Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.
Javier Gómez Sánchez *
Es una mañana como otra cualquiera en el Marine Corps War College (MCWC), un centro de altos estudios de la Marine Corps University, en Quantico, Virginia. En uno de sus salones, un grupo de alumnos se encuentra reunido alrededor de una gran mesa. Todos están absortos en un gigantesco tablero desplegado sobre ella. Son oficiales seleccionados de los cuerpos armados de los Estados Unidos, funcionarios de sus servicios especiales y personal militar de países aliados. Mientras a poca distancia corren las tranquilas aguas del río Potomac, el grupo se mantiene concentrado al máximo de su capacidad de análisis.
Lo que está sobre la mesa y capta su atención es un juego. En el mapa en su centro, pequeñas fichas se agrupan sobre diversas regiones, y alrededor, varios letreros asignados indican el rol de cada jugador: Estados Unidos, OTAN, Unión Europea, Rusia, China, Corea del Norte. Aunque el juego se utilizaba desde algunos años antes, no fue presentado públicamente hasta 2020. Su nombre es Hedgemony y fue diseñado por RAND Corporation.
Según el Defense Technical Information Center, consiste en un juego de guerra global diseñado para enseñar a los profesionales de la defensa estadounidenses cómo las diferentes prioridades estratégicas y políticas podrían afectar a factores clave de planificación para el desarrollo, manejo, definición de posiciones y uso de la fuerza. Los participantes deben tomar decisiones difíciles gestionando la asignación de recursos militares y económicos, junto al uso de fuerzas, para lograr objetivos dentro de ciertas limitaciones de esos recursos y tiempo.
Además de la Marine Corps University, -que desde 2021 lo incorporó a su currículo base-, otros centros de estudios militares que lo utilizan son el Army War College, el Naval War College y el National Defense University.
En un video promocional del juego, Yuna Huh Wong, analista de defensa y una de las expertas de RAND Corporation para el uso de juegos de guerra —quien es además fundadora y presidenta de la Women’s Wargaming Network—, explica: “La hegemonía sin ‘D’ proviene de la teoría de la estabilidad hegemónica en ciencias políticas, y el hegemón es, en cierto modo, el país más fuerte del mundo y tiende a imponer un orden”.
Sin dudas, el juego resulta un aprovechable y eficiente instrumento de formación, diseñado por algunos de los más inteligentes cerebros dedicados a la planificación estratégica norteamericana en el área de defensa. Pero la creación de su concepto base, la hegemonía, incluyendo su expresión en las relaciones internacionales entre potencias y países más débiles, está muy lejos de ser obra de algún grupo de expertos de la actualidad y, menos aún, de un think tank estadounidense.
En poco tiempo se cumplirán cien años de que esta idea fuera conceptualizada por uno de los intelectuales marxistas más prolíficos: el dirigente comunista italiano Antonio Gramsci.
El término hegemonía deriva del verbo griego eghemonero, que significa guiar, preceder, conducir, estar al frente, comandar o gobernar. Según el Diccionario de la Real Academia Española, hegemonía se define primero como la supremacía que un Estado ejerce sobre otros, lo que se aplica a las relaciones internacionales, y en su segunda acepción, como supremacía de cualquier tipo a lo interno de las sociedades.
Nacido en Cerdeña en 1891, Gramsci elaboró una teoría que concibe el ejercicio de la hegemonía no por la fuerza, sino por el consenso, de manera que el poder, ya sea ejercido por un Estado más fuerte (un hegemón global o regional), o por un gobierno sobre su población, equilibra el uso de su fuerza con el disfrute de beneficios, de manera que su dominio es aceptado por los dominados.
Al mismo tiempo, ideó una estrategia para penetrar ese consenso hasta lograr hacer caer el poder establecido y permitir que una nueva fuerza política asuma el control. Estas ideas en particular resultaron de gran utilidad para el tipo de guerra que más tarde sería conocida como no convencional.
Reunió sus teorías en una extensa obra, conocida como Cuadernos de la cárcel, escrita durante el largo encierro al que lo condenara el fascismo italiano, desde 1928 hasta 1937, año en el que murió poco después de ser liberado.
¿Cómo llegaron las ideas de un teórico marxista, por demás fundador del Partido Comunista italiano, a ser tan útiles para los investigadores de las academias y centros de estudios militares estadounidenses?
