Algunos criterios fundamentales para comprender el proceso electoral en el Perú – Por Martín Guerra
Algunos criterios fundamentales para comprender el proceso electoral en el Perú –
Por Martín Guerra*
Hubo un tiempo en que la población peruana en su conjunto a pesar de conocer por propia experiencia que el sistema político en el país jamás fue muy demócrata que se diga, vivía el proceso electoral con algo de civismo, una dosis de entusiasmo y algún ingrediente de enriquecimiento en cultura política por el debate de ideas, aunque sea mínimo, tomando en consideración que el voto en el Perú es obligatorio y no optativo. En 2026, el ambiente es profundamente distinto y, por el contrario, a lo anteriormente descrito, las elecciones que se llevarán a cabo el domingo 12 de abril se sienten más que nunca forzadas, con poco o ningún fervor ciudadano. Las elecciones presidenciales y congresales de 2026 son más cercanas a un circo que a una ceremonia de responsabilidad política.
En el circo romano de la época imperial, los juegos circenses presentaban a sus participantes con su colores característicos, con mitos, ídolos y rituales propios, las clases sociales tenían sus competidores preferidos y —más allá de que fueran un mecanismo de control social─ (Ramos, 2019) las competencias eran verdaderas y el disfrute real, este ─además de planearse como una forma de catarsis social frente a los abusos del poder─ estaba hecho pensando también en «los individuos comunes y corrientes que habitaban la tierra y disfrutaban las pompas circenses, o desfiles de gran algarabía y trajes relucientes» (Zamorano Navarro, 2012). En el proceso electoral peruano en 2026, hay mucho de dominio y manipulación social y poco de diversión, más bien cunde la apatía, la desinformación y la falta de pertenencia e identificación con las candidaturas y sus ─llamémosle bondadosamente así─, programas de gobierno. Las elecciones aparentan ser un circo, pero tienen más del canto de los sepulcros de Nietzsche, pues trasuntan una serie de ilusiones perdidas y de juventudes marchitas.
La permanente crisis de gobierno, la corrupción generalizada y el estancamiento del desarrollo social y económico para la mayoría de la población ha producido un quiebre al interior de lo que las élites habían logrado conseguir en el país: el sentimiento de confiabilidad en el sistema. Si se toma en cuenta que este fue siempre débil, hoy se puede afirmar que gran parte de la población votará por obligación y que la credibilidad en el sistema es escasa. Aquello es un gran problema para los poderes fácticos y una oportunidad para el pueblo organizado.
Las multas por no asistir a votar son de $ 8.11 (dólares) en los distritos considerados de pobreza extrema, de $ 16.22 (dólares) en los distritos pobres y de $32.45 (dólares) en los no pobres; si un miembro de mesa se ausenta la multa será de $81.12 (dólares) y si se es miembro de mesa y no se vota la multa asciende a $113.57 (dólares). Una gran cantidad de personas votará para evitar la multa. Según investigaciones del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), así como otras instituciones y medios de comunicación han llegado a la conclusión, al elaborar el perfil del elector peruano, de que en las elecciones de 2016 y 2021, más del 20% de votantes realizó el voto para evitar la sanción económica.
Propuesta de diagnóstico
Es muy frecuente en las reuniones de diferentes sectores de la izquierda peruana, trátese del tema que se trate, que surja la pregunta: ¿Por qué la izquierda está tan fragmentada en el Perú? A la que acompaña una preocupación y otra pregunta: Si bien es cierto que en América Latina la izquierda es prolífica en organizaciones, ¿por qué el Perú gana por mucho a cualquier país del continente en fragmentación y diversidad?
