Estamos convencidas de que otra sociedad es posible
– Por Liliana Roa*
A partir de lo sucedido en Venezuela, se ha agudizado la guerra a nivel mundial. Vemos la profundización del asedio y del bloqueo contra nuestra la hermana República de Cuba, la injerencia en Venezuela, el genocidio contra Palestina, la agresión contra Irán. Estas guerras las entendemos en el marco del rediseño imperialista en la búsqueda de adueñarse de todos los bienes de la naturaleza a nivel mundial, una forma de seguir despojando, saqueando los recursos, los bienes comunes y estratégicos que tienen nuestros territorios. Se sigue utilizando la guerra para recomponer y reconfigurar la hegemonía imperial.
La situación de la mujer en Colombia, en América Latina y en el mundo es bastante compleja. Las desigualdades son visibles, sobre todo las que vivimos las mujeres en cada territorio. La violencia, como expresión de una política estructural, es bastante notable.
Cada día vemos como el nivel de pobreza aumenta, mientras que para las mujeres en el campo y las ciudades se agrava la precarización de las condiciones materiales de vida.
En el contexto de guerra que vive el país, las violencias también están relacionadas con nuestro pensamiento crítico. Nos persiguen, nos asesinan y encarcelan por defender la vida y la permanencia en nuestros territorios, y atrevernos a proponer alternativas de Vida Digna para nuestras comunidades. Acá, en Colombia, el pensamiento crítico es perseguido como parte de la Doctrina de Seguridad Nacional del “Enemigo Interno”.
Balance del progresismo en Colombia
En este periodo de gobierno progresista (2022-2026) se ha tenido mínimos avances, pero entendemos que el rol de los progresismos, a nivel internacional, ha sido la contención del movimiento social y de los proyectos revolucionarios. Inicialmente, muchas considerábamos que con este “Gobierno del Cambio” íbamos a fortalecer nuestros movimientos, nuestros sectores y que nos iba a permitir avanzar en nuestras apuestas políticas, pero vemos que no fue así y que, al contrario, los progresismos han contribuido a la fragmentación de los movimientos sociales y populares.
Las políticas de reformas sociales con las que en Colombia se hizo campaña, no se lograron cumplir. Entendemos que los cambios no son fáciles y que la derecha no está dispuesta a ceder ni un centímetro de sus privilegios, pero también vemos que no hubo una real voluntad política para poder dialogar con el movimiento social ni para aliarse más con el campo popular. Si bien hay logros que reconocer, en Colombia no se han logrado las reformas necesarias para la clase trabajadora. El Gobierno priorizó su alianza con la derecha nacional y transnacional.
Un ejemplo dramático de esta situación es que, a pesar de que en el discurso se ha cuestionado duramente el genocidio contra Palestina y el avance imperialista, en la práctica este Gobierno ha mantenido su rol como socio estratégico de Israel y de Estados Unidos.
Los retos de la Lucha Antipatriarcal
Dentro de los desafíos y retos que tenemos los movimientos sociales, identificamos la necesidad de analizar, reflexionar y profundizar el debate sobre la conceptualización y el enfoque político de la lucha Antipatriarcal en el marco de la lucha de clases. Por lo tanto, entendemos que hombres, mujeres y población diversa somos la clase popular y proletaria dominada, explotada y expropiada de los medios de producción.
Superar el patriarcado es una tarea que no puede recaer solo en las mujeres, sino que es una tarea de toda la clase popular.
En este sentido, como Congreso de los Pueblos nos hemos dado varias citas para encontrarnos, discutir y poder profundizar sobre estos conceptos y llenar de contenido político la línea de Lucha Antipatriarcal. Consideramos importante dar estos pasos y que podamos, como clase popular y proletaria, empezar a cambiar estas formas de relacionarnos como seres humanos. En esa formación, nuestro principal objetivo es transformar esta sociedad. Debemos dar pasos firmes para la consolidación de ese ser humano nuevo que tenga, por encima de todo, el proyecto revolucionario como respuesta a este mundo cada vez más fascista.
El sistema de dominación ha penetrado de forma profunda en la conciencia y la cultura del pueblo en general y dentro de los mismos movimientos sociales. En este sentido, nuestro deber como movimientos es profundizar la batalla de las ideas, generar estratégicas contrahegemónicas que nos permitan informar y formar a nuestra gente. Profundizar nuestra formación para dar la batalla, como sujeto colectivo capaz de forjar los cambios y transformaciones estructurales, urgentes y necesarias que este momento político nos exige.
Las mujeres contra el Imperialismo, mujeres contra el capital
Frente a este panorama, el llamado a todas las mujeres y a la clase popular es a fortalecer la unidad del campo popular, a seguir avanzando en la organización y la movilización. Estas son las únicas herramientas que tenemos los pueblos para seguir alzando nuestra voz de rechazo, de protesta contra todas estas agresiones.
Tenemos la necesidad de confrontar a ese monstruo gigante que es el gran capital y para eso, como clase, debemos los pueblos mejorar las condiciones (objetivas y subjetivas) para cambiar la correlación de fuerzas. Ser una fuerza social y política con la capacidad de resistir y derrotar el modelo de dominación capitalista.
Debemos fortalecer los lazos de hermandad, solidaridad y de acción política. Más allá de los comunicados, generar acciones concretas para defender los pueblos que hoy están siendo brutalmente agredidos por el imperio norteamericano.
Como Congreso de los Pueblos, hacemos el llamado fraterno a mantenernos en pie de lucha, seguir construyendo poder popular, seguir dando saltos cualitativos en nuestras formas organizativas, seguir construyendo, fortaleciendo y consolidando nuestro proyecto político porque creemos y estamos convencidas de que otra sociedad es posible.
*Liliana Roa, es una destacada lideresa del Movimiento Político de Masas, Social y Popular del Centro Oriente colombiano, que hace parte del Congreso de los Pueblos.
