Cuba | Abel Prieto: “Combatimos contra un enemigo muy poderoso, pero no todo poderoso” – Por Emilia Trabucco

Compartir:

Abel Prieto: “Combatimos contra un enemigo muy poderoso, pero no todo poderoso”

Por Emilia Trabucco*

Escritor, ensayista y una de las principales figuras de la política cultural cubana de las últimas décadas, Abel Prieto Jiménez presidió durante años la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), fue ministro de Cultura entre 1997 y 2012 y entre 2016 y 2018, asesor de la dirección de la Revolución. Desde 2019, preside Casa de las Américas. Su trayectoria intelectual y política estuvo estrechamente vinculada a Fidel Castro y a los grandes debates alrededor de la cultura, la identidad, la hegemonía y la descolonización.

A cien años del natalicio de Fidel Castro, NODAL conversa con Abel Prieto en un momento particularmente complejo para Cuba y para América Latina y el Caribe: recrudecimiento de la ofensiva estadounidense contra la Isla, crisis energética y económica, transformaciones internas de la sociedad cubana, avance de las nuevas derechas y expresiones neofascistas, concentración del poder comunicacional y tecnológico y una profunda reconfiguración del escenario mundial.

Qué herramientas conserva el pensamiento de Fidel para comprender este momento histórico y cuáles son las condiciones políticas, culturales y organizativas necesarias para construir proyectos revolucionarios capaces de representar a las grandes mayorías, son los grandes interrogantes desde los que Prieto, en el marco de las celebración por el centenario de FIdel, comparte sus reflexiones, desbordando la memoria y el homenaje al líder revolucionario latinoamericano. 

Cuba atraviesa un momento particularmente complejo, marcado por un recrudecimiento de la ofensiva imperialista. ¿Qué hechos y datos concretos permiten dimensionar hoy su alcance? ¿Alcanza todavía la palabra “bloqueo” para describir lo que está ocurriendo?

De lo que se trata ahora es de un proyecto de asfixia a gran escala. La palabra “bloqueo” se queda corta. Han cerrado drásticamente la posibilidad de importar combustible; pero también de importar alimentos, insumos para fabricar medicinas, equipamiento médico, todo, absolutamente todo. Han hecho una enorme presión para liquidar la cooperación médica cubana en países de América Latina y el Caribe y han podido doblegar a varios gobiernos. Hicieron colapsar el turismo; empresas extranjeras que llevaban años trabajando con nosotros se han replegado, temiendo represalias del gobierno de los EEUU; amenazan a todo el que quiera vendernos petróleo o cualquier otra cosa. 

Varias navieras y aerolíneas han suspendido sus vínculos con Cuba. Siete mil contenedores con productos básicos destinados a nuestro país han quedado varados en distintos puntos del Caribe. 

El gobierno de EEUU ha sancionado a   empresas cubanas con el propósito de dañar rubros esenciales. También a organizaciones e incluso a personas, como nuestro ministro de Salud Pública. Algo enfermizo, demencial.   

Han logrado que la tasa de mortalidad infantil se duplique, que haya decenas de miles de cubanos en espera durante meses de una operación quirúrgica, que estemos resistiendo en condiciones extremadamente difíciles. Pretenden que, castigando así al pueblo cubano, llevándolo al límite de este modo tan cruel, se produzca el esperado “estallido social”, es decir, que el pueblo se subleve contra el gobierno y así tener el pretexto para una “intervención humanitaria”.

Por el contrario, creo que la mayoría de la población nuestra se ha radicalizado y es hoy más anti imperialista que nunca. Puede haber gente confundida, gente que piensa que tienen que venir los yanquis de una vez y “resolver el problema”; pero esos que están confundidos o ganados para “la solución yanqui” son una minoría. La gran mayoría del pueblo cubano sabe bien quiénes son los responsables de este cerco despiadado y está dispuesto a defender su Revolución a toda costa. Ese pueblo no aceptaría jamás volver al estatus colonial del que nos libramos en 1959.