La respuesta es compleja y tiene muchas aristas. En primer lugar, habría que responder que no exclusivamente la izquierda está fraccionada, también la derecha. Que diversas manifestaciones del dogmatismo quieran ver a la derecha como una sola es otra cosa, pero no es real. En segundo lugar, la clave está en comprender verdaderamente las formas económicas del Perú y sus representaciones políticas. Estas no son tan claras como a primera vista pudiera parecer. No basta con decir que el Perú es primario exportador y que el empleo formal en el Perú alcanza aproximadamente 6.4 millones de puestos, de la que el sector privado concentra unos 5.1 millones y el público 1.3 millones, representando solo cerca del 35% de la fuerza laboral total. A esos datos concretos se debe añadir el racismo secular que corroe la entraña de la sociedad peruana y que se grafica a través del centralismo perverso que posterga a las regiones frente a la ciudad de Lima, y que se reproduce en las capitales de provincia frente a los demás distritos y estos a su vez respecto a los centros poblados y comunidades. La sociedad de castas de la época colonial no desapareció, solo mutó, lo mismo se refleja en la atomización sindical por rama, por empleo y por profesión, en donde el prejuicio de las jerarquías sociales prefigura toda una taxonomía alambicada que organiza a las supuestas superioridades e inferioridades sociales, o, mejor dicho, al lugar que se ocupa en la sociedad dependiendo del grupo étnico, la formación profesional, el origen local, el desempeño laboral, entre otros factores.
Esta profunda división social trasunta una división económica, es decir, el rol que cada sector cumple en el proceso productivo y faculta la aparición de múltiples identidades y, por lo tanto, de sus representaciones políticas. Es por eso por lo que en épocas de crisis aparecen mayor cantidad de candidaturas presidenciales. Claro que jamás en la historia republicana como en 2026.
¿Podría ser que la dictadura congresal iniciada el 7 de diciembre de 2022 haya utilizado la táctica de la dispersión del voto ─aprovechándose de la realidad antes descrita─, para debilitar una propuesta de cambio y al mismo tiempo, engrosar sus filas en el nuevo Congreso a través de la valla electoral, entre otros mecanismos?
Cifra inédita: 36 candidaturas
36 listas congresales (senadores y diputados) y de Parlamento Andino se presentan a la elección de 2026 y 35 candidatos a la presidencia ya que uno lamentablemente falleció en campaña, en una penoso accidente de tránsito en marzo del presente año. Enorme cantidad de candidatos que trasluce la realidad política del país.
| CUADRO 1: FÓRMULAS PRESIDENCIALES EN LAS ELECCIONES (2001-2026) | |||
| Año electoral | Fórmulas Presentadas (Inscritas) | Fórmulas que compitieron
(En cédula) |
Ganador de la elección |
| 2001 | 11 | 8 | Alejandro Toledo |
| 2006 | 24 | 20 | Alan García |
| 2011 | 13 | 10 | Ollanta Humala |
| 2016 | 19 | 10 | Pedro Pablo Kuczynski |
| 2021 | 22 | 18 | Pedro Castillo |
| 2026 | 36 | 35 | En curso |
| De las fórmulas presentadas no todas llegaron siempre a la cédula de votación, algunas candidaturas fueron excluidas, renunciaron o fueron retiradas por el fallecimiento del candidato. | |||
| Fuente: Elaboración propia con base en datos del JNE y de la ONPE. | |||
El año 2001 se salía de la dictadura de Alberto Fujimori que solidificó las bases del modelo económico neoliberal que convirtió en políticas públicas validadas en la Constitución de 1993 las medidas propuestas por el Consenso de Washington (1989) para América Latina. El movimiento popular no tuvo las fuerzas necesarias para deshacerse del espurio cuerpo constitucional aprobado en dictadura y el modelo no se alteró un ápice ni durante el gobierno interino de Valentín Paniagua (noviembre del 2000 a julio de 2001) ni con la firma del Acuerdo Nacional (julio de 2002). Como se observa en el Cuadro 1 únicamente 8 fuerzas políticas se presentaron en la cédula de votación, resultando electo el economista liberal Alejandro Toledo, que había sido opositor al segundo gobierno del fujimorato (1995-2000). La lucha contra la dictadura había logrado consolidar un grupo reducido de opciones, solo 8.
