Cuba: el uso de redes sociales, parte de la orquesta desestabilizadora – Por Paula Giménez y Matías Caciabue

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Paula Giménez y Matías Caciabue *

Las movilizaciones del 11 de julio de 2021 no fueron espontáneas. Uno de los hashtags promovidos ese día, #SOSCuba, fue usado en miles de tuits disparados por troll centers bajo patrocinio de la mafia americana con raíces en la emigrada alta burguesía cubana de Miami.

Están pronto a cumplirse tres años de aquel 11 de julio del 2021, cuando las plataformas de internet se inundaron de hashtags y fake news que promovían la movilización de una parte de la ciudadanía cubana en protesta contra el gobierno de Miguel Díaz-Canel.

En tiempos donde la pandemia del Covid 19 todavía acechaba como una amenaza para la sociedad cubana y mundial, la escasa movilización opositora –al igual que la supuesta represión institucional- fue magnificada por las redes sociales. Sin embargo, pronto también se supo que las mismas no tuvieron el carácter masivo y represivo planteado desde Miami. Así, el relato opositor se apagó más rápido de lo que apareció.

No es ninguna novedad que Cuba es asediado desde hace décadas por Estados Unidos, a través de medidas económicas y políticas que bloquean la posibilidad de desarrollo económico al pueblo cubano. Desde allí es que la denuncia internacional sobre el bloqueo comercial ha ido creciendo a lo largo de los años.

En la actualidad, el gobierno estadounidense de Joe Biden mantiene inmutables las 247 sanciones impuestas a Cuba entre 2017 y 2021 por el entonces gobierno de Donald Trump. El bipartidismo plutocrático, más longevo que los actuales candidatos a la Casa Blanca por un nuevo mandato, no duda en cerrar filas para atacar al proyecto de autodeterminación y soberanía que el pueblo cubano tiene desde el triunfo de su Revolución en 1959.

A esas fechas debemos ir. El bloqueo contra Cuba data de 1960, cuando bajo el gobierno de Eisenhower impuso las primeras sanciones económicas. Lester D. Mallory, por entonces Vicesecretario de Estado y responsable para los Asuntos Interamericanos de Estados Unidos, expresó el objetivo de esta acción en un memorándum secreto del Departamento de Estado.

“La mayoría de los cubanos apoyan a Castro (…). El único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales(…). Hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba en una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducir sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”, afirmaba Mallory.

La guerra económica que los EEUU sostiene desde hace más de 60 años ahora se combina con estrategias de las denominadas guerra de cuarta y quinta generación. Estas articulan acciones psicológicas, mediáticas y cibernéticas, con elementos propios de la guerra convencional, como la guerra electrónica o de provisiones (alimentaria, energética, entre otras).

#SOSCuba, o cómo la NED interfiere en la política de la isla

Las movilizaciones del 11 de julio de 2021 no fueron espontáneas. Uno de los hashtags promovidos ese día, #SOSCuba, fue usado en miles de tuits disparados por troll centers bajo patrocinio de la mafia americana con raíces en la emigrada alta burguesía cubana de Miami.

Con una automatización de cinco retuits por segundos, más de 1500 cuentas de las que participaron de ese hastag fueron creadas ese mismo día. Ese dato confirma que no hubo espontaneidad en los hechos. La estrategia utilizada implicó una campaña multimediática con imágenes, vídeos y fake news falsos, con imágenes de protestas ciudadanas de otros países, difundidas tanto en redes sociales como en los medios tradicionales de comunicación occidentales, especialmente en los amarillistas y en los que funcionan como tanques de pensamiento y difusión ideológica de la ultraderecha.

Desde finales del mes de junio 2021, y con la excusa de la pandemia de Covid-19, en el país que tuvo el menor número de muertes en toda América Latina, comenzaron a hacer circular en redes los hashtags #SOSCuba y #SOSMatanzas, con la excusa de manifestar campañas de solicitud de ayuda humanitaria.

