Xi Jinping: de los BRICS a Estados Unidos – Por Gilberto Lopes
Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.
Gilberto Lopes*
Al igual que el Movimiento de Países No Alineados, los BRICS se enfrentan al desafío de un orden internacional en el que no se sienten adecuadamente representados ni cómodos, en un mundo donde Estados Unidos libra algún tipo de guerra prácticamente todos los años.
Los BRICS representan al llamado Sur Global. Es en este ámbito donde guardan mayor cercanía con quienes fundaron el Movimiento de Países No Alineados hace más de 60 años. Sin embargo, este Sur Global posee ahora un poder económico que el Movimiento de Países No Alineados jamás tuvo, como afirma el periodista esloveno Uroš Lipušcek.
No es de extrañar que un periodista esloveno mencione el Movimiento de Países No Alineados, un movimiento cuyas raíces se remontan a la ciudad de Bandung, Indonesia, en 1955, y a Belgrado, la capital de Yugoslavia, seis años después, entonces liderada por el mariscal Tito, y del cual Eslovenia formaba parte.
En abril de 1955, representantes de 29 países de África y Asia, así como de territorios que aún estaban bajo dominio colonial, se reunieron en Bandung. Era, por supuesto, un mundo diferente.
La Cumbre de Bandung dio paso a la Cumbre de Belgrado, inaugurada el 6 de septiembre de 1961, en plena Guerra Fría. Tan solo dos semanas antes, había comenzado la construcción del Muro de Berlín, y un día después de la inauguración de la cumbre, la Unión Soviética realizó una prueba nuclear.
Anuradha Chenoy, exdirectora de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Jawaharlal Nehru en Nueva Delhi, también encuentra un hilo conductor en las conferencias de Bandung y Belgrado que las vincula con el movimiento BRICS.
Según ella, no es difícil encontrar un hilo conductor entre un movimiento que tuvo su mayor influencia en los años 60 y 70 del siglo pasado y este otro, los BRICS, que surgió hace 20 años y cobró nuevo impulso en la reunión de Nueva Delhi celebrada el 12 de septiembre.
Tampoco sorprende que un intelectual indio se sienta vinculado a ambos procesos. El entonces primer ministro Jawaharlal Nehru desempeñó un papel clave, junto con Tito y el egipcio Gamal Abdel Nasser, en el surgimiento del Movimiento de Países No Alineados. A mediados del siglo XX, era necesario evitar que la Guerra Fría se convirtiera en un conflicto armado. Esto se logró, como sabemos hoy. Al menos hasta ahora.
Los BRICS y las guerras de nuestro tiempo.
Los países BRICS lideran estas demandas en un contexto muy diferente. En aquel entonces, parecía que las pruebas nucleares apenas permitían que se escucharan las voces de los 29 países africanos y asiáticos y de los territorios coloniales. Si bien los resultados obtenidos sugieren que esa voz, aparentemente casi inaudible, contribuyó de alguna manera a los esfuerzos de quienes alertaban sobre los riesgos de la Guerra Fría.
Quizás deberíamos aprender algo de esta experiencia. Al igual que el Movimiento de Países No Alineados, los BRICS se enfrentan al desafío de un orden internacional en el que no se sienten adecuadamente representados. Y tampoco se sienten cómodos en un mundo donde Estados Unidos ha librado algún tipo de guerra prácticamente todos los años desde el fin de la Guerra Fría.
Tres de los miembros de los BRICS (Rusia, Irán y Arabia Saudí) están involucrados en dos de los conflictos internacionales más importantes de la actualidad, lo que llevó al movimiento a una compleja negociación en la cumbre de Nueva Delhi para alcanzar una declaración final que todos pudieran firmar.
Irán y Arabia Saudí ocupan posiciones opuestas en Oriente Medio, tanto en sus relaciones con Estados Unidos como con Israel.
La agresión de Estados Unidos provocó el caos en el mercado de hidrocarburos: Irán bloqueó el estrecho de Ormuz y se reanudó la ofensiva hutí en Yemen, lo que les permitió controlar la estratégica ciudad portuaria de Moka, amenazar la navegación en el estrecho de Bab el Mandeb y atacar instalaciones militares en Arabia Saudí, forzando el cierre del oleoducto que transporta petróleo saudí desde el Golfo Pérsico hasta el Mar Rojo.