Es el pueblo que participa activamente en la preparación para la defensa del país. Ahora, en Cuba, todas las semanas, todos los viernes, se organiza un Día Nacional de la Defensa, a partir de un concepto creado por Fidel y Raúl en los tiempos de Reagan, cuando estuvimos a punto de ser invadidos por los yanquis: “la Guerra de Todo el Pueblo”, así bautizó Fidel a un concepto defensivo que implica la participación masiva de la gente en la respuesta a una invasión militar, desde las comunidades, desde los barrios, desde las zonas de defensa. 

Este 25 de agosto Trump firmó la prórroga del bloqueo contra Cuba hasta septiembre de 2027, al amparo de la Ley de Comercio con el Enemigo, y ese mismo día científicos del Centro de Inmunología Molecular (CIM) anunciaron la creación de un nuevo medicamento para el tratamiento del cáncer. Y esta propia semana, en medio de una situación tan compleja, fue noticia el inicio de un nuevo curso escolar el 1º de septiembre, en todas las escuelas del país, y la continuación de la Feria Internacional del Libro en las provincias centrales. 

Por una parte, nos preparamos para enfrentar al imperialismo en su versión más feroz y peligrosa y a sus disparatadas acusaciones acerca de que representamos “una amenaza contra su seguridad nacional”. Por otra, buscamos todo el tiempo fórmulas creativas para seguir adelante en la ciencia, en la medicina, en la educación, en la cultura, y asimismo en la economía, con la implementación de las transformaciones aprobadas en julio por la Asamblea Nacional.  

Esa ofensiva tiene también una dimensión comunicacional ¿Qué debería saber hoy América Latina y el mundo sobre la realidad cubana que la guerra psicológica y el bloqueo comunicacional buscan ocultar?

Usan la mentira todo el tiempo, sin ningún pudor. Hacia el mundo entero en general y, en específico, hacia la población cubana. Repiten una y otra vez que Cuba es un “Estado fallido”, que es la ineficiencia y la corrupción del gobierno lo que provoca la escasez, las carencias, la parálisis. 

Díaz-Canel lo ha dicho muchas veces, ¿por qué nos tratan de asfixiar si somos tan ineficientes?, ¿por qué no nos dejan fracasar por nosotros mismos?, ¿no sería más didáctico que fracasáramos por nosotros mismos para demostrar que el socialismo no sirve?

Niegan continuamente la obra de la Revolución. Tergiversan nuestra historia y presentan una imagen de La Habana de los años 50 del siglo XX como una ciudad deslumbrante, “glamurosa” (esa palabrita), llena de carros y de luces de neón, donde venían las estrellas de Hollywood a divertirse los fines de semana. Por supuesto, el lado siniestro de aquella Habana, el lado de la represión bestial, de la miseria, del racismo, de la mafia, de los niños sin escuelas ni atención médica, de los barrios insalubres, no aparece en esas fábulas elaboradas con inteligencia artificial. 

Este tipo de relectura de la historia la están haciendo a escala global. Y al neofascismo le interesa mucho lavar la imagen de Franco, Mussolini, Hitler, y mucho más allá, de los conquistadores y colonizadores europeos que cometieron el genocidio de los pueblos indígenas y el de la esclavitud africana. Recuerda que Trump declaró el 13 de octubre Día de Colón y subrayó que había que rescatar la figura del “Descubridor” de la avalancha de insultos de la “extrema izquierda”, refiriéndose al movimiento antirracista Black Lives Matter. Hasta Giorgia Meloni, cuando estuvo en la ONU en 2023, fue con su equipo de prensa a ponerle una ofrenda floral a Colón. 

En España, la ultraderecha está obsesionada con el tema de la historia.  Ayuso fue a México para hacerle un homenaje a Hernán Cortés, que dejó en ese país una secuela tan terrible y sangrienta. Y, en torno al 12 de octubre de 2024, la llamada “Asociación Católica de Propagandistas” hizo una campaña muy ruidosa, en más de cincuenta ciudades españolas, con el lema “1492: ni genocidas ni esclavistas, héroes y santos”. 