Años atrás la tendencia a la dispersión se había podido observar en 1980, justamente cuando se regresaba del proceso de interrupción del orden constitucional de 1968. El gobierno del Gral. Juan Velasco Alvarado había derogado la Constitución de 1933. Con el retorno a la democracia en 1980, previa Asamblea Constituyente de 1979, las fuerzas estaban dispersas, pues el movimiento popular perdió la oportunidad de la insurrección contra la dictadura de derecha del Gral. Francisco Morales Bermúdez (1975-1980) y la salida fue un proceso constituyente, aquello fue un factor de división de fuerzas, por eso se observan 20 candidaturas inscritas y 15 en competencia final. No obstante, para 1985 solo se presentaron 9 y para 1990, 8. Es decir, para finales de 1984 las fuerzas políticas, tanto de derecha como de izquierda se habían ido compactando dentro del orden democrático burgués, pero al mismo tiempo existían activas dos organizaciones alzadas en armas. La política tradicional peruana frente a quienes ponían en tela de juicio la existencia de la democracia burguesa se reorganizaba centrípetamente. ¿Cuándo se desorganiza esa tendencia? Pues en 1995, en plena dictadura de Alberto Fujimori se presentan 20 candidaturas siendo aceptadas 14 de ellas, que ya era demasiado. El fujimorismo aparece como un movimiento de ultraderecha que pone en crisis inclusive el mismo equilibrio de la democracia de las élites. En las postrimerías del régimen se presentan 10 candidaturas y logran participar 9. Las fuerzas se reagrupaban para derrotar al dictador (ver el cuadro 2).
| CUADRO 2: FÓRMULAS PRESIDENCIALES EN LAS ELECCIONES (1980-2000) | |||
| Año electoral | Fórmulas Presentadas (Inscritas) | Fórmulas que compitieron
(En cédula) |
Ganador de la elección |
| 1980 | 20 | 15 | Fernando Belaunde |
| 1985 | 9 | 9 | Alan García |
| 1990 | 9 | 8 | Alberto Fujimori |
| 1995 | 20 | 14 | Alberto Fujimori |
| 2000 | 10 | 9 | Alberto Fujimori |
| De las fórmulas presentadas no todas llegaron siempre a la cédula de votación, algunas candidaturas fueron excluidas. | |||
| Fuente: Elaboración propia con base en datos del JNE y de la ONPE. | |||
En las elecciones del año 2006, América Latina atravesaba por una etapa de hegemonía del progresismo en todo el continente, encabezado por el liderazgo del presidente Hugo Chávez Frías de la República Bolivariana de Venezuela, quien había arribado a la presidencia en 1998, seguido por Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil, 2002), Néstor Kirchner (Argentina, 2003), Tabaré Vázquez (Uruguay, 2004), Evo Morales (Bolivia, 2005), Rafael Correa (Ecuador, 2006) y Daniel Ortega (Nicaragua, 2006).
Espacios de mancomunidad y cooperación económica como el ALBA-TCP (2004), el Banco del Sur (2007) y la UNASUR, creada como Comunidad Sudamericana de Naciones (2004) se habían conformado durante ese periodo por el impulso del presidente Chávez y sus aliados y se había derrotado a la propuesta neocolonialista de los Estados Unidos del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en noviembre de 2005 durante la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata, Argentina. Los años venideros concretarían además propuestas como el Banco del ALBA (2008) y la CELAC (2011). Por lo que el Perú se colocó en medio de la lucha entre el cabalgante y variopinto progresismo y las fuerzas reaccionarias del continente, estas escogieron a Alan García como el defensor del conservadurismo frente al exmilitar Ollanta Humala a quien Chávez prohijó. Las complejas dinámicas externas produjeron nuevamente una dispersión de las representaciones políticas llegando a competir 20 opciones presidenciales (de 24 que se inscribieron). El gobierno de García fue un periodo de complacencia a las élites y represión política, en las elecciones de 2011 participaron 10 candidatos (de 13 inscritos), obteniendo el triunfo Ollanta Humala, quien abandonando sus postulados iniciales continuó con el neoliberalismo, pero mucho más suave que García y en constante pugna contra el Apra y el fujimorismo. En las elecciones de 2016 se inscribieron 19, llegando a contender únicamente 10, ganando el economista liberal Pedro Pablo Kuczynski (ver el cuadro 1).
