Venezuela | Mariela García, vocera feminista de la Comuna “Lanceros de Atures”, en Simón Planas: “Aunque el imperio secuestro a nuestro presidente Nicolás Maduro y a Cilia Flores, la mujer venezolana sigue en pie”

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Venezuela | Mariela García, vocera feminista de la Comuna “Lanceros de Atures”, en Simón Planas: “Aunque el imperio secuestro a nuestro presidente Nicolás Maduro y a Cilia Flores, la mujer venezolana sigue en pie”

En el marco del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, María Rizzo, analista de NODAL, dialogó con Mariela García, vocera feminista de la Comuna “Lanceros de Atures”, en Simón Planas, Venezuela, sobre los debates actuales del movimiento feminista venezolano, el rol de las mujeres dentro de las comunas y la centralidad que han adquirido en el proceso político bolivariano.

Desde la organización territorial hasta la disputa por la independencia económica, García describe un feminismo popular profundamente vinculado a la construcción comunal, a la defensa de los derechos de las mujeres y a la participación política en los espacios de poder local. En la entrevista también aborda el impacto de la guerra económica sobre las mujeres venezolanas, el papel que jugaron Hugo Chávez y dirigentes como Cilia Flores en el reconocimiento de las mujeres como sujeto político de la revolución, y la experiencia organizativa que hoy sostiene la participación femenina en consejos comunales, proyectos productivos y espacios de formación.

En ese marco, la dirigente comunal explica cómo las mujeres impulsan proyectos dentro de la consulta popular convocada para el 8 de marzo, una instancia que, señala, refleja el protagonismo político de las mujeres en la vida comunitaria. Para García, el feminismo popular venezolano no solo disputa derechos, sino que construye organización, autonomía económica y formación política para las nuevas generaciones.

¿Cuáles son los principales debates del movimiento feminista en Venezuela?

Uno de los principales debates tiene que ver con la independencia económica. La productividad dentro de las comunas y dentro de los espacios políticos es fundamental, porque es lo que permite que la mujer pueda ser libre y liberarse de muchas situaciones que la limitan.

Otro debate central es la erradicación de la violencia. Allí aparecen muchas preguntas: qué hacer, dónde acudir, cómo afrontar estas situaciones, dónde recibir a una compañera que está siendo violentada. También cuáles son los mecanismos legales que podemos utilizar. Ese es uno de los grandes desafíos y uno de los grandes debates dentro del movimiento feminista.

Se han conquistado muchos derechos en relación con la erradicación de la violencia, pero la violencia todavía está presente incluso dentro de espacios de poder. Muchas veces cuesta que una denuncia sea atendida de manera veraz, sin que la mujer sea cuestionada o juzgada. Por eso sigue siendo uno de los grandes debates.

Además está el proceso de salir del ámbito privado del hogar y disputar los espacios públicos, y en ese camino enfrentar las distintas formas de violencia: física, económica y psicológica. Es importante poder identificar todas esas violencias, porque hay compañeras que quizás no sufren violencia dentro de su casa, pero sí en otros espacios, por ejemplo en instituciones o incluso en centros de salud.

¿Qué papel jugó el proceso bolivariano en la construcción de ese feminismo popular?

Chávez fue muy importante en el proceso de reconocer a la mujer como sujeto político, no sólo de derechos, sino como un sujeto que debe liberarse dentro de la revolución y ese fue un proceso de muchos años. Cuando llega el comandante Chávez, lo rodean mujeres maravillosas, mujeres feministas que empiezan a formarlo políticamente y a decirle: es por aquí, es con la mujer. Así como después le dijeron a Maduro que es con las comunas, también le dijeron al presidente Chávez que era con las mujeres.

Y eso tiene una explicación muy clara: el 80% de quienes participan en votaciones, elecciones, asambleas y consejos comunales son mujeres. Las lideresas son mujeres. Cuando necesitamos impulsar consultas populares, llamamos a las voceras de las comunas, que son quienes siempre están presentes. El comandante Chávez entendió eso. Y ahí es donde termina de impulsar con más fuerza el proceso que venían desarrollando las compañeras y el movimiento de mujeres dentro del proceso revolucionario.

