informe elaborado por la CEPAL sobre la paridad de género en América Latina, sólo Cuba, Nicaragua y México superaron y alcanzaron el 50 % del porcentaje de mujeres electas en los parlamentos nacionales en el año 2022, alcanzando la región un promedio del 34,9% de representación femenina. Un aspecto fundamental a seguir debatiendo y que requiere de una profundización de la participación real de las mujeres y las diversidades en política y no sólo para responder a las leyes de paridad.

Mientras algunos gobiernos promueven legislaciones y acciones que posibilitan la conquista de derechos por parte de las mujeres y diversidades, hay otros que los avasallan sin dudarlo.

Un fantasma conservador recorre América Latina

Este marzo feminista, transcurre en un contexto en el que la batalla contra la “ideología de género” es una consigna que resuena con fuerza entre los gobiernos neoliberales que se abren camino en la región.  Las derechas conservadoras articuladas con actores como las iglesias católicas y evangélicas, centran su combate contra los feminismos y transfeminismos, presentados como parte de un movimiento de “neomarxismo cultural” que busca desestabilizar un presunto orden natural. Un orden que para la clase trabajadora feminista y diversa solo expresa pobreza.

La reciente reunión de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), a fines de febrero, que reunió en Washington a los principales referentes del conservadurismo, con la participación estelar de Donald Trump, dió cuenta de la vitalidad de este movimiento que reaccionó con furia al programa y a los derechos conquistados. Ese mismo fin de semana, el domingo 25 de febrero, en Brasil, Jair Bolsonaro realizó una imponente demostración de Fuerza en Sao Paulo en compañía de quienes avalaron sus discursos misóginos y transfobicos durante su gobierno. Mientras, el encuentro de la CPAC sirvió de tribuna para dos actuales referencias del modelo conservador, arrojados a la política a partir de herramientas innovadoras y discursos disruptivos: Javier Milei, presidente de Argentina y Nayib Bukele, recientemente reelecto para un segundo mandato en El Salvador.

Milei, en Argentina, niega la existencia de la brecha salarial entre hombres y mujeres, que según estadísticas oficiales se sitúa en el 25% y avanzó en la reducción del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad a subsecretaría. En los últimos días anunció la prohibición del lenguaje inclusivo y todo aquello que refiera a la perspectiva de género en la Administración Pública Nacional, con el argumento de que esta perspectiva ha contribuido a destruir valores y se ha utilizado “como negocio de la política”. Mientras la inflación galopante y los salarios congelados degradan los escasos recursos domésticos, afectando principalmente a mujeres y disidencias,  sus diputados presentaron en el Congreso un proyecto para derogar la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, aprobada a fines de 2020.

En la misma línea el salvadoreño Nayib Bukele, recibido como una estrella de rock en la CPAC, decidió sacar de las escuelas públicas, “la ideología de género”, tras promover un fuerte discurso en contra en su país.

La misma estrategia utilizó Jair Bolsonaro, ex presidente de Brasil, quien, según un recuento de la agencia Diadorimen, entre 2014 y 2022, se refirió a la ideología de género en sus redes sociales al menos 206 veces, demostrando así el potencial que este eje tiene para movilizar a su electorado y especialmente al poderoso sector evangélico. Amparados en aquél discurso, diputados ultraderechistas presentaron varios proyectos de ley para prohibir la perspectiva de género en las escuelas, pero ninguno lo logró. 

José Antonio Kast, el católico de extrema derecha de Chile y líder del Partido Republicano, a quien Boric se  opuso,  fundó en 2019 una colectividad que se opone al matrimonio igualitario, a la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo, al aborto, a la educación sexual en las escuelas y a todo aquello que mencionan como “ideología de género”.

¿Por qué las derechas encuentran en los feminismos un enemigo fácil de atacar? Quizás porque en el amplio abanico que abraza este movimiento el feminismo popular promueve un mundo equitativo y pone en cuestión la distribución de la riqueza. Otro de los motivos es que el movimiento feminista y de las disidencias tensiona los privilegios de los varones,  y ha logrado que las mujeres se organicen internacionalmente, coincidiendo en un único enemigo: el capitalismo patriarcal con sus representantes.

Violencia en aumento

La violencia hacia la mujer y las diversidades es una constante desde el comienzo de la propiedad privada hasta nuestros días como herramienta de coerción por parte de los sistemas imperantes, accionando en todos los ámbitos de la vida.

Tanto dentro como fuera del hogar, las tasas de femicidio y feminicidio aumentan, como así también sucede con las tasas de violencia física, psicológica, sexual, económica e institucional. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el 2023, una mujer es asesinada en América Latina por razones de género cada dos horas, al menos dos de cada tres mujeres son víctimas de violencias por razones de género en diferentes ámbitos, y una de cada tres sufre o sufrió agresiones físicas y/o sexuales por su pareja o expareja. Desde la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) sostienen que 88 millones de mujeres mayores de 15 años de América Latina y el Caribe se encuentran en riesgo. 

Las cifras dejan al descubierto la acción sistemática de disciplinamiento contra el cuerpo de la mujer, constituido en objeto al servicio de trabajo reproductivo y no reproductivo. Siendo, finalmente, en la dinámica de acumulación de riquezas y de expropiación de valor, quienes juegan un papel central en el proceso de acumulación (para otros).

En términos globales hay más mujeres que hombres viviendo en la pobreza. Según datos de ONU Mujeres, más del 10% de las mujeres del mundo están atrapadas en un ciclo de pobreza extrema; las mujeres ganan un 80 por ciento de lo que perciben los hombres, sin tener en cuenta el predominio del empleo informal; hacia 2050, las mujeres seguirán dedicándole casi 2,5 horas diarias más que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado y son el 48 por ciento de los 281 millones de personas migrantes internacionales.

No son sólo números que muestran la realidad de las mujeres y diversidades en la región. Son las vidas de una parte de la población del mundo que históricamente ha sido oprimida y que los movimientos feministas han sabido constituir en lucha desde la caza de brujas hasta la actualidad. 

Frente al avasallamiento de derechos por parte de los gobiernos neoconservadores en la región, marzo, el mes de la mujer trabajadora,  transcurre como un llamado a tomar conciencia de que la fuerza organizada de mujeres y disidencias, en tanto movimiento feminista popular, se constituye como la fracción capaz de cuestionarlo todo, de tomar la iniciativa, de organizar los intereses de todas las personas oprimidas, uniendo al conjunto disperso por medio de la lucha. El ataque de actores como Milei, Bukele y Bolsonaro a las mujeres y disidencias no sucede por su condición de debilidad sino por su potencia transformadora y creativa. ¿Qué hacer con ella? es una pregunta obligada. Ocupar las calles es sin duda una de las respuestas. 

Paula Giménez es psicóloga, feminista y Magister en Seguridad y Estudios Estratégicos.

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