La estrategia iraní y la dialéctica de la guerra prolongada – Por Matías Caciabue

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La estrategia iraní y la dialéctica de la guerra prolongada

*Matías Caciabue

El accionar militar iraní obliga a ensayar una lectura que exceda la crónica bélica inmediata, para adentrarse en el terreno de las estrategias en curso y la dialéctica de su enfrentamiento. En ese sentido, diversos reportes coinciden en que Teherán no estaría actuando bajo la lógica de un golpe único, espectacular y decisivo, sino mediante una secuencia sostenida, graduada y selectiva de lanzamientos de misiles y drones. El objetivo no parecería ser solamente infligir daño directo, sino producir desgaste, saturar las defensas enemigas, obligar al adversario a sostener un enorme costo económico y logístico, trasladando el conflicto a una temporalidad más larga que aquella que preferirían Washington y Tel Aviv.

La multiplicidad de frentes, la velocidad de los acontecimientos, la opacidad informativa, y la inevitable parcialidad de las fuentes disponibles vuelven siempre provisoria toda interpretación. Sin embargo, esa incertidumbre no invalida la necesidad de insistir en observar que el actual “momento militar”, dentro del análisis de una situación en pleno desarrollo, es, en términos de Gramsci, “el inmediatamente decisivo”. 

En esa clave, más que una sucesión aislada de ataques, lo que comienza a delinearse es una lógica estratégica orientada a disputar el tiempo de la guerra, transformando la prolongación del conflicto en un factor de presión sobre la superioridad militar del adversario.

La “llovizna” de misiles como guerra prolongada

Un reporte del Financial Times (Clover y otros, 2026,1 de marzo) describió esta modalidad como una “llovizna” constante de ataques, diferente de las rápidas y grandes cantidades de drones y misiles disparados durante los 12 días de junio del año pasado, con el objetivo de agotar los interceptores enemigos y mantener presión permanente sobre la defensa aérea israelí, de los países del Golfo y, agrego, de su población civil.

Esa transformación táctica remite, inevitablemente, a una cuestión clásica del pensamiento militar del siglo XX: cómo una fuerza relativamente inferior en determinados planos puede convertir la duración del conflicto en una ventaja estratégica. Allí aparece la pertinencia de volver a Mao Tse-Tung y, en particular, a su conferencia “Sobre la guerra prolongada”, de mayo de 1938, en el contexto de la guerra de resistencia china contra Japón.

En ese trabajo, el líder chino polemiza contra dos errores simétricos: la ilusión de una victoria rápida y la resignación ante una derrota inevitable. Su tesis central sostiene que una fuerza que es inferior en el plano material inmediato puede, a través del tiempo, la capacidad de movilización política, la dispersión operativa, la voluntad de lucha y el desgaste progresivo del enemigo, transformar la correlación de fuerzas y pasar de la defensiva a la contraofensiva.

No se trata, desde luego, de afirmar que Irán esté aplicando mecánicamente una receta maoísta. El Estado iraní no es una fuerza insurgente campesina, ni el escenario de Asia Occidental es equiparable al de la China de los años treinta. Pero sí puede decirse que existe una afinidad analítica entre la doctrina de guerra prolongada formulada por Mao y ciertas decisiones tácticas y estratégicas que hoy adopta Teherán. Esa afinidad reside en un punto fundamental: cuando el enemigo posee superioridad tecnológica, aérea y logística, la disputa decisiva deja de ser solamente por el espacio y pasa a ser también por el tiempo. Quien logre imponer la duración, fragmentar el frente, erosionar la moral enemiga y convertir el costo de la ofensiva adversaria en una carga creciente, comienza a alterar la sustancia misma del enfrentamiento.

La estrategia del desgaste 

La primera enseñanza maoísta que ilumina la estrategia iraní es que la guerra no debe pensarse como un choque lineal entre potencias materiales abstractas, sino como una contradicción en movimiento permanente. Mao observaba que Japón era militarmente superior a China, pero políticamente más frágil en tanto agresor imperialista que debía sostener una guerra extensa, costosa y lejana. Del otro lado, China era débil en armamento y organización regular, pero fuerte en profundidad territorial, capacidad de movilización y disposición a soportar un conflicto largo. De esa contradicción nacía la posibilidad de la inversión estratégica: el fuerte podía debilitarse y el débil podía fortalecerse.

