Tres elementos para entender lo que pasa en Venezuela
Por Matías Caciabue*
Aún estoy en shock. Mientras escribo estas líneas emergen preguntas, dudas e incertidumbres que se superponen unas a otras. Pero hay hechos que operan como verdaderas bisagras de la Historia. No por su espectacularidad mediática, sino porque rompen los límites de lo tolerable y redefinen el campo de lo posible. El secuestro del presidente Nicolás Maduro, en el marco de una acción militar estadounidense con ataques simultáneos sobre objetivos en Caracas y otros puntos del país, no puede leerse como un episodio más de “presión” o disuasión: es una decisión estratégica de primer orden que reordena el tablero regional y coloca a América Latina y el Caribe frente a un dilema de época.
Durante años, el poder angloamericano, en general, y el trumpismo, en particular, ensayaron el repertorio habitual del dominio imperial contemporáneo: medidas coercitivas unilaterales, asfixia financiera, guerra económica, operaciones psicológicas, “reconocimientos” selectivos, y dispositivos de oposición tercerizada (“Grupo de Lima”). Pero el chavismo no colapsó. No se fracturó por el hambre inducido ni fue derrotado por una oposición escuálida, corrupta, miamera y adicta al dinero sucio proveniente de la socialdemocracia europea, la USAID, la NED y el ecosistema de agencias y fundaciones que lubrican el injerencismo intervencionista.
La lectura que parece imponerse en Washington, esta vez, fue otra: si no cae por desgaste prolongado, se lo intenta por “extracción directa”, intentando forzar una crisis en la superestructura política, y extorsionando una “negociación”.
En ese marco, y desde una lectura político-estratégica, entendemos que existen tres elementos centrales para comprender lo que está ocurriendo. A saber:
1- El cuadrilátero del poder trumpista finalmente se decidió por la agresión militar
El trumpismo no es sólo un presidente. Es la expresión política orgánica dominante del gran capital de origen angloamericano, que centralmente sintetiza un cuadrilátero de poder que condensa cuatro grandes “territorialidades” (NODAL, 24/01/2025):
a- Wall Street. Es decir, el comando financiero con asiento en la Bolsa de Comercio de Nueva York de lo que Stefano Battiston definió como la “red global de control corporativo”, en donde un puñado de bancos y fondos financieros de inversión global controlan la inmensa mayoría de las grandes empresas rankeadas en índices como el S&P 500. Su principal personificación en la arquitectura institucional trumpista -a riesgo de quedar esquemáticos- es Scott Bessent, el Secretario del Tesoro (ministro de economía), alguien que trabajó casi una década en la Soros Fund Management.
b- Washington. La territorialidad que sintetiza el mando político-institucional del poder estadounidense y la articulación orgánica entre el Departamento de Estado, el Pentágono y el resto del llamado “Deep State”. En esta etapa, uno de sus administradores visibles es Pete Hegseth, actual Secretario de Guerra. Sin embargo, este presentador de televisión, con trayectoria militar menor -proveniente de la Guardia Nacional-, pareciera expresar una interrupción trumpista al control directo del complejo militar-industrial sobre la política de defensa. Ese dato adquiere sentido si se observa el período previo: durante más de seis años, el Pentágono estuvo estrechamente ligado a Raytheon, corporación fundada en 1922 y pilar histórico de la industria armamentística estadounidense. La puerta giratoria fue explícita: Mark Esper, secretario de Defensa de Trump (2019 y 2020), fue vicepresidente y principal lobbista de esa compañía, y Lloyd Austin, secretario de Defensa con Biden, integró su directorio antes de asumir.
c- Silicon Valley. Representación principal del enjambre de empresas de base tecnológica -industrias intensivas en conocimiento- con asiento productivo en la Bahía de San Francisco (California), articuladas en el conocido modelo GAFAM+X+Nvidia. Su principal personificación política es el vicepresidente J.D. Vance, un cuadro emergente del trumpismo que expresa con nitidez la alianza con la Aristocracia Financiera y Tecnológica. Vance es un hombre impulsado, financiado y proyectado por Peter Thiel, ex-socio de Elon Musk, CEO de la poderosa Palantir y uno de los referente del pensamiento neorreaccionario (NRX) de Silicon Valley (NODAL, 2/09/2025).
d- Miami. Como la gran plataforma económica-ideológica latinoamericana, que articula el peso del capital financiero, el lavado de dinero sucio y las redes políticas ultraconservadoras que proyectan su influencia sobre toda la región. La ciudad funciona como base para el financiamiento, los lobbies y las conexiones transnacionales que calibran buena parte de la política exterior de Estados Unidos hacia América Latina. En ese entramado, Marco Rubio, actual secretario de Estado (canciller), encarna políticamente esa proyección: senador de origen cubanoamericano, tiene una larga trayectoria en la política de Florida, donde ha sido un actor activo en la promoción de agendas de línea dura sobre Cuba, Venezuela y otros países de la región (CLAE, 26/04/2024).
