El pueblo boliviano no merece un gobierno reaccionario – Por Jhonny Peralta Espinoza

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Jhonny Peralta Espinoza *

Existe aquella ley de las probabilidades, imposible de cuantificar, pero que se llama comúnmente “la fuerza de las cosas”,  a la nueva derecha ahora se ha sumado el militarismo reaccionario para tumbar al gobierno, y aunque Reyes Villa, el mejor posicionado para la derecha, apueste verbalmente a que es tiempo “de cuidar la democracia y evitar que intereses políticos lo destruyan”, en su subconsciente, le conviene a sus intereses que el gobierno sea derrocado por la vía violenta o que el Presidente sea obligado a renunciar.

El evismo alimentará el huevo de la serpiente

El 20 de mayo del 2024, Ronald Maclean revelaba de una reunión de algunos líderes de la derecha boliviana en EEUU, donde supuestamente se firmó un “pacto secreto entre dos o tres candidatos tradicionales para hacer sus cosas”, la pregunta es si era necesario y suficiente ir a EEUU para definir candidaturas y/o hacer acuerdos electorales. Un mes después la ministra de relaciones exteriores se reunía con la encargada de negocios de EEUU para reclamarle sobre la intromisión en asuntos internos del país, y una semana más tarde, se producía el golpe militar encabezado por Zúñiga.

Hasta este momento, la coyuntura política carecía de un motor gravitatorio interno, ni la derecha reaccionaria ni el evismo podían fungir como motor gravitatorio, porque expresan el vaciamiento de la democracia, producto de sus errores tácticos y estratégicos. Así, Evo Morales días antes del golpe, repetía sus acostumbradas denuncias contra el gobierno, “que no había industrializado nada; que el plan del gobierno era inhabilitarlo como candidato; y, que el mensaje de la ministra de la presidencia, que le exhortaba a no desestabilizar el país, era un mensaje escrito por la embajada”.

A esto se sumaba su pedido al pacto de unidad de una reunión para cumplir la observación del TSE y organizar su congreso, propuesta que fue rechazada contundentemente por las organizaciones sociales; pero la coyuntura seguía sin un factor que gravitará. Solo el analista Alberto Ruiz, afirmaba que las fuerzas armadas estaban atentas a lo que pasaba en el país y el rol que podía jugar ante la destrucción del Estado de Derecho, y, que mucho tenía que ver con este posicionamiento de las fuerzas armadas la inhabilitación de Evo Morales.

“La dura oposición de la nueva derecha (evismo-camachismo-mesismo), acompañado de todos los activos desestabilizadores: legislativo, aparato mediático, plataformas ciudadanas, aliados internacionales, embajada, con el objetivo de seguir socavando la legitimidad del gobierno, hasta que se produzca el punto de ruptura”, esto decíamos en  (https://rebelion.org/un-golpe-de-estado-heterodoxo-que-se-vaya-lucho/).

Pero el punto disruptivo se adelantó, de forma provisional, por un sector minoritario del ejército que puede ser un parteaguas de toda esta historia. Sin embargo, Zúñiga, no logró un gran respaldo de los militares, y se frustro el golpe de Estado; pero más allá del fracaso golpista, este hecho sigue reafirmando que los militares pueden hacer uso de su fuerza en cualquier momento.

En otras palabras, como decía Zavaleta Mercado, “los militares nacionalistas creían en la patria pero no en las clases, a las que veían como una deformación de la patria”; por esto, si los militares juegan un papel reaccionario, el proceso de cambio puede convertirse en militarista, y solo podemos revertir esto, si los militares se definen del lado del proceso de cambio. Pero esto no ocurrirá, porque de manera insistente e infatigable, desde el inicio de la gestión del Presidente, y a través de diversas formas y contenidos, la derecha reaccionaria, al principio, y el evismo, después, se han posicionado con el propósito de socavar el orden constitucional.

Régimen democrático y paz política se implican de manera recíproca y lo que atenta contra uno atenta directamente contra el otro. La nueva derecha (evismo-camachismo-mesismo) no cesara en tumbar al gobierno, y solo en la medida que el gobierno logre mantener activos los mecanismos democráticos, podrá Bolivia vencer a quienes anhelan la violencia para imponer sus propósitos.

En otras palabras, si el gobierno no profundiza el régimen democrático, se impone el caos político, porque el militarismo reaccionario y/o la nueva derecha, tendrán un campo abierto para un abanico de posibilidades y dinamitar el proceso de cambio.

Por estas razones, el evismo no puede justificar lo que han denominado, como dice Andrónico “autogolpe, donde el pueblo se hunde en la incertidumbre, con una profunda crisis institucional del sistema democrático, y el daño que el poder judicial y los militares que nos llevan al caos”; cuando es el legislativo el nido de la sedición y la ingobernabilidad, que no hace nada y es garantía de nada, y es Andrónico el que lo comanda, y el que menos interesado en que sea autogolpe o golpe militar es el gobierno, porque si fuera un autogolpe no cambia en nada su popularidad, y si es un golpe militar real, nuevamente como el 2019, le dicen en sus narices al gobierno, que van tras de su caída.