Su aplicación en el juego Hedgemony es solo un botón de muestra. Numerosos expertos con objetivos y encargos totalmente ajenos a las ideas políticas de Gramsci han identificado una gran cantidad de usos y desarrollos de las teorías gramscianas.
Una investigación reciente localizó 30 proyectos académicos realizados por universidades militares y tanques pensantes de ese país, publicados en los últimos 25 años, que utilizan alguna de las creaciones teóricas del intelectual italiano para aplicarlas a las situaciones geopolíticas más diversas.
Entre ellas ¿Por qué hay una guerra cultural? Gramsci y Tocqueville en América (Fonte, 2000), para la Hoover Institution; Midiendo el poder nacional en la era postindustrial (Tellis et al., 2000), para la ya mencionada RAND Corporation y el United States Army; Taller sobre el poder de las fuerzas especiales: un camino a seguir para la teoría y el arte estratégico de las operaciones especiales (Celeski, 2011), para la Joint Special Operations University; La sociedad civil como factor de cambio: un estudio comparativo de las transiciones políticas en Europa del Este y Oriente Medio (Csengeri, 2013), para la Naval Postgraduate School; Intelectuales y guerra (Drake & Kelly, 2013), para el Journal of War and Culture Studies; Capital intelectual: un argumento a favor del cambio cultural (Everett et al., 2015), para The US Army War College Quarterly; ¿Es el marxismo cultural la nueva ideología dominante en Estados Unidos? (Mueller, 2018), para el Mises Institute; y Extendiendo las guerras culturales (Zywicki, 2021), para el Cato Institute.
Resaltan aplicaciones a escenarios tan sorprendentes como Al Qaeda, el califato y Antonio Gramsci: ¿Un estado, una región, luego un mundo? (Swenson, 2009), un estudio publicado por el Air Command and Staff College (ACSC) para explicar cómo Al Qaeda y grupos similares gestionan sus relaciones con la población local en los países donde operan, o Libia: pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad (Mezran, 2015), por el Atlantic Council, para analizar la fragmentación social y política de la sociedad libia tras la caída de Muammar Gadafi.
Muy lejos de estos usos, Gramsci concibió sus teorías como un método para lograr una revolución popular de ideología comunista, por lo que el sociólogo ruso Serguéi Kara-Murza, quien estudió la manera en que sus conceptos fueron aplicados a la sociedad soviética durante el desarrollo de la perestroika, comentaba en su libro Manipulación de la conciencia, publicado en 2003: “Como se sabe, «el conocimiento es poder», y ese poder lo puede utilizar cualquiera que asimile ese conocimiento y reciba la posibilidad de emplearlo (…) La teoría creada por el comunista fue utilizada de forma efectiva por los enemigos del comunismo”.
“Gramsci no es culpable de eso” —sentenciaba Kara-Murza, un testigo crítico del derrumbe del socialismo en Rusia, y estudioso tanto de sus causas como de sus consecuencias en los años posteriores, quien en su artículo ¿Qué le pasó a la Unión Soviética? llegó a definir la perestroika como “la más brillante y estúpida operación de la guerra fría, que arrojó al mundo al precipicio de una posmodernidad no prevista por Nietzsche, ni por Antonio Gramsci”—.
Y continuaba en su extenso ensayo de dos tomos sobre la manipulación cognitiva: “Creo que hoy se puede hablar de la tragedia de Gramsci. Casi todas sus geniales ideas y advertencias, dirigidas a sus compañeros para que aprendieran a movilizar el sentido común de la gente (…), fueron estudiadas y utilizadas por el enemigo con fines totalmente opuestos”.
Viendo el instrumental político en uso hoy, tanto en lo interno como en la proyección global de los propios Estados Unidos, y más cerca, el que se ha manifestado en algunos escenarios electorales en años recientes en el resto del continente, con sus resultantes estilos de gobierno, queda claro que las ideas de Gramsci están siendo estudiadas y aplicadas como nunca antes… Pero la pregunta que probablemente atormente la memoria del pensador italiano vendría siendo entonces: ¿Por quién?
(*)Periodista, profesor e investigador cubano. Máster en Ciencias Políticas en Estudios sobre Estados Unidos y Geopolítica Hemisférica por la Universidad de La Habana. Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de las Artes de Cuba.