¿Cómo se tradujo eso en políticas concretas?

Se abrieron muchos programas dirigidos específicamente a las mujeres. Una de las cosas que impulsaba el comandante Chávez era la economía de la mujer, porque se sabe que la independencia económica permite que una mujer no tenga que aceptar el maltrato. Una mujer independiente no va a aguantar maltrato. En cambio, una compañera que depende económicamente muchas veces queda atrapada en limitaciones que también reproduce la propia sociedad, con pensamientos absurdos que dicen que no va a poder, que debe aguantar o que es para toda la vida, o “qué va a decir la familia”.

El comandante Chávez llegó rompiendo con todo eso, liderando junto a las mujeres.

¿Y qué rol han tenido figuras como Cilia Flores dentro de ese proceso?

Es muy importante mencionar a Cilia Flores. Muchas veces hoy se la presenta solo como la compañera del presidente Nicolás Maduro, pero ella tiene su propia historia política, su propia lucha. Fue la abogada del comandante Chávez cuando estuvo preso, lo acompañó en ese momento y sostuvo movimientos como el MBR-200. Es una compañera que lideró muchas luchas de nosotras las mujeres. Sin embargo, muchas veces el sistema la muestra solamente como la compañera de Maduro. Pero Cilia es una mujer con su propia historia y trayectoria política. Por eso, en cada encuentro que tenemos siempre recordamos esa historia. Porque hay que reconocer también la valentía de Cilia en muchos momentos difíciles.

¿Qué cambios produjo todo ese proceso en la organización de las mujeres?

Hoy la mujer venezolana se apropió de esas luchas. Entendió cuál es su rol dentro de los espacios políticos y cómo defenderse dentro de ellos. Sabemos de qué somos capaces y sabemos lo que podemos lograr.

Cuando revisamos la historia es maravilloso darse cuenta que estamos aquí gracias a las mujeres que lucharon antes que nosotras. Y que ahora nosotras estamos dando continuidad a esa lucha.

También estamos preparando a la juventud, a las mujeres jóvenes venezolanas. Es maravilloso ver a compañeras de 18 o 22 años hablar de independencia económica de la mujer, algo que hace muchos años no era común. Hoy muchas jóvenes dicen con claridad que no van a permitir el maltrato en ningún espacio. Hemos tenido desafíos, sí. Pero también hemos avanzado muchísimo, porque entendimos nuestro rol y porque asumimos la tarea de impulsar a las nuevas generaciones.

¿Cómo están viviendo las feministas dentro de las comunas el proceso político de Venezuela? ¿Cómo se organizan y cuáles son hoy sus principales debates en el territorio?

Nosotras nos organizamos por núcleos de base. En cada consejo comunal tenemos un núcleo de diez mujeres. Esas diez mujeres trabajan distintas banderas: la bandera de la salud, la de la erradicación de la violencia, la ecológica y la de comunicación. Desde allí levantamos nuestras banderas de lucha y nos encontramos para organizarnos.

Tuvimos un encuentro muy importante en el que planteábamos que debemos tener un colectivo feminista para actuar cuando una compañera sea agredida. Eso es fundamental: contar con un colectivo que pueda responder, saber a quién llamar y cómo vamos a actuar. Incluso tener un abogado dentro de ese núcleo. Desde el Instituto de la Mujer venimos impulsando ese trabajo, haciendo acompañamiento psicológico y acompañamiento legal a las compañeras que sufren violencia.

En lo productivo y en lo económico también nos organizamos por núcleos de base. Hemos tenido experiencias dentro de la Comuna Lancero Atures donde, por ejemplo, seis compañeras que saben de panadería se organizan. Se busca un ente que pueda otorgar un crédito para activar esa producción. Lo mismo sucede si las compañeras trabajan en costura, en el área textil o en peluquería. En el corto plazo se busca dar respuesta a esas iniciativas, y así nos vamos preparando.

En lo formativo realizamos encuentros feministas: espacios donde podemos hablar, debatir y hacer un balance sobre en qué hemos avanzado y en qué todavía tenemos desafíos.

