Solidaridad internacional con Cuba: «Romper el bloqueo un barco a la vez»
El ex vicecanciller de Honduras, Gerardo Torres Zelaya, propone una definición tan simple como potente para sintetizar el sentido de su propia experiencia, como integrante de la bautizada flotilla Granma 2.0: “romper el bloqueo un barco a la vez”. La frase no sólo condensa una acción concreta, sino que también expresa la necesidad de construir una concepción política más amplia sobre el internacionalismo, la solidaridad entre los pueblos y los límites del orden internacional vigente.
En un contexto de recrudecimiento del bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos contra Cuba desde 1962, nuevas formas de solidaridad internacional comienzan a emerger con fuerza. Una de ellas es la experiencia reciente de la flotilla “Granma 2.0”, una iniciativa que combina acción política, cooperación material y una profunda interpelación al sistema internacional.
La travesía, narrada por Torres Zelaya, partió el 20 de marzo de 2026 desde Puerto Progreso, en Yucatán, con una carga concreta de más de 30 toneladas de alimentos, insumos médicos y paneles solares. Pero también dió una señal de un enorme contenido simbólico. No es casual que la embarcación haya sido rebautizada como “Granma 2.0”, en referencia al histórico yate con el que Fidel Castro y 81 combatientes iniciaron en 1956 el proceso revolucionario que transformaría la isla.
A diferencia de aquella gesta, esta nueva travesía se inscribe en el terreno de la solidaridad internacional. “No llevamos armas, pero sí mucha solidaridad”, señala Torres Zelaya, quien enfatiza que la misión forma parte de una red más amplia de acciones impulsadas por la Internacional Progresista y otros espacios, bajo la consigna del “Convoy Nuestra América”. Estas iniciativas, que incluyen envíos por vía marítima y aérea, buscan responder al deterioro de las condiciones de vida en la isla producto del endurecimiento de las medidas coercitivas unilaterales, especialmente bajo la administración de Donald Trump, con una asfixia económica concentrada en suprimir el acceso de Cuba a los mercados energéticos.
La experiencia de la flotilla no puede comprenderse de manera aislada. En los últimos años, se ha consolidado un entramado mundial de misiones solidarias que, desde distintos puntos del planeta, desafían los dispositivos de bloqueo y sanción. Desde las brigadas médicas internacionales de la que la propia Cuba es la protagonista, hasta las recientes caravanas organizadas desde América del Norte y Europa para con Gaza, el internacionalismo vuelve a adquirir formas materiales concretas. En ese marco, el “Granma 2.0” es otra expresión contemporánea de una tradición política que articula solidaridad, resistencia y acción directa.
Torres Zelaya aporta una reflexión crítica sobre el sistema internacional. Su paso por la diplomacia le permite afirmar que “el derecho internacional se volvió una maquinaria oxidada, que suena mucho pero mueve poco”. Frente a esa inercia institucional, la flotilla aparece como una práctica que desborda los canales formales y reposiciona a los pueblos como sujetos activos de la política internacional. En sus palabras, “la diplomacia nunca debe olvidar que el futuro del derecho internacional (…) está en la gente, en los pueblos y su capacidad de unirse y organizarse”.
La travesía no sólo implica el traslado de insumos, sino también la construcción de una comunidad política transnacional: 27 personas de 11 países compartiendo cuatro días en altamar, atravesadas por un horizonte común. Allí, la solidaridad deja de ser una consigna abstracta para convertirse en práctica cotidiana.
Asimismo, la flotilla retoma aprendizajes de otras experiencias recientes, como la denominada Global Sumud Flotilla que en 2025 rompió el cerco sobre Gaza. Torres Zelaya reconoce que aquella misión, aunque frustrada y violentamente reprimida, dejó una huella organizativa y política que hoy permite avanzar en nuevas acciones. La articulación entre luchas (Palestina, Cuba, Venezuela, América Latina) configura un mapa de resistencias que trasciende fronteras y conecta conflictos aparentemente dispersos bajo una misma lógica de dominación y respuesta.
El contexto cubano actual otorga urgencia a estas iniciativas. La crisis energética, agravada por el bloqueo naval y la asfixia a la importación de combustible, impacta directamente en hospitales, transporte y vida cotidiana. A ello se suman las amenazas políticas y militares que, según el propio Torres Zelaya, vuelven a colocar a la isla en el centro de las tensiones hemisféricas. Frente a este escenario, la flotilla no sólo entrega ayuda material, sino que envía un mensaje político: el bloqueo no es invencible si es enfrentado colectivamente.
“Es romper el bloqueo un barco a la vez”, sintetizó el ex canciller hondureño. La frase condensa una estrategia que combina acciones «pequeñas», pero con impacto material y simbólico. No se trata de sustituir las grandes transformaciones estructurales, sino de abrir grietas en un sistema extorsivo que busca aislar y disciplinar a Cuba, ese gran ejemplo de que otra humanidad es realmente posible.
En última instancia, Torres Zelaya cierra con una afirmación que funciona como horizonte ético y político: “Si la naturaleza del imperio es la barbarie, la de todo lo que no sea imperio debe ser siempre la humanidad”. En esa formulación se condensa no sólo el sentido de la flotilla Granma 2.0, sino también una concepción del internacionalismo como práctica viva, capaz de articular pueblos y luchas en defensa de la dignidad.
