Cisjordania y el colonialismo de asentamiento acelerado – Por Gianna Rosciolesi 

Compartir:

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Gianna Rosciolesi *

Mientras la atención internacional permanece centrada en Gaza, Cisjordania atraviesa una aceleración de la expansión de los asentamientos, las operaciones militares y el desplazamiento de comunidades palestinas.

El viernes 24 de julio un grupo de colonos ingresó a la aldea de Til, una zona restringida de la gobernanza israelí, con la intención de atacar el pueblo administrado por la Autoridad Palestina (AP).

Luego de que un grupo de residentes autóctonos saliera en defensa ante la ofensiva sionista, un tiroteo terminó con la vida de cuatro palestinos y dos israelíes.

A la siguiente noche, un nuevo grupo de colonos extremistas atacó otras aldeas palestinas vecinas llegando a incendiar dos mezquitas, quemar vehículos y destruir campos de cultivo.

En respuesta, el gobierno de Benjamin Netanyahu desplegó una operación militar masiva con redadas en Nablus y Til, confiscando viviendas, destruyendo los históricos árboles de Olivo e instalando puestos de control en la zona, que legalmente corresponde a la administración de seguridad palestina.

Varios políticos israelíes movilizaron a la opinión pública en torno a la narrativa de que los colonos fueron asesinados en un “ataque terrorista” palestino contra “excursionistas” israelíes: de esta forma, el Estado de ocupación esconde una acción militar que tiene como fin la ocupación total de la zona de Cisjordania.

Esta redada reavivó el debate de la formalización de la colonización sionista sobre el territorio Este Palestino, al mismo tiempo que mantiene activa su ofensiva en el Oeste (en Gaza) y delimita nuevas líneas fronterizas, las cuales desestiman la presencia de una gobernación palestina en el territorio histórico.

Colonialismo de asentamiento

La narrativa dominante ha incitado a construir un argumento de separación de las acciones de los colonos israelíes en Cisjordania de las del gobierno de Tel Aviv. Sin embargo, ambos procesos son parte de un mismo plan sistemático de ocupación que tiene como objetivo trasladar la población palestina.

Desde el plan Alón de 1967, el Estado sionista construyó una serie de directrices que comandaron la estrategia de expulsión de los palestinos cisjordanos, que hasta el día de hoy se mantienen vigentes.

El Plan Alón, impulsado luego de la Guerra de los Seis Días, fue una política de asentamiento propuesta por el primer ministro israelí de ese momento, Yigal Alón. Con el objetivo de estructurar las acciones militares del ejército y la anexión de zonas estratégicas clave, se llevó adelante un plan de repartición de Cisjordania que evitaba la conglomeración de población palestina en la zona demográfica que se anexaría el gobierno israelí.

El Plan proponía:

– La anexión israelí del Valle de Jordán, Jerusalén Este y el Bloque E tzion (asentamiento de Ma’ale Adumim).

– Ceder al control del Reino jordano el resto de Cisjordania, reorganizándolo como un territorio palestino controlado por Amán.

– La devolución de la Península del Sinaí a Egipto, que se encontraba en manos de Israel luego de la guerra de los Seis Días en 1967

– La creación de un estado autónomo druso en los Altos del Golán, que también había tomado Tel Aviv en la reciente contienda.

Sin embargo, Jordania rechazó la administración de Cisjordania (y luego renunció a su reclamo territorial) y el plan quedó obsoleto, aunque sirvió de base para una nueva construcción territorial de la región.

Para la década del 80, época en la que estalló la Primera Intifada Palestina, la estructura estatal de Cisjordania estaba articulada bajo la organización de partidos políticos, comités locales, sindicatos de agricultores, asociaciones de mujeres y organizaciones de asistencia jurídica, que funcionaban como sustitutos de los organismos administrativos de la ocupación que gobernaban a los cisjordanos.

Estos grupos informales, que funcionaban en su mayoría bajo el respaldo de la OLP con el liderazgo de Yasser Arafat, permitieron disminuir el control israelí sobre la vida de la población.

Para 1993 y bajo el auspicio de los Acuerdos de Oslo, se implementó finalmente la figura de la Autoridad Palestina. El organismo accedió a construir un autogobierno limitado en Cisjordania dividido en tres zonas:

– La Zona A, que comprende aproximadamente el 18% de Cisjordania y alberga los principales centros urbanos, bajo la AP.

– La Zona B, el 22% rural donde se ubican la mayoría de los pueblos y ciudades. Se estructuró bajo el control civil palestino, pero con el control militar israelí.

– La Zona C, el 60% restante, quedó bajo el total control civil y militar israelí.

