Argentina | Leonor Cruz, Secretaria Nacional de Género y Diversidades de la CTA Autónoma: “el movimiento tiene que debatir cómo construye poder y dónde lo acumula”
En un contexto marcado por el avance de políticas de ajuste, reformas regresivas y una fuerte conflictividad social en Argentina, Leonor Cruz, Secretaria Nacional de Género y Diversidades de la CTA Autónoma, reflexiona sobre los principales debates que atraviesa hoy el movimiento feminista. En esta entrevista analiza la caracterización del momento político, los desafíos de construir una agenda federal capaz de interpelar a la sociedad y el lugar de las mujeres trabajadoras dentro de las luchas del movimiento obrero. También aborda el rol del feminismo popular frente a la ofensiva de las derechas en la región y la importancia de disputar poder político para enfrentar el ajuste, la represión y la pérdida de derechos.
¿Cuáles consideras que son los principales debates del movimiento feminista en Argentina?
Primero tenemos el desafío, en este tiempo, de caracterizar muy bien esta etapa: un gobierno fascista, antidemocrático, que tiene como más alto valor a la dictadura militar.
Esa caracterización la estamos haciendo a los “ponchazos”, porque el caos que ha impuesto el gobierno de Milei nos tiene agotadas, cansadas, con nuestros tiempos completamente desbordados. Sin embargo, en medio de ese caos hay algo que sabemos: en Argentina las representaciones se pusieron en duda.
En ese contexto, los debates que hoy el movimiento feminista tiene que llevar adelante pasan por definir cuál es la agenda federal capaz de interpelar a nuestra sociedad. Una agenda que pueda hablar en clave de un nuevo proyecto de país, de nuevas formas de construcción, de sociabilización y, en definitiva, de nuevas formas de humanidad en nuestras sociedades, a las que el movimiento pueda convocar e invitar a sumarse.
Creo que los debates de nuestro movimiento tienen que estar en clave de rebeldía y de incomodidad, como siempre lo han estado. Tienen que ver con las nuevas formas del trabajo, con la informalidad de este nuevo mundo y con los nuevos paradigmas que cambian constantemente en una realidad que se transforma sin pedirnos permiso. También hay un debate profundo sobre los recursos naturales, sobre las alternativas y, principalmente, sobre la tarea de cuidado.
¿Por qué el debate sobre las tareas de cuidado es central en este momento?
Si debatiéramos profundamente las tareas de cuidado con una nueva mirada, en este contexto de pobreza, ajuste y represión, estaríamos debatiendo en realidad el sistema productivo de la Argentina. Entonces el debate es ese: ¿cuál es el modelo en la Argentina? Cuando hablamos de justicia social, cuando hablamos de soberanía, cuando hablamos de más democracia.
Pero el debate principal de todo esto lo venimos diciendo hace muchísimos años. El movimiento feminista en mi país tiene una capacidad que no tiene ninguna otra fuerza organizada. Lo hemos demostrado a lo largo de los años, no solo porque llenamos las calles, sino porque hemos conquistado derechos en todo este tiempo. Por eso la derecha nos odia tanto: porque vinimos a traer el debate no solamente del aborto, sino de que somos dueñas de nuestro cuerpo, de nuestro tiempo, de nuestro decir y de nuestro hacer.
En ese sentido, el movimiento también tiene que debatir cómo construye ese poder y dónde lo acumula. Porque después terminan representándonos cuatro o cinco que se dicen feministas y te firman la reforma laboral o la baja de la punibilidad.
El desafío y los debates del movimiento feminista pasan entonces por una pregunta central: ¿cómo hacemos para que los que hoy están matando a nuestro pueblo la paguen? Los que ejecutan estas políticas y los que son cómplices de este gobierno.
¿Cuáles consideras que son los desafíos de las mujeres trabajadoras en tu país?
Los debates de las mujeres trabajadoras de este país son los mismos debates de la clase. Son los debates sobre cómo, en este contexto de haber perdido tantos derechos, seguimos construyendo una agenda que tenga que ver con recuperar lo que perdimos y avanzar sobre lo que todavía no tenemos.
Pero nuestros debates, si bien tienen una agenda propia y cuestiones específicas, son también los debates de nuestro pueblo. No estamos separadas.
Porque es un debate de la clase. Y como somos trabajadoras y como somos sindicalistas —y nosotras lo decimos— somos parte del movimiento obrero organizado en la Argentina: de su historia, de su lucha, de sus conquistas y también de sus derrotas.
¿Qué rol crees que debe jugar el feminismo popular en las luchas sociales actuales en América Latina y el mundo?
Creo que el rol del movimiento feminista en el mundo, y sobre todo en América Latina, es visibilizar esas luchas, las injusticias y el patriarcado en todas sus formas, y cómo todo eso afecta nuestra vida cotidiana. Porque hay algo que decimos: “la pobreza no conoce fronteras”, y la pobreza nos afecta a todas.
La violencia nos atraviesa acá, en Europa o en América Latina. Pero creo que el movimiento siempre ha tenido —y seguirá teniendo— el rol de poner en debate esta sociedad donde muchas cosas que parecen normales o naturales no lo son. Las injusticias que suceden en el mundo contra las mujeres y las diversidades, en algunos lugares con más intensidad y en otros con más terror todavía, debemos convertirlas en una sola lucha.
Para nosotras, lo que pasa en Brasil no nos puede ser ajeno, ni lo que pasa en México o en Perú. Como tampoco nos puede ser ajeno lo que pasa en Venezuela o en Irán.
Si somos un movimiento político, si somos un movimiento que piensa, siente y cree en la rebeldía, en la rebelión y en la revolución, debemos siempre —absolutamente siempre— estar atentas a visibilizar y a ponerle voz a todo aquello que se invisibiliza y que este sistema se encarga de que no tenga voz, no tenga mirada, no tenga rostro y no tenga humanidad. Y ahí creo que el movimiento es esencial.
Otro de los roles primordiales que tiene el movimiento feminista y transfeminista es visibilizar la persecución y la criminalización que están sufriendo nuestras referentes políticas en la región a partir de que las derechas gobiernan. En ese sentido, en nuestro país lamentablemente hoy tenemos proscripta y presa a quien fue dos veces presidenta y vicepresidenta de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y a una dirigenta popular como Milagro Sala, hace ya más de diez años.
Creo que estas compañeras no están presas solo por el hecho de ser mujeres, sino porque se enfrentan al poder, porque no se arrodillan ante lo que el poder y el patriarcado quieren. Y ahí el movimiento vuelve a tomar fuerza: cada vez que, sin importar de qué país sean, visibiliza y reclama justicia por cada una de estas compañeras.
