Internacional | El primer ministro de Bélgica, Bart de Wever, presentó su renuncia por el fracaso de la negociación presupuestaria

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El primer ministro de Bélgica presenta su dimisión por el colapso de la negociación presupuestaria

El rey, que no ha aclarado si aceptará el cese, abre una ronda de consultas con los partidos del Gobierno de coalición y les insta a evitar una crisis en plena “incertidumbre geopolítica”.

La negociación presupuestaria en el seno del Gobierno de coalición belga ha colapsado, y el primer ministro, el nacionalista flamenco Bart de Wever, ha presentado su dimisión. A las 9.30 de este lunes el mandatario ha acudido al palacio real para reunirse con el rey, Felipe de Bélgica, y le ha presentado su renuncia, según ha confirmado la propia casa real. El monarca, no obstante, aún no ha aclarado si aceptará la dimisión, y ha abierto una ronda de conversaciones con los líderes de los cinco partidos que componen el Gobierno.

El jefe del Estado ha tenido que interrumpir sus vacaciones en Inglaterra —este lunes es festivo en el país— para acudir a palacio a recibir a De Wever. Felipe de Bélgica ha dejado claro, en todo caso, que no es partidario de “una crisis política prolongada” en un momento de “gran incertidumbre geopolítica y desafíos económicos”.

Esas palabras del rey son toda una declaración de intenciones en un país que se caracteriza por sufrir larguísimos periodos de negociación para lograr formar Gobierno después de la celebración de las elecciones. La última vez, por ejemplo, los partidos tardaron ocho meses en alcanzar un acuerdo, y en 2010-2011 las conversaciones se mantuvieron durante 541 días. De ahí que Felipe de Bélgica haya hecho este lunes “un llamamiento al sentido de la responsabilidad de todos” y haya exhortado “a todas las partes implicadas a anteponer el interés general”.

El monarca empezará el martes las conversaciones con los otros partidos que componen el Ejecutivo, y el viernes está prevista una nueva audiencia con De Wever, según ha informado el Palacio Real.

Durante la noche del domingo al lunes, informa la prensa belga, el núcleo duro del Gobierno, llamado Kern, integrado por el primer ministro y representantes de los cinco miembros que componen el Ejectutivo de coalición, se reunió para ver si era posible el acuerdo: sobre la mesa estaba el presupuesto de 2027 y una propuesta de ajuste de 10.000 millones (vía recortes de gasto o subida de impuestos) hasta 2029. La reunión ha fracasado e inmediatamente, a primera hora de la mañana, De Wever ha acudido al Palacio Real.

La situación de las cuentas públicas de Bélgica es precaria, con un déficit por encima del 5% del PIB y una deuda pública que supera por décimas el 110% del PIB. Estos números ponen al país en una situación difícil en un momento de turbulencias en los mercados de capital, mucho más por Francia (con unas cifras similares) que por Bélgica. Y en el Gobierno son conscientes de esto: “Los ojos de los mercados financieros están sobre nosotros”, advirtió De Wever en el Parlamento hace algo más de una semana. Declaraciones parecidas han hecho otros socios del Gobierno más proclives a los ajustes, como el democristiano Vicent Van Peteghem, ministro de Presupuestos, o el liberal David Clarinval, responsable de Economía y Empleo.

El Gobierno de Bélgica es una complicada coalición de cinco partidos llamada popularmente Arizona por los colores de las formaciones que la conforman, que recuerdan a la bandera del Estado sureño estadounidense. Están los nacionalistas flamencos de De Wever (la N-VA), los también flamencos de centro Cristiano-Demócratas (CD&V), los socialistas de Vooruit, los francófonos centristas Les Engagés y el de centro-derecha Movimiento Reformista (MR). Aunque eran dos partidos menos que la anterior coalición, del centrista Alexander De Croo, también la formación de este Ejecutivo fue una ardua tarea: De Wever tardó siete meses desde las elecciones hasta poder informar al rey Felipe de que había logrado formar gobierno, a finales de enero de 2025.

El mandato de este Gobierno, que por ahora no llega a los dos años, se ha visto marcado por los esfuerzos —frustrados— de reducir el alto déficit belga. El acuerdo de legislatura contemplaba reducir el déficit público al 3% con ajustes de 23.000 millones hasta 2029. Para lograrlo, ha habido reformas del seguro de desempleo para recortar el tiempo que se puede percibir y de pensiones.

Pero esos recortes han tenido y tienen una respuesta contundente en las calles. En lo que va de legislatura ha habido varias huelgas generales, y para el próximo 23 de noviembre está prevista otra. Además, ha habido otros paros sectoriales y manifestaciones masivas, como la del pasado 9 de octubre, a la que acudieron unas 30.000 personas.

En ese contexto se plantea el nuevo ajuste de 10.000 millones, que se suma a lo ya acordado, y sobre el que ha sido imposible el acuerdo por ahora. “El volumen de impuestos sobre la mesa sigue siendo mucho demasiado alto y supera con creces lo previsto en el acuerdo de gobierno”, ha declarado el titular de Economía, Clarinval. Este liberal, también viceprimer ministro, defiende “llevar a cabo verdaderas reformas para reducir el gasto público”.

Los democristianos de CD&V, por su parte, han optado por una posición conciliadora al llamar a sus socios de coalición a “tomar conciencia de la gravedad de la situación y reanudar las conversaciones lo antes posible”. “Una crisis de Gobierno no resolverá ningún problema. Amenaza con crear nuevos”, han señalado en el partido conservador.

Por parte de la oposición, las críticas han sido contundentes. Los socialistas valones han cargado contra De Wever por proteger “a toda costa” los grandes patrimonios cuando “hay margen para la justicia fiscal”, según recoge el diario Le Soir. También otras fuerzas como los liberales flamencos o el Partido de los Trabajadores de Bélgica, a la izquierda de los socialistas, se han mostrado muy críticas con la situación.

No es esta la primera vez que el Gobierno belga ha estado a punto de romperse, aunque ahora es la vez que más lejos ha llegado desde que se constituyó a comienzos de 2025. Los choques entre las fuerzas más conservadoras y las más progresistas del Ejecutivo ya se han dado antes. En agosto de 2025, el viceprimer ministro y ministro de Exteriores, Maxime Prévot, de Les Engagés, amenazó con una “grave crisis” de Gobierno, es decir, con provocar su caída, si De Wever no corregía el rumbo y ponía fin a su tibieza frente a Israel pese “a las violaciones de derechos humanos cometidas por el Gobierno israelí” de Benjamin Netanyahu.

EL PAÍS

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