Por eso sus momios políticos como son Quintana y Romero, no entiende ni comprenden de qué va esto, solo arguyen que como es un autogolpe, “Zúñiga es el vocero del autogolpe promovido desde el gobierno, y si o si Evo Morales será el próximo presidente”. A esto llega su análisis político, porque están conscientes que han cerrado todos los caminos legales y alzarse abiertamente en sedición, clausurando el llamado proceso de cambio, porque más puede la fuerza de la costumbre, poseer el poder por el poder, que es como un instinto animal que se reproduce casi de manera indefinida. Éste es el mayor peligro, porque no es con palabras con lo que se los va a convencer.

El gobierno está contra la pared, el militarismo reaccionario y la nueva derecha conjuran su caída

El país convive con una variedad de trincheras beligerantes: el TSE convocando una cumbre multipartidaria, donde no se decidirá nada de temas fundamentales, y anulara el congreso en septiembre convocado por el evismo; la justicia constituyéndose en un suprapoder que define el futuro del país, mientras que Evo, Mesa y Camacho afirman que es un juguete de Lucho ; el poder legislativo confrontado abiertamente contra el poder judicial y el poder ejecutivo, poniendo en cuestionamiento no solo la legalidad, sino también la legitimidad de esos dos poderes; y, por último, el poder mediático en su conjunto, que por todos los medios intenta implantar marcos mentales o de interpretación de cómo se deben ver las cosas de la realidad.

Apostando a la caída del gobierno. En otras palabras, estamos hablando de una acción de dirección concertada del golpe blando o golpe militar, donde todos los poderes del Estado, en diversos grados, y en una lucha política con diversos intereses, se impone el objetivo de la nueva derecha, buscar la confrontación y la deslegitimación de los poderes del Estado, y así pretender forzar la renuncia del Presidente y acortar su mandato.

Por esta razón, no son gratuitas las declaraciones de Evo y Loza, al acusar al gobierno de “pacto con el fascismo”, que “ni la izquierda ni la derecha pueden permitir la violación de la Constitución”; que Andrónico afirme que “todos los actos del TCP son nulos de pleno derecho”, creando de esta manera la idea de que el país es tierra sin ley, que no hay gobierno y que hay desinstitucionalización.

Nadie puede negar que hay una crisis de los poderes del Estado, producto de catorce años de gobierno evista, un año de golpismo y tres del actual gobierno; lapso de tiempo en el que no se sentaron los cimientos del Estado Plurinacional, y llegamos a esta coyuntura, que es funcional a los intereses de la embajada, así como lo es la narrativa creada por el aparato mediático de la derecha: Estado inviable y gobierno corrupto, y de todo esto va precisamente el golpe de Estado blando, al que se ha sumado la conspiración militarista.

Negar esta situación sería tratar de engañarse, y no hay nada peor en política que crear escenarios ficticios para evitar confrontar la realidad; hace tiempo el presidente del TSJ acusó al legislativo de haber buscado el fracaso de las elecciones judiciales, porque hubo una estrategia y llegar a este extremo, donde la crisis de la justicia, de análisis constitucional, se transforma en crisis política; el TSE sostiene que, o una de dos, judiciales el 2024 sin primarias o primarias el 2024 y generales el 2025 y judiciales el 2026.

La nueva derecha en el legislativo se ha conjurado por dinamitar la estabilidad económica y política, no aprobarán créditos internacionales y si lo hacen será a cuenta gotas, para maniobrar la agonía del gobierno; y, por último, dos declarados aspirantes de la derecha reaccionaria, como son Manfred y Jhonny, quienes, al igual que Evo, se presentan como los salvadores usando un lenguaje populista.

Hay la existencia de redes de poder, visibles y en la sombra, como es el de la embajada norteamericana, que operan de manera coordinada; ya se demostró en el golpe del 2019; y, por tanto, no cabe ninguna duda de que la ofensiva de los sectores más reaccionarios se está activando con toda su fuerza, para alterar el orden constituido, y reventar todo el proceso de cambio. El gobierno no debe olvidar que las huellas que puede dejar una conspiración política son escasas en lo que se refiere a la confabulación misma o a sus actos esenciales, esas huellas solo pertenecen a una minoría bien pactada, a la que hay develar y mostrarlos como las grandes traidores de la democracia.

El Presidente cuando declaro que pretenden acortar su mandato, o sea que hay  un golpe de Estado en marcha, marco un distanciamiento dialéctico con el evismo, que no solo implica comprender su significado, sino es necesario el análisis del contexto y el futuro, así como los retos para el gobierno. A esta altura del tiempo ya no son previsibles cambios en el gabinete, con este gabinete tendrá que enfrentar la guerra política planteada por el evismo, pero está en el deber de hacer cambios relevantes a corto plazo en las variables estratégicas políticas que induzcan a modificar sustancialmente las alternativas del gobierno y la correlación de fuerzas de cara a una próxima coyuntura marcada por el golpe de Estado blando o militar. Porque, con este golpe militar el gobierno no puede cerrar los ojos a la crisis institucional y política que se está desarrollando ante la presencia de todos, y ya no se debe descartar a otro actor político como es las fuerzas armadas.

