En el Mar Rojo, divide aguas y reinarás – Por Alí Mustafá
En el Mar Rojo, divide aguas y reinarás
Por Alí Mustafá*
«Extiende tu mano sobre el mar…»
Fue la instrucción que Dios le dio a Moisés para que divida las aguas usando su vara
(Éxodo 14:16)
El Presidente Donald Trump, reiteró esta semana y por enésima vez, sus amenazas a Irán exigiendo la apertura del estrecho de Ormuz. A pesar que el sitio web Axios advirtió que Washington, Teheran y Masacate reportara un acuerdo para garantizar la navegación, Irán negó la versión aclarando que solo negocia con Omán sobre arreglos futuros, sosteniendo que la ruta marítima es insegura.
El contexto hoy también pone el foco de tensión en la orilla sur del Mar Rojo. El reconocimiento oficial de Somalilandia el 26 de diciembre de 2025 por parte de Israel podría llevar la escalada bélica a un punto de proporciones dramáticas en toda la región. Después que ese suceso quedará marcado en los libros de historia diplomática como el día en que el equilibrio de fuerzas en el Cuerno de África produjo un punto de inflexión regional, el reconocimiento oficial de Somalilandia como Estado independiente por parte de Israel no es, ni por asomo, un simple gesto de cortesía internacional o un respaldo a la libre determinación de los pueblos. Es, fundamentalmente, un movimiento maestro en el ajedrez geopolítico que busca consolidar la ambición de Tel Aviv y el control sobre una de las arterias más vitales del comercio mundial: el estrecho de Bab al-Mandab y el Golfo de Aden.
Para entender por qué Israel decidió romper el statu quo y desafiar la soberanía de Somalia, que calificó la medida de ilegal y de ataque deliberado, hay que mirar el mapa, no los tratados. Somalilandia, con su estratégica costa frente al Yemen, se sitúa en la entrada sur del Mar Rojo. Como bien señaló el exfuncionario somalí Abdelqadir Ahmed (Ali Fardeh), Israel entiende que este reconocimiento no convertirá mágicamente a la región en un Estado con amplio respaldo internacional, sino que sirve para reforzar su influencia cerca del golfo de Adén.
El interés no es político y el reconocimiento no es un aporte a la democracia, es meramente operativo. Israel busca una plataforma de vigilancia que le permita monitorear las amenazas provenientes de Yemen y, a la vez, proyectar poder sobre actores de peso como Egipto y Arabia Saudita. En un mundo donde la seguridad marítima define la estabilidad económica, tener ojos y oídos en el puerto y el aeropuerto de Berbera es un activo invaluable. No es casualidad que medios como Le Monde ya reporten obras de ampliación en estas instalaciones, sugiriendo un uso futuro no solo por parte de Israel, sino también de los Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos, aliados estratégicos en África, Asia Occidental y nuestra Patagonia .
La trama se complica con la entrada en escena de Estados Unidos. La reciente reunión entre el presidente de Somalilandia, Abdirahman Mohamed, y el comandante de las Fuerzas de Operaciones Especiales de EE. UU en África, Claude Tudor, subraya que Washington no es un espectador pasivo. Bajo el lema de la estabilidad de las rutas marítimas, se está gestando una alianza de seguridad que incluye el intercambio de información y la cooperación militar profunda. Sin embargo, este avance sobre Somalilandia se da en un contexto de altísima fricción política y tensión bélica. Mientras el gobierno federal de Somalia, liderado por Hassan Sheikh Mohamud, denuncia que estas intervenciones vulneran la integridad territorial y amenazan con devolver a la región a períodos oscuros de inestabilidad, otros actores regionales levantan la guardia.
Pero del otro lado del estrecho las voces yemeníes no dudaron en levantar la voz. La respuesta más virulenta llegó del líder de la organización Ansar Allah Sayyed Abdul-Malik al-Houthi, quien fue tajante al exprear que “no tolerarán posiciones de ocupación israelí en Somalilandia”. Para el movimiento yemenita, esta maniobra es un intento directo de controlar el flujo naval y una violación a la soberanía somalí que requiere una postura unificada de los estados ribereños del Mar Rojo.
La advertencia de ataques contra posiciones israelíes en suelo somalí eleva el riesgo de un conflicto regional de gran escala. Al-Houthi no solo apela a la causa palestina y al éxito del eje de la resistencia en Gaza, sino que coordina activamente con sus aliados ante lo que percibe como una nueva escalada de agresión estadounidense y saudí en la región.
Mientras la seguridad se militariza, paradójicamente, Somalia intenta consolidar su lugar en el continente a través de la diplomacia económica. La reciente ratificación para convertirse en el miembro número 50 del Acuerdo sobre la Zona de Libre Comercio Continental Africana (ACFTA) y su adhesión a la Comunidad de África Oriental muestran un compromiso con la integración y el desarrollo. Mogadiscio, la capital de Somalia, apuesta a que la reducción de aranceles y la apertura de mercados para sus productos ganaderos y pesqueros sea la vía para la estabilidad. Pero la economía no puede florecer en un territorio en disputa. La tensión entre Etiopía y Somalia, alimentada por el interés de Adís Abeba de obtener acceso al mar a través de acuerdos con Somalilandia, forjó un nuevo eje de resistencia diplomática compuesto por Egipto, Eritrea y Somalia. Estos países dejaron claro que la seguridad del Mar Rojo es responsabilidad exclusiva de los países ribereños, rechazando cualquier injerencia de actores externos.
Otro actor con intenciones de mantener su presencia en la región es la Francia expulsada del Sahel pero que aún mantiene su base militar en Djibuti que actúa como un centro logístico de apoyo naval y de proyección de poder para “proteger” la navegación en el estrecho de Bab el Mandeb. Francia aunque participa en las disputas es un protagonista secundario que podría, cuando fuera necesario, jugar para los intereses expansionistas de Israel.
El reconocimiento israelí a Somalilandia abrió una serie de interrogantes sobre el Cuerno de África. Lo que se presenta como una alianza estratégica para asegurar el comercio global es visto por los actores locales como una vulneración de las fronteras heredadas y de la Carta de la Unión Africana.
Si la comunidad internacional permite que la lógica de la fuerza, como se naturalizó en Palestina ocupada, prevalezca sobre la soberanía nacional, el Mar Rojo dejará de ser una arteria vital para el crecimiento y se convertirá en un teatro de operaciones bélicas perpetuo. La estabilidad de esta región no vendrá del reconocimiento unilateral de regiones separatistas, sino del respeto a la integridad territorial y de una cooperación que incluya, y no excluya, a las naciones que realmente habitan sus costas.
*Periodista, columnista en Tiempo Argentino. Docente (UNLa), especialista en Mundo Arabe. @amustafa63
