Las venas abiertas siguen sangrando: Galeano en las calles de Roma contra el asalto imperial a Venezuela
Doris Theis*
El 3 de enero de 2026, Estados Unidos bombardeó Venezuela, asesinó a más de 80 personas y secuestró al presidente constitucional Nicolás Maduro Moros y a su esposa, la diputada Cilia Flores. Más de medio siglo antes, Eduardo Galeano había anticipado con precisión devastadora este acto de piratería imperial en Las venas abiertas de América Latina. Lo que ocurrió en Caracas no es una ruptura con la historia, sino su continuación más brutal.
Trump ha declarado que la intervención estadounidense en Venezuela «podría durar años». En reuniones con ejecutivos petroleros en la Casa Blanca, el presidente estadounidense se presentó como el nuevo administrador del petróleo venezolano, prometiendo «seguridad total» para que las compañías exploten las reservas más grandes del planeta.
Galeano lo había advertido en 1971: la economía norteamericana necesita los minerales de América Latina como los pulmones necesitan el aire. Describió cómo el lago de Maracaibo quedó atrapado «en el buche de los grandes buitres de metal». Esos buitres nunca se fueron. Solo esperaban el momento para volver a clavar sus garras.
El ataque del 3 de enero no comenzó ese día. La guerra híbrida contra Venezuela se inició en 2001, cuando la Ley Orgánica de Hidrocarburos limitó las ganancias de ExxonMobil y otros conglomerados. Dos décadas y media de sanciones, sabotajes, intentos de golpe y guerra económica culminaron en bombas reales cayendo sobre barrios civiles de Caracas.
La operación «Absolute Resolve» ensayada durante meses violó sistemáticamente todas las normas del derecho internacional: la Carta de la ONU, la Carta de la OEA, la prohibición del uso de la fuerza, el principio de no intervención, la inmunidad de jefes de Estado.
Edificios civiles fueron bombardeados. Murieron civiles venezolanos y también 32 guardias de seguridad cubanos que defendían el suelo venezolano. Maduro fue exhibido con los ojos vendados, como trofeo colonial, en las redes sociales de Trump.
La impunidad es total. No hay resoluciones de condena efectivas en la ONU ni en la OEA. Galeano había explicado por qué: esto no es impotencia del sistema internacional, sino demostración del «poder absoluto de tipo mafioso» que ejerce Estados Unidos en el mundo.
Trump amenaza ahora a la presidenta encargada Delcy Rodríguez: si no obedece, «correrá con la misma suerte de Maduro». Mientras tanto, barcos de guerra estadounidenses mantienen el bloqueo, robando petroleros venezolanos, asfixiando a un pueblo entero.
Roma: cuando Galeano habla en las calles
En medio de esta tragedia, algo significativo ocurrió en la ciudad de Roma. Se convocó una manifestación para denunciar el bombardeo estadounidense y exigir la liberación del presidente Maduro y de Cilia Flores y el respeto del Derecho Internacional. La solidaridad italiana con el pueblo venezolano se hizo presente en las calles.
Pero también aparecieron provocadores. Dos venezolanos apátridas celebraban —insólitamente— el bombardeo de su propio país. Respaldados por un grupo de personas agresivas italianas, que intentaban sabotear la manifestación y tergiversar las razones de la convocatoria. Uno de ellos amenazó con arrancar la bandera venezolana que ondeaba en la manifestación.
Fue entonces cuando uno de los compañeros, militante internacionalista italiano con años de compromiso con la Revolución Bolivariana, Aimone Spinola, intervino citando el libro de Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina. Spinola reaccionó con indignación legítima ante quienes festejaban la muerte de venezolanos y el secuestro de un presidente constitucional.
Lo que siguió es revelador del clima de guerra cultural que acompaña la agresión militar. El compañero Spinola ha sido objeto de una violenta campaña de odio en las redes sociales, con insultos y amenazas desproporcionadas contra él y su familia, simplemente por haber expresado una posición política clara, coherente y legítima en defensa del chavismo y del pueblo venezolano. Se ha querido legitimar la agresión a Venezuela utilizando una narración tergiversada de lo sucedido, y el episodio con el compañero Spinola ha sido citado, utilizado y manipulado incluso por altas autoridades italianas, silenciando el contenido de la gravísima agresión al Pueblo venezolano.