La batalla de las ideas, como decía Fidel, tiene que ver con el presente y el futuro e igualmente con la memoria, con el pasado, con la historia. Por todo eso es tan importante lo que podamos hacer en el ámbito de la comunicación, desde Cuba y desde todos los núcleos de resistencia cultural de Nuestra América y del mundo. 

Aquí se ha venido organizando por la Unión de Periodistas de Cuba y, en particular, por una periodista muy brillante, Rosa Miriam Elizalde, y por comunicadores de distintos países, los encuentros del Coloquio Internacional Patria, llamado así por el periódico que fundó Martí en 1892, y se ha estructurado un movimiento antifascista, anticolonial y antimperialista en ese ámbito, que es realmente decisivo. Patria se articula con la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad, que se creó en 2003, con el apoyo de Fidel, primero, y luego de Chávez. 

Es imprescindible que la Red refuerce su influencia en todas partes y en particular en los EEUU.  Fidel le dijo a Ramonet (está en el libro Cien horas con Fidel) que al pueblo de los EEUU lo tratan de engañar todo el tiempo; pero, sin embargo, cuando se entera de la verdad de una situación determinada, reacciona de manera noble y justa. Eso dijo Fidel y puso el ejemplo de la encuesta que hicieron en EEUU cuando tenían secuestrado en Miami al niño cubano Elián González. El 80 por ciento de los encuestados dijo que el niño debía regresar a su patria, y eso fue lo que permitió que Elián regresara. Si la verdad del acoso implacable del gobierno de los EEUU contra Cuba la conociera el pueblo norteamericano, su reacción sería, sin ninguna duda, “noble y justa”.  

Hay que tener en cuenta que esta campaña mediática contra nosotros se produce en medio de una crisis cultural generalizada, de un gravísimo retroceso intelectual, de una ofensiva para idiotizar a millones de personas. 

Las redes sociales no te invitan a analizar, a razonar, a evaluar un problema, todo lo contrario. Te manipulan emocionalmente y te arrastran a reaccionar con ira, con una rabia incontrolable, y a sumarte a la oleada de odio contra “el otro”, el comunista, el migrante, la feminista, el gay, el árabe, el negro, el musulmán, etc. Quien más se ha beneficiado de ese clima irracional es el fascismo. 

A cien años del nacimiento de Fidel, y después de haber compartido con él muchos años de trabajo y conversaciones, ¿puede contarnos cómo era en el vínculo cotidiano? ¿Qué anécdota recuerda especialmente? 

A finales de los años 80, yo estaba en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y Fidel no faltaba a ninguna reunión del Consejo Nacional ni a ninguna sesión de los Congresos. Seguía con la mayor atención los debates sobre todos los temas que se discutían allí y participaba y profundizaba en cada tema: la supervivencia en Cuba de prejuicios raciales, los errores a la hora de ofrecer a los turistas una versión pseudo folklórica de nuestra cultura, la insuficiente calidad de la educación y de la programación televisiva, el avance del colonialismo cultural entre nosotros, etcétera. Fidel estaba convencido de que una de las causas principales del derrumbe del socialismo en la URSS y en los demás países del campo socialista tenía que ver con la derrota que sufrieron en la guerra cultural y le interesaba mucho conocer las opiniones de nuestra vanguardia intelectual y artística sobre cualquier distorsión en que pudiéramos estar cayendo. La imagen que han construido de Fidel como un dictador que se aferra a sus puntos de vista sin escuchar a nadie es una caricatura indefendible. Fidel se sumó a aquellos análisis de la UNEAC como uno más de nosotros: jamás quiso cortar una discusión, ni simplificarla, ni imponer su criterio. Aunque no le gustara que lo llamaran así, era un gran intelectual, amante de la polémica, de la búsqueda colectiva de la verdad. En cuanto a contarte alguna anécdota, me gustaría recordar una del 2003, en medio de la ofensiva fascista de George W. Bush y la gestación de la Red, cuando Saramago rompió abruptamente con Cuba a través un artículo titulado “Hasta aquí he llegado”. La prensa hegemónica utilizó hasta la saciedad esa ruptura para demostrar que la propia izquierda había abandonado a la Revolución Cubana. Pablo González Casanova le respondió a Saramago con el texto “Con Saramago, hasta aquí. Con Cuba hasta siempre”. Y hubo otras respuestas de los amigos. Recuerdo que Fidel me llamó y me pidió que tratara de evitar que siguieran respondiéndole a Saramago. “No es un enemigo profesional”, me dijo. “Es un hombre honesto, va a rectificar”, añadió. Poco tiempo después, el gran escritor portugués aceptó darle una entrevista a Rosa Miriam Elizalde para Juventud Rebelde, donde hablaba del hondísimo significado que tenía la Cuba revolucionaria para él y para su generación, y luego nos visitó, junto a Pilar, su esposa, y Fidel conversó con ellos durante toda una madrugada inolvidable. No era, obviamente, “un enemigo profesional”.  

