Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.
Cubadebate
El pasado 4 de marzo comenzó a circular en redes sociales y medios digitales un reportaje de TV Azteca que aseguraba haber comprobado que productos enviados por el gobierno de México como ayuda humanitaria a Cuba estaban siendo vendidos en tiendas estatales cubanas. El video sostenía que los alimentos donados —particularmente frijoles— habían sido desviados y terminaban comercializándose en establecimientos vinculados al sistema de comercio en divisas del Estado.
El reportaje se apoyaba en imágenes de productos mexicanos presentes en comercios de La Habana, testimonios anónimos y referencias a precios observados en tiendas. La narrativa sugería que la ayuda enviada por México no estaba llegando a la población y que había terminado convertida en mercancía para la venta en divisas.
La historia se difundió con rapidez en redes sociales y portales informativos. En cuestión de horas, la acusación se transformó en una narrativa ampliamente compartida que reforzaba una matriz ya conocida: la idea de que el gobierno cubano utiliza la ayuda internacional con fines comerciales.
La reacción oficial no tardó en llegar. El embajador de Cuba en México, Eugenio Martínez Enríquez, rechazó públicamente el reportaje y afirmó que el medio había difundido información falsa. El diplomático explicó que el reportaje mezclaba de manera engañosa dos fenómenos distintos. Por un lado, las donaciones recientes del gobierno mexicano destinadas a programas sociales en Cuba; por otro, productos de origen mexicano que Cuba importa regularmente mediante contratos comerciales.
Como afirmó el Embajador, la presencia de alimentos mexicanos en tiendas no demuestra que esos productos procedan de la ayuda humanitaria. Recordó además que México exporta regularmente productos alimentarios a Cuba y que el país caribeño mantiene un intercambio comercial sostenido con empresas mexicanas. El desmentido fue recogido por varios medios mexicanos.
Un fenómeno estudiado: la mentira circula más que el desmentido
Más allá de la disputa puntual, el episodio ofrece un ejemplo concreto de un fenómeno ampliamente documentado por la investigación académica: la asimetría entre la circulación de la desinformación y la de su desmentido.
Uno de los estudios más influyentes sobre este tema fue publicado en 2018 en la revista Science por los investigadores Soroush Vosoughi, Deb Roy y Sinan Aral, del MIT. Los autores analizaron millones de publicaciones en redes sociales y concluyeron que las noticias falsas se difunden más rápido, más lejos y con mayor profundidad que las verdaderas.
Según los investigadores, las falsedades tienen mayor probabilidad de viralizarse porque tienden a ser más sorprendentes, más emocionales y más disruptivas que la información verificada. En otras palabras, la mentira suele ser más “interesante” para el ecosistema de las redes.
Otro hallazgo decisivo del trabajo fue que este comportamiento era especialmente intenso en la información política. Aunque la superioridad de difusión de la falsedad aparecía en todos los temas, el efecto era más pronunciado en el caso de las noticias políticas, precisamente porque se trata del terreno donde la polarización, el conflicto simbólico y la búsqueda de confirmación ideológica elevan la propensión a compartir contenidos llamativos o escandalosos. Esto convierte a la desinformación política en un tipo de contenido especialmente apto para la viralización.
Investigaciones posteriores de Matthew Graham y Ethan Porter muestran que, incluso cuando los desmentidos son efectivos para cambiar creencias, muchas personas que estuvieron expuestas a la noticia falsa nunca llegan a ver la corrección. El problema, por tanto, no es únicamente si el desmentido convence, sino si alcanza a la misma audiencia que consumió el bulo.
El caso TV Azteca: un laboratorio de la desinformación
El análisis de la conversación digital generada por el reportaje de TV Azteca permite observar ese fenómeno con claridad. El contenido difundido por TV Azteca generó aproximadamente 55.000 menciones en redes sociales y medios digitales en el ecosistema digital vinculado a Cuba, con más de 218.000 interacciones entre comentarios, compartidos y reacciones. Su alcance estimado superó los 2,8 millones de usuarios.