Por otro lado, la presencia rusa, una de las partes involucradas en la guerra de Ucrania, también requirió difíciles negociaciones para alcanzar una declaración conjunta definitiva. El propio primer ministro indio, Narendra Modi, le pidió a Vladimir Putin que pusiera fin a la guerra durante su encuentro en Delhi.
La declaración, un extenso documento de 45 páginas y 140 puntos, no hace referencia explícita a este conflicto, pero subraya la importancia de los esfuerzos para prevenirlo, abordando sus causas profundas. Esta formulación satisface las demandas rusas y, al mismo tiempo, a quienes exigen que Rusia ponga fin al conflicto.
Un acuerdo imposible
En cualquier caso, parece imposible, por el momento, alcanzar un acuerdo negociado para esta guerra. El politólogo estadounidense John Mearsheimer no cree que una solución negociada sea posible, dada la naturaleza de las reivindicaciones de cada bando. Esto es especialmente cierto debido a la decisión rusa de incorporar territorios fronterizos al país, una medida que Kiev no está dispuesta, por ahora, a negociar.
Pero me parece que hay más razones por las que no surgen iniciativas para resolver el conflicto mediante negociaciones diplomáticas. Europa (y Canadá) siguen apostando por una especie de «derrota» para Rusia. Una derrota que la debilite, que no deje lugar a dudas de que no ha logrado sus objetivos. Mientras exista esta esperanza, mientras Europa (y Canadá) estén dispuestas a seguir apostando por la guerra (armando y financiando), las perspectivas de paz son imposibles.
El Congreso de Estados Unidos también aprobó, el pasado miércoles 16 de septiembre, unas «sanciones infernales» contra el sector energético ruso, que Moscú calificó de «medidas hostiles». Con esto, pretenden no solo impedir la venta de petróleo y gas rusos o iraníes a terceros países, sino también castigar a quienes comercian con ellos, especialmente a China e India.
En cualquier caso, no hay que perder de vista lo que ocurre en el panorama político interno de diversos países europeos y norteamericanos, desde Londres hasta Rumanía, incluyendo las elecciones suecas del pasado domingo 12 de septiembre (que crearon un complejo escenario político), las elecciones locales en Alemania, las elecciones generales en Francia el próximo año y las elecciones estadounidenses en noviembre. Cada una de ellas podría tener repercusiones en el ámbito internacional difíciles de predecir.
No se trata solo de presiones políticas. La guerra en Ucrania somete a la economía europea a nuevas tensiones, que también afectan a Ucrania y Rusia, con un coste enorme, lo que agrava las inevitables tensiones políticas internas, más intensas en Kiev que en Moscú, donde las elecciones de la semana pasada dieron un nuevo respaldo a Vladimir Putin.
¿Los equilibrios frágiles debilitan a los BRICS?
Las potencias nucleares se han multiplicado desde el final de la Segunda Guerra Mundial, dejando atrás el reconocimiento de las cinco potencias aceptadas en aquel momento, las únicas autorizadas a poseer armas atómicas y que conforman el grupo de miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
Actualmente, los BRICS están integrados por tres potencias nucleares: China, Rusia e India. Pakistán también aspira a unirse al grupo. Las relaciones entre los dos primeros se encuentran consolidadas al más alto nivel. Asimismo, tras importantes tensiones y enfrentamientos armados a lo largo de una extensa frontera aún sin demarcar definitivamente, China e India han logrado un notable acercamiento, consolidado por la primera visita de Xi Jinping a la India en siete años.
No faltan quienes prefieren destacar la fragilidad de los equilibrios que sustentan a los BRICS. Para Sarang Shidore, director del Programa del Sur Global del Instituto Quincy —una organización estadounidense que aboga por la diplomacia para lograr la paz internacional—, lo que parecía un exitoso resurgimiento del Sur Global «empieza a parecerse un poco a una familia disfuncional reunida por Navidad».
Sarang Shidore habla de una «indigestión provocada por su rápido crecimiento» y un «impacto moderado en la práctica». ¿Es eso cierto? En cualquier caso, incluso él reconoce que «sería un error afirmar que los BRICS son un fracaso». En un artículo publicado en Foreign Policy , destaca que, en menos de dos décadas, el grupo ha logrado convertirse en el primer grupo no occidental verdaderamente transcontinental, con historias de éxito financiero y la creación del Nuevo Banco de Desarrollo. Eso no parece poca cosa.