En esta anécdota hay una valiosa lección sobre el modo de trabajar para armar un frente antifascista y antimperialista al estilo de la Red, cómo tocar todas las puertas, cómo acercarse a toda persona honesta, cómo evitar cualquier tentación de sectarismo. No olvidemos que, en 1961, en sus Palabras a los intelectuales, Fidel nos dijo: “Solo debemos renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, incorregiblemente contrarrevolucionarios”. 

Frente a la coyuntura mundial y regional ¿qué herramientas del pensamiento de Fidel considera fundamentales para comprender el momento actual?

Fidel estaba muy preocupado por el crecimiento en el mundo de “los pobres de derecha”, es decir, de infelices, que, aturdidos por la propaganda, manipulados, resentidos por las promesas incumplidas de políticos tradicionales, terminan entregando su voto a un demagogo fascista y gritón. En el presente, junto a los fraudes de distinta índole que favorecen a candidatos muy reaccionarios, están los votos de “los pobres de derecha”. 

Con respecto a eso, hay un discurso muy trascendente del 17 de noviembre de 2005. Habló en el Aula Magna de la Universidad de La Habana y tocó muchos temas cruciales, entre otros, el cáncer de la corrupción y el daño que le hace a Cuba, los retrocesos que pueden sufrir las revoluciones, el papel de los jóvenes, la agresividad del decadente emperador George W. Bush y el derrumbe del socialismo en la URSS y en los países del bloque soviético. 

Pero abordó un tema que tiene hoy una vigencia increíble: la instalación en las personas de “reflejos condicionados” que no les permiten pensar y las obligan a repetir mecánicamente el discurso de la reacción. 

El Imperio dice “el socialismo es malo, el comunismo es malo”, señaló Fidel, “y todos los ignorantes y todos los pobres y todos los explotados repiten: el socialismo es malo, el comunismo es malo”. Y añadió: “La mentira afecta el conocimiento, pero el reflejo condicionado afecta la capacidad de pensar”.  Aquí Fidel se adelanta, como en tantas otras cosas, al debate sobre lo que mencionamos antes de las redes sociales y la manipulación emocional. 

Por eso insistía en que el peor error que puede cometer un revolucionario es el de no pensar. Tenemos que crear un instinto crítico en nuestra gente, que le permita detectar las trampas y desmontarlas. Y, cuando digo “nuestra gente”, me refiero a la gente digna de este mundo, en Cuba y en todas partes. 

Por otra parte, junto a la crisis cultural, vivimos una crisis ética aterradora. La política se ha convertido en un reality show vergonzoso. Como decía Iván Karamázov, “todo está permitido”. 

