Dice que…, una ética de lo posible – Por Luis Franc

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Dice que…, una ética de lo posible

Por Luis Franc

Viendo cine aceptamos que todo sucede en ese aquí y ahora de la proyección. Gente fallecida se puede presentar más viva que nunca. Mayormente, en base a aquel pasado que se reactualiza en el presente se conformó nuestra mirada como espectadores.

Por esto, cuando surgen propuestas que proponen otros vínculos con tiempos pasados, merecen especial atención. Como las películas de Alejandro Fernandez Moujan, quien acaba de recibir el Premio a la Trayectoria en el Doc Buenos Aires 2026 luego de una carrera como documentalista de más de treinta y cinco años. Sus trabajos proponen un diálogo con distintos momentos del ayer argentino, habiendo llegado a un poder de síntesis notable en su último material, Dice que… (2025), exhibido en el marco de la muestra.

En este caso, dicho diálogo se establece desde una línea temporal que arranca en otra película de Fernandez Moujan de veintitrés años atrás, Las Palmas, Chaco. Donde a su vez se referencia a otro pasado: 1991, momento en que se cierra el ingenio azucarero que constituía la fuente de trabajo central en la localidad. Los efectos en integrantes de la comunidad, sus penurias, la precarización, sus actividades diarias, son el eje de aquel material. José Luis Alvarenga, además de ser uno de sus habitantes retratado por la cámara era un estrecho colaborador del cineasta, resultando fundamentales sus aportes sobre la geografía del terreno en el proceso de producción del material. De ahí en más, se fue consolidando un  vínculo sólido entre “Lorenzo Lamas” (así lo llamaban, por su parecido con el actor norteamericano) y Fernandez Moujan. Finalizado el proceso de montaje, como suele ocurrir, al realizador le queda material crudo que no entra en el corte final de aquel trabajo de 2002.

Cinco años mas tarde, algo inesperado sucede. Si nos apoyáramos en conocidos mitos rurales, aventuraríamos que un ave negra cruzó por allí: Alvarenga es asesinado. Fernandez Moujan se entera e investiga sobre las circunstancias del crimen. Pero la materia prima que devendrá en su película del 2025 no será su propia investigación, sino precisamente los restos de filmación que habían quedado.

Las Palmas, Chaco, se pensaba desde aquel presente desde un registro en color que brindaba el fresco de un pueblo que se sobreadaptaba a las condiciones. Pero aquel color de toda la película, en Dice que… opera como resto: al comienzo, solo un plano detalle de las flores en la tumba de Alvarenga, envueltas del sonido ambiente de la naturaleza. Una percepción envolvente que da a percibir el olvido. Luego, sobreimpresas sobre negro, textos que reflejan los puntos de vista de los testigos del hecho. Cada uno “dice que…”, tal o cual cosa. Los relatos construyen la jornada trágica, hasta el punto de vista de un diario zonal que intenta organizarlo en un relato. Lo mas certero es que lo mataron al estilo de los viejos duelos criollos. “Dice que mataron a Lorenzo Lamas”, reza la leyenda que cierra la seguidilla de placas.

De ahí en más – de ahí su diferencia formal.- toda la película en blanco y negro constituye un regreso de José Luis Alvarenga como ese habitante  del pueblo. Vivo para nosotros, aunque develado su deceso de entrada, aquí los espectadores recuerdan el hecho durante toda la hora como imagen mental que acompaña su transito.

La mayor virtud de Dice que… es su poder de síntesis en una operación de montaje que condensa la vida del hombre que fue, en una hora. Alvarenga, José Luis, Lorenzo Lamas, andando en bicicleta, cargando leña, con su familia, de cacería con amigos, hablando para la cámara. Su persistencia en cámara se presenta inquietante, interpelativa. Recuerda en otro orden de cosas, al registro documental de Raymundo Gleyzer de Ni olvido ni perdon, en el que asistimos a la palabra en el aeropuerto de Trelew de quienes serán los fusilados de 1972, una semana antes de los asesinatos.

En Dice qué…, nuestro protagonista para la cámara es puro cuerpo. Lo cual se dimensiona con el tratamiento de su cotidianeidad. La secuencia en que conduce su bicicleta en ese árido territorio, sin aparente ser vivo a la vista, se presenta como peso del tiempo. Baja de ella, selecciona maderas, las ata. Movimientos captados en su completitud. La potencia de la imagen que construimos es a partir de que esa tranquilidad con la que efectúa su trabajo diario, e ignorante de su final – faltarán unos pocos años -. Mas todavía en el momento en que se abre a narrar fragmentos de su pasado (“Me caratularon como el hampón mas peligroso de la zona”) para la cámara que lo encuadra en primer plano, y nos enteramos que estuvo en el Instituto Araoz Alfano, y de algunos momentos de su vida anterior por los que no podemos sino adoptar ese cuerpo en pantalla. Se establece un vínculo exento de curiosidad narrativa. Así, la recorrida por la cotidianeidad de Alvarenga se roza, convive con momentos de aquella película previa en color que tenía que ver con la deriva de un pueblo, pero esta vez con el adicional de la tragedia individual.

Un capítulo especial es el que se junta con amigos para cazar mulitas para alimento. Se trata de cacería de distancia corta, en el que se deja entrever cierta escencia de los vínculos. De ahí el conmovedor final de ese momento, en el que somos partícipes de una ética de la repartición equitativa de los frutos de la caza, con prioridad en quien menos tiene.

Por tanto, Dice qué… de Alejandro Fernandez Moujan es un contexto, una subjetividad, la desolación compensada por la actividad en comunidad – cabal representación del pueblo en la película -.

Una cámara como estado de pregunta en ese mundo en extinción, pero que a la vez evidencia lo humano como germen de una posibilidad, en contraste con la promoción de odio al semejante promovida hoy día de arriba hacia abajo.

*Crítico, docente, periodista


 

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