Colombia | Violencia digital y tecno-odiante: un arma contra identidades trans y travestis

Ilustración por Isabella Londoño
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Violencia digital y tecno-odiante: un arma contra identidades trans y travestis

Por La Juana Torres

Hablemos de la violencia digital que enfrentan las personas trans. A las personas Trans y a las Travestis nos han estudiado, instrumentalizado y analizado descaradamente la ciencia, la academia Cis-Privilegiada, los medios de comunicación en su amarillismo de rating y de interés, y otras tantas instituciones que encabezan a quiénes refuerzan el estigma y la persecución indiscriminada hacia nosotrans en nuestra existencia material, cotidiana y de carne viva como una realidad muy nuestra y cuestionada.

Ahora, estamos viviendo una nueva forma de discriminación: la ciber-persecución, la violencia digital y el entramado tecno-odiante donde se reproducen sin control alguno los mismos tratados socioculturales de una aversión, ensañamiento, obsesión y de ataque hacia personas Trans y Travestis en redes sociales fundamentalmente.

Un ejemplo de esto vino recientemente con la forma en que se recibió en redes el nombramiento de Charlotte Schneider como directora para las mujeres en actividades sexuales pagas del MinIgualdad. No fueron sólo ataques de cuentas anónimas: en el acoso participó incluso Andrés Escobar, actual concejal de Cali.

Por eso, ¿alguna vez nos hemos preguntado por qué la violencia y el acoso en redes sociales resulta ser tan masivo, tan evidente y tan recurrente? O ¿por qué entre más nos mostramos, entre más hablamos y entre más presencia tengamos en redes y medios públicos, terminamos expuestxs a un sinnúmero de respuestas y de reacciones específicas por parte de quienes conforman el pacto del varón, del macho y también del Terfismo?

Violencia digital y transfobia: hablemos desde la especificidad

Asimismo, reconocer el peso de la violencia digital con un enfoque tremendamente transfóbico, implica reconocer que será muy complejo hablar de resistencia Trans y de agencia, en un ciberespacio donde el odio se viste de opinión y donde la dominación viene históricamente utilizada y con orígenes en un proyecto patriarcal, capitalista y, en palabras de Mikaelah Drullard: “un mundo que está organizado en clave colonial”, y que desafortunadamente para nuestras circunstancias, igualmente interconectado a una realidad transfóbica y legitimada por dicho pacto en común.

Por lo tanto, de entrada, para entender la violencia digital debemos entender la tecnología y las redes sociales como una institución de poder y de relaciones patriarcales, que resultan siendo misóginas y transmisóginas.

El espacio digital no es más que otra base del sujeto machista, bien ubicado, con libertad para decir y perseguir sin represalia como sujeto violento normalizado, del que se valen y se enorgullecen en redes digitales para evitar lo que me atrevo a llamar una crisis del control digital: crisis en tanto pierden la supremacía en opinión o en validación de sus posturas excluyentes en el plano digital, el control que tanto valoran los machos y las terfas.

En este espacio digital ellos pierden el control total porque las Travestis y las personas con experiencia de vida Trans nos estamos ubicando y posicionando para denunciar, visibilizar y existir, con todo el derecho a la necesidad de pertenecer a medios que generen autonomía, políticas de resistencia, construcción de conocimiento y de apoyo, a pesar –aclaro- de tener consciencia de que el ciberespacio es una pirámide de odio transfóbico, de ridiculización y de crueldad, aplaudida y aprovechada en función de redes de interconexión donde la Transfobia se halla por encima y, consecuente a ello, DONDE NO NOS CUIDAN TRANS.

En ese sentido, el espacio y la sociedad virtual se está fortaleciendo como una necesidad humana, donde al cuerpo Trans y Travesti no le dejan cabida, y donde claramente ya el problema no es solo la brecha social frente al acceso a la tecnología, sino también la brecha que genera esta entre las mujeres, las personas Trans y Travestis en contraposición con una dominación patriarcal y Transodiante que se desprende de la permanencia en la misma.

Cuerpxs TransTravestis y los espacios digitales

Así también, lxs cuerpxs TransTravestis en nuestra necesidad política de existir y resistir, nos terminamos extendiendo a la vida digital y a la visibilización en redes sociales, por ejemplo, donde también encontramos muchísimas herramientas para construir nuestras identidades, tejiendo redes de confianza, de comunicación y de agencia propia.

