“Podemos perder el derecho a vivir en nuestra propia ciudad en cualquier momento”: Vivir en Jerusalén siendo una jóven palestina

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“Podemos perder el derecho a vivir en nuestra propia ciudad en cualquier momento”: Vivir en Jerusalén siendo una jóven palestina

Desde octubre de 2023, la situación en toda Palestina, incluida la ciudad de Jerusalén, se ha vuelto aún más tensa y compleja para la población palestina. En este contexto, NODAL conversó con N.A. y L.G. -quienes nos pidieron preservar su identidad por razones de seguridad-, dos jóvenes activistas palestinas vinculadas al proyecto GENarration, una iniciativa impulsada por la organización vasca Mundubat. El proyecto busca disputar el relato dominante sobre Jerusalén y empoderar a jóvenes palestinos y palestinas para que recuperen su propia narrativa a través de la creación de contenidos digitales.

En esta entrevista, las activistas describen las condiciones de vida de la población palestina en Jerusalén Este, las políticas que configuran un sistema de discriminación estructural y expulsión territorial, las formas cotidianas de resistencia y las severas limitaciones del actual sistema político palestino bajo ocupación.

¿Cómo describirían la situación que viven hoy los palestinos en Jerusalén?

Los palestinos que viven en Jerusalén viven dentro de un sistema de apartheid. La vida de los palestinos se vuelve extremadamente difícil a través de distintas políticas y medidas administrativas. Un ejemplo es la documentación personal. Los palestinos de Jerusalén tienen un tipo de documento distinto. No somos ciudadanos plenos: somos considerados residentes temporales. Eso significa que somos tratados como si fuéramos extranjeros o personas que no pertenecen realmente a nuestra propia tierra.

Ese documento puede ser revocado en cualquier momento. Israel tiene la capacidad de quitarnos el derecho a vivir en nuestra propia ciudad. Es decir, podemos perder nuestro estatus y ser expulsados.

Otro ejemplo es el acceso a la vivienda. Para un palestino es extremadamente difícil obtener permisos de construcción. Si una familia quiere ampliar su casa o realizar modificaciones, conseguir un permiso puede tardar hasta 25 años. En muchos casos, simplemente no se otorgan.

¿Cómo impacta esto en la vida cotidiana de los barrios palestinos?

Las desigualdades se ven también en los servicios básicos. En los barrios palestinos no hay servicios de recolección de basura adecuados, en comparación con los barrios israelíes. Sin embargo, los palestinos pagan impuestos más altos.

A pesar de eso, recibimos apenas una pequeña parte de lo que pagamos en forma de servicios públicos. Se calcula que los palestinos reciben alrededor del 4% de lo que aportan en impuestos.

Además, los palestinos de Jerusalén deben demostrar permanentemente al gobierno israelí que el centro de su vida está en Jerusalén para poder conservar su estatus de residencia. Eso significa que todas las dimensiones de la vida -trabajo, estudios, familia- deben probarse constantemente ante las autoridades.

Estas condiciones generan una situación de vida casi imposible. Es una forma sistemática de eliminación de la población palestina de Jerusalén. Podría decirse que existe una ingeniería política orientada a expulsar gradualmente a los palestinos de su propio territorio.

Frente a esta situación, ¿cómo se organizan las formas de resistencia?

La mayor lucha es tratar de sostener nuestra identidad y nuestra presencia. Para los palestinos de Jerusalén es fundamental mantenerse en la ciudad, seguir viviendo allí, estudiar, trabajar y sostener la vida cotidiana.

Muchas personas intentan acceder a la educación superior, fortalecer su posición económica o participar en iniciativas culturales. El arte, la música y las tradiciones culturales palestinas son también formas de resistencia.

Es importante entender que la resistencia palestina no es solamente la lucha armada. La mayor parte de la resistencia es una resistencia civil y cotidiana: mantener nuestras tradiciones, nuestra identidad, nuestra presencia cultural y social.

Israel intenta eliminar cualquier forma de resistencia, incluso las expresiones culturales o identitarias. Todo aquello que recuerde la identidad palestina se vuelve objeto de presión o represión.

También existen organizaciones de derechos humanos, abogados y organizaciones comunitarias que intentan defender a los palestinos en términos legales. Trabajan en casos de revocación de residencias, demoliciones de viviendas, acceso a la salud o defensa de tierras.

Pero el problema es estructural. El sistema legal israelí está diseñado de una manera que termina perjudicando sistemáticamente a los palestinos.

¿Cómo funciona hoy la representación política palestina?

La Autoridad Palestina no funciona como un gobierno soberano real. Es más bien una representación simbólica de la población palestina.

En la práctica, los palestinos no elegimos realmente a nuestro gobierno, y muchos no se sienten representados por él. Además, sus capacidades son extremadamente limitadas porque opera bajo todas las lógicas de la ocupación colonial.

Eso significa que no tiene poder real para tomar decisiones fundamentales. Está completamente condicionado y controlado por el marco de la ocupación israelí.

Por esa razón, la capacidad de acción política institucional es muy reducida. Muchas veces la resistencia y la organización de la sociedad palestina se expresan más en el ámbito social, cultural o comunitario que en el ámbito institucional.

En su experiencia personal como jóvenes activistas, ¿qué significa hoy defender la identidad palestina en Jerusalén?

Para nuestra generación significa, ante todo, contar nuestra propia historia. Durante mucho tiempo otros han hablado por nosotros o han contado nuestra realidad desde afuera.

Hoy intentamos utilizar herramientas digitales, redes sociales y distintos medios de comunicación para mostrar cómo es realmente la vida en Jerusalén para los palestinos.

Ese es el objetivo del proyecto GENarration: recuperar nuestra narrativa, explicar lo que ocurre en nuestra ciudad y mostrar que seguimos existiendo y resistiendo. Nuestra presencia misma es una forma de resistencia.

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