El desmentido institucional tuvo una circulación considerablemente menor: alrededor de 3.100 menciones, cerca de 20.000 interacciones y un alcance estimado de 1,56 millones de usuarios.
En términos comparativos, la noticia falsa generó aproximadamente diecisiete veces más conversación pública y once veces más interacción social que el desmentido.
La dimensión temporal del fenómeno es aún más reveladora. El análisis diario de la conversación muestra que el reportaje alcanzó su pico viral el 5 de marzo, con más de 45.000 menciones en un solo día. Esa cifra representa más del 80 % de toda su difusión. El desmentido, en cambio, alcanzó su mayor visibilidad un día después, cuando el ciclo viral del reportaje ya estaba prácticamente completo.
El “R0 informativo”: la epidemia de la mentira
Los analistas de redes y de comunicación digital han comenzado a utilizar metáforas epidemiológicas para estudiar cómo circula la información en internet. La razón es sencilla: el comportamiento de ciertos contenidos —especialmente rumores, bulos o narrativas virales— se parece mucho al de una enfermedad contagiosa. Una persona “infectada” por una información la transmite a otras, que a su vez pueden seguir propagándola.
Dentro de ese enfoque se utiliza el concepto de R0 informativo (a veces llamado también reproductive number of information). La idea proviene de la epidemiología clásica, donde el R0 representa el número promedio de personas a las que un individuo infectado transmite una enfermedad en una población que aún no tiene inmunidad.
Aplicado al ecosistema informativo, el R0 mide cuántas nuevas reproducciones genera cada unidad inicial de difusión de un contenido. En términos prácticos, puede interpretarse como el número promedio de nuevas publicaciones, retuits, compartidos o menciones que provoca cada publicación original.
El modelo funciona de la siguiente manera:
- R0 mayor que 1 (R0 > 1 → epidemia crece): cada persona que comparte el contenido hace probable que más de una persona adicional lo comparta también. Esto significa que la difusión crece de manera exponencial, generando lo que se conoce como una cascada viral. Es el momento en que un contenido “se vuelve viral”.
- R0 igual a 1: cada publicación genera aproximadamente una réplica. La difusión se mantiene estable, pero no se expande significativamente.
- R0 menor que 1 (R0 < 1 → epidemia se extingue): cada publicación genera menos de una réplica promedio. La cadena de difusión empieza a perder impulso y eventualmente se extingue.
En el caso de las noticias falsas, varios estudios han observado que el R0 informativo suele ser muy alto durante las primeras horas o días de circulación, porque los contenidos están diseñados para provocar sorpresa, indignación o escándalo. Esas emociones aumentan la probabilidad de que los usuarios compartan el contenido sin verificarlo.
Cuando aparece un desmentido o cuando la novedad del contenido se agota, el R0 comienza a descender. A partir de ese momento la difusión entra en una fase de declive, aunque el contenido puede seguir circulando a baja intensidad durante un tiempo, lo que algunos investigadores llaman el eco residual de la desinformación.
Este enfoque epidemiológico permite visualizar la circulación de la información como un proceso dinámico. No basta saber cuántas personas han visto un contenido, sino que también es importante entender a qué velocidad se reproduce y cuándo alcanza su punto máximo de contagio social. En el caso de los bulos, el problema central es que el R0 suele ser muy alto antes de que aparezca el desmentido, lo que explica por qué muchas veces la corrección llega demasiado tarde para frenar la expansión inicial de la narrativa falsa.
En el análisis del bulo de TV Azteca, el valor más importante aparece en el momento viral. En su momento de máxima expansión, el R0 informativo del bulo alcanzó aproximadamente un índice de 68. Esto significa que durante la fase explosiva, cada unidad de difusión generó aproximadamente 68 nuevas menciones. Esto es un nivel de propagación extremadamente alto.