Hasta ahora se observa que las candidaturas aumentan en número en tiempos de crisis: al salir o pretender superar dictaduras que interrumpieron el orden constitucional burgués o por presiones internacionales sistémicas como el surgimiento y afianzamiento del modelo bolivariano de transformación social que influenció con gran fuerza en todo el continente. Y también para utilizar la dispersión como mecanismo para mantener el poder político. En esta táctica el aparato fujimorista va a desarrollar un gran dominio. Desde 1993 a la fecha, la Constitución neoliberal y las modificaciones que ha sufrido, realizadas en su gran parte por los mismos fujimoristas y sus socios, han ido creando paulatinamente un escenario en donde la supremacía del poder legislativo anula la figura presidencial y anticipa en la práctica una dictadura parlamentaria. Los derrotados en 2001 fueron retomando sus fueros progresivamente, por las debilidades de la derecha liberal que en todo momento les arrojó salvavidas y por la imposibilidad de la izquierda nacional de constituir un verdadero proyecto alternativo al neoliberalismo y con una dirigencia que sea verdaderamente representativa del movimiento popular.
El volumen de los cambios del texto constitucional ha sido aproximadamente del 57.65%, más de la mitad, siendo uno de los títulos más afectados el de la Estructura del Estado que presenta la mayor parte de las modificaciones (44 artículos). La alteración más profunda fue en marzo de 2024 pues se cambiaron 53 artículos para retornar a la bicameralidad en 2026, ¡cuando en el referéndum del 9 de diciembre de 2018 la bicameralidad fue rechazada por el 90.51% de los votantes!
Fue Alberto Fujimori quien propuso el fin de la bicameralidad en 1992 bajo el pretexto de que la existencia de dos cámaras demoraba las reformas necesarias pues dilataba el debate, 32 años después, lo que les da estabilidad a los fujimoristas y a sus aliados es justamente prorrogar los debates y generar mayor posibilidad de control del gobierno ─gane quien gane la presidencia─ a través de un ensanchamiento del Congreso.
Pero ¿cómo se llegó a esto?
Fue un proceso lento pero constante. El fujimorismo, derrotado en 2001 fue creciendo en el Congreso en cada elección (ver el gráfico 1 y el cuadro 3), perdiendo la presidencial, pero asegurando su participación en el legislativo y aliándose con fuerzas conservadoras, fue realizando los cambios que le eran convenientes.
El fujimorismo y sus aliados en lo que se ha dado en llamar el “Pacto mafioso” del Congreso, aprovechan de tres mecanismos del sistema electoral peruano: la cifra repartidora, los distritos electorales múltiples y la valla electoral.
La cifra repartidora es una fórmula matemática que convierte votos en curules, favoreciendo a las listas más votadas. Con el pretexto de beneficiar la gobernabilidad se les da estos escaños adicionales, en especial en distritos electorales grandes. Se usó en las elecciones de 1963 y la ratificó el gobierno de Fujimori con su Ley Orgánica de Elecciones (Ley N.º 26859) en 1997.
Los distritos electorales múltiples se sustentan en la división del país en 27 distritos electorales que tienen números de curules desiguales. El partido que obtiene ventaja en regiones con muchos representantes consigue concentrar más escaños que su promedio de votación nacional. Se consolidó su uso desde 1980.
La valla electoral es un filtro que elimina a las agrupaciones políticas que no llegan al 5% de votos válidos en todo el país. Estos votos sirven para repartir las curules entre los partidos que sí pasaron la valla. Se usa desde que se reformó la Ley Orgánica de Elecciones en 2006, la justificación fue que: “así se reducía la fragmentación de representación congresal”. No solo no la reduce, sino que para aprovecharse de sus favores se apela a la dispersión de las fuerzas políticas.