En el seno del cuadrilátero de poder trumpista no existió, ni existe, una posición homogénea respecto de una escalada militar en Venezuela. Por el contrario, puede esquematizarse una disputa interna entre dos líneas: por un lado, el eje Rubio–Hegseth, partidario de una política de confrontación abierta, coerción directa y disciplinamiento regional; por el otro, el eje Vance–Bessent, más inclinado a administrar la dominación mediante instrumentos financieros, tecnológicos y de presión estructural, sin precipitar un conflicto militar de alto impacto.
Esos desacuerdos tienen ramificaciones. Basta recordar que el almirante Alvin Holsey, titular del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (USSOUTHCOM), anunció su retiro anticipado en octubre de 2025 y dejó formalmente el mando el pasado 12 de diciembre, tras poco más de un año al frente de un Comando Unificado de Combate cuyo mandato habitual se extiende por alrededor de tres años. Al momento de comunicarse públicamente esa decisión (Infobae, 16/10/2025), se filtraron como trasfondo las disputas internas dentro del Pentágono en torno a la política hacia América Latina y, en particular, hacia Venezuela, lo que refuerza la hipótesis de un debate estratégico no saldado dentro del “Deep State”.
Sin embargo, las acciones militares del 3 de enero permiten afirmar que, al menos en esta coyuntura, se está imponiendo la línea más dura. La decisión de avanzar con una operación de alta intensidad marca un punto de inflexión: hay un giro hacia una política regional de coacción abierta, donde el método es el mensaje. Demostrar que se pueden apagar sistemas, atravesar defensas, capturar a un Jefe de Estado y convertir una capital latinoamericana del tamaño de Caracas en un teatro de operaciones militares no busca sólo un objetivo inmediato, sino disciplinar al conjunto de la región bajo una nueva lógica de poder.
La decisión se apoya en una combinación de impunidad estructural, apetito imperialista por recursos, y una doctrina de seguridad hemisférica recargada, que implica el autodefinido paso desde la “Doctrina Monroe” hacia el “Documento Don-Roe” (La Nación, 5/01/2026).
2- En Caracas no hubo una “Operación”: Fue un COMBATE MILITAR
Conviene despejar una trampa desde el inicio. Reducir los hechos de la madrugada del 3 de enero a una “operación quirúrgica” no es un error analítico inocente: es aceptar el encuadre narrativo de la guerra psicológica del agresor.
Cuando Donald Trump anunció, en enero de 2025, que el Golfo de México debía redefinirse como “Golfo de América”, no realizó sólo un gesto retórico. Esa idea explicita un giro estratégico en la política hemisférica. Ese anuncio funcionó como acto fundacional de una nueva etapa de militarización del Mar Caribe, entendida como espacio propio de dominación estadounidense. El primer paso fue la reapropiación de facto del Canal de Panamá, en abierta violación del espíritu de los Tratados Torrijos-Carter, y el preludio de una escalada mayor, que terminó de cristalizarse como toda una declaración de guerra sobre Venezuela y en la decisión de imponer por la fuerza un reordenamiento político y territorial de la región.
En el marco de esta guerra, lo de Caracas tuvo las características propias de un combate militar, breve y concentrado en el tiempo, pero de alta intensidad. Los reportes coinciden en describir un dispositivo masivo, con claro predominio aéreo, empleo de helicópteros y ataques coordinados sobre múltiples objetivos. Las reconstrucciones hablan de más de 150 aeronaves involucradas lanzados desde 20 lugares diferentes en el hemisferio occidental, y de golpes simultáneos contra instalaciones militares y puntos estratégicos, en una secuencia planificada para saturar la capacidad de respuesta del Estado venezolano (TWP, 3/01/2026).