Las identidades Trans y Travestis, mi identidad como una Mujer Trans, han y ha recurrido a la tecnología, para forjar posibilidades de fortalecer la humanización que nos han arrancado históricamente de lo que significa habitar corporalidades disidentes en contextos tan violentos y dañinos. Con el fin de potenciar el hecho de que la incidencia de la visibilidad es política, en tanto no se cohíbe o se restringe a ubicarse en dichos contextos, a permear en instituciones y en territorios digitales donde las relaciones de género ahí protegidas están en disposición para rechazarnos, ridiculizarnos y convertirnos en un problema para la tranquilidad, el confort y la seguridad que han creado en el machismo dominante, en la cisgeneridad como única forma de ser, de existir y en siempre tener armas de las cuales valerse, como X o Instagram, al servicio de sus intereses.

Así, las personas Trans y Travestis sin ser un secreto, somos el objetivo de la militarización transfóbica/Terfacha y tecno-machista, como la exacta representación de los bots-acosadores y de la multitud de cuentas que están esperando para recordarnos la revisión de próstata o las ganas que tienen de que pertenezcamos a la “cifra chistosa” -como leí en varios comentarios- donde la “cifra chistosa” es la cifra de suicidios de personas disidentes del sistema sexo/género, es decir, las Maricas y las personas Trans/Travestis.

De esta forma, la transfobia digital busca recordarnos que no nos quieren vivxs, que no nos quieren visibles y que nos nos quieren ni Trans ni Travestis y el acoso digital, multitudinario e inmanejable para muchxs, silenciosamente o no, pretende que al no poder más, o al no resistir más, el quitarse la vida sea tomado como una burla o recordatorio de lo que deberíamos hacer, cuando se habla de vivencias asociadas a ser una persona Trans en estos y otros contextos. Asimismo, en un sistema tan indiferente y en una sociedad que parece mirarnos solo para reírse y que ridiculiza nuestras denuncias y existencias, para el sujeto transfóbico es importante recordarnos esa opción: Si tanto te “victimizas”, ¿por qué no ser parte de esa cifra?

Ahora bien, Judy Wajcman (2006) en su libro El Tecnofeminismo, toca el tema de que los análisis feministas de la tecnología estaban yendo y buscaban ir más allá del planteamiento de «las mujeres y la tecnología» para analizar los propios procesos a través de los cuales se desarrolla y se utiliza la tecnología, así como aquellos a través de los cuales se constituye y se viene constituyendo el género. De lo cual parto justamente para establecer la relación entre Tecno-Transfeminismo y violencia digital. Haciendo alusión, a que el reconocimiento de que sí hay poder, influencia y coacción transfóbica que nos insta a todo el tiempo ignorar, eliminar, desaparecer o evitar compartir algún tipo de contenido es quitarle poder a esa concentración de privilegios y de odio, que nos motive a no flaquear como sujetos feministas y transfeministas, cuando de plantarse en el espacio digital se trate y a crear también herramientas que propicien que la tecnología no nos reste autonomía, agencia y exteriorización de las voces que como mujeres, personas Trans o como Travestis tenemos y asumimos en el campo virtual, de ahí que su crítica resulte pertinente para comprender las maneras en las que se constituyen las opresiones también digitales.

De esta forma, Wajcman (2006) plantea que la tecnología –en el marco de las luchas por la desigualdad de género- “se consideró como una extensión de la dominación patriarcal y capitalista”, y esto responde a un contexto histórico donde la dominación de la tecnología, resultó ser un producto de la estructura patriarcal.

Claramente se puede pensar que la tecnología le ha pertenecido a los hombres, al pacto patriarcal/capitalista y, ahora también, al contrato transfóbico que multiplica violencias sistemáticas contra nuestras identidades. También, Wajcman pone sobre la mesa un factor importante: “La tecnología se considera conformada socialmente, pero conformada por los hombres excluyendo de ella a las mujeres”. Y ahora, una conformación socio-digital, que excluye a las Travestis y a las personas Trans de sus núcleos de interacción.

Todo esto responde a una exigencia de socializarnos digitalmente para ser sus objetos de burlas, acoso y que terminemos tomándolo –para nuestra tranquilidad- como subsidiario o colateral a la presencia que tenemos en redes sociales, lo cual en otras palabras, sería como decir que también nos debe costar tener visibilidad y la posibilidad de nuestro derecho a la libertad de expresión y exposición.