En ese sentido, la distribución desigual del territorio dio por un lado el reconocimiento del Estado israelí a la administración palestina, mientras que por el otro el gobierno árabe desintegró la construcción de fuerza ciudadana que le había permitido deslegitimar a la autoridad israelí en el territorio.

Para 2002, en medio del proceso de la Segunda Intifada Palestina, el gobierno de Ariel Sharon construyó un muro de separación que penetró dentro de Cisjordania. Más del 80% de su recorrido no siguió la Línea Verde del plan de partición de 1947, sino que separó las comunidades palestinas de sus tierras agrícolas y de Jerusalén Este.

El proyecto decisivo de ocupación se expropió a la voz pública en 2015, cuando el legislador de extrema derecha Bezalel Smotrich, propuso un plan de anexión total de Cisjordania.
El plan preveía la consolidación de la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania mediante la reducción del espacio habitable palestino a enclaves urbanos aislados, especialmente en la Zona A, al tiempo que impulsaba el desplazamiento gradual de la población de las zonas B y C a través del agravamiento deliberado de sus condiciones de vida, construyendo una narrativa de  expulsión presentada como “voluntaria“.

En agosto de 2025, Smotrich llevó adelante la legislación a través de la Knesset del Proyecto E1. Este plan consiste en la construcción de más de 3.400 viviendas al este de Jerusalén, con el objetivo de unir el asentamiento de Ma’ale Adumim con Jerusalén Este (que pertenece a la AP).

La habilitación de esta infraestructura dividiría a Cisjordania en dos partes, fragmentando aún más el territorio para los palestinos.

El movimiento de colonos se consolidó como uno de los principales instrumentos para la ejecución de este proyecto. Desde al menos 2020, la expansión de nuevos asentamientos en Cisjordania ha contado con financiamiento, respaldo político y facilidades administrativas por parte del gobierno israelí. En ese contexto, la violencia ejercida por los colonos se intensificó provocando, especialmente desde octubre de 2023, el desplazamiento forzado y la desaparición de comunidades rurales palestinas enteras.

El movimiento de colonos como política de Estado

La construcción de mensajes determinantes y violentos de la autoridad máxima de un Estado, repercute en la ciudadanía como un estímulo de proyección de pensamientos alineados con ese mensaje. La figura del gobierno sionista, aserverando la necesidad de expulsar a los palestinos de Cisjordania bajo cualquier estrategia, se volvió una doctrina de Estado, pero también una tradición casi folklórica de los colonos.

El 26 de febrero de 2023 un residente cisjordano de Huwara respondió a la violencia acumulada, a las restricciones a su libertad y la persecución militar, asesinando a dos hermanos israelíes que ocupaban un asentamiento israelí en Cisjordania.

En respuesta, más de 400 colonos israelíes asaltaron la localidad palestina armados con cuchillos y armas de fuego destruyendo propiedades, campos, martirizando a un palestino y dejando heridos a otros 300. La escena de las viviendas y los vehículos incendiados enmarcó la magnitud de lo que ataques de un grupo de ciudadanos podría provocar.

Antes de octubre de 2023, la mayor parte de la violencia de los colonos se limitaba a la Zona C (la que posee control administrativo y militar israelí). Actualmente se han vuelto casi diarios los ataques contra la Zona B, mientras que Tel Aviv estableció el mes pasado una base militar dentro de la Zona A por primera vez en dos décadas.

Luego de los hechos de octubre de 2023 en Gaza, el primer ministro Netanyahu ha llamado a los colonos del este palestino ocupado a realizar campañas de “venganza” y castigo colectivo contra las comunidades palestinas, provocando el desplazamiento forzoso de alrededor de 1.000 residentes a tan solo un mes de los hechos del 7 de octubre.

Desde entonces, el ejército israelí asaltó también los campos de refugiados de Jenin, Tulkarem y Nur Shams, desplazando a más de 40.000 palestinos.

Estas incitaciones continuaron escalando, llegando a los sucesos de la aldea de Til, al sur de Nablus.

En ese contexto, Smotrich —quien actualmente dirige la Administración Civil que gobierna la vida palestina en Cisjordania— afirmó que los palestinos de las aldeas cercanas a Nablus deberían correr la misma suerte que los de Jenin y Tulkarem. De esta manera se proyecta el plan de desalojo de esos campos por parte de Israel como un modelo para despoblar las zonas rurales de Cisjordania.

La situación de los palestinos

Mientras tanto, la Autoridad Palestina ha perdido su influencia a lo largo de los años, especialmente luego del asesinato del histórico líder Arafat en 2004, y con las pérdida de la gobernanza en Gaza bajo la administración de Hamas —que ganó las elecciones en 2006 y la AP no reconoció.