Desde una lectura incluso elemental de los datos técnicos difundidos, el cuadro se vuelve todavía más elocuente. El uso de aviones de guerra electrónica EA-18G Growler (una adaptación del avión de caza polivalente F/A-18 Super Hornet) indica la decisión de dominar el espectro electromagnético del teatro de operaciones: interferir radares, bloquear comunicaciones, cegar sistemas de defensa aérea y garantizar corredores seguros para fuerzas de asalto. Estos aviones no se despliegan para “advertir” ni para enviar señales diplomáticas; se despliegan cuando se asume la existencia de un enemigo con capacidades que deben ser neutralizadas. El analista español Yago Rodríguez afirmó que las medidas coercitivas unilaterales, la falta de repuestos y la consecuente canibalización de sistemas de vigilancia y de armas, y hasta las incompatibilidades entre sistemas de radares chinos y misilísticos rusos, fueron las “grietas” que la inteligencia estadounidense conocía para perpetrar un ataque relámpago.
En otros términos se puede afirmar que la guerra ya no es solo fuego y maniobra. Es control de información, señales y percepción. En la nueva fase capitalista el control del espectro electromagnético se ha convertido en aquello que termina otorgando la superioridad militar en el teatro de operaciones.
Es así que pueden operar los helicópteros de operaciones especiales, compatibles con plataformas embarcadas como el buque de asalto anfibio USS Iwo Jima, asignados a la 160th SOAR “Night Stalkers” de la aviación del Ejército, una unidad diseñada para infiltrar fuerzas de elite en entornos hostiles, de noche y a baja altura.
En ese marco, la presencia de unidades poderosas y conocidas como la Delta Force termina de cerrar el trazo grueso del nivel operacional. Se trata de fuerzas de acción directa, entrenadas para la captura o neutralización de objetivos de alto valor, que operan bajo lógica de combate real y no de “operación policial internacional”.
El despliegue conjunto de guerra electrónica, aviación de asalto y fuerzas especiales habla de algo pesado, no de un gesto simbólico. Las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos no manosean la realidad cuando ponen estos elementos en el terreno: cuando aparecen los EA-18G Growler, los Delta y los Night Stalkers, lo que hay es combate. Es decir, estamos en una dimensión de la guerra.
Resulta particularmente significativo la muerte de 32 cubanos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y del Ministerio del Interior de ese país, encargados de la seguridad de Nicolás Maduro (Cuba Debate, 4/01/2026). La magnitud de esas bajas hace presumir que muchos de ellos fueron alcanzados durante el bombardeo a alguna posta de seguridad. Ese hecho, más allá de cómo se intente administrarlo comunicacionalmente, confirma que hubo enfrentamiento armado y uso letal de la fuerza, no una incursión aséptica diseñada en laboratorio para propagar por la gran prensa pro-occidental.
El punto central, más allá de la contabilidad fina que se irá conociendo con el paso de los días, es político y estratégico. Si hubo helicópteros, saturación electrónica, fuerzas de operaciones especiales y una maniobra de captura-extracción, entonces no hubo “señal”, hubo “acto”. Y cuando el imperialismo actúa de ese modo, lo hace para que se entienda el mensaje: se terminó el tiempo de las advertencias y se abrió una fase en la que la violencia directa vuelve a ser un instrumento explícito de disciplinamiento regional.
3- El triángulo chavista: Cabello, Padrino, Delcy/Jorge Rodríguez, y el intento de “cambio de régimen dentro del régimen”
En el chavismo real -el que gobierna, organiza y lucha- el poder no es una abstracción. Bajo la omnipresente conducción de Maduro existen nodos principales y secundarios de poder. Los principales hacen referencia a las fuerzas de Diosdado Cabello (PSUV, seguridad interna e inteligencia), Vladimir Padrino López (FANB y contrainteligencia militar) y los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez (coordinación institucional del Poder Ejecutivo, conducción de la Asamblea Legislativa y, en especial, la gestión estratégica de la industria petrolera) conforman un triángulo de poder que se volvió la argamasa de toda la arquitectura del Estado venezolano.
Desde Washington, la apuesta parece haber mutado: si el “régimen político chavista” no iba a colapsar por asfixia económica, ni a ser derrotado por la oposición corrupta y miamera, entonces hay que intentar romper el poder bolivariano por dentro.