La periodista Imma Bonet destaca esta misma cuestión en un artículo para el diario español El País , escrito en Pekín: «Cuanto más crecen, más complicado les resulta hablar con una sola voz», afirma. Si bien (al igual que Sarang Shidore) reconoce que el crecimiento de los BRICS les ha otorgado «una relevancia difícil de ignorar», estima que «este peso agregado sigue siendo, en gran medida, más estadístico que político».
En definitiva, lo que está en juego es innegable: es imposible ignorar la importancia de un grupo que hoy reúne a las dos poblaciones más grandes del mundo —India y China—, al país con mayor extensión territorial —Rusia— y a las mayores economías de América Latina y África —Brasil y Sudáfrica—. Pero esto también pone de manifiesto las dificultades para conciliar posturas en un escenario marcado por intereses tan diversos.
Por supuesto, existen otros puntos de vista: para el brasileño Evandro Menezes de Carvalho, profesor de Derecho Internacional en la Universidad Federal Fluminense de Río de Janeiro, la Cumbre de Nueva Delhi confirmó que los BRICS «ni se desviaron del camino ni agotaron sus objetivos».
O, como afirma Dmitri Trenin, presidente del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales e investigador principal del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales: «No hay necesidad de hacer que los BRICS parezcan algo que no son: no son ni una alianza ni una coalición antioccidental y, en cualquier caso, su trayectoria ofrece un atisbo de un orden mundial diferente».
En definitiva, la Declaración de Nueva Delhi ha proporcionado, por ahora, una respuesta que, en opinión de Bonet, «refleja sus posiciones sobre cuestiones globales y regionales clave y presenta una hoja de ruta para fortalecer la cooperación».
La clave para una cumbre exitosa
«Creo que la cumbre de los BRICS fue un gran éxito, en parte gracias a la visita de Xi Jinping», declaró Mohammed Saqib, secretario general del Consejo Económico y Cultural India-China, al periódico chino Global Times. «El discurso del presidente chino fue inspirador», añadió.
Tanto la prensa china como la india hicieron especial hincapié en la importancia de las relaciones entre ambos países. Una relación que trasciende la esfera bilateral, en un mundo donde la hegemonía y el unilateralismo van en aumento, según Qian Feng, director del Departamento de Investigación del Instituto Estratégico de la Universidad de Tsinghua. La declaración final de la cumbre subrayó la importancia del Sur Global como motor de cambio positivo en un mundo de crecientes tensiones geopolíticas.
Una vez concluida la cumbre, la atención se centró en Pekín, donde Xi Jinping se prepara para su visita a Washington a finales de mes, donde se reunió con el presidente Donald Trump del 23 al 25 de septiembre.
Xi Jinping se preparó meticulosamente para el viaje, consolidando su presencia en diversos escenarios internacionales. En primer lugar, en la reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), celebrada en Bishkek, capital de Kirguistán. También estuvieron presentes Putin y Modi, los presidentes de los países de Asia Central, Irán y Pakistán, así como representantes de varios países que participan en el formato «OCS Plus».
Aunque la prensa occidental no le dio mucha importancia a la reunión, el resultado se consideró la consolidación de un eje de países asiáticos que constituyen otro bloque en el escenario multilateral promovido por el Sur Global. Además de la Declaración de Bishkek, se aprobaron otros 27 documentos, incluidos acuerdos sobre el uso de monedas nacionales en el comercio regional, la cooperación energética y de seguridad, y el anuncio de nuevos corredores de transporte, como el ferroviario, en un formato bastante similar al de los BRICS.
A medida que se acercaba su encuentro con Donald Trump, Xi Jinping reforzó sus contactos internacionales, participando en las cumbres de los BRICS y la OCS, seguidas de una visita a El Cairo. Bishkek, El Cairo y Nueva Delhi demuestran claramente que China tiene margen de maniobra estratégico, destacó el SCMP , un importante periódico de Hong Kong, en una nota.
Este es el escenario del nuevo y singular mundo que los BRICS buscan interpretar. Una presencia renovada en organizaciones políticas y financieras internacionales; el desarrollo de nuevas relaciones comerciales, con el creciente uso de monedas locales; un banco de desarrollo, aún modesto pero que ya da sus primeros pasos; y la oposición a la jurisdicción extraterritorial de sanciones unilaterales ilegales forman parte de esta agenda con la que se está tejiendo un nuevo y delicado orden internacional.
*Periodista y doctor en Estudios Sociales y Culturales por la Universidad de Costa Rica (UCR)