Al respecto, “altos funcionarios militares dijeron a los legisladores en una sesión informativa a puerta cerrada el martes que es posible que no puedan derribar todos los aviones no tripulados iraníes que se lanzan contra instalaciones y activos militares de Estados Unidos en ataques de represalia”, informó Hugo Lowell, periodista del diario británico The Guardian acreditado en la Casa Blanca. “Los funcionarios, encabezados por el presidente del Estado Mayor Conjunto, el General Dan Caine, dijeron que Irán ha estado desplegando miles de aviones no tripulados de ataque unidireccionales, y aunque el ejército estadounidense tiene capacidad para derribar a la gran mayoría, no puede interceptarlos a todos”, agregó el Lowell (2026, 5 de marzo).

Distintos analistas citados por el Financial Times sostienen que Irán parece estar empleando primero misiles y drones menos sofisticados para consumir interceptores como THAAD, Arrow y David’s Sling, sistemas extremadamente costosos y de reposición lenta (Clover y otros, 2026, 1 de marzo). En ese sentido, el objetivo iraní no sería únicamente perforar el escudo enemigo, sino degradarlo gradualmente mediante saturación operativa.

Aquí aparece un núcleo profundamente maoísta: la conversión del tiempo en arma. “El tiempo está de nuestro lado. Cuanto más se prolongue la guerra, más favorables serán las condiciones para nosotros y más desfavorables para el enemigo”, afirmaba Mao en sus reflexiones de 1938. El objetivo, entonces, no es resolver la guerra en un solo golpe, sino impedir que el adversario la resuelva rápidamente. Cuanto más dura el conflicto, más se exponen las contradicciones del enemigo: suben los costos, aparecen fisuras políticas internas, se complica el abastecimiento, crece la incertidumbre social y se debilita la moral. La fuerza inicialmente inferior, en cambio, gana tiempo para reorganizar mandos, recompone y fortalece medios de combate, y obliga al enemigo a combatir en condiciones cada vez menos favorables.

La expansión del conflicto y la economía de fuerzas

La segunda dimensión relevante es regional. La expansión de los ataques iraníes hacia Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak indica que el teatro de operaciones no se limita a Israel, sino que involucra a toda la arquitectura de seguridad del Golfo Pérsico, expandiendo el teatro de operaciones a las fronteras geopolíticas de toda Asia Occidental. Esta expansión incluye ataques contra infraestructura civil, puertos y bases militares estadounidenses en la región.

La expansión del conflicto también ha sido impulsada por EEUU al atacar y hundir una unidad naval iraní en el océano Índico. El 4 de marzo, un submarino de la marina estadounidense torpedeó la fragata IRIS Dena, perteneciente a la Armada de la República Islámica de Irán, cerca de la ciudad de Galle, en la costa sur de Sri Lanka, a más de 2.800 kilómetros del Estrecho de Ormuz (Francis y Mallawarachi, 2026, 4 de marzo). El buque regresaba de un ejercicio naval internacional organizado por India cuando fue alcanzado por los torpedos, lo que provocó su hundimiento y la muerte de decenas de marineros iraníes. Equipos de rescate recuperaron al menos 87 cuerpos y lograron rescatar a 32 sobrevivientes de la tripulación.

Desde la óptica iraní, el juego de ampliación del conflicto, aunque doloroso, puede leerse como una forma de socializar el costo de la guerra y de presionar a terceros actores para que intervengan diplomáticamente en favor suyo. Si el conflicto afecta la estabilidad del Golfo, y los intereses energéticos y comerciales de múltiples países, las presiones para limitar el poderoso accionar bélico combinado de Washington y Tel Aviv van, sin dudas, a multiplicarse. El conflicto se transforma en una disputa integral en la que intervienen variables militares, económicas, psicológicas y diplomáticas de terceros países.

Este mecanismo también remite a un principio central del pensamiento de Mao Tse-Tung: la ampliación del espacio político del conflicto. En la guerra prolongada, el objetivo no consiste únicamente en derrotar al enemigo en el campo de batalla, sino en generar condiciones políticas y sociales que debiliten de manera sostenida y progresiva su posición dominante. Ese proceso, concebido como una secuencia estratégica, busca primero erosionar la superioridad inicial del adversario, luego alcanzar un equilibrio de fuerzas y, finalmente, crear las condiciones para pasar a una contraofensiva estratégica.