Otro precio a pagar cuando eres una persona Trans, porque ya no solo se trata de que te tomen una foto en la calle y te intenten volver un meme, ya se trata de que cada cosa que digas y expongas, automáticamente será la oportunidad para hacerte saber que tiene una consecuencia que raya en la delgada línea entre lo aterrador y lo absurdo.

En consecuencia, esta tecnología de los machos y de las Terfas, se saña en implantar un algoritmo de ataque, el famoso “policía” que no se rinde, en la medida en que no importa lo que digamos, lo que hagamos o lo que posteemos en una red social, siempre estará ahí presente la interconexión del nido transfóbico, en negarme como una mujer, por ser una Mujer Trans/Travesti, o en acometer en los típicos argumentos del “borrado de las mujeres” o de que mi identidad “fortalece la cultura de los estereotipos de género” que los sujetos transfóbicos asumen por su cuenta, y en consonancia con la incoherencia que les habla al oído.

Ahora bien, basadxs en estos argumentos peligrosos y sin fundamento, deberíamos preguntarnos ¿quiénes son los verdaderos reproductores de los estereotipos de género? o, ¿por qué solo las mujeres Trans, las Travestis y las personas Trans en general somos enfocadas justamente en eso y en otros cuestionamientos y ataques? No es más que el resultado de una necesidad de eliminarnos del panorama digital del que venimos reflexionando, sumado al hecho de malgenerizar nuestras experiencias de vida Trans.

Todo esto se manifiesta en el yo puedo perseguirte, yo tengo derecho a ofenderte, yo puedo ridiculizarte, yo puedo hablar de tus genitales, yo puedo llamarte “hombre con vestido”, yo puedo decirte “Te falta un 70% para ser una mujer, llevas un 30%”, yo puedo bombardearte, yo puedo reírme, yo puedo estigmatizarte, yo puedo llamarte “pedófilo”, ¡YO PUEDO!, el yo puedo del que se vale el sujeto transfóbico públicamente, que no es más que TRANSFOBIA DIGITAL NORMALIZADA en una cultura que ha llevado el odio y la exposición a la tan respetada “libertad de opinión”, y que cuando respondemos, o nos atacan más o nos llaman “los nuevos machos misóginos”, cuando de interacciones con Terfas se refiere.

Consecuentemente, Donna Haraway (1944), otra referente en cuanto a las críticas de la ciencia y la tecnología con un enfoque femeninista, cuestiona la tecnociencia como origen principal en la “conformación de imaginarios”. Se orienta a que, para transformar el mundo, para darle otro sentido y dirección, “es necesario modificar nuestras representaciones del mismo”. De ahí que critique el carácter patriarcal y de las relaciones de género en lo que llama la “tecnociencia dominante”. Por lo que no estamos tan alejadxs de la necesidad de cuestionar que la violencia transfóbica y digital hacia identidades Trans y Travestis está ubicada en una lógica de dominación masculina y patriarcal, donde todo el conglomerado de las feministas Transexcluyentes –las Terfas-, los perfiles transmisóginos y misóginos que funcionan activamente en embestidas masivas, terminan dándonos la razón.

Por un lado, niegan que la Transfobia exista, nos niegan como mujeres y como personas Trans, mientras que por otro, nos malgenerizan mandándonos al psiquiatra porque las personas Trans- en sus concepciones- estamos “enfermas” y “desviadas”, nos mandan a “cortar los genitales” para ser reconocidas como “transexuales”, nos llaman “señores disfrazados”, nos revictimizan y nos culpan de sus persecuciones, y por eso la Transfobia digital, la violencia digital en esa “conformación de imaginarios” y de agresiones que necesitan reforzar sobre nosotrans de los que habla Haraway, se ven así:

En el mismo orden de ideas, estamos sumergidxs en una oleada reaccionaria basada en generar terror digital, en maximizar la violencia material que recae en nuestras cuerpas día tras día, llevado al plano de lo virtual, de lo ciber-patriarcal, de lo tecno-transmisógino. No hay una sola esquina donde no esté plantada la Transfobia, la burla y un claro cinismo que legitima apologías de la persecución, de la discriminación, de la ridiculización. Y es que este último factor, no está alejado de ser un arma contra nuestras identidades: yo sé que puedo usar en contra tuyo, el volverte un chiste, para callarte.