Mira el genocidio sionista-fascista contra el pueblo palestino, y el mundo cruzado de brazos. Mira lo que están haciendo contra el pueblo cubano. O la denuncia que acaba de hacer Irene Montero sobre los nazis de toda España, armados con garrotes, yendo a Ceuta a “cazar” migrantes, sin que la policía los moleste. O busca en otro lado, en el deporte, y échale un vistazo al Mundial de Fútbol y a la antología de exclusiones, incidentes e infamias racistas y fascistoides que enturbió ese espectáculo. Parecería que sí, que “todo está permitido”.  

Frente a todas estas atrocidades, Fidel nos legó un mandamiento: “No mentir jamás ni violar principios éticos”.

El propio Ramonet me hizo una observación muy aguda: el hándicap de la izquierda para dar la batalla en las redes es la ética. Tiene cierta razón. Nuestros enemigos inventan patrañas extravagantes, barbaridades, para acusar al gobierno cubano y a nuestros líderes, y nosotros, en cambio, por principio, no inventamos acusaciones. Es así y tiene que ser así. Nos corresponde defender a Cuba con la verdad, con datos, con argumentos, invitando a razonar a gente que es víctima del engaño y la manipulación.   

A más de seis décadas del triunfo revolucionario, la continuidad de la Revolución se construye con generaciones de jóvenes que viven un mundo profundamente diferente al de sus padres y abuelos, atravesado por nuevas condiciones económicas, culturales y tecnológicas. ¿Qué desafíos plantea este cambio generacional para la continuidad y renovación del proyecto revolucionario? ¿Cómo construir con las juventudes una Revolución capaz de interpretar también su propio tiempo histórico?

Pienso que hoy la Unión de Jóvenes Comunistas está haciendo un excelente trabajo en los territorios con la Red Juvenil Comunitaria. Esta iniciativa promueve acciones de preparación para la defensa, de apoyo a la producción de alimentos y al uso de energías renovables, de trabajo social, de formación ideológica, promoción cultural y comunicación.

Están promoviendo una formación y educación críticas para enfrentar las campañas contra Cuba. Se expresan a través de códigos nuevos, con un empleo emancipador de las tecnologías. Dejar atrás el papel de consumidores pasivos de los mensajes procapitalistas, proyanquis, hipnóticos, desmovilizadores, de las redes, para transformarse en creadores de mensajes anticapitalistas, nuestroamericanos, patrióticos, solidarios, ajenos al egoísmo predominante, es una de las misiones más importantes de esta Red. 

En eso, en la participación, ha estado siempre la clave de la integración de los jóvenes a lo largo de la Revolución.   

¿Qué sería hoy “un ataque al Moncada”? ¿Cuál lucha de la actualidad puede ser una “Operación Carlota (Angola)”?

Junto a la batalla económica, para producir más, para sobrevivir, para sortear el laberinto del estrangulamiento de los yanquis, está la guerra cultural del presente.  El asalto al Moncada de hoy, la Operación Carlota de hoy, esperan a nuestros jóvenes en el choque contra los laboratorios imperiales de guerra psicológica y cognitiva, contra esa maquinaria que nos agrede las veinticuatro horas del día. 

Necesitamos influencers y youtubers creíbles, cultos, carismáticos, martianos, fidelistas, bolivarianos, guevaristas, que sean capaces de alcanzar un liderazgo auténtico en su generación y de refutar la agenda hegemónica, que excluye nada menos que la inminente catástrofe climática y los horrores del capitalismo, para fundar otra agenda realmente legítima. 

Influencers y youtubers que no se enamoren de sí mismos; que la droga de la fama no los enferme; que se enamoren definitivamente de los ideales revolucionarios, de la solidaridad, de la justicia, del respaldo a “los pobres de la tierra”, como decía Martí. 

Necesitamos también booktubers talentosos, que promuevan la lectura y los libros de calidad, desde El Quijote, de Cervantes hasta El Aleph, de Borges, pasando por El diario del Che en Bolivia, La historia me absolverá, de Fidel y Los cuadernos de la cárcel, de Gramsci. 

