Chile | Fernanda Cavada Carrasco, vocera de la Coordinadora Feminista 8M: “La ultraderecha busca seguir obstaculizando el derecho al aborto”

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Fernanda Cavada Carrasco, vocera de la Coordinadora Feminista 8M: “La ultraderecha busca seguir obstaculizando el derecho al aborto”

Fernanda Cavada Carrasco, profesora y vocera de la Coordinadora Feminista 8M de Chile, conversó con NODAL sobre la ofensiva de la ultraderecha contra el derecho a decidir, el proyecto de ley “Escucha su corazón” y la respuesta del movimiento feminista y transfeminista chileno.

La entrevista aborda tres ejes centrales. En primer lugar, las nuevas restricciones que buscan obstaculizar el acceso al aborto en tres causales y el carácter revictimizante del proyecto “Escucha su corazón”. En segundo término, la iniciativa como parte de una ofensiva conservadora más amplia de la derecha y la extrema derecha, que busca revertir derechos conquistados y avanzar sobre las condiciones de vida de mujeres y diversidades. Finalmente, Cavada analiza la respuesta del movimiento feminista, la masiva movilización nacional bajo la consigna *“Escucha mi decisión”* y los desafíos que enfrenta la organización para sostener la lucha en las calles.

En diálogo con NODAL, la vocera destaca la capacidad de articulación territorial del movimiento, que logró movilizaciones en más de 30 ciudades, y advierte que la defensa de los derechos sexuales y reproductivos no puede quedar limitada al ámbito institucional “sabemos que el Congreso no será suficiente para detener a la ultraderecha”.

¿Qué implica el proyecto «Escucha su corazón» para el acceso al aborto en tres causales?

El proyecto de ley presentado por la ultraderecha busca agregar un requisito que obstruye aún más el acceso a la ley de aborto en tres causales (que permite el aborto únicamente por: inviabilidad fetal, riesgo vital de la persona gestante y violación). Desde su vigencia, la implementación de la ley ha sido sumamente heterogénea y esta innovación de la ultraderecha viene a inclinar esa heterogeneidad aún más hacia el lado de la prohibición. La reforma pretende seguir obstaculizando este derecho, porque concretamente, su proyecto implica que niñas, adolescentes, mujeres y personas gestantes serán obligadas por los médicos tratantes a escuchar los latidos del corazón del feto si quieren poner término al embarazo. Si se niegan, no podrían acceder a la interrupción. Esto no es sino crueldad absoluta, que revictimiza a las personas gestantes y un atentado contra los derechos humanos.

Hoy, en Chile, se siguen poniendo trabas a las mujeres para acceder de manera igualitaria a la salud, a la autodeterminación sobre nuestros cuerpos y a nuestra autonomía progresiva.

¿Cómo se inscribe esta iniciativa en la ofensiva más amplia de la derecha y la extrema derecha chilena contra el derecho a decidir?

Está iniciativa se inscribe en las políticas regresivas que intenta implementar la derecha global en todo el mundo, imponiendo una agenda ideológica conservadora, que nos quite los derechos alcanzados tras décadas de luchas. Esta política es, de hecho, una copia de proyectos de ley de la ultraderecha estadounidense. En Chile, esto pareciera ser en función de una política que concibe a las mujeres “como máquinas de parir” para hacerle frente, bajo sus términos, a la crisis de natalidad (como indicó la senadora ultraderechista Vanessa Kayser). Ante esa idea sostenemos que la violación, una de las causales para acceder al aborto en Chile, no será política de natalidad.
Estas políticas están llenas de contradicciones, porque son justamente los sectores que se autodenominan provida los que sistematicamente atacan las condiciones para una vida digna. Decidieron descargar el alza de los combustibles sobre la población mientras aumenta el desempleo femenino, se recortan programas sociales clave para las mujeres (especialmente las mujeres rurales) y aumentan deliberadamente la desigualdad, con las políticas más regresivas desde la dictadura. Dicen defender la familia mientras pretenden alargar las jornadas de trabajo y eliminar la indemnización por despido, haciendo que el trabajo sea aún más inestable.

Bajo la consigna «Escucha mi decisión», miles de mujeres y diversidades se movilizaron en distintas ciudades del país. ¿Cómo se construyó esta respuesta y qué lectura hacen tanto de su alcance nacional como de la represión desplegada contra quienes salieron a defender el derecho a decidir?

La primera iniciativa a convocarnos ese día viernes surge en Antofagasta, de la mano de organizaciones de esa ciudad. Luego, el llamado tomó vuelo, invitando a una manifestación a nivel nacional. Éstas tuvieron lugar en más de 30 ciudades en las cuales se protestó en defensa de nuestros derechos, en contra del proyecto de ley de la ultraderecha.

En general estamos muy contentas por el alcance de la convocatoria, porque además pudimos generar una respuesta rápida que logró posicionarse de manera masiva. También pudimos sostener instancias de articulación entre organizaciones feministas de diferentes regiones. La participación fue diversa, intergeneracional e incluso mixta en algunas ciudades.

Junto a ello, logramos sostener un hito noticioso, el que obligó a que el gobierno se pronunciase (lo que no había hecho antes frente a la movilización popular). Esto da cuenta tanto de la relevancia como del impacto de la iniciativa política feminista.

 ¿Cómo se encuentra hoy el movimiento feminista y transfeminista chileno para enfrentar esta avanzada conservadora y cuáles son los principales desafíos para sostener la organización en las calles y defender los derechos sexuales y reproductivos conquistados?

La manifestación del día viernes da cuenta de que el movimiento feminista se encuentra activo y en confrontación con el gobierno. Seguimos tomando la iniciativa política de manera abierta, amplia, convocante e intergeneracional. Lo que nos parece particularmente relevante es la agilidad de nuestra capacidad de convocatoria. Ello da cuenta de que el movimiento feminista es uno de los pocos sectores activos y movilizados de nuestro país. Esta fuerza es absolutamente necesaria hoy por hoy, porque sabemos que el congreso no será suficiente para detener a la ultraderecha. Pese a nuestra fuerza tenemos muchos desafíos para sostener esta movilización. Uno de ellos es poder nutrir a las articulaciones con otros sectores con la estabilidad necesaria, poniendo siempre de frente la transversalidad del movimiento feminista frente al movimiento social de nuestro país.

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