Cuba | Randy Alonso, director de Cubadebate: “Estados Unidos impone un cerco genocida contra el acceso de Cuba al petróleo”
A más de seis décadas del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba, la isla enfrenta una intensificación de la asfixia económica y energética. Las medidas coercitivas unilaterales profundizadas durante la administración de Donald Trump consolidaron un dispositivo de injerencia que no solo restringe el acceso a recursos estratégicos, sino que busca condicionar a terceros actores y erosionar las bases materiales del proyecto soberano y revolucionario cubano.
Frente a esta ofensiva imperial, el pueblo cubano organizado despliega estrategias de resistencia que, en condiciones adversas, sostienen y defienden en el terreno concreto su autodeterminación.
Emilia Trabucco, directora de NODAL, conversó con Randy Alonso —periodista y director de IDEAS Multimedios y Cubadebate— quien describe con claridad ese escenario. “Se está viviendo una situación muy difícil en el país. No llega a Cuba ningún barco con combustible. Eso impide la circulación normal del transporte y afecta más del 40% de la generación eléctrica”. La escena es concreta: transporte paralizado, apagones extendidos y una economía funcionando al límite. Ese impacto atraviesa de lleno el sistema de salud: “Ahora mismo hay más de 100.000 personas esperando operarse de cirugías que no son de emergencia, pero que necesitan para mejorar su salud”.
El endurecimiento del bloqueo tiene responsables. Alonso señala el rol del presidente Donald Trump, particularmente a partir de la orden ejecutiva del 29 de enero, que profundiza las restricciones energéticas y marca un punto de inflexión en el cerco contra Cuba. “A partir de esa orden se impide el acceso de Cuba a combustibles derivados”, explica. Pero el alcance de estas medidas no se limita a la isla: se extiende sobre el conjunto del sistema internacional.
“Es un bloqueo que no es solo contra Cuba, es contra el derecho soberano del resto de las naciones a comerciar con Cuba”, advierte. En ese marco, se incorporan sanciones y aranceles a los países que intenten vender petróleo o derivados, en un contexto global atravesado por la “guerra contra Irán y la subida de los precios del petróleo”, que impacta directamente en la economía cubana. La combinación de restricciones, amenazas y control del mercado energético configura, en palabras de Alonso, “un cerco genocida total contra el acceso de Cuba al petróleo”. Así, el bloqueo se revela no sólo como una política bilateral, sino como parte de una estrategia regional y global de disciplinamiento.
Esa definición se expresa en hechos concretos: “Hemos visto actos de piratería de Estados Unidos en distintas partes del mundo, donde barcos de petróleo son asaltados por fuerzas de élite”. Incluso la solidaridad internacional queda bajo ataque: “Los dos veleros que acompañaban a una embarcación solidaria que partió desde México estuvieron perdidos en el mar. Es una situación dramática”.
Pero la asfixia no es solo material, el bloqueo se articula con una estrategia de guerra cognitiva. “Utilizan todos los contextos y todas las posibilidades”, señala Alonso, en referencia a operaciones mediáticas orientadas a construir un clima de crisis permanente. Desde la circulación de rumores en redes hasta la amplificación de declaraciones oficiales —como las del propio Trump—, lo que se busca es instalar incertidumbre y desestabilización.
“El objetivo es culpar al gobierno cubano de la situación y no a la política de Estados Unidos, para provocar protestas y generar acciones que justifiquen una intervención militar”, advierte.
Nada de esto es nuevo. La lógica del bloqueo —provocar desgaste interno para forzar un cambio político— tiene más de seis décadas de historia. Desde los documentos oficiales que planteaban la necesidad de generar hambre y desesperación en la población, hasta las actuales formas de bloqueo energético y guerra digital, lo que aparece es una continuidad estratégica.
Finalmente, frente a ese escenario, Alonso destaca:“Nuestro mensaje es que aquí hay un pueblo resistiendo heroicamente, que no se va a doblegar, que está tratando de producir en las más difíciles condiciones de vida, de educarse y de sostener la salud, pero que también está dispuesto a tomar las armas si Estados Unidos intentara agredir militarmente, como ha amenazado a nuestro país. La independencia es algo muy sagrado para este pueblo y la defenderemos en cualquier circunstancia. No tenemos el poderío militar de Estados Unidos, pero sí el poderío moral de un pueblo que ha demostrado a lo largo de su historia de qué está hecho”.
