¿Qué está pasando en Siria? El último coletazo de un cambio de régimen político – Por Matías Caciabue

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¿Qué está pasando en Siria? El último coletazo de un cambio de régimen político 

*Por Matías Caciabue

Enero de 2026 confirmó que la caída de Bashar al-Assad no cerró la guerra en Siria. Apenas la reordenó. Ese importante país de Asia Occidental dejó de ser una escena de frentes congelados y volvió a convertirse en un teatro de operaciones militares, atravesado por reacomodos internos y por condicionamientos externos que se hicieron visibles cuando el mapa comenzó a moverse como si fuera de arena.

En ese marco, pareciera que la actualidad del conflicto está marcada por un último coletazo: la ofensiva del nuevo poder asentado en Damasco para imponer una estatalidad centralizada y cerrar, por la vía de los hechos, la experiencia de autonomía kurda en el noreste del país. El gobierno de Ahmed Al-Sharaa y el HTS (Hayat Tahrir al-Sham) combina gestos de reconocimiento cultural e identitario hacia la población kurda con una exigencia política innegociable: la subordinación plena de las FDS kurdas (Fuerzas Democráticas Sirias). En términos concretos, eso supone el desarme de las FDS, la transferencia al Estado central de las infraestructuras energéticas y logísticas, y la disolución de sus estructuras de mando. Frente a esta ofensiva, las FDS aparecen en una situación de debilidad política y militar, forzadas a replegarse de posiciones estratégicas para evitar una derrota total, al tiempo que advierten que la “integración” propuesta no es más que una capitulación encubierta bajo la retórica de la unidad nacional.

El rol de EEUU experimentó un relativo cambio de posiciones. A través de una mediación orientada a garantizar estabilidad regional, facilitar el levantamiento de medidas coercitivas y recomponer alianzas con actores clave como Turquía y Arabia Saudita, la Casa Blanca terminó ninguneando a su vieja aliada, las FDS, y reduciendo drásticamente su margen de maniobra. Este viraje dejó expuesto un error de cálculo estratégico de la conducción kurda: sostener su dependencia de los acuerdos con EEUU mientras Washington redefinía sus prioridades geopolíticas y apostaba, sin ambigüedades, por el nuevo poder emergente en Damasco.

Al-Sharaa y el gobierno del HTS

La figura de Ahmed al-Sharaa (conocido como Abu Mohammed Al-Jolani en los años iniciales de la guerra) sintetiza, por sí sola, la metamorfosis siria de la última década: del terrorismo con matriz yihadista a un ensayo de estatalidad que busca reconocimiento, financiamiento y normalización diplomática.

La trayectoria de Al-Jolani/Al-Sharaa recorre hitos ya conocidos: su inserción temprana en la trama militante vinculada a Al Qaeda en Irak tras la invasión de 2003; la conformación, ya en territorio sirio, del Frente al-Nusra en 2012; la ruptura con ISIS en 2013; y, más tarde, el quiebre “formal” con Al Qaeda en 2016 -sobre el que persisten dudas sustantivas-, orientado a relocalizar su legitimidad en una clave supuestamente “nacional”. Ese recorrido desembocó en la creación de HTS en 2017, un conglomerado político-militar de matriz islamista con un proyecto ideológico asociado al supremacismo sunita, pero con límites nacionales sirios, que le permitió consolidar el control de la provincia de Idlib, en el noroeste sirio, ejerciendo allí durante años un gobierno de facto y estableciendo vínculos comerciales y políticos estables con la vecina Turquía, bajo el gobierno de Recep Tayyip Erdogan.

El salto de HTS desde Idlib hasta Damasco fue habilitado por una ofensiva relámpago cuidadosamente sincronizada: A partir del 27 de noviembre de 2024, fuerzas bajo conducción de HTS avanzaron desde el noroeste sirio combinando presión militar directa, respaldo político y logístico de Turquía, acuerdos locales de rendición, fracturas internas y deserciones en las Fuerzas Armadas Árabes Sirias (FAAS), y un colapso acelerado de las cadenas de mando estatales. La rápida caída de Alepo (29 de noviembre), Hama (5 de diciembre) y Homs (6-7 de diciembre), junto con el avance simultáneo de fuerzas aliadas en el sur, permitió aislar Damasco sin necesidad de una batalla prolongada. El 8 de diciembre de 2024, el derrumbe se consumó con la salida de Bashar al-Assad del país y su traslado a Rusia, sellando el fin de un régimen político iniciado en 1971.