Esos influencers están obligados a dedicar mucha lucidez, mucho esfuerzo, mucha pasión, a los temas históricos: no se trata únicamente de transmitir información, fechas, efemérides, nombres; significa algo más. Aquella frase tremenda del Che, “el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor, es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad”, tiene que colocarse en el centro de este nuevo asalto al Moncada. 

De ningún modo podemos hacer el trabajo sucio que realiza a todas horas la maquinaria al servicio del Imperio: manipular las emociones de la gente. La Red Juvenil Comunitaria está tocando las fibras más íntimas de los jóvenes a la hora de acercarse a la historia de nuestros pueblos y de identificarse con ella, con sus héroes y heroínas, con sus genuinos “superhéroes”, con sus orígenes. Eso despierta emociones legítimas, liberadoras, emancipadoras, ajenas por esencia a toda manipulación.   

Frente al avance de las derechas y las nuevas formas de dominación ¿cuál es hoy el principal desafío para construir en América Latina y el Caribe un proyecto revolucionario, antiimperialista y socialista capaz de representar y organizar a las grandes mayorías?

Tenemos que frenar la arremetida ideológica y cultural del imperialismo y el fascismo, que hoy están a la ofensiva, agrupar nuestras fuerzas, unirnos, organizarnos, trabajar muy duro para preparar a nuestra gente, para que seamos capaces de “emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos”, al decir de Fidel. Debemos fomentar un pensamiento crítico, bien fundamentado, analítico, frente a la frivolidad y al irracionalismo, un pensamiento que se exprese en ese instinto crítico, cotidiano, indispensable, y lanzar una contraofensiva con todas las de la ley. 

Se habla de más de 30 mil muertos en Europa a causa de la ola de calor en este 2026, y, sin embargo, no se toma en serio el cambio climático. El capitalismo ha sido el más terrible depredador del planeta, y esa tiene que ser una bandera nuestra, de la izquierda.  En el “sentido común” promovido por la derecha, no hay espacio para “filosofar” sobre algo tan abstracto y distante como el fin de la especie humana. 

Recuerda que hay teóricos del fascismo leyendo muy cuidadosamente a Gramsci. Y hay muchos otros que no lo han leído ni lo van a leer; pero que aplican con eficacia instrumentos “gramscianos”. 

“Sin cultura no hay libertad posible”, repetía Fidel, parafraseando a Martí, y en la batalla contra la estupidez y la arrogancia fascistas tenemos que elevar la cultura de nuestra gente. La cultura no es un adorno. 

“Las trincheras de ideas valen más que las trincheras de piedra”, aseguró Martí. Nos corresponde levantar esas trincheras de ideas a través de todos los medios a nuestro alcance. 

Hay que entender que esta guerra es global, es de todo el Sur, y es del Sur que habita en las entrañas del Norte. Debemos articularnos con todas y todos los que no aceptan la condición de “inferiores” y “desechables” que nos atribuye la élite supremacista y pervertida de multimillonarios del Norte. 

Aquel llamado a la unidad de los “proletarixs de todos los países” sigue vigente; aunque ahora habría que convocar a todxs lxs “perdedorxs”, sean proletarixs o desempleadxs o subempleadxs o jubiladxs, migrantes o personas en situación de calle, cristianxs o musulmanes, ateos o espiritistas, heterosexuales, bisexuales, homosexuales, enfermxs sin seguro médico, todxs aquellxs que el neoliberalismo apartó brutalmente del camino y los condenó a “perder toda esperanza”, como decía el letrero que imaginó Dante para las puertas del Infierno. 

Combatimos contra un enemigo muy poderoso; pero no es todopoderoso. Y, como sabemos, se trata de un gigante en decadencia y con pies de barro. Fidel nos enseñó que todo revolucionario tiene que ser optimista y confiar en la victoria.

 

*Psicóloga, Magíster en Seguridad. Directora de NODAL. Analista del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE) en Argentina.

Más notas sobre el tema