| CUADRO 3: CRECIMIENTO SOSTENIDO DEL FUJIMORISMO EN EL CONGRESO (2001-2016) | ||
| Año | % de votos (Congreso) | % de escaños obtenidos |
| 2001 | 4.8% | 2.5% (3 de 120) |
| 2006 | 8.8% | 10.8% (13 de 120) |
| 2011 | 23.0% | 28.5% (37 de 130) |
| 2016 | 36.3% | 56.1% (73 de 130) |
| Fuente: Elaboración propia con base en datos del JNE y de la ONPE. | ||
En el gráfico 2 se verifica como el fujimorismo ─como canalizador de los intereses represivos de la derecha liberal para realizar su programa económico─ ha aprovechado estos mecanismos en cada elección, llegando a su punto más alto como bancada en 2016, alcanzando una brecha entre votos y escaños de casi el 20%. Por eso ofrecen cada cinco años a Keiko Fujimori, lo que les interesa no es ganar, sino llegar al Congreso. O, dicho de otra forma: si no pueden ganar la presidencial, colocarán toda la fuerza de decisión y control en el Congreso de modo tal que la candidata presidencial solo se convierte en una mecanismo de arrastre de votos producto del clientelismo populista de derecha que tan bien ha manejado el fujimorismo.
Al fujimorismo la derecha liberal lo dejó subsistir para que siempre fuera la fuerza de choque latente que las élites necesitan para someter a las poblaciones críticas al modelo y aún al sistema. Así, se comprueba cómo fue creciendo en cantidad de congresistas a cada elección (ver el cuadro 4). Entre 1990 y el 2000, es decir, durante la dictadura fujimorista, eran una mayoría aplastante sin contar a sus aliados, luego de la fuga al Japón de Fujimori, se debilitaron y solo obtuvieron 3 escaños en 2001, para después ir subiendo sostenidamente hasta llegar a 73 en 2016. La eterna candidata Keiko Fujimori en este periodo es investigada por diversos delitos, entre ellos: lavado de activos, organización criminal y obstrucción a la justicia, sometida a prisión preventiva en tres periodos distintos entre 2018 y 2020, haciendo un total aproximado de 16 meses en el penal de Chorrillos. Es allí, en esa coyuntura, en donde intentan controlar el país de manera indirecta a través del secuestro político del electo Pedro Pablo Kuczynski.
| CUADRO 4: CANTIDAD DE CONGRESISTAS ELECTOS DEL FUJIMORISMO (1990-2021) | |||
| Año | Agrupación política | Escaños obtenidos | Escaños del Congreso |
| 1990 | Cambio 90 | 14 (Senado) / 33 (Diputados) | 60 (Senadores) / 180 (Diputados) |
| 1992 (Congreso Constituyente Democrático – CCD) | Cambio 90 – Nueva Mayoría | 44 | 80 |
| 1995 | Cambio 90 – Nueva Mayoría | 67 | 120 |
| 2000 | Alianza Electoral Perú 2000 | 52 | 120 |
| 2001 | Cambio 90 – Nueva Mayoría | 3 | 120 |
| 2006 | Alianza por el Futuro | 13 | 120 |
| 2011 | Fuerza 2011 | 37 | 130 |
| 2016 | Fuerza Popular | 73 | 130 |
| 2020 (Extraordinario) | Fuerza Popular | 15 | 130 |
| 2021 | Fuerza Popular | 24 | 130 |
| Fuente: Elaboración propia con base en datos del JNE y de la ONPE. | |||
Las pugnas al interior de la derecha en donde con claridad se distinguen en ese momento tres bloques: los liberales, la ultraderecha (formada por la alianza fujiaprista) y la derecha provinciana, que a su vez tiene sus propias fracturas respondiendo al esquema que se propuso al inicio de este escrito, llevan al gobierno de Martín Vizcarra a cerrar legalmente el Congreso y convocar a elecciones suplementarias. En estas elecciones extraordinarias, el pueblo, en plena pandemia, golpea al fujimorismo, bajándolo de 73 a 15 congresistas. En las elecciones de 2021 donde resulta triunfante el profesor Pedro Castillo, recurriendo una vez más a las herramientas de la valla electoral, el distrito electoral múltiple y la cifra repartidora, el fujimorismo vuelve a crecer hasta 24 representantes, en una votación en donde se apeló al macartismo y al miedo al comunismo difundido desde los medios de comunicación y los poderes fácticos en medio de una campaña racista sin precedentes.
