El BID advierte que la pérdida de ingresos, inflación y desigualdad son las principales causas de la inseguridad alimentaria en América Latina

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Pérdida de ingresos y precios altos empujan a inseguridad alimentaria en América Latina

Por Martín Polanco

Los principales factores asociados a la inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe -ALC- son la pérdida de ingresos, la desigualdad y el aumento en el precio de los alimentos. Estos tres factores han restringido el acceso a alimentos saludables.

Es la conclusión que tiene el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) cuando aborda el tema. Lo ha tratado la mañana de este jueves al inicio de la jornada correspondiente al segundo día las Reuniones Anuales, iniciado el 6 y cuyo cierre será el domingo 10.

Desde el punto de vista del organismo financiero, garantizar la seguridad alimentaria para la población de América Latina y el Caribe es fundamental para el desarrollo de la región.

La seguridad alimentaria existe cuando todas las personas tienen acceso físico, social y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos que permitan satisfacer sus necesidades alimenticias para el desarrollo de una vida saludable (FAO).

La seguridad alimentaria comprende cuatro dimensiones, la primera de ellas es la disponibilidad de alimentos (es decir, suministro/oferta de alimentos), la segunda es acceso a los alimentos (es decir, recursos financieros necesarios para obtener alimentos), la otra es estabilidad alimentaria (es decir, tener acceso y disponibilidad constantes de alimentos) y finalmente el uso de los alimentos (es decir, tener acceso a alimentos saludables, seguros y comida nutritiva)

Según asegura el BID, la inseguridad alimentaria en la región latinoamericana y caribeña se ha convertido en un problema estructural agravado por crisis recientes, como la pandemia del covid-19, el conflicto entre Rusia y Ucrania, y por el actual contexto de cambio climático.

Los objetivos, lo que se alcanzó

ALC fue la única región que logró el Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) de reducir a la mitad la proporción de personas con hambre entre 1990 y 2015. Sin embargo, desde entonces se produjo un aumento significativo en el número de personas que enfrentan hambre e inseguridad alimentaria.

Los datos ofrecidos por el BID, sustentados a su vez en estudios de la FAO, indican que en 2023, el 38% de la población de la región padeció inseguridad alimentaria (lo que supone un total de 247.8 millones de personas) y el 7% (43 millones de personas) enfrentó hambre. ).

La pandemia del covd-19 y el conflicto entre Rusia y Ucrania han incrementado la pobreza y creado presiones inflacionarias provocadas por aumentos en los precios de los alimentos, combustibles fósiles y fertilizantes, dicen los análisis del Banco Interamericano de Desarrollo.

Y agregan que desde principios de 2021, la región ha percibido una subida generalizada del costo de los alimentos. Se estima que, comparado con los niveles previos a la pandemia, el valor de las importaciones de alimentos aumentó en más del 50%. Este incremento ha afectado, principalmente, a los países que son importadores netos. En ALC, 10 países son importadores netos de alimentos y más de 20 son importadores netos de maíz y trigo.

Cuidado, ojo al tema

La problemática alimentaria en la región es significativa y multifacética. Las estadísticas indican que el 11% de los niños enfrenta retraso en su crecimiento, mientras que el 24% de los adultos lucha contra la obesidad.

Además, América Latina y el Caribe ostentan el costo más elevado para acceder a una dieta saludable, con un promedio de US$4.08 por persona al día, superando el promedio mundial de US$3.60. Esta disparidad económica deja a un cuarto de la población sin los medios para asegurar una alimentación adecuada, destacándose el Caribe con un 50%, seguido de Centroamérica con un 28% y Sudamérica con un 20%.

El cambio es un desafío adicional para la seguridad alimentaria en la región. Los fenómenos climáticos impredecibles afectan la disponibilidad y el acceso a alimentos nutritivos, además de impactar negativamente la productividad agrícola, los precios de los alimentos, la infraestructura crítica y los ingresos de las poblaciones más vulnerables.

Los efectos adversos de la inseguridad alimentaria se reflejan en todas las etapas de la vida y en diversas esferas sociales. Desde un desarrollo físico y cognitivo menguado en la infancia hasta una mayor incidencia de enfermedades crónicas en la edad adulta, la inseguridad alimentaria impone una carga significativa en la salud y el bienestar de la población.

La necesidad de construir sistemas alimentarios resilientes, sostenibles e inclusivos se vuelve imperativa para abordar estos desafíos, se ha dicho.

¿Qué hacer?

El Banco Interamericano de Desarrollo propone soluciones con un enfoque integral. Estas incluyen incrementar el acceso a alimentos para poblaciones vulnerables, promover la producción sostenible de alimentos, mejorar la disponibilidad y el acceso a dietas saludables, así como aumentar la estabilidad de los alimentos a través de la diversificación productiva y otras medidas.

El organismo destaca la importancia de la investigación e innovación agrícolas y BID aboga por aumentar las inversiones en este campo.

La colaboración entre centros de investigaciones internacionales y regionales, sistemas nacionales de investigación y el sector privado se presenta como una estrategia clave para abordar las necesidades locales y promover el desarrollo ascendente en la región.

El BID respalda estas iniciativas con acciones concretas, como proyectos aprobados en línea con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 2 de «Hambre Cero», asistencia técnica, y la implementación ágil de operaciones durante la pandemia para mitigar los efectos del covid-19.

Ejemplos de impacto positivo incluyen inversiones en sanidad agropecuaria, infraestructura de riego y transferencia de tecnología en países como Bolivia, donde evaluaciones confirman la efectividad de estas intervenciones para mejorar la seguridad alimentaria.

El Caribe

 

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