Varias realidades italianas manifestaron su indignación y solidaridad por lo sucedido, entre ellos el Comité Italia Venezuela Bolivariana que emitió un comunicado de solidaridad denunciando que «el clima político que acompaña la agresión fascista e imperialista contra el Venezuela y contra todos los pueblos que reivindican el derecho a la autodeterminación es el resultado de años de desinformación de los medios sometidos al imperio».
Este episodio tiene un significado profundo: incluso en Italia, la memoria de Galeano sigue viva para explicar lo inexplicable, para dar sentido histórico al horror presente. Y también revela cómo quienes defienden la soberanía de los pueblos son atacados con saña, mientras quienes aplauden bombardeos son presentados como «demócratas».
El patrón histórico que se repite
Galeano identificó el patrón con claridad: «Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta». Y explicó cómo esta especialización en la derrota es funcional al sistema: «Quienes ganaron, ganaron gracias a que nosotros perdimos».
En su libro, Galeano escribió que aparecen «los conquistadores en las carabelas y, cerca, los tecnócratas en los jets, Hernán Cortés y los infantes de marina». Hoy podríamos añadir: los F-35 bombardeando Caracas y Trump proclamándose administrador colonial del petróleo venezolano.
Venezuela no está siendo castigada por ser un régimen vinculado al narcotráfico y al Cartel de los Soles, que el propio Departamento de Justicia de los Estados Unidos acaba de afirmar que no existe. Una acusación tan falsa como las armas de destrucción masiva que justificaron la invasión de Irak. Venezuela está siendo castigada por nacionalizar su petróleo en 1976, por redistribuir su riqueza a través de las misiones bolivarianas, por atreverse a pensar que sus recursos naturales pertenecen a su pueblo.
La resistencia y la memoria como armas
El pueblo venezolano resiste. Delcy Rodríguez, rodeada de líderes militares, declaró: «Nunca seremos esclavos. Somos hijos e hijas de Bolívar». Maduro, desde su celda en Nueva York, se proclamó «prisionero de guerra». Y en las calles de Caracas, a pesar del terror, la gente continúa movilizada exigiendo el regreso del Presidente Nicolás Maduro y la Primera Combatiente Cilia Flores, secuestrados por el imperio estadounidense. El Pueblo venezolano intenta continuar con su vida cotidiana también como un acto de resistencia silenciosa.
En Roma, quienes defienden la causa bolivariana también resisten. Las amenazas y el odio en redes sociales no los silenciarán. Como señala el Comitato Italia Venezuela Bolivariana: «Continuaremos estando del lado de los pueblos que luchan por su autodeterminación. Estaremos siempre del lado de los compañeros cubanos y venezolanos».
Que en Roma, a miles de kilómetros de Caracas, alguien cite a Galeano para explicar esta tragedia es una forma de resistencia. Es la prueba de que la memoria histórica es un arma contra el olvido imperial. Es la confirmación de que las ideas de Galeano no eran literatura, sino análisis científico de un sistema que sigue operando con la misma lógica depredadora.
Las venas siguen abiertas, pero también la resistencia
Galeano cerró su libro de 1978 con una afirmación que resuena hoy con fuerza profética: «El sistema encuentra su paradigma en la inmutable sociedad de las hormigas. Por eso se lleva mal con la historia de los hombres, por lo mucho que cambia. Y porque en la historia de los hombres cada acto de destrucción encuentra su respuesta, tarde o temprano, en un acto de creación».
Las venas abiertas de América Latina no es un libro del pasado. Es un manual para entender el presente. Cada bombardeo sobre Venezuela, cada amenaza de Trump, cada barril de petróleo robado, cada vida segada confirma la vigencia absoluta del análisis de Galeano.
Las venas de América Latina siguen abiertas. Siguen sangrando. Pero mientras haya pueblos que resistan como el venezolano, mientras haya militantes internacionalistas como Aimone Spinola que no se callen ante la barbarie, mientras haya memoria que conecte la conquista de 1492 con el bombardeo de 2026, habrá esperanza.
Como cantaba Alí Primera «Vamos cumpa carajo, que para amanecer no hacen falta gallinas, sino cantar de gallos». El canto de los gallos venezolanos se oye todavía. Y desde Roma, desde Italia, desde cada rincón del mundo donde se defiende la dignidad de los pueblos, ese canto se multiplica.
*Doris Theis, politóloga, corresponsal para América Latina en asuntos vaticanos.