10 presidentes en una década. Narración sumaria
En la década que va del año 2016 al 2026, en los inicios, se sucede el último año de gobierno de un presidente electo que concluyera su mandato, Ollanta Humala. En julio inicia su periodo Pedro Pablo Kuczynski, a quien el fujimorismo ─que quedó segundo en las elecciones─ termina haciendo renunciar, la Sra. Fujimori, como Hitler en 1932 ante el triunfo electoral de Paul von Hindenburg, esperaba hacerse con el gobierno a pesar de haber perdido. El liberal Martín Vizcarra sucede a Kuczynski y cierra el Congreso como ya se ha visto, con gran aceptación popular. Luego es vacado por las fuerzas aliadas de la ultraderecha y la derecha regional arribando Manuel Merino, que gobierna solo 5 días y reprime brutalmente a la población con el saldo de dos jóvenes asesinados en las protestas. El gobierno de transición recae en manos del congresista liberal Francisco Sagasti. Como se ve, los golpes de ambos bandos eran constantes y la batalla permanente, generando un aumento del riesgo país y un gran sentimiento de zozobra en la población alicaída y empobrecida por la pandemia.
En esas difíciles circunstancias triunfa en las elecciones de 2021 el profesor Pedro Castillo, a quien antes de juramentar ya han acusado de fraude electoral. El fujimorismo tiene 24 congresistas, pero hace alianza con las fuerzas ultraconservadoras como Renovación Popular y Avanza País, así como con la derecha regional de Alianza para el Progreso. El presidente Castillo es bloqueado en todas sus iniciativas y entonces intenta un cierre del Congreso que era un clamor popular y es vacado ilegalmente como ya se explicó. La alianza más sólida en esa vacancia ─y durante todo el periodo posterior─ fue de la derecha liderada por el fujimorismo y el partido Perú Libre, organización autodenominada de izquierda marxista leninista, quienes consumaron la traición al voto popular. Colocaron a Dina Boluarte, vicepresidenta de Castillo como la representante del gobierno de facto, la que inmediatamente se mancha las manos de sangre con 67 asesinados en las protestas por el golpe congresal y más de 900 heridos, además de centenares de detenidos y torturados injustamente. Boluarte es al fin vacada por sus propios socios frente a una situación de desgobierno y corrupción que ponía en jaque la frágil estabilidad de los golpistas y colocan como presidente al acusado de violación sexual y diversos actos de corrupción José Jerí que gobierna 130 días, siendo vacado y sucedido por José María Balcázar (ver el cuadro 5). De concluir este el periodo hasta julio de 2026, le sucedería el gobernante elegido el mismo año, con lo que se tendría, en teoría, 10 presidentes en una década.
| CUADRO 5: PERIODOS PRESIDENCIALES Y DÍAS DE GOBIERNO (2011 – 2026) | |||||
| Presidente | Inicio | Fin | Duración | Razones de cese | |
| 1 | Ollanta Humala | 28 de julio de 2011 | 28 de julio de 2016 | 1,827 | Término de mandato |
| 2 | Pedro Pablo Kuczynski | 28 de julio de 2016 | 23 de marzo de 2018 | 603 | Renuncia |
| 3 | Martín Vizcarra | 23 de marzo de 2018 | 9 de noviembre de 2020 | 962 | Vacancia por el Congreso |
| 4 | Manuel Merino | 10 de noviembre de 2020 | 15 de noviembre de 2020 | 5 | Renuncia tras protestas |
| 5 | Francisco Sagasti | 17 de noviembre de 2020 | 28 de julio de 2021 | 253 | Presidente de transición |
| 6 | Pedro Castillo | 28 de julio de 2021 | 7 de diciembre de 2022 | 497 | Vacancia ilegal por golpe congresal |
| 7 | Dina Boluarte | 7 de diciembre de 2022 | 10 de octubre de 2025 | 1,038 | Vacancia por el Congreso |
| 8 | José Jeri | 10 de octubre de 2025 | 17 de febrero de 2026 | 130 | Censura y vacancia por el Congreso |
| 9 | José María Balcázar | 18 de febrero de 2026 | En funciones | 160 (de concluir) | Presidente de transición |
| Fuente: Elaboración propia. | |||||
*Por Martín Guerra, Izquierda Socialista (Perú), 11 de abril de 2026