Frente a estas maniobras desplegadas en el territorio virtual, Bruno Rodríguez Parrilla, el ministro de Relaciones Exteriores cubano, denunció ante la comunidad internacional que los orígenes de la campaña #SOSCuba se remontaban al 15 de junio, en un intento de sabotear la votación del proyecto de resolución contra el Bloqueo, presentado por la mayor de las antillas ante la Asamblea General de Naciones Unidas.

Por su parte, el especialista español en redes sociales y coordinador del observatorio contra la desinformación Pandemia Digital, Julián Macías Tovar, declaró que, tras analizar más de dos millones de tuits con #SOSCuba, identificó que la mayoría de las cuentas con publicaciones con esas etiquetas tenían una antigüedad máxima de un año y más de 1500 habían sido creadas 24 horas antes.

Algunas de las ONGs que se encargaron de promover y viralizar la información falsa sobre las movilizaciones fueron por ejemplo “Iniciativa para la Investigación y la Incidencia”, con sede en México, la cual se define como una ONG que realiza investigaciones sobre información relacionada con migrantes, personas privadas de libertad y bajo represión. Esta ONG declara que busca realizar acciones de incidencia y asistencia a grupos en situación de vulnerabilidad en el ámbito de los derechos humanos.

Esta ONG ejecuta los programas “Justicia11J Detenciones por Motivos Políticos” y “Centro de Documentación de Prisiones Cubanas”, vinculada a la campaña virtual #MirenLasPrisionesDeCuba. Las campañas fueron articuladas a través de whatsapp y facebook en grupos públicos contra el gobierno cubano, nombrados como “Cuba Libre 2022«, entre otros.

En el año 2020 la Fundación Nacional para la Democracia de los EEUU, conocida por sus siglas en inglés NED (National Endowment for Democracy), según datos difundidos en su página oficial (https://www.ned.org), se invirtieron más de 5 millones de dólares contra Cuba, a los que hay que sumarle los recursos aportados a las ONGs y Fundaciones de la Mafia de Miami, y los fondos canalizados a través de la USAID y otros organismos similares.

Una de las entidades que menciona el documento es la página Cubalex. Otras terminales, reconocidas por su enlace con la NED son el Diario de Cuba, Cibercuba, People in Need (PIN), Article 19, Cuba Siglo XXI, el Observatorio Cubano de los Derechos Humanos (OCDH) y el proyecto El Toque, un medio enfocado en las redes sociales. No es un dato menor señalar que la NED financia también a la ya famosa Red Atlas, la cual financió el golpe de estado a Bolivia en 2019 y la formación de influencers libertarios como Agustín Laje.

Otra de las ONGs que forma parte de la promoción de las movilizaciones es la Fundación 4Métrica que en el 2022 realizó una convocatoria de tres concursos para visibilizar a través de fotografías, relatos y obras de arte lo sucedido el 11J del 2021. Según la información de la página oficial la Entidad Sin Ánimo de Lucro (ESAL) tiene en marcha el Observatorio de Libertad Académica (OLA) con apoyo de la organización Civil Rights Defenders (CRD) y los proyectos Cuido60 y Food Monitor con apoyo de la National Endowment for Democracy (NED).

Muchas de las ONG internacionales funcionan como brazo de maniobra de la gobernanza global. Las mismas han logrado posicionarse como agentes clave en la administración de problemas.  Desde la defensa de los derechos humanos hasta la protección del medio ambiente, estas organizaciones han desafiado el monopolio del poder estatal en más de un punto del planeta, logrando incidir de manera efectiva en la construcción de nuevas representaciones y relatos políticos, en la organización de los actores sociales convocados por diversas causas, en la ejecución de políticas focales, paliativas y a corto plazo, y en el moldeamiento de subjetividades.

En este tiempo de capitalismo digitalizado, el enfrentamiento en el territorio virtual es de carácter estratégico y constituye un elemento central del plan de desestabilización para Cuba y para todos los países de la región. El llamado Deep State estadounidense despliega de manera sostenida para América Latina las técnicas del golpe blando, contra el gobierno cubano y contra cualquier opción política progresista en América Latina.

*Giménez es Licenciada en Psicología y Magister en Seguridad y Defensa de la Nación y en Seguridad Internacional y Estudios Estratégicos. Caciabue es Licenciado en Ciencia Política . Ambos son investigadores del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE). 

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