Dida Aguirre, la poesía quechua como resistencia y filosofía andina

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Dida Aguirre, la poesía quechua como resistencia y filosofía andina

Dida Aguirre, poeta peruana, empezó a escribir en quechua como un acto de resistencia y para contarle al mundo: se puede hacer poesía en lenguas indígenas, que hablan de saberes solidarios y de una filosofía que guardan las ancianas al pie del fogón.

Dida Aguirre empezó a escribir en quechua como un acto de resistencia pero también como un modo de guardar y contar un tesoro. El quechua era para ella la voz de su mamá. Quería dejar registro de los saberes ancestrales que las abuelas cuidan al pie de sus fogones en la región andina, como “guardianas”, que resisten desde el Virreinato del Alto Perú, centro de poder establecido en 1452 por la Corona Española para saquear las riquezas de la tierra, arrasando culturas. La poesía de Dida cuida la voz de un pueblo que existe, resiste y busca un futuro mejor.

“Desde tiempos de la colonia, ha habido una destrucción de la cosmovisión y de la gnoseología andina. Que fue reemplazada por una concepción de literatura occidentalizada, racional. En ese sentido, las abuelas, las mamás y las ancianas han preservado esta literatura y esta concepción al pie del fogón”, relata la poeta, en tono pausado, en diálogo con Presentes, en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde fue una de las escritoras invitadas. Dida se maravilla con el tamaño de la Feria del Libro.

En Perú, un escritor premiado con el Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa (1936) -a quien Dida reconoce como “excelente” en lengua castellana- “decía que el quechua ni siquiera se podía considerar un idioma. Que no se podía hacer literatura; ni menos, poesía. Entonces, en ese ambiente, yo pensé que debía dejar un testimonio. Debía escribir porque mi madre era quechua-hablante, hablaba muy bellamente y yo dije. Bueno, aquí hay poesía«, recuerda Dida.

Dida escribió tres poemarios bilingües. Arcilla (1988), el primero, se está reeditando. Fue escrito “para dejar testimonio y no dejar pasar que se podía hacer literatura en quechua”, escribió Julio Noriega Bernui —lingüista y especialista en literatura quechua y latinoamericana– en el prólogo. Y remarca el valor de testimoniar la violencia que ejecutó a campesinos y estudiantes, y “redujo a comunidades enteras a escombros”. En las poesías, los ancestros arrasados se hacen presentes:  “De las/ fosas anónimas / resucitaron / cuerpos cubiertos / de fuego / / -ojos de brasas- // tormenta en / la alegría de / vivir con los / muertos”.

«La filosofía quechua está en las ancianas»

Dida nació en 1953. Durante 37 años trabajó como docente universitaria en la carrera de Trabajo Social. Actualmente vive con su hijo, de 27 años, que no habla en quechua. De lxs 30 millones de habitantes del Perú, sólo 3 millones hablan quechua.

«En Perú no se valora el saber andino», lamenta Dida. En la selva, luchadores sociales resisten “denodadamente”.  La sociedad post colonial se ordenó alrededor de la extracción del oro de los ríos,  la violencia se ejerce hoy con la minería y la tala ilegal, el tráfico de tierras o el narcotráfico, y contra los pueblos originarios del Amazonas. En la selva, rescata la autora, se hablan 40 idiomas nativos originarios reconocidos, y 60 en total.  Un saber que no es de fácil acceso.

“En la investigación con respecto a la decolonialidad, en la literatura o la filosofía occidental, y en la construcción de una nueva filosofía auténticamente latinoamericana, el silencio es una barrera. Porque las ancianas tienen el conocimiento guardado, y muchas veces es difícil para el foráneo, incluso siendo familia, si se ha salido y se incursiona nuevamente a la intimidad de su hogar. De pronto están haciendo un chiste, se están riendo, y si te acercas, se callan y te dicen cualquier cosa. No hay una comunicación fluida porque ancestralmente ahí está la vergüenza, por un lado, y por otro lado, la preservación que solamente el chiste o el saber mantiene en el aire. La literatura quechua o la filosofía, en sí misma, está en las ancianas”.

