Recuperar una herramienta internacionalista para enfrentar la Doctrina Donroe – Por Marcelo Rosa

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Recuperar una herramienta internacionalista para enfrentar la Doctrina Donroe

Marcelo Rosa

 

La agresión militar de EEUU contra la República Bolivariana de Venezuela modificó el escenario en nuestra región. A continuación, se desarrollan algunos pensamientos urgentes.

 

1.- La doctrina “Donroe” y el fin de las reglas

El segundo mandato de Trump implica el abandono definitivo del multilateralismo ante un uso directo de la fuerza. De esta manera, asistimos al retorno del expansionismo territorial, con claras reminiscencias al siglo XIX con la vuelta de la doctrina Monroe y su actualización bajo la “Doctrina Donroe.” Los acuerdos que se arriben con EEUU serán bajo la amenaza de bombardeos, bloqueo naval o terrorismo financiero como en el caso de Argentina.

 

A finales de 2025, se publicó la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 en la cual Trump se refiere a los países latinoamericanos como los países del «hemisferio occidental.» Busca que nuestra región sea «lo suficientemente estable» y esté «bien gobernada.» Se trata de una estabilidad de gobiernos de un mismo signo político: ultraderecha.

 

Para la base teórica que fundamenta al trumpismo, la democracia no sólo es incompatible con el capitalismo, sino también es un obstáculo para el desarrollo del capital. Uno de los pensadores de la ultraderecha norteamericana es Curtis Yarvin, un mega millonario proveniente del mundo de las nuevas tecnologías. Según Yarvin, “se necesita una dictadura corporativa para reemplazar a una democracia moribunda” porque, en su concepción, la democracia liberal es corrupta e ineficiente y, en lugar de reformarla, plantea una reestructuración radical mediante una nueva modalidad de gobierno colonial, no para instaurar la democracia, sino para hacer “rentable” la gestión imperial de territorios extranjeros.

 

Peter Thiel también es un gurú de Silicon Valley y otro de los sostenes teóricos del trumpismo. Considera que el progreso exige decisiones que pueden ser impopulares, liderazgos fuertes para que las mayorías sociales no interfieran en la planificación de las élites económicas lideradas por las tecnológicas.

En consecuencia, el trumpismo es la confluencia de diversos sectores ideológicos neoconservadores, abiertamente fascistas y supremacistas del capital. Por ejemplo, desde Elon Musk reivindicando el golpe de estado contra Evo Morales en 2019 hasta Erik Prince, el líder del ejército privado más grande del mundo, que viene esbozando los principios de una nueva doctrina imperial, bajo el lema “Bring Back Colonialism” (Recuperemos el colonialismo). Por su parte, Stephen Miller, jefe adjunto de personal y asesor de seguridad nacional de la administración Trump, recientemente escribió en ex twitter que “Poco después de la Segunda Guerra Mundial, Occidente disolvió sus imperios y colonias y comenzó a enviar enormes sumas de ayuda financiada por los contribuyentes a estos antiguos territorios. Occidente abrió sus fronteras, una especie de colonización inversa…”  

 

2.- Pensar en un internacionalismo a la altura del desafío

Mientras el imperialismo yanqui y su élite económica decretaron el fin de las democracias liberales y cada día asumen mayor grado de radicalidad, desde el campo popular, seguimos aferrados a instituciones multilaterales que nunca dieron resultado. ¿Cuál fue acaso la respuesta de la OEA ante el golpe a Evo en 2019? ¿Cuál es la intervención efectiva de la ONU para detener el genocidio en Gaza?

 

Estamos en un contexto de desorientación sobre qué rumbo tomar y qué herramientas emplear para cambiar este presente peligroso, pero contamos con algunas certezas. Una de ellas es que no podemos esperar absolutamente nada de los organismos multilaterales y de los tratados internacionales; hoy son letra muerta.

 

En algún momento de la historia olvidamos que instituciones como la OEA siempre fueron un “Ministerio de las Colonias norteamericanas”, como bien nos enseñó el Che Guevara. Otra certidumbre es la constatación de que es imposible trazar una alianza con las burguesías locales en nuestro continente porque todas ellas son dependientes cultural y políticamente de EEUU.

 

Si el trumpismo desempolva categorías viejas de pensamiento, desde este lado, también tenemos que recuperar ciertas tradiciones que se perdieron. Hay que traer al presente una práctica antiimperialista consecuente, actualizada pero igual de combativa como lo fue en otras etapas del continente. Si la diplomacia está muerta y el multilateralismo es estéril, urge recrear un nuevo internacionalismo. Los 32 combatientes de Cuba, que cayeron en Venezuela el 3 de enero, son una muestra cabal de esa solidaridad que no reconoce fronteras al igual que las brigadas sanitarias y educativas de la Revolución Cubana. 

 

Es un momento crucial para este continente porque vuelve a discutirse abiertamente ser patria o colonia y, por tal motivo, las peleas no pueden darse en soledad. La respuesta a tamaña amenaza debe ser radicalizar la solidaridad e integración ya no sólo de los Estados latinoamericanos porque hay gobiernos de distintos signos y, además, necesitamos desbordar las estructuras estatales. Se trata de construir redes de apoyo concreto entre las organizaciones sociales, gremiales, feministas y estudiantiles del continente con vocación internacionalista. Hay que llevar a la práctica una herramienta internacionalista para la articulación de las luchas sociales en América Latina.

 

Si el Corolario Trump a la Doctrina Monroe necesita estabilidad en la región para ejercer su despojo sobre nuestros territorios y cuerpos, el internacionalismo que le debemos oponer tiene que buscar la agitación en los países donde gobiernan sus títeres. La respuesta no puede ser otra que la conflictividad social radicalizada. En aquellos países donde todavía quedan gobiernos no alineados con EEUU, la finalidad debe ser presionarlos para que denuncien con mayor firmeza la agresión colonialista y para que asuman un rumbo de mayor confrontación y transformación social.

 

Queda claro que, para esta etapa, es necesario pensar la integración latinoamericana en clave anticolonial. También urge pensar estrategias para ampliar la batalla a todo el denominado Sur global. En África, precisamente en el área del Sahel, se están dando peleas interesantes en esa misma clave contra todo tipo de imperialismo. En efecto, el mismo día que secuestraron a Maduro, se produjo un intento de golpe contra Ibrahim Traoré en Burkina Faso.

 

En Mensaje a los Pueblos del mundo a través de la Tricontinental, el Che decía que “si todos fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran más sólidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera aún más efectiva, ¡qué grande sería el futuro, y qué cercano!”

 A la doctrina colonialista de EEUU no la vamos a derrotar con la democracia liberal que ellos mismos ahora desprecian, sino con una nueva radicalidad que rescate lo mejor de nuestra tradición internacionalista y antiimperialista.

 

 

 

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