Por consiguiente, en redes sociales está presente la cultura del matoneo, una cultura permisiva y desgastante, que acoge un deseo profundo de que no logremos mostrarnos, o de que quién nos vea, ya sepa qué hacer inmediatamente: atacarnos, reducirnos y limitarnos. La cultura transfóbica que se abraza al control digital, sigue y resiste, porque no podemos pasar por alto lo siguiente: ¿cómo va a acabarse una cultura digital cuando la inconsciencia social y de la vida en general al tratarse de nosotrans, está fundamentada en una raíz de limpiezas sociales, marginación, relego y que nos vende como un problema a eliminar o a reformar? La violencia digital –asumo- no está para nada alejada de esa dinámica de opresión, censura, desinformación y TRANSFOBIA.

Las redes sociales tienen una pancarta Transfóbica en la frente, en tanto las dominan el régimen cisgénero e intolerante, como lo han sido medios de comunicación, instituciones políticas, médicas, lingüísticas, académicas, etc., y claramente, estamos todo el día en línea y no nos vamos a sentar a analizar cómo se multiplica la Transfobia en los medios que frecuentamos, si nisiquiera nos preocupamos por las experiencias de personas Trans y Travestis, en la cotidianidad natural. Entonces, cuando una se aparece públicamente a decir que me llamaron “caballero” en un establecimiento, la columna transfóbica de las redes sociales empieza a adolecer.

Otras consideraciones sobre la violencia digital hacia las poblaciones trans

En este sentido, no es solo Transfobia exteriorizada, es también clasismo normalizado, es también superioridad y separación entre yo soy un ciudadano de primera y usuario de primera, y tú, una Travesti. No conciben el valor de la influencia que también podemos tener en la construcción de defensas políticas y de ciudadanías que nos respeten, con ternura, reflexión, inteligencia, argumentos y belleza, armas que nos salvan de una sociedad que vive para nombrarnos como errores, desviaciones, peligrosxs, enfermxs, víctimas y sobre todo, quejumbrosxs. Las Travestis no nos podemos quejar –en esas reducciones constantes- y nos quieren restringir la libertad para reivindicar nuestros derechos a ser exitosxs, estudiosxs, trabajadorxs, “sentipensantes”. Responde la violencia digital a una deshumanización que más allá de recordarnos el odio que sienten por nuestra existencia, busca recordar dónde no deberíamos estar, y qué es lo que siguen esperando de nuestras voces y cuerpas.

Por lo tanto, el problema radica en una falsa creencia estructuralizada para que siga latente, de que todo puede ser dicho y de que tenemos toda la libertad del mundo para aterrorizar –si así lo requieren mis intereses- a aquellxs con quienes no estoy de acuerdo. Y si se trata de una persona Trans, mucho más.

Una mentalidad sin máscaras en cada cita y en cada comentario que han posteado con insistencia en mis publicaciones y en las publicaciones de mis hermanxs Trans, una mentalidad que lo que tiene de preocupante, lo tiene de altamente obsesiva perpetuando culturas y nuevas socializaciones transfóbicas, cuando estamos constantemente interconectades.

Entonces, ¿que si las redes sociales y la tecnología son un arma contra mi existencia, por ser una plataforma de quienes nos quieren eliminar donde reproducen y multiplican el odio transfóbico? De eso no hay duda. Y ¿que si debo acostumbrarme a ser el punto de impacto de tanto odio indiscriminado, cuando de defender mi integridad se trata? Definitivamente eso no va a pasar, porque las Travestis nunca hemos estado para darle la razón al conglomerado Transfóbico que nos rodea, y mucho menos ahora, que el mundo nos está considerando porque nosotrans lo estamos removiendo para que así sea.

*La Juana Torres es mujer Trans/Travesti, Marika, Escritora, Estudiante de Derecho de la Universidad Pontificia Bolivariana y artista performática. Ha publicado textos en revistas nacionales e internacionales, dónde se destacan Casa Bukowski Internacional, Lugar Poema, Santa Rabia Poetry, Alter Vox Media, Revista Kametsa, entre otras. Es embajadora en Colombia de la plataforma multicultural Casa Bukowski. Ha realizado varias puestas performáticas dónde involucra su experiencia de vida TransTravesti con lo poético, lo político y lo reivindicativo, entre esas “Contravención Travesti”, “Mi derecho a habitar el mundo” y “Aquí está mi cara”. Integrante del grupo de apoyo a personas Trans y No-Binaries Borboleta, en la ciudad de Montería. Forma parte de la antología poética “Todos los Dioses”. Interesada en temas Transfeministas, derechos humanos y en lo artístico y en la escritura como medio de reivindicación política.

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