Ya en el gobierno, el intento de edificar una nueva estatalidad se apoyó en dos movimientos simultáneos. Hacia adentro, la búsqueda de control institucional, disciplina de las milicias y construcción de una administración con capacidad efectiva. Hacia afuera, la necesidad de reconocimiento internacional y alivio de las medidas coercitivas mediante señales pragmáticas y compromisos de seguridad, bajo la vigilancia y los condicionamientos de potencias que siguen operando a Siria como un tablero de negociación directa e indirecta.

Las FDS: entre la autonomía y la integración al nuevo régimen político sirio

Las FDS se constituyeron, desde la guerra contra ISIS, como el dispositivo militar y político dominante del noreste sirio. Bajo la conducción de las milicias kurdas -las YPG y las YPJ- e integrando en sus filas a milicias árabes locales, articularon una estructura armada con un fuerte anclaje territorial en la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria, conocida como Rojava en kurdo, y combatida sostenidamente por Turquía, que entendía esa región como una plataforma del ilegalizado PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), hoy disuelto.

Este proceso se inscribe en la trayectoria histórica del pueblo kurdo, considerado la nación sin Estado más importante del planeta, cuya población se encuentra fragmentada entre Turquía, Siria, Irak e Irán, y que ha desarrollado, en ese contexto de dispersión y negación estatal, formas propias -y a menudo divergentes- de organización social, política y militar.

Durante años, las FDS funcionaron como un poder de facto, ejerciendo control territorial y administración civil, en el marco de un esquema de alianzas flexible que incluyó el respaldo operacional y militar de EEUU, bajo la primera administración de Donald Trump, como socio clave en la campaña contra ISIS entre 2014 y 2017 [2], sin romper por ello canales de entendimiento con el gobierno de Al-Assad y con su principal aliado internacional, Rusia.

Un rasgo distintivo de este proyecto -y una de las principales fuentes de su reconocimiento internacional- fue la centralidad otorgada a la perspectiva feminista en su organización política y militar. Las YPJ, conformadas exclusivamente por mujeres, se transformaron en un símbolo mundial de resistencia frente al terrorismo de ISIS, no sólo por su papel decisivo en combates emblemáticos como Kobane (2014-15) y Al-Raqqa (2017). Este componente feminista, integrado a una concepción más amplia de democracia local, pluralismo étnico y laicidad relativa, otorgó a las FDS y a Rojava una legitimidad singular en amplios sectores de la opinión pública internacional. Sin embargo, esa legitimidad convivió con tensiones crecientes: por un lado, entendimientos pragmáticos con el gobierno de Assad, históricamente demonizado por Occidente; por otro, y de forma más polémica, una dependencia operacional y militar cada vez mayor de EEUU, potencia que mantenía una ocupación ilegítima de parte del territorio sirio a partir de su base militar de Al-Tanf.

Mapa de la fragmentación territorial de Siria, elaborado por el medio Al Jazeera [1], al inicio de la operación militar del HTS, en noviembre de 2024. Traducción de infografía de elaboración propia.

Cuando HTS y Al-Sharaa decidieron abandonar Idlib e iniciar la ofensiva relámpago que precipitó el colapso del régimen de Al-Assad, las FDS intentaron una rápida movilización ofensiva. Ese movimiento fue bloqueado por la intervención del llamado Ejército Libre Sirio/Ejército Nacional Sirio (ELS/ENS), una fuerza surgida de la fractura de oficiales de las FAAS (durante la “primavera árabe”) que, con el paso del tiempo, terminó de reconfigurarse como un dispositivo proxy de Turquía. En la práctica, el ELS/ENS operó como una fuerza beligerante al servicio de los intereses turcos en el norte sirio, diluyendo cualquier autonomía y asumiendo un perfil cada vez más cercano al de una tropa mercenaria utilizada para contener y desgastar a las milicias kurdas.

Consolidado el control de Damasco, y tras la designación de Ahmed al-Sharaa como presidente por un Consejo de Transición el 29 de enero de 2025, HTS y las FDS abrieron un canal de diálogo público, bajo evidente patrocinio de EEUU. Se alcanzó un acuerdo orientado a coordinar funciones de gobierno, avanzar en la unificación de mandos militares, resguardar infraestructura estratégica -incluida la presa de Tishreen-, conformar un comité representativo del noreste y facilitar el retorno de población desplazada. Ese entendimiento tuvo su imagen más elocuente el 10 de marzo de 2025, cuando Al-Sharaa y Mazloum Abdi, comandante general de las FDS, se encontraron en el noreste del país y buscaron condensar una hipótesis política: la posibilidad de una reunificación estatal con las FDS integradas a la nueva arquitectura de poder.