Un elemento relevante, que refuerza la validez de interpretar esta guerra a partir de la matriz analítica de la guerra prolongada, es la evidente administración escalonada del arsenal que parecen realizar las fuerzas iraníes. La conducción iraní está orientando su estrategia hacia una dosificación progresiva de sus medios, confirmando de que el país persa pudo reconstruir buena parte de su capacidad misilística tras los ataques de junio de 2025, y contaría con unos 2.500 misiles balísticos (Clover y otros, 2026, 1 de marzo). Una guerra prolongada exige una rigurosa economía de fuerzas. No se trata de emplear todos los recursos en la primera fase del conflicto, sino de administrar reservas, seleccionar objetivos y conservar capacidades para momentos decisivos. 

Los acontecimientos militares de los últimos días muestran algunos impactos relevantes producidos por Irán, especialmente con la destrucción de sistemas de radar estratégicos (Integrated Air and Missile Defense – IAMD, Terminal High Altitude Area Defense – THAAD, Sistemas Patriots, etc) utilizados por EEUU e Israel para la detección temprana de ataques aéreos. Algunos de estos radares instalados en el Golfo, cumplían funciones clave dentro de la arquitectura de vigilancia regional e incluso contribuían a sistemas de alerta que alcanzaban escenarios mucho más amplios, en el teatro ucraniano. Su destrucción o neutralización parcial no constituye un detalle táctico menor, e implica afectar la capacidad de detección temprana y, por lo tanto, reducir la eficacia de toda la defensa angloamericana y sionista, aumentando considerablemente la eficacia posterior de los vectores iraníes.

Según reportes difundidos por Fox News y recogidos por Israel Noticias (2026, 7 de marzo), el portaaviones nuclear USS George H. W. Bush completó recientemente su entrenamiento previo al despliegue junto con su grupo de ataque y sus aviones. De concretarse su partida hacia el Mediterráneo oriental en los próximos días, el buque se sumaría al USS Gerald R. Ford, actualmente en el mar Rojo tras cruzar el canal de Suez, y al USS Abraham Lincoln, que opera en el mar Arábigo desde donde participa en ataques contra Irán. La presencia simultánea de estos tres portaaviones refleja una significativa y potencialmente desgastante concentración de poder naval estadounidense en la región. Al mismo tiempo, este movimiento comienza a evidenciar que varias de las bases terrestres estarían siendo parcialmente neutralizadas por el poder de fuego iraní.

En ese contexto, lo que en el plano comunicacional aparece como una señal de fortalecimiento ofensivo podría interpretarse, en realidad, como un indicio de la progresiva pérdida de posiciones operativas terrestres.

El efecto acumulativo de este tipo de hechos es la creación de una persistente ecuación de desgaste. Cuanto más interceptores se utilizan, cuanto más bases deben protegerse, y cuanto más costosa se vuelve la defensa, mayor es la presión sobre el adversario para acortar la guerra o buscar salidas negociadas.

En el plano de lo económico, “el transporte mundial de contenedores ya se ha visto afectado por los combates, lo que podría hacer que muchos productos de consumo e industriales sean más caros en la región del Golfo Pérsico y posiblemente más allá. A las pocas horas de los primeros ataques de Estados Unidos, Hapag-Lloyd, uno de los transportistas de carga más grandes del mundo, dijo que suspendía todos los tránsitos a través del Estrecho de Ormuz”, indico David J. Lynch, el analista de finanzas, comercio y globalización del diario The Washington Post (Lynch, 2026, 1 de marzo).

“Las perspectivas para una mayor agitación del transporte marítimo dependen de la duración de los combates. Los ataques prolongados probablemente causarían una gran interrupción en el transporte de contenedores, lo que llevaría a la congestión en los puertos de Omán, Sri Lanka, Malasia y Singapur, según Lars Jensen, CEO de Vespucci Maritime, una consultora con sede en Copenhague”, agregó Lynch (2026, 1 de marzo).

Por otro lado, el precio del petróleo registró un fuerte incremento cercano al 12% el viernes 6 de marzo, marcando el mayor salto diario en casi seis años (Bloomberg, 2026, 6 de marzo). Dicho salto fue nuevamente superado sólo dos días después, cuando el precio  del Brent estableció un salto de 15% y tanto el Brent como el WTI superaron la barrera de los US$ 100, algo que no sucedía desde 2022, ubicándose ambos cerca de los US$ 107 por barril (Bloomberg, 2026, 8 de marzo).

