El norte argentino busca un lugar en el mapa del café

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El norte argentino busca un lugar en el mapa del café

Diego Jemio

Las primeras cosechas en Tucumán se aprovechan del desplazamiento de los cultivos tropicales al subtrópico para producir café de especialidad

En casa o en un bar. Solo o acompañado. Por la mañana, después del almuerzo o como excusa para una charla que se alarga. En Argentina, cualquier momento parece bueno para un cafecito. Cada persona consume, en promedio, unas 208 tazas al año, el equivalente a cerca de un kilo de café. Sin embargo, detrás de ese ritual cotidiano hay una paradoja. Casi ninguna de las millones de tazas que se sirven cada día se prepara con granos cultivados en suelo argentino.

Los granos llegan desde Brasil, Colombia y Perú. Pero también desde otros destinos, impulsados por el auge de los cafés de especialidad y de la cultura del barismo en el país. Desde 2025, la provincia de Tucumán, ubicada en el noroeste argentino, está realizando pruebas experimentales de producción de café en zonas de piedemonte, en un intento de aportar a la reconversión productiva de una provincia donde la caña de azúcar y el limón son pilares del agronegocio.

En la actualidad, unos 35 productores cultivan entre mil y nueve mil plantas de café cada uno. En 2025 realizaron la primera cosecha y este año esperan concretar la segunda. Para 2027, muchas de esas plantas alcanzarán la madurez productiva, una etapa en la que ofrecen mayores rendimientos y una mejor calidad. Ese proceso coincide con el desplazamiento de los cultivos tropicales hacia el subtrópico, un fenómeno que abre nuevas posibilidades para el café en regiones donde décadas atrás era inviable.

“El café y la caña de azúcar ingresaron a Tucumán con los jesuitas hace 400 años. La caña rindió más frutos y se estableció en la provincia. Luego hubo otros intentos e incluso la provincia llegó a exportar café en un momento”, cuenta Mariano Jasinski, agrónomo, asesor y referente del grupo de productores de café de Tucumán.

La producción en sotobosque, que se realiza en la provincia, permite obtener una mejor calidad en taza, según Jasinski. “Por ahora, la producción se desarrolla en zonas de piedemonte, donde las condiciones ofrecen mejores resultados que el cultivo a cielo abierto predominante en Brasil. Si bien allí obtienen un mayor rendimiento por hectárea, nuestra apuesta está en la calidad del grano. Hicimos la primera cosecha en 2025 y ya está saliendo la producción de las plantas nuevas que tienen dos años y medio. Para que exista una industria cafetera argentina hace falta el compromiso del productor y de todos los actores del sector”, explica.

Con el objetivo de desarrollar una producción viable y eficiente, el Instituto de Desarrollo Productivo de Tucumán (IDEP) comenzó a impulsar visitas y misiones con técnicos y productores de Brasil y Colombia para recorrer las plantaciones y hacer un plan de desarrollo del cultivo del café en la provincia. “Las heladas también pueden ser un limitante, pero con el fenómeno del calentamiento global hay un desplazamiento de cultivos tropicales al subtrópico. Aprovechamos que la provincia tenía una historia de café y la existencia de algunos productores que ya tenían plantas y un ciclo productivo bien marcado”, contó Juan Casañas, vicepresidente del IDEP, que depende del Gobierno provincial de Tucumán. Las plantaciones se concentran principalmente en el oeste, aunque también existen emprendimientos en otros puntos del territorio.

Actualmente, en las yungas de la provincia de Salta se cultivan los granos con los que se elabora Café Baritú, una de las primeras marcas de café de origen argentino. Casañas sostiene que el futuro del café argentino pasa por una producción regional, impulsada por las provincias del norte del país, y no por el desarrollo aislado de una sola jurisdicción.

“Ya vendimos plantas a Salta, Jujuy, Catamarca e incluso Corrientes. Ya tenemos bastante aceitada la parte de la comercialización. El negocio del café de especialidad está creciendo y ahí hay mucho margen para crecer. También avanzamos en ese aspecto, con la firma de un convenio de capacitación con Café Cabrales y estamos trabajando en educar el paladar de los consumidores”, afirmó Casañas, que ve una oportunidad en la tendencia entre los más jóvenes a alejarse del alcohol.

 “Si el norte argentino trabaja de manera articulada entre los sectores público y privado, creo que tenemos la oportunidad de posicionarnos productivamente y consolidar un polo cafetalero de relevancia mundial. En Panamá, Colombia y Brasil ya hay interés por saber qué va a pasar con el café argentino. Están acostumbrados a asociar al país con el bife o con el vino Malbec de Mendoza. Ahora también puede aparecer un café argentino”, zanja.

Tucumán apuesta a producir café de especialidad antes que a desarrollar una industria basada en el volumen. Aunque los granos todavía no llegaron al mercado, ya comenzaron las primeras catas. En una realizada recientemente en Tafí Viejo, a 10 kilómetros de la capital tucumana, participaron especialistas de Café Martínez, la cadena argentina que hoy cuenta con más de 200 locales en el país y el exterior.

“El primer café ya presentaba notas dulces, con un balance armonioso y una acidez no muy alta, pero sí perceptible, que genera frescura en boca”, evaluó David Ledesma, especialista en origen y calidad de café en Café Martínez, después de su visita a Tafí Viejo. “Aparecieron notas de durazno. Para tratarse de un grano experimental, tiene un perfil muy alto. Yo esperaba un café más verde, más astringente y con poco dulzor. En cambio, ya tenía una muy buena armonía en boca”.

El especialista destacó las notas “dulces, frescas y frutales” del café tucumano, además de las condiciones de la región con mucha lluvia, humedad y vegetación. “Son condiciones cercanas a las que tiene un cafeto en Centroamérica. El gran desafío son las heladas. Las condiciones están dadas y hay muchas plantas frutales que aportan sombra. El desafío es convertir las heladas, tradicionalmente un problema, en una ventaja”, apuntó.

La apuesta del norte argentino es producir un café de alta calidad, de perfiles complejos, que pueda conquistar a un mercado ávido por la segunda bebida más consumida del mundo. Con condiciones de clima y suelo favorables, productores interesados y una red de instituciones y especialistas que impulsa el proyecto, Tucumán busca sentar las bases de una industria cafetera propia. Como especialista, Ledesma se ilusiona con un café local con identidad: “La apuesta es a microlotes excepcionales, será un cultivo de nicho. Pero un nicho puede generar un mercado importante. El Salvador es más chico que Tucumán y, sin embargo, es un país productor de café. Potencial hay. Ahora habrá que ver hasta dónde se puede escalar”.

El País


 

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