10 de marzo de 2025. El presidente interino de Siria, Ahmed al-Sharaa, y el comandante de las fuerzas kurdas sirias, Mazloum Abdi, se estrechan la mano. Fuente: Reuters [3]

Esa situación, sin embargo, tenía una condición central: la “participación” no podía equivaler a absorción. Cuando el proceso comenzó a percibirse como desarme unilateral, cuando el control de represas y de la renta petrolera entró en la ecuación, y cuando los factores externos modificaron sus señales de protección, la disputa política volvió a militarizarse.

Alepo y el noreste: de los choques urbanos a la batalla por los recursos

El ciclo reciente deja en evidencia dos movimientos íntimamente conectados: Alepo como chispa inicial y el noreste como verdadero objetivo estratégico. En Alepo, Reuters reportó la reanudación de enfrentamientos entre fuerzas del nuevo gobierno y las FDS en barrios de mayoría kurda como Sheikh Maqsoud y Ashrafiyah, con víctimas civiles, decenas de heridos y un desplazamiento masivo inicial estimado en unas 45.000 personas, que huyeron hacia el noroeste en dirección a Afrin, en territorio kurdo [4]. En las horas posteriores, el propio Reuters informó que el Ministerio de Defensa anunció un alto el fuego y habilitó una ventana de salida para las fuerzas armadas en las zonas en disputa, mientras ambas partes se acusaban mutuamente de haber iniciado la escalada [5]. Alepo operó, así, como un ensayo de presión política y militar: exhibir capacidad operativa, forzar repliegues y, sobre todo, empujar el eje del conflicto hacia el este del país.

El segundo movimiento, decisivo, se produjo cuando las fuerzas del nuevo régimen lanzaron una ofensiva abierta sobre el noreste sirio y el eje del río Éufrates, donde se concentra la infraestructura que sostiene la autonomía kurda. El 18 de enero de 2026, Reuters informó que fuerzas gubernamentales, junto a combatientes tribales árabes aliados, capturaron los campos energéticos de Al-Omar (petróleo) y Conoco (gas) en Deir ez-Zor, además de avanzar sobre múltiples localidades a lo largo de la ribera oriental del Éufrates. En la misma secuencia, Reuters consignó la toma de Tabqa y de la represa del Éufrates, un punto clave por su valor energético, hídrico y territorial  [6].

Al Jazeera confirmó la captura de Tabqa, de su aeropuerto militar y de la represa del Éufrates en el marco de la ofensiva hacia el noreste, señalando que el avance del gobierno sirio se produjo tras la retirada de las FDS, en un contexto de acusaciones por violación de acuerdos previos y llamados internacionales a la desescalada, con EEUU actuando como actor de presión para evitar una expansión mayor del conflicto [6].

Lo decisivo es lo que estos hechos ponen en evidencia: el desplazamiento de una discusión centrada en el estatuto político hacia una disputa abierta por el control de los recursos energéticos y de las infraestructuras vitales del país. Desde Damasco, la ofensiva es presentada como una “recuperación de los recursos del Estado” y una reposición de la soberanía sobre la riqueza nacional. Desde el lado de las FDS, en cambio, se la define como una violación directa de los acuerdos alcanzados y como una estrategia de asfixia destinada a fracturar el tejido social en las zonas kurdas del noreste. En semejantes tensiones, una cosa resulta clara: el conflicto dejó de ser retórico y volvió a su forma más cruda, la de un combate por supervivencia política y por mando efectivo.

Cierre: un conflicto en desarrollo

La fase actual del conflicto sirio confirma que el cambio de régimen no derivó en una estabilización automática, sino en una reconfiguración forzada del poder. Tras la ofensiva de enero y la captura de nodos energéticos clave en el noreste, el gobierno encabezado por Ahmed al-Sharaa pasó a combinar presión militar con una ofensiva política destinada a cerrar, bajo sus propios términos, la cuestión kurda. Damasco presentó un paquete de integración que incluye la disolución de estructuras armadas autónomas, la incorporación de las FDS al ejército regular de manera individual (no como unidades de combate), y la transferencia al Estado central del control sobre campos petroleros, represas y cruces estratégicos, bajo el discurso de la “unidad nacional” y la recuperación de recursos soberanos [7][8].