Hacia el cierre de la semana se conoció que Kuwait había comenzado a reducir la producción en algunos de sus campos petroleros “después de quedarse sin capacidad para almacenar el crudo acumulado”, una situación que llevó al Departamento del Tesoro de Estados Unidos a aliviar determinadas sanciones sobre India, uno de los principales compradores de petróleo ruso (Bloomberg, 2026, 6 de marzo).

En otras palabras, la necesidad de contener la escalada en el precio internacional del petróleo ha obligado a Washington a flexibilizar parcialmente sus propias medidas coercitivas unilaterales “secundarias” contra Rusia. Este movimiento podría otorgar a Moscú un margen mayor de autonomía estratégica, un derivado -probablemente no esperado- de la crisis abierta por la violencia de EEUU e Israel en Asia Occidental, facilitando el sostenimiento del esfuerzo militar ruso en la región del Donbass.

El precio del petróleo es una de las variables más reveladoras de las expectativas sobre el desarrollo de la guerra. En ese sentido, el comportamiento del barril funciona como un indicador sensible de si los mercados creen que la guerra se prolongará o si anticipan una desescalada relativamente rápida.

En ese sentido, el estrecho de Ormuz no es simplemente un corredor marítimo: es, como señalan Lina Merino y Alfio Finola, analistas del OECYT, un arma estratégica en manos de Irán. Su eventual bloqueo o interrupción tiene la capacidad de alterar de inmediato los mercados energéticos, desplazando el conflicto desde el plano estrictamente militar hacia el corazón mismo de la economía mundial.

Palabras finales

Todos estos elementos no conducen necesariamente a un análisis triunfalista sobre la posición iraní. Ni tampoco a determinar de antemano que ésta guerra se prolongará en el tiempo. Sólo nos limitamos a analizar las estrategias en curso. De hecho, la capacidad de Teherán para sostener un conflicto prolongado también enfrenta límites importantes, particularmente en el plano de su arsenal misilístico y sus lanzaderas frente a la superioridad aérea estadounidense con sus aviones F-35 (ataque a tierra y defensa aérea) y F-22 (superioridad aérea), y EA-18G Growler (guerra electrónica). Tarde o temprano, la aviación norteamericana puede conseguir degradar los sistemas de lanzamiento iraníes.

Sin embargo, neutralizar completamente el bloqueo del estrecho de Ormuz podría exigir operaciones de ocupación terrestre sobre sectores del litoral iraní, lo que implicaría desembarcos anfibios y una significativa concentración de tropas. Ese escenario abriría una dinámica extremadamente peligrosa y, no por casualidad, el propio trumpismo ha dado señales de querer evitarlo. Resulta evidente que, más allá de los eventuales -y trágicamente elevados- costos humanitarios para Irán, una guerra terrestre en el país persa podría transformarse en un conflicto de desgaste de enormes proporciones. En ese contexto, los fines estratégicos de EEUU correrían el riesgo de invertirse, convirtiéndose en el medio a través del cual Rusia y China podrían empujar a Washington hacia una situación análoga a la que Afganistán representó para la Unión Soviética en la década de 1980.

En ese marco, y en términos estratégicos, las preguntas dejan de sólo ser quién tiene más bajas (civiles y militares) y quién gana cada intercambio táctico, y pasa a ser quién puede sostener el conflicto durante más tiempo, y quién se impone en la “dialéctica de voluntades”.

La utilidad de leer la estrategia iraní a través de las tesis de la guerra popular prolongada de Mao no reside en forzar una analogía completa, sino en recuperar una intuición decisiva: cuando una confrontación enfrenta a un actor con superioridad técnico-militar abrumadora y a otro que no puede vencer en el choque frontal, el centro de gravedad se desplaza hacia la duración, el desgaste y la transformación progresiva de la correlación de fuerzas.