Este tipo de propagación en cascada es característico de las noticias falsas, que suelen producir explosiones virales muy concentradas en el tiempo.
La audiencia que nunca ve la corrección
Los datos de alcance permiten estimar otro fenómeno importante. Si el reportaje alcanzó aproximadamente 2,8 millones de usuarios y el desmentido llegó a 1,56 millones, se puede inferir que al menos 1,25 millones de personas que vieron la noticia falsa probablemente nunca estuvieron expuestas a la corrección.
Este tipo de brecha de audiencia ha sido documentado en numerosos estudios sobre fact-checking (verificación de hechos) y desinformación. Incluso cuando la información es corregida, una parte significativa del público permanece con la versión inicial de los hechos.
Otro hallazgo asociado a estas investigaciones sobre desinformación es el llamado “belief echo effect” o efecto eco de creencia.
Incluso después de que una información falsa es desmentida, la narrativa original puede seguir influyendo en la percepción pública. Las personas pueden recordar la acusación, aunque ya no recuerden claramente que fue refutada.
En el caso analizado, la conversación sobre el reportaje de TV Azteca continuó varios días después de la aparición del desmentido, lo que sugiere que la narrativa inicial ya había logrado instalarse en parte del debate digital.
Una batalla desigual en el ecosistema mediático
El caso del reportaje de TV Azteca revela un problema estructural del ecosistema informativo contemporáneo. La economía de la atención digital favorece los contenidos más polémicos, más emocionales y más disruptivos. Las acusaciones escandalosas tienden a circular más rápido que las explicaciones matizadas o los desmentidos institucionales.
Además, las plataformas digitales priorizan el engagement o interacción, lo que puede amplificar contenidos conflictivos incluso cuando no están verificados.
El episodio analizado confirma tres conclusiones fundamentales que la investigación académica lleva años señalando:
Primero, la velocidad de la narrativa inicial determina en gran medida el debate público. Cuando una noticia falsa alcanza rápidamente una difusión masiva, el desmentido llega tarde para una parte importante de la audiencia.
Segundo, la desinformación posee una ventaja estructural en la lógica viral de las redes sociales. Los datos muestran que puede generar múltiples veces más conversación e interacción que la información correctiva.
Tercero, una fracción significativa del público nunca llega a ver el desmentido. Incluso cuando la información es corregida, el impacto del bulo puede persistir en la conversación pública.
El caso de la acusación sobre la supuesta venta en Cuba de donaciones mexicanas ilustra con claridad este problema. En el ecosistema mediático contemporáneo, la mentira no solo corre más rápido que la verdad: también llega a más personas.
Combatir la desinformación implica comprender la dinámica de propagación de los bulos, intervenir tempranamente en el ciclo informativo y construir narrativas capaces de competir en un entorno digital donde la atención es el recurso más escaso.
¿Quiere decir que el desmentido no es importante? Todo lo contrario. Este análisis también muestra que la respuesta del embajador de Cuba en México, Eugenio Martínez Enríquez, resultó oportuna y eficaz para contener la propagación de la narrativa falsa.
Aunque llegó cuando el reportaje ya había alcanzado su punto máximo de viralización, la intervención pública permitió introducir rápidamente en la conversación digital los elementos de verificación necesarios para cuestionar la acusación. A partir de ese momento se observa una desaceleración significativa del volumen de menciones asociadas al bulo y una mayor presencia de contenidos que replicaban el desmentido o matizaban la información original.
En términos de comunicación pública, quizá no sea posible evitar por completo que un bulo produzca sus primeros “contagiados”, del mismo modo que en una epidemia real no siempre se logra impedir los primeros casos. Pero un desmentido sólido, creíble y difundido con suficiente fuerza sí puede actuar como mecanismo de contención. No borra de inmediato la infección inicial, pero ayuda a cortar cadenas de propagación, reduce la velocidad del contagio informativo y evita que la mentira siga expandiéndose sin freno.