En paralelo, el gobierno avanzó con gestos políticos hacia la población kurda, buscando erosionar la legitimidad de su autonomía política. Por estos días, Al-Sharaa firmó decretos que reconocen derechos culturales e identitarios, habilitan el uso del idioma kurdo y declaran el Nowruz como festividad oficial, en un intento por diferenciar la cuestión nacional kurda de la estructura político-militar de las FDS. El mensaje es claro: reconocimiento cultural sin autonomía política ni mando armado propio. Para Damasco, la integración es posible sólo si se traduce en subordinación efectiva a la nueva estatalidad siria [9][10].

La respuesta de las FDS ha sido muy ambigua, en lo político, y débil, en lo militar. Tras los enfrentamientos en Alepo y el avance gubernamental sobre el eje del Éufrates, las fuerzas kurdas aceptaron replegarse de algunas posiciones urbanas y estratégicas en el marco de altos el fuego puntuales, priorizando evitar un enfrentamiento abierto que pudiera derivar en una derrota total. El mando de las FDS insiste en que no busca la secesión, pero exige garantías reales de seguridad, representación y preservación de estructuras locales, al tiempo que denuncia que la integración propuesta se asemeja a un desarme unilateral [11].

En este proceso, EEUU opera como mediador central y Tom Barrack, enviado especial de la administración Trump en Siria, ha actuado como principal intermediario entre Damasco y las FDS, procurando acuerdos de alto el fuego y marcos de integración que favorezcan al nuevo régimen político, en manos de Al-Sharaa y del HTS.

Aquí pareciera visualizarse un cambio. Aliado de las FDS en la guerra contra ISIS, el trumpismo ha reorientado su política para priorizar cierta estabilidad regional, como manifestación política de lo que el proyecto estratégico neoconservador pretende hacer en Medio Oriente.

Ese giro dejó al descubierto un error existencial en la conducción de las FDS: haber dado continuidad -desde un convencimiento ideológico y/o desde una enorme ingenuidad política-, a los acuerdos sellados con EEUU durante el ciclo 2014-2017 en los peores momentos de la lucha contra ISIS.

De igual manera, y en amplios sectores del eje Damasco-Teherán-Moscú que sostenía a Al-Assad, las FDS fueron percibidas durante años como un dispositivo funcional, aunque indirecto, a los intereses de Israel. La fragmentación Siria devino en la interrupción de la continuidad geográfica entre Irán, Irak, Siria y el Líbano. En ese marco se inscribe la noción del llamado “Corredor de David”, una hipótesis geopolítica atribuida a sectores estratégicos sionistas que proyecta un eje de influencia desde los Altos del Golán, atravesando el sur sirio de mayoría drusa (Suwayda y Daraa), conectando con el este del país y proyectándose hacia el Kurdistán iraquí, una región políticamente autónoma de Irak luego de la invasión de EEUU y la caída de Saddam Hussein. La presencia militar estadounidense y el control de nodos energéticos y logísticos por parte de las FDS eran leídos que permitían aislar a Irán, romper la profundidad estratégica del llamado “Eje de la Resistencia” y mantener a Siria en un estado de debilidad estructural prolongada. Más allá de la intencionalidad o no de las FDS, esa lectura pesó políticamente y terminó aislándolas de actores regionales y extrarregionales de peso, enfrentados a la Israel de Benjamín Netanyahu, que tampoco tienen simpatías por el HTS.

En síntesis, pareciera que las FDS no calibraron en toda su dimensión lo que implicaba el reconocimiento explícito de Ahmed al-Sharaa por parte de Washington. Esa legitimación, reforzada en mayo de 2025 con la reunión entre Donald Trump y el presidente sirio en Riad, marcó un punto de inflexión al sellar el levantamiento de las medidas coercitivas unilaterales sobre Siria y redefinir las prioridades de la Casa Blanca.

Mohammed bin Salman (principe y primer ministro de Arabia Saudita), Donald Trump y Ahmad Al-Sharaa en mayo de 2025. Fuente: X [13]

Desde allí comienza a manifestarse una estrategia más amplia, en la que EEUU articula su política en Medio Oriente con Turquía, Arabia Saudita y otros gobiernos regionales -como Qatar, Omán y Egipto- en lo que aparece como un intento de contrarrestar a su propio aliado, Israel, y su política abiertamente expansionista en la región. Estrategia que se replicó, casi de manera calcada, poco después, frente al genocidio en Gaza, tras el alto el fuego de octubre de 2025 y la posterior cumbre de Sharm El Sheikh celebrada ese mismo mes [12].

