La Comisión Europea anuncia un préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania, exigiendo que la mayor parte del gasto militar se destine a la compra de armamento dentro de la UE

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Bruselas condiciona la ayuda a Ucrania a que Kiev compre armas a Europa

La Comisión Europea aprobará este miércoles el préstamo de reparaciones de 90.000 millones acordado en diciembre, y estudia dar una ayuda a Groenlandia de 200 millones.

Europa empieza a enseñar las garras. Con timidez. Sin grandes alharacas, sin ataques directos a Estados Unidos, con la contención que ha caracterizado este primer año loco de trumpismo. Pero con intención: la Comisión Europea va a presentar este miércoles sus planes concretos sobre el préstamo de reparaciones por 90.000 millones de euros para Ucrania, aprobado en la cumbre europea agónica del pasado diciembre. Esas ayudas son una especie de revolución: el dinero se reunirá emitiendo eurobonos —por segunda vez en su historia, después de la pandemia— tras la negativa de Bélgica de usar los activos rusos congelados para financiar la ayuda a Kiev hasta 2027.

Según prevé el Ejecutivo europeo, la mayor parte del préstamo, 60.000 millones de euros, irá dirigido a gasto militar; los 30.000 millones restantes están destinados a ayuda civil, según un documento al que ha tenido acceso EL PAÍS.

La letra pequeña es lo más interesante, y va a provocar una mueca de disgusto en Washington: Kiev debe destinar el gasto en defensa a producir su propio armamento o a compras en las fábricas europeas; solo podrá acudir a terceros países, como Estados Unidos, cuando justifique que no puede encontrar armas parecidas en tiempo y forma en Europa.

Ucrania necesita con urgencia ese dinero. Sin él podría quedarse sin fondos tan pronto como en primavera, con consecuencias nefastas sobre el resultado de la guerra. Bruselas resuelve así lo importante, pero en la reunión del colegio de comisarios de este miércoles habrá también, previsiblemente, un capítulo reservado a lo urgente. Tras la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y las continuas amenazas sobre Groenlandia, el Ejecutivo comunitario que preside la alemana Ursula von der Leyen también prevé aprobar una propuesta de ayuda financiera para Groenlandia de 200 millones de euros.

La cifra parece modesta, pero se trata de un territorio con apenas 56.000 habitantes y este es un primer gesto, al que seguirán otras medidas. Los europeos estudian la manera de articular una coalición de países —aún está por ver si con o sin el respaldo de la OTAN— para anticiparse a posibles movimientos por parte de Washington. Pero liberar esos fondos tendría un simbolismo inequívoco, el mismo día en el que está prevista una reunión crucial en la capital estadounidense entre el Gobierno de Donald Trump y altos representantes de Groenlandia y Dinamarca.

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha calificado una vez más de “inaceptables” las amenazas del republicano de hacerse con el control de la isla ártica. Pero Trump ha reiterado en las últimas horas que “de alguna manera EE UU va a quedarse con Groenlandia”.

Ucrania y Groenlandia son parte de la misma jugada: tras Venezuela, la sacudida trumpista puede llegar a Europa si Estados Unidos abandona a su suerte a Kiev o decide replicar la intervención en Venezuela en suelo europeo, en territorio OTAN, a pesar de la posibilidad de dinamitar la Alianza Atlántica.

Ucrania sigue siendo un avispero ante los recientes avances de Rusia. Y ha provocado en las últimas semanas auténticos quebraderos de cabeza en las instituciones europeas: el no rotundo de Bélgica a usar los fondos rusos congelados, albergados en su mayor parte por la financiera Euroclear, con sede en Bruselas, obligó a los jefes de Estado y de Gobierno de la UE reunidos en diciembre a optar por la alternativa de emitir deuda conjunta para financiar las necesidades más inmediatas ucranias. Un acuerdo del que quedaron excluidos, por petición propia, los principales aliados de Moscú en territorio europeo: República Checa, Hungría y Eslovaquia.

Pese a todo, la UE quiso sacar pecho del acuerdo logrado: “Hemos cumplido con el compromiso de financiar a Ucrania para los próximos dos años con 90.000 millones de euros, y acordado que Ucrania solo devolverá ese dinero cuando Rusia pague por los daños causados por la guerra. Además, mantendremos inmovilizados los activos rusos hasta que Rusia pague”, declaró al término de la cita el presidente del Consejo Europeo, António Costa.

Tras ese acuerdo político cerrado en diciembre, faltaban los detalles del préstamo: eso es lo que se decide hoy en Bruselas, en la primera reunión a nivel de comisarios del año recién estrenado y con las agendas venezolana, groenlandesa e iraní al rojo vivo. Según las fuentes consultadas, el dinero se dará con condicionantes: ante todo, debe gastarse en Ucrania y en la UE. La única excepción es clara: si el bloque europeo no es capaz de proporcionar en un tiempo determinado material militar —por ejemplo un tanque cuya entrega vaya a tardar tres años—, ese material se podrá adquirir fuera de las fronteras comunitarias.

El dinero se utiliza principalmente para la industria de defensa de Ucrania y la UE, y para otros fines, y en terceros países, solo cuando Ucrania justifica el motivo, puntualizan las fuentes consultadas. Las compras del material made in Europe eran una demanda insistente de varios países, especialmente Francia.

EL PAÍS

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