Sacando a Maduro de la ecuación -en tanto figura que sintetiza al conjunto de las fuerzas bolivarianas-, la tesis que el trumpismo comenzó a hacer caminar, y que ensaya con notable astucia, es la de un “cambio de régimen dentro del régimen”: una estrategia de seducción, extorsión y apriete sobre uno de los vértices del triángulo de poder, el de los Rodríguez, orientada a inducir un reordenamiento del programa bolivariano, de sus alianzas estratégicas y del mando político.
Hasta el momento, la línea pública de todo el oficialismo venezolano ha sido la de un cierre de filas sin fisuras: exigencia de la liberación inmediata del presidente Nicolás Maduro y activación de todos los dispositivos institucionales de defensa, de acuerdo con la propia ingeniería política delineada por el mandatario secuestrado.
En ese marco, todos los actores políticos del chavismo, incluido el diputado Nicolás Maduro Guerra, hijo del presidente, han expresado su respaldo a Delcy Rodríguez como Presidenta Encargada, y han reconocido explícitamente el peso de la llamada fusión popular-militar-policial. No se trata sólo de una consigna, sino del reconocimiento de una correlación de fuerzas concreta: la existencia de un bloque chavista con capacidad de organización, cohesión política y respaldo armado.
Por supuesto, la pregunta por una eventual colaboración interna está resultando inevitable. Sin embargo, conviene formularla desde un criterio material y no especulativo. Si existió, no se probará mediante fuentes anónimas, relatos interesados o fake news, sino en los hechos. Se vería, sobre todo, en un eventual cambio del programa político bolivariano, en desplazamientos obscenos de cuadros, en reconfiguraciones de la cadena de mando, en mutaciones de la política petrolera y en las señales que emanen de las grandes alianzas exteriores -en particular con Rusia, Irán y China-. Todo lo demás forma parte del ruido informativo que acompaña, casi siempre, a las operaciones de guerra multidimensional.
Nicolás Maduro venía anunciando una “vía comunal al socialismo” como eje programático. Eso se reflejaba en las periódicas elecciones de proyectos comunales y en Ángel Prado, un gran líder comunero, como un incuestionable Ministro de Comunas. Si esa orientación se sostiene o se abandona será una de las llaves para leer cómo se va dibujando el escenario.
En síntesis: si existiera una colaboración interna, debería traducirse de inmediato en una redefinición explícita del rumbo político. Sin embargo, no existen indicios materiales que apunten en esa dirección. En ausencia de la pretendida colaboración con los objetivos trumpistas, todo indica que la agresión imperialista tenderá a desplazarse hacia un terreno mucho más peligroso: el de una violencia militar persistente y de baja o mediana intensidad, en la que no pueden descartarse acciones de tipo terrorista, dirigidas contra la población civil.
Conclusiones: Un recetario de lecciones urgentes
Lo dijimos más arriba y lo reiteramos. América Latina y el Caribe están frente a un dilema de época.
Lo que está en juego no es sólo Venezuela. Lo que se disputa es la idea misma de soberanía regional en el siglo XXI, en un contexto marcado por una nueva fase del capitalismo y por una revolución tecnológica profunda que ha extendido, densificado y sofisticado las fronteras del poder. La acción contra el gobierno venezolano, planificada durante meses según reconstrucciones periodísticas y fuentes oficiales estadounidenses, instala un precedente de enorme gravedad: un “cambio de régimen” ejecutado sin siquiera el pudor de la coartada multilateral y con el control del petróleo venezolano como telón de fondo explícito. No se trata de un exceso ni de un desvío, sino de una decisión estratégica que reordena el tablero regional.
No hay zonas grises ni márgenes cómodos. Por eso proponemos un pequeño recetario político -aunque a muchos cientistas sociales les incomode una escritura de prescripción-, porque lo que está en juego ya no admite sólo diagnósticos sofisticados, sino definiciones concretas.
Primera lección: el progresismo cobarde sale caro. Carísimo. Porque cuando se duda frente a los golpes imperialistas, lo único que se habilita es el golpe siguiente. Lo ocurrido en Venezuela -una acción de captura-extracción con ataque militar, justificada en nombre del “narcoterrorismo” y de una supuesta “transición segura”- marca un quiebre histórico: el imperialismo rompió definitivamente el libreto del dominio político bajo retórica demoliberal inaugurado en tiempos de Jimmy Carter en los años ochenta. Ese consenso tutelado, presentado como civilizado, nunca fue otra cosa que un mecanismo para vaciar de contenido social y económico a las democracias de la región.