La confrontación entre HTS y las FDS no constituye un episodio lateral de la transición, sino la confirmación de que el cambio de régimen aún no se ha resuelto. El nuevo poder asentado en Damasco busca construir una nueva estatalidad en su sentido más elemental: monopolizar el uso de la fuerza y ejercer control efectivo sobre los recursos y la población. Todo ello ocurre en un país donde no se ha recompuesto un pacto interno estable ni existe una economía capaz de sostener la gobernabilidad sin tutelas externas; tutelas que, lejos de ser homogéneas, responden a intereses múltiples, contradictorios y en abierta disputa.

Alepo mostró que la integración fracasó en el primer punto de fricción. Deir ez-Zor y Tabqa, ya en plena territorialidad kurda, exhiben que la disputa se desplazó hacia un momento decisivo. En la Siria de la postcaida de Al-Assad, vuelve a imponerse una regla amarga: cuando la arquitectura política no garantiza integración, la guerra manda. Y cuando la guerra manda, la transición no se escribe en comunicados: se decide en el campo de batalla.

 

*Matías Caciabue es Licenciado en Ciencia Política y ex Secretario General de la Universidad de la Defensa Nacional UNDEF en Argentina. Analista de NODAL.

 

Referencias citadas

[1] Al Jazeera Labs (AJLabs). (2024, 1 de diciembre). Mapping who       controls what in Syria. Al Jazeera.             https://www.aljazeera.com/news/2024/12/1/who-controls-what-in-syria-in-maps

[2] Alsayed, G., & Albam, O. (2026, 18 enero). Syrian government seizes strategic town and oil fields from Kurdish forces in ongoing push eastward. Associated Press. https://apnews.com/article/3014df2335a2fa9cb8ba160555ef2bb5

[3] Reuters. (2025, March 10). Syria reaches deal to integrate SDF within state institutions, presidency says. https://www.reuters.com/world/middle-east/syria-reaches-deal-integrate-sdf-within-state-institutions-presidency-says-2025-03-10/

[4] Reuters. (2026, 7 de enero).. Clashes in Syria’s Aleppo deepen rift between government, Kurdish forces. https://www.reuters.com/world/middle-east/deadly-clashes-resume-syrias-aleppo-between-government-kurdish-forces-2026-01-07/

[5] Reuters. (2026, 8 de enero). Syria declares ceasefire in Aleppo after fresh clashes with Kurdish fighters. https://www.reuters.com/world/middle-east/syrian-army-orders-evacuations-heavy-fighting-grips-aleppos-kurdish-areas-2026-01-08/

[6] Al Jazeera. (2026, January 18). Syrian forces capture Tabqa and dam amid swift Raqqa offensive. https://www.aljazeera.com/news/2026/1/18/syrian-forces-capture-tabqa-and-dam-amid-swift-raqqa-offensive

[7] Reuters. (2026, 18 de enero). Syrian forces seize major oil, gas fields in eastern Syria, security sources say. https://www.reuters.com/world/middle-east/syrian-forces-seize-major-oil-gas-fields-eastern-syria-security-sources-say-2026-01-18/

[8] Financial Times. (2026, 18 de enero). Syrian government seizes key areas from Kurdish forces. https://www.ft.com/content/861482eb-a816-4738-8291-56fdf04ef096

[9] Xinhua. (2026, 17 de enero). Syrian president signs decree guaranteeing Kurdish rights. https://spanish.xinhuanet.com/20260117/555d2629284f4a3a922df0dbd63cfc73/c.html

[10] Infobae. (2026, 16 de enero). El presidente de Siria firma un decreto que garantiza los derechos y la identidad kurdas. https://www.infobae.com/america/agencias/2026/01/16/el-presidente-de-siria-firma-un-decreto-que-garantiza-los-derechos-y-la-identidad-kurdas/

[11] Al Jazeera. (2026, 17 de enero). US urges de-escalation as Syrian army advances on Kurdish-held territory. https://www.aljazeera.com/news/2026/1/17/us-urges-de-escalation-as-syrian-army-advances-on-kurdish-territory

[12] Reuters. (2025, 13 de octubre). Trump backs regional push with Arab states after Gaza ceasefire. https://www.reuters.com/world/middle-east/trump-backs-regional-push-arab-states-after-gaza-ceasefire-2025-10-13/

[13] Leavitt, K. [@PressSec]. (2025, 14 de mayo). Today, President Trump, at the invitation of Crown Prince Mohammed bin Salman, met with Syrian President Ahmad al-Sharaa… [Publicación en X]. X. https://x.com/PressSec/status/1922567846317392240

 

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