La AP, bajo el liderazgo de Mahmoud Abbas, mantiene una estrategia basada en las negociaciones y la coordinación en materia de seguridad con Tel Aviv, al tiempo que Hamas construyó su propia historia de Resistencia en la Franja.

La comunidad palestina de Cisjordania enfrenta una ofensiva integral que combina el estrangulamiento económico, la persecución de las estructuras de organización comunitaria, la fragmentación del liderazgo político y la profundización de las operaciones militares israelíes junto con el recrudecimiento de la violencia ejercida por los colonos.

Tras 1967, Israel impulsó una serie de políticas orientadas a subordinar la economía palestina a sus propias necesidades, un proceso que los Acuerdos de Oslo de 1993 terminaron por institucionalizar mediante un esquema económico que consolidó la dependencia financiera, comercial y laboral de los territorios palestinos.

La destrucción progresiva de la base productiva palestina desde la Segunda Intifada, limitó las posibilidades de un desarrollo económico autónomo.

Esta estructura de dependencia se profundizó con la fuerte inserción de la mano de obra palestina en el mercado laboral israelí y con la creciente dependencia de la Autoridad Palestina respecto de la financiación internacional y de los ingresos fiscales recaudados por Israel en virtud de los protocolos económicos establecidos durante la etapa de Oslo.

Tras el 7 de octubre de 2023, Israel revocó los permisos laborales de cientos de miles de trabajadores palestinos, dejando a cerca de 200.000 personas sin empleo de forma inmediata. Paralelamente, la retención de los ingresos aduaneros —que representan más del 60 % del presupuesto de la Autoridad Palestina— profundizó una crisis fiscal que afecta directamente el funcionamiento de los servicios públicos, particularmente los sistemas de educación y salud.

A esto se suman las restricciones a la circulación, la proliferación de puestos de control, las incursiones militares y los obstáculos al comercio que han alterado el funcionamiento de los mercados internos, dificultando tanto el traslado de trabajadores como la circulación de mercancías.

Según estimaciones del Palestinian Central Bureau of Statistics (PCBS) y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el desempleo en Cisjordania se duplicó durante el cuarto trimestre de 2023, alcanzando un 29 % desde el inicio de la ofensiva israelí sobre Gaza. La pérdida del empleo en Israel, sumada a las restricciones de movilidad dentro del propio territorio palestino, incrementó la competencia por los puestos de trabajo disponibles y favoreció una caída de los salarios diarios, configurando un mercado laboral marcado por la precarización y la explotación. Las pérdidas de ingresos para los trabajadores de Cisjordania ascienden a 12,8 millones de dólares diarios, situación que ha impulsado un aumento sostenido de la pobreza y la desigualdad.

Por otra parte, las cárceles israelíes funcionan en el marco de sistema de colonización y eliminación de los palestino. Según cifras recientes, el número de cisjordanos detenidos por las fuerzas de ocupación desde 2023 ha alcanzado un número de 6.500. A esto hay que sumar las decenas de personas detenidas en los territorios desde 1948.

Los confinados, sobreviven a situaciones de tortura y condiciones extremedamente deshumanizantes. Las medidas intencionales del Servicios Penitenciario Israelí incluyen someterlos a espacios restringidos, cortarles el acceso al agua y el alimento, obstaculizarles la atención médica y el derecho a recibir visitas. Además de prácticas de abuso y violencia dentro de las cárceles, que luego se ven reflejadas en la represiones que realiza el ejército en los espacios “libres” de Palestina.

Los acontecimientos de Til condensan una dinámica que atraviesa el plan de anexión de Cisjordania, a partir de la combinación entre violencia ejercida por colonos, el respaldo institucional, ofensivas militares y transformación territorial. Estos elementos responden a una estrategia que busca consolidar el control israelí sobre el territorio mediante la fragmentación de la sociedad palestina y la expansión permanente de los asentamientos.

Cada nuevo asentamiento, cada comunidad desplazada y cada kilómetro de territorio anexado a la administración sionista alteran de manera definitiva la geografía política de Palestina.

Son los ciudadanos quienes sufren las consecuencias con la destrucción de sus aldeas, de sus campos que funcionan como casi único medio de abastecimiento y el constante hostigamiento a su vida diaria.

El mundo mira hacia Gaza, pero la ofensiva sionista sobre Palestina se despliega en dos escenarios con lógicas distintas. Mientras en la Franja predomina la destrucción militar directa, en Cisjordania la ocupación se profundiza mediante la colonización del territorio, la violencia de los colonos y la reorganización progresiva del mapa palestino.

*Profesora en Comunicación Social, Técnica en Relaciones Públicas y Ceremonial, Integrante del equipo de Investigaciones de Periodismo Internacional Alternativo PIA Global.

Other News


 

Más notas sobre el tema