Segunda lección: el golpe sobre Maduro decreta el fin de América Latina como Zona de Paz. No porque la región haya estado exenta de violencia, sino porque se habilita algo cualitativamente distinto: la normalización de la agresión directa como instrumento de “gobierno hemisférico”. Se abre una etapa probablemente muy oscura, y el paralelo histórico que se impone por su función disciplinadora continental es 1973: la caída de Salvador Allende como mensaje para toda la región y como punto de partida del Plan Cóndor. Hoy el mensaje es brutalmente claro: si no alcanza el bloqueo económico, habrá guerra.
Tercera lección: todo esto es posible por la avanzada neofascista en América Latina y a escala mundial. El movimiento Alt-Right, la Red Atlas y la plataforma CPAC exhiben hoy una capacidad de articulación difícil de frenar. Cuentan, además, con una ventaja algorítmica que no es otra cosa que la expresión tecnológica de su organicidad, como la fracción políticamente dominante, al gran capital de origen angloamericano.
Cuarta lección: Creemos que la idea de que “Trump NO TIENE el control político, militar ni territorial en Venezuela” termina cayendo en un simplismo peligroso (Rivara, 3/01/2026). Reconocemos el punto desde el cual se formula ese argumento y el sentido crítico que lo anima, pero una acción militar de la envergadura de la vivida indica que no sólo Venezuela, sino el conjunto de la región, ha ingresado en un tiempo de disputa territorial descarnada. Si todo territorio es, en última instancia, un espacio apropiado por relaciones de poder, ¿qué significa, en términos estratégicos, la captura-extracción de un Jefe de Estado? Es cierto que el balance de fuerzas dentro del trumpismo hoy no habilita a que la militarización del Mar Caribe derive en un desembarco militar terrestre. Más cierto aún, y con una mayor centralidad, es que las fuerzas sociales, políticas y armadas bolivarianas no se han doblegado y han exhibido siempre una enorme capacidad de resistencia. De conjunto, resulta difícil proyectar un Vietnam a menos de 2.000 kilómetros de las costas estadounidenses. Sin embargo, el umbral guerrerista que implica disputar el control del territorio venezolano ya ha sido cruzado.
Quinta lección: el vacío intelectual y la cobardía política se pagan con sangre. En nuestras filas sobran roscas y falta pensamiento estratégico. Sobran cálculos cortos y falta coraje para nombrar al enemigo. En amplios segmentos del progresismo regional persisten burocratismos que confunden gobernabilidad con silencio y pragmatismo con capitulación. No logran ver que, desde la pandemia en adelante, el llamado “centro político” ha muerto y que las operaciones psicológicas a gran escala constituyen hoy la dimensión central de los escenarios de guerra multidimensional.
Sexta lección: la defensa de Venezuela no es un acto de fe chavista, es una decisión de supervivencia regional. Porque lo que hoy se ensaya contra Caracas se habilita mañana contra cualquier gobierno, cualquier experiencia popular y cualquier intento de soberanía material. El problema nunca fue Maduro como individuo. El problema es el precedente. Y frente al precedente, la neutralidad no existe: o se lo enfrenta, o se lo padece.
Este recetario no pretende clausurar el debate. Todo lo contrario, busca abrirlo. Los hechos de Venezuela no son aislados, ni son una anomalía. Son el laboratorio de una nueva etapa de dominación imperialista sobre toda América Latina.
Frente a ese escenario, no alcanza con declaraciones formales, equilibrios retóricos ni apelaciones abstractas a la legalidad internacional. Se impone reconstruir pensamiento estratégico, densidad política y capacidad de acción colectiva, asumiendo que el tiempo histórico se aceleró y que las decisiones que no se tomen hoy serán tomadas por otros, en contra de nuestros Pueblos. Porque en esta coyuntura, como tantas veces en nuestra historia, no decidir también es decidir: es aceptar la derrota antes de dar la pelea.
*Matías Caciabue es Licenciado en Ciencia Política y ex Secretario General de la Universidad de la Defensa Nacional UNDEF en Argentina. Analista de NODAL.