El silencio, la vergüenza y el miedo siguen actuando como mecanismos de control social informal. “Mi padre, por ejemplo, me prohibía no hablar en español”, cuenta Dida. “Mi madre me hablaba constantemente en quechua y crecí en ese medio. Pero mis papás querían que hablara correctamente el español para evitar que los compañeros de clase se burlen, era una protección. Y eso mismo sucede actualmente en las comunidades, que les prohíben hablar a sus hijos”, señala.

Saberes y lenguas solidarias

“El idioma trae consigo una concepción del mundo más allá de la cosmovisión. Yo creo que por ahí es una vertiente, los saberes son solidarios. De la época preincaica, lo que trae el idioma mismo es una sociedad de reciprocidad, y de solidaridad, de fraternidad, donde es muy importante el compartir”, dice Dida. Cuenta una historia tradicional de su pueblo sobre el origen del lucero, esa estrella brillante y lejana. Dos hijos ociosos engañaron a su madre y fueron reprendidos con el peor castigo: el destierro, la expulsión del ayllu, la organización basada en lazos de parentesco y territorio. La comunidad es muy importante en la vida quechua.

La poesía de Dida señala la crueldad del enemigo, también se adentra en otros campos, los de los afectos y la ternura.  Como cuando un amor de juventud se figura en “quellinwara”, palabra que no encuentra traducción.

Quellinwara es un águila, dios del viento, amante corazón, que aparece risueño, “al borde de mi rostro / de rosas florando”, a quien le pregunta: “¿en / qué vuelta la / pena te ha arañado / en / qué vuelta de la cuesta / tus / ojos embrujadores / con el lucero de la / mañana / coquetearon y se amaron?”.

Los poemas de Dida “se nutren de algunas metáforas sueltas de los quechua-hablantes, de los cuentos y adivinanzas quechuas y, esencialmente, de la naturaleza y cosmovisión andinas. Estas fuentes las recogió mi madre de la tradición oral y yo las asumo sin desvirtuar ni siquiera la ingenuidad que conllevan”, explica el prólogo de Noriega.

“En el quechua existe una ingenuidad maravillosa” -dice Dida-. “Y trato de no invadir eso, que es ingenuo en el sentido de una sensibilidad para maravillarse de las cosas del mundo. Como un haiku japonés. Es un idioma amoroso, solidario, que “tensiona el idioma a extremos”, como decía José María Arguedas: a extremos del amor, a extremos del odio, de los insultos. Es un idioma muy fuerte, y dentro de todo ello hay una visión del mundo… sin malicia.  Por eso lo defiendes, aunque la supuesta alta cultura no lo valore, porque es un destello muy humano.

Dida Aguirre en la Feria del Libro de Buenos Aires, abril de 2024. Foto: gentileza Prensa.

Poesía y lenguas en resistencia

Por primera vez en sus 48 años, la Feria del Libro de 2024 dedicó un espacio especial a las voces de los pueblos originarios. Dida estuvo en varias de esas actividades junto a otras poetas. Sus libros se agotaron antes de la lectura “Tu voz existe”, junto a Kari Ardizzone.

Además de Arcilla, Dida publicó los poemarios bilingües Qaparikuy (2012) y Jarawi (2000), libro ganador del concurso de poesía en lengua quechua organizado por la Universidad Nacional Federico Villarreal. Su escritura fluye en quechua y dice que le cuesta mucho trabajo la traducción al español. Por eso el libro de haikus en quechua que pronto verá la luz, no será traducido sino comentado.

Para conocer la poesía quechua de Dida:
Taya
Lambras qasachapis
maqtakuna

¡jajaillas!
qaparikun

pata pukuru
kichkasapapas

manas
harkallanmankuchu
Sonqollankus
ruparikuchkan

mamallay
taytallay

amaya
manchachillaychu
amachallaychu
ninankuta
sonqosapam
kasqa
rupariyninku.
Taya En el abra
de alisos y tayas
Los jóvenes

¡jajaillas!
gritan

ni
laderas, hoyos
espinosos
los detendrán

Dicen
sus corazones
están
ardiendo

madre mía
padre mío
no
los asustes
no evites sus fuegos
porque su llama
posee
un inmenso corazón.

AGENCIA PRESENTES

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