En ese sentido, el impacto político de la guerra contra Irán también comienza a sentirse dentro de la política doméstica estadounidense. El analista Mohamad Elmasry advierte, en un artículo publicado en Al Jazeera, que el conflicto podría convertirse en una prueba decisiva para la administración trumpista de cara a las elecciones legislativas de mitad de período de 2026, en las que se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 del Senado. Según Elmasry, aunque parte del núcleo del movimiento MAGA respalda los ataques contra Irán, figuras influyentes como Tucker Carlson, Marjorie Taylor Greene y Candace Owens han denunciado la guerra, calificándola incluso como “la guerra de Israel” y señalando que contradice los principios de la agenda “America First”. Estas tensiones internas, sumadas a encuestas que muestran un apoyo relativamente bajo entre los propios votantes republicanos a la decisión de ir a la guerra, podrían debilitar las perspectivas electorales trumpistas y poner en cuestión tanto las bases políticas de la segunda gestión de Trump, como el histórico consenso político estadounidense de respaldo a Israel (Elmasry, 2026, 4 de marzo).

La actual táctica iraní de combinar ataques sostenidos, empleo escalonado de capacidades, ampliación regional de la presión, y búsqueda de saturación defensiva no expresa improvisación, sino una racionalidad que dialoga con tanto con las propias contradicciones del enemigo, como la de los demás actores regionales e internacionales involucradas en el el escenario de la guerra.

La pregunta de fondo no es si Irán puede igualar a EEUU e Israel en poder de fuego, sino si puede arrastrarlos a una guerra cuyo costo material, político, psicológico y regional termine volviéndose incompatible con sus propios objetivos.

En las guerras prolongadas el resultado no depende únicamente de la fuerza inicial, sino de la capacidad de transformar el tiempo en un aliado estratégico. En ese terreno, la estrategia iraní parece orientada al objetivo de impedir que la superioridad militar del adversario se traduzca en una victoria rápida y obligarlo, en cambio, a enfrentar el peso creciente de una guerra larga, incierta y, cada vez, más costosa.

 

Referencias citadas

Bloomberg News. (2026, 6 de marzo). US oil tops $90 a barrel for first time since October 2023. Bloomberg. https://www.bloomberg.com/news/articles/2026-03-06/us-oil-tops-90-a-barrel-for-first-time-since-october-2023

Clover, C., Zilber, N., & Hauslohner, A. (2026). Military briefing: Iran’s new retaliation strategy. Financial Times. https://www.ft.com/content/f2eae858-a5a4-4c49-9526-e1757a2d55e2

Elmasry, M. (2026, 4 de marzo). The Iran strikes could become a midterm reckoning – for Trump and Israel. Al Jazeera. https://www.aljazeera.com/opinions/2026/3/4/the-iran-strikes-could-become-a-midterm-reckoning-for-trump-and-israel

Francis, K., & Mallawarachi, B. (2026, 4 de marzo). Sri Lanka recovers 87 bodies from Iranian warship sunk off its coast by a US submarine. Associated Press. https://apnews.com/article/sri-lanka-iran-middle-east-ship-sinking-69191dde43154c5176a8aeacc9128748

Israel Noticias. (2026, 7 de marzo). EE.UU. prevé enviar un tercer portaaviones a Oriente Medio. https://israelnoticias.com/militar/ee-uu-preve-enviar-un-tercer-portaaviones-a-oriente-medio/

Lowell, H. (2026, 5 de marzo). US may not have capacity to take down full barrage of Iranian drones, officials warn. The Guardian. https://www.theguardian.com/world/2026/mar/04/us-interceptors-iranian-drones

Lynch, D. J. (2026, 1 de marzo). Markets begin to react as Trump’s attack on Iran risks hitting American pocketbooks. The Washington Post. https://www.washingtonpost.com/business/2026/03/01/iran-strikes-economic-costs-usa-middle-east-trump/

Malsin, J. (2026, 7 de marzo). Iran is hitting the radars that underpin U.S. missile defenses. The Wall Street Journal. https://www.wsj.com/livecoverage/iran-war-news-updates-2026/card/iran-is-hitting-the-radars-that-underpin-u-s-missile-defenses-oetX57nNql0AqYji1zLG

Merino, L., & Finola, A. (2026, 6 de marzo). Irán: tecnología militar y el arma estratégica de Ormuz. NODAL – Noticias de América Latina y el Caribe. https://www.nodal.am/2026/03/iran-tecnologia-militar-y-el-arma-estrategica-de-ormuz-por-lina-merino-y-alfio-finola/

Tse-Tung, M. (1938). Sobre la guerra prolongada. Problemas estratégicos de la guerra de guerrillas. Buenos Aires: Ediciones CEPE.

*Matías Caciabue es Licenciado en Ciencia Política y ex Secretario General de la Universidad de la Defensa Nacional UNDEF en Argentina. Analista de NODAL.

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