Referencias citadas
Al Jazeera. (2026, 3 de enero). Trump bombs Venezuela, U.S. captures Maduro: All that we know. https://www.aljazeera.com/news/2026/1/3/trump-bombs-venezuela-us-captures-maduro-all-that-we-know
Caciabue, M., & Giménez, P. (2024, 26 de abril). El poder oculto de Miami abraza a Javier Milei. Estrategia (CLAE). https://estrategia.la/2024/04/26/el-poder-oculto-de-miami-abraza-a-javier-milei/
Caciabue, M. (2025, 24 de enero). El regreso del trumpismo: hegemonía, poder y nueva ofensiva neoconservadora. NODAL. https://www.nodal.am/2025/01/el-regreso-del-trumpismo-hegemonia-poder-y-nueva-ofensiva-neoconservadora-por-matias-caciabue/
CubaDebate. (2026, 4 de enero). Informa Gobierno Revolucionario sobre combatientes caídos en cumplimiento de su deber en Venezuela. https://www.cubadebate.cu/noticias/2026/01/04/informa-gobierno-revolucionario-sobre-combatientes-caidos-en-cumplimiento-de-su-deber-en-venezuela/
elDiarioAR / EFE. (2026, 3 de enero). Delcy Rodríguez anunció la activación del Consejo de Defensa de la Nación y pidió aval judicial para un decreto de conmoción exterior. https://www.eldiarioar.com/mundo/delcy-rodriguez-anuncio-activacion-consejo-defensa-nacion-pidio-aval-judicial-decreto-conmocion-exterior_1_12884201.html
Giménez, P. (2026, 3 de enero). Agresión imperialista contra Venezuela: secuestro presidencial y un punto de no retorno para toda América Latina. NODAL. https://www.nodal.am/2026/01/agresion-imperialista-contra-venezuela-secuestro-presidencial-y-un-punto-de-no-retorno-para-toda-america-latina-por-paula-gimenez/
Infobae. (2025, 16 de octubre). El jefe del Comando Sur de Estados Unidos anunció su retiro. https://www.infobae.com/estados-unidos/2025/10/16/el-jefe-del-comando-sur-de-estados-unidos-anuncio-su-retiro/
Infobae. (2026, 4 de enero). El Tribunal Supremo de Justicia del régimen de Venezuela ordenó que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asuma como presidenta interina. https://www.infobae.com/venezuela/2026/01/04/el-tribunal-supremo-de-justicia-del-regimen-de-venezuela-ordeno-que-la-vicepresidenta-delcy-rodriguez-asuma-como-presidenta-interina/
La Nación. (2025, 17 de octubre). La renuncia del jefe del Comando Sur revela internas en el Ejército de EE.UU. por la campaña de Trump. https://www.lanacion.com.ar/estados-unidos/la-renuncia-del-jefe-del-comando-sur-revela-internas-en-el-ejercito-de-eeuu-por-la-campana-de-nid17102025/
La Nación. (2026, 5 de enero). La “Doctrina Donroe” de Trump envía un turbio mensaje a rivales de EEUU. https://www.lanacion.com.ar/estados-unidos/la-doctrina-donroe-de-trump-envia-un-turbio-mensaje-a-rivales-de-eeuu-nid05012026/
Merino, L. (2025, 2 de septiembre). Palantir: el ecosistema que convierte los datos en armas de la nueva fase capitalista. NODAL. https://www.nodal.am/2025/09/palantir-el-ecosistema-que-convierte-los-datos-en-armas-de-la-nueva-fase-capitalista-por-lina-merino/
Reuters. (2026, 4 de enero). Large part of Maduro’s security team killed in U.S. action, Venezuela defense minister says. https://www.reuters.com/world/americas/large-part-maduros-security-team-killed-us-action-venezuela-defense-minister-2026-01-04/
Rivara, L. [@LautaroRivara]. (2026, 3 de enero). Algunas reflexiones tentativas y urgentes sobre la agresión militar de los Estados Unidos contra Venezuela (y las iré actualizando). 1) Trump NO TIENE el control político, militar ni territorial en Venezuela… X. https://x.com/i/status/2007527927664218333
United States Southern Command (SOUTHCOM). (2025, 12 de diciembre). SOUTHCOM to host relinquishment of command Dec. 12. https://www.southcom.mil/News/PressReleases/Article/4345336/southcom-to-host-relinquishment-of-command-dec-12/
Washington Post. (2026, 3 de enero). Inside the raid that captured Maduro. https://www.washingtonpost.com/national-security/2026/01/03/venezuela-maduro-capture-inside-raid/