En el marco del 8 de marzo, ustedes tienen una consulta popular. ¿Cómo se llega a presentar y debatir un proyecto dentro de ese proceso?

Para la próxima consulta popular logramos, por ejemplo, que en mi comuna el proyecto sea para comprar equipos médicos destinados a la salud integral de la mujer. Fue un desafío que ese proyecto quede como el número uno porque muchas veces el sistema no lo considera prioritario. Muchas veces se dice: hay que arreglar las aguas servidas, hay que electrificar, hay que reparar un puente. Entonces los temas vinculados a la salud de la mujer quedan al final. Pero nosotras nos organizamos previamente, debatimos, argumentamos y, cuando llegamos a la asamblea, somos mayoría. Y cuando tenemos argumentos y explicamos el por qué, podemos sostener esa propuesta.

Por ejemplo, planteamos la necesidad de insumos médicos porque tenemos campesinas que no tienen recursos para hacerse un ecosonograma. Entonces tener esos equipos en un espacio público comunitario, a partir de la consulta popular, es muy importante.

¿Y qué lectura política tiene que la consulta popular se realice el 8 de marzo?

Esto también tiene una lectura política muy interesante. Que Delcy Rodríguez, la primera presidenta mujer encargada de nuestra nación, haya decidido que la consulta se realice el 8 de marzo es un respaldo muy fuerte para nuestro presidente y para la comandante Cilia Flores. Nuestro presidente aún está secuestrado, pero nosotros seguimos creyendo en la política de nuestro presidente y de nuestra comandante Cilia Flores. A pesar de que no estén, seguimos impulsando los proyectos comunales.

Porque aquí se quiso acabar incluso con los movimientos feministas. La guerra económica y la crisis de 2015 nos golpearon directamente a nosotras las mujeres: nos quitaron las toallas sanitarias, los pañales de nuestros hijos, la leche de nuestros hijos. Fue una guerra, un golpe directo contra la mujer venezolana. El imperialismo tenía perfectamente identificado dónde golpear. Y era a la mujer venezolana, porque en muchos hogares es la mujer la que lleva las riendas de la economía familiar. Aunque muchas veces el compañero traiga el dinero, es ella quien sabe cómo administrarlo. El imperio identificó eso y decidió golpear allí.

¿Y cómo impactó esa situación en la organización de las mujeres?

Personalmente, con la guerra económica aprendí a hacer pan. Aprendimos a independizarnos, a no depender del imperialismo ni de las empresas privadas que nos escondieron todo. Cuando digo todo, es que nos escondieron todo. Pero nosotras aprendimos a hacerlo. Después vino la pandemia y tampoco pudieron. Lo intentaron con el dólar, y luego el secuestro de nuestro presidente Nicolás Maduro y la comandante Cilia Flores, y aun así no pudieron, ni van a poder. Porque Chávez hizo muy bien su trabajo: construir la resistencia del pueblo venezolano. Y nosotros nos apropiamos de esa resistencia, nos apropiamos de nuestra nación.

Aun cuando ya no está el comandante Chávez y aunque hayan secuestrado a nuestro presidente Nicolás Maduro, la mujer venezolana sigue en pie. Sigue dando el todo por el todo, sigue en la calle, sigue trabajando. La mujer venezolana, la mujer campesina, sigue produciendo y sembrando.

Para finalizar, ¿cuál es el rol que tiene el feminismo popular en América Latina?

Tenemos que ocupar todos los espacios que podamos y conquistarlos. También preparar a nuestra juventud. Creo que uno de los roles más importantes es concientizar a las que vienen detrás, que son nuestras muchachas, nuestras niñas. Aquí, desde el horizonte comunal, tuve la oportunidad de dar clases a niñas de escuelas públicas para que desde chiquiticas entiendan cuál es el proceso de la lucha feminista. Claro, con sus propias palabras y con sus propios códigos.

Yo creo que ese es uno de los roles más importantes que tenemos como feministas: preparar a nuestra juventud y a nuestras muchachas para darle continuidad a la lucha.

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