El golpe militar o blando o el caos social, siguen en curso; porque cómo debemos entender el mensaje del evismo “o por la buenas o por las malas”, y eso lo presentan como el medio para superar la crisis. Por esto, pasado y presente no se contradicen profundamente, cuando éste presente es una simple prolongación de ese pasado, que nos conduce a la deriva. El gobierno, ahora se da cuenta, ojalá, que tiene un enorme problema, no controla todo el poder, porque el poder  también es  controlar a los servicios de inteligencia militar y policial, pero el Presidente lo ha reconocido, “inteligencia militar no informo, dependía del comandante”; lo mismo que ocurrió en el golpe del 2019, ni Morales, ni García Linera, ni Zavaleta, tenían la peregrina idea de la coordinación del golpe: militarismo-motines-

La contrafinalidad es un factor a tomar en cuenta en el amor, la vida y la revolución

El gobierno no tiene el poder de controlar esta situación y,  la nueva derecha con gusto hace y seguirá haciendo uso de la incitación a la convulsión; frente a este posicionamiento el gobierno, el gabinete social, el pacto de unidad y las organizaciones sociales, junto a los bloques urbanos, deben dejar de pensar que el camino de la salvación es el «voluntarismo», porque es ingenuamente optimista y totalmente inconsistente.

El Zuñigazo se incorpora como un factor más a la nueva derecha para el desarrollo de los acontecimientos, y el que más preocupado tendría que estar es Evo Morales, porque si triunfa el militarismo:  se lo cargaran, a no ser que tenga un pacto con intereses subalternos, llámese embajada yanqui. En el fondo, Quintana, en particular, y Romero en el rol de mimo, desean sacrificar a Evo, y más allá del cambio del alto mando militar y la detención de jefes y  oficiales de las fuerzas armadas, que puede aparentar una purga, no impedirá que la deliberación formal e informal dentro de los cuarteles entre los oficiales de rango intermedio continúe.

Por tanto, es inútil el llamamiento del gabinete de no utilizar el golpe de Estado con “afanes de réditos políticos”; ya lo está haciendo el evismo, la derecha encarnada en Mesa, Camacho, y Peñaranda, quienes sostienen que es un autogolpe, igual que el evismo que es eco de la derecha antinacional; los mismos que aspiran a poner como agenda que es un autogolpe, y que el gobierno ya no está en la legalidad y que debe renunciar.

Entonces, el problema es que cuando la coyuntura está acompañada de una crisis o deterioro político, la excepción se convierte en una regla, se convierte en la experiencia cotidiana, por tanto, el gobierno es inviable y hay que derrocarlo “por las buenas o por las malas”.  Zúñiga criticó el estado actual de la situación, coincidiendo con lo que dicen Evo, Doria Medina, Peñaranda, etc., que Lucho no da certezas, faltan dólares, combustibles, etc. pero el límite de estos discursos o marcos de interpretación,  se basa en su idea “ilustrada” de la política como un asunto de falta de conciencia por parte del pueblo, al que deben enseñarle quiénes son los traidores, corruptos y cobardes; olvidando que la cuestión fundamental en juego no es la falta de conciencia, sino de cuerpo: en qué tipo de cuerpo prende el mensaje reaccionario.

Y el cuerpo de los movimientos y organizaciones sociales, el cuerpo del pueblo, el cuerpo de las clases medias, saben que esto no va de política y democracia, sino de angurria de poder del evismo, de la derecha antinacional encarnada en Reyes Villa, en los militares reaccionarios, y esto tiene que tomar en cuenta el gobierno.

La sedición de la nueva derecha, el golpismo militarista, no fue derrotada, porque su raíz no fue tocada. Las tensiones políticas y el aire de crisis institucional hacen mella en los militares, la nueva derecha, y también, en el gobierno, que está rodeado de enemigos; por tanto, estamos en presencia de una larga conspiración entretejida desde diversos espacios.

Pero esto no es lo decisivo, no es el cemento que unió todos los hilos en una lógica conspirativa, todo esto comenzó el 2009, cuando se hizo concesiones en la redacción de la nueva constitución, pero que fue adquiriendo un rostro mucho más cotidiano el 2019, cuando la agroindustria, los banqueros, y los militares, apostaron que el dilema de fondo a quebrar es el vínculo gobierno- pueblo.

El gobierno, debe tomar conciencia que solo la política y la organización, son los elementos para enfrentar la crisis con la que se confronta; la consecuencia de negar la intensidad del combate que la coyuntura requiere, puede llevar al gobierno a acabar simulando el conflicto; cuando la lucha política también comprende el ámbito de la lucha simbólica y de la lucha del relato, que si no lo ejecuta,  el gobierno y los movimientos sociales terminarán estrellándose con la derrota y el fracaso.

La solución de esta crisis política está en manos del gobierno y de la profundización de la democracia protagónica y participativa, porque en lo alcantarillados, donde corre el agua sucia: está el militarismo golpista que sigue activo.

* Exmilitante de las Fuerzas Armadas de Liberación Zárate Willka

Resumen Latinoamericano

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