Netanyahu viaja de urgencia a Washington para convencer a Trump de defender sus intereses ante Irán
El primer ministro israelí adelanta el encuentro para asegurarse de que el presidente de EE UU exija a Teherán limitar sus misiles balísticos y dejar de apoyar milicias en Oriente Próximo.
Sin gran fanfarria por parte estadounidense ni comparecencia de prensa conjunta, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se reunirá este miércoles en Washington con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con un tema principal sobre la mesa: Irán. Tanto que el encuentro estaba previsto para la próxima semana y Netanyahu insistió en adelantarlo después de que los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, se reuniesen en Omán con el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, en la primera ronda de un diálogo que ambas partes han acordado continuar (en medio de un amenazante despliegue militar en Oriente Próximo), aunque sin concretar fecha y lugar de la próxima ronda. Araghchi dijo entonces que las conversaciones se centraron exclusivamente en el programa nuclear iraní y Netanyahu vuela ahora de urgencia a Washington para asegurarse de que incluyan también ―y desde una posición de dureza― los otros temas que le benefician: la limitación de sus misiles balísticos y el fin del apoyo a milicias en la región.
Este martes, antes de subir al avión rumbo a EE UU, Netanyahu declaró a la prensa que presentará a Trump sus “perspectivas sobre los principios rectores de las negociaciones”. “En mi opinión, son importantes no solo para Israel, sino para cualquier persona en el mundo que busque la paz y la seguridad en Oriente Próximo”, añadió.
Será su séptimo encuentro cara a cara en los apenas 12 meses transcurridos desde que Trump regresó a la Casa Blanca. Muy por encima de cualquier otro dirigente mundial y sin contar el discurso que pronunció el republicano en octubre ante el Parlamento israelí, una iniciativa para adularlo por lograr el regreso de Gaza de los últimos 20 rehenes con vida, como inicio del alto el fuego. “Creo que esto refleja la cercanía única de la extraordinaria relación que tenemos con EE UU, que yo personalmente tengo con el presidente y que el Estado de Israel tiene con EE UU, algo sin precedentes en nuestra historia”, dijo Netanyahu antes de subirse al avión.
Netanyahu confía en esta química personal con Trump —ha llegado a decir que Israel quizás “no existiría hoy” si él no fuese primer ministro— para alejarlo de las tesis de Witkoff, más partidario de la negociación. Quiere aprovechar la debilidad del régimen de los ayatolás para asestarle el golpe definitivo, reforzando aún más el estatus de Israel como gran potencia regional sin contestación. Su apuesta es llegar a las elecciones de octubre con un cambio de régimen como colofón de su victoria contra el eje que lidera Teherán, tras destrozar Gaza y humillar a Hezbolá.
Consciente de lo que está en juego, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani, se ha referido a las declaraciones de Netanyahu antes de partir a Washington. Ha pedido a los estadounidenses “pensar con sensatez” y “no permitir” que el primer ministro israelí insinúe que él va a dictar el marco negociador. “Deben permanecer alerta ante el papel destructivo de los sionistas”, ha concluido su mensaje en la red social X.
Presión
Israel, el país con el ejército más potente de Oriente Próximo y armamento nuclear (un secreto a voces que nunca ha confirmado), solo se conformaría ya en la mesa de negociaciones con una suerte de capitulación iraní: que acepte restricciones de gran alcance a su programa nuclear, incluida la retirada del uranio enriquecido del país, y a su arsenal de misiles balísticos, en número y alcance. Aboga además por dar a Teherán un ultimátum de pocas semanas para aceptar sus condiciones, a diferencia de Witkoff y Kushner, más flexibles, según el diario Israel Hayom.
“Netanyahu ha asumido una misión muy difícil”, escribía este lunes en el diario Yediot Aharonot uno de los principales comentaristas políticos de Israel, Nahum Barnea. “Quiere que Trump actúe en contra de su instinto, de la visión de su movimiento y de los deseos de sus votantes, de la presión ejercida por sus socios en Oriente Próximo y de la información que ha recibido de sus enviados sobre el terreno. Los riesgos son evidentes y la gloria no está garantizada. Netanyahu insta a Trump a arriesgarse”.
Aunque Netanyahu y Trump están muy alineados en el tema iraní, el primero está directamente en contra de las actuales negociaciones. Lo ha explicitado este martes su ministro de Energía, Eli Cohen, en declaraciones a la radio militar: “Creo que uno de los mensajes importantes que se transmitirán en las conversaciones entre el primer ministro Netanyahu y el presidente Trump es que, al menos desde el punto de vista de Israel, basado en experiencias pasadas, las negociaciones con Irán no tienen sentido”.
En la primera ronda, y en un paso insólito, el comandante de las tropas estadounidenses en Oriente Próximo, el general Brad Cooper, formó parte de la delegación de EE UU. Su presencia representaba una aparente maniobra de presión ante Teherán, un recordatorio de que Washington despliega en aguas de la zona lo que Trump ha descrito como “una bonita Armada” que incluye el portaaviones Abraham Lincoln y sus destructores de escolta. Y que podría aumentar: el republicano ha asegurado al digital Axios que se plantea el envío de un segundo portaaviones si las conversaciones fracasan.
Además, el alto mando es un buen conocedor de la zona que puede aportar experiencia y conocimiento a un equipo negociador con un currículum especializado en la construcción inmobiliaria, no en las sutilezas diplomáticas ni los conocimientos de tecnología nuclear en los que sí es experto Aragchi.
Al término de aquella ronda, poco quedó claro. La buena señal fue que ambas partes siguen de acuerdo en continuar los contactos. La mala, que mantienen posiciones muy distantes. Y ni siquiera está claro qué se aborda. Trump aseguró que las negociaciones habían “empezado con buen pie” y los iraníes “están deseosos de llegar a un acuerdo”, aunque él no tiene “ninguna prisa” por cerrar un pacto. Por su parte, Aragchi hablaba de un “marco” para abrir conversaciones, no de que hubiera comenzado una negociación.
Entregar el uranio enriquecido
EE UU plantea que Irán entregue todo su uranio enriquecido, incluido el sepultado bajo los escombros de las instalaciones nucleares que bombardeó el pasado junio, en la guerra de 12 días a la que Israel se acabó sumando. Sobre todo, tiene interés en que ceda el que tiene enriquecido al 60%, cerca ya de la calidad necesaria para fabricar bombas. La semana pasada, el secretario de Estado, Marco Rubio, insistió en que las negociaciones deben incluir además el alcance de sus misiles, la retirada del apoyo a milicias como Hezbolá, en Líbano; la Yihad Islámica y Hamás, en Gaza; o los hutíes, en Yemen; y el trato a su población, a raíz de la sangrienta represión de las protestas.
Irán se muestra abierto a negociar sobre su programa nuclear, sobre el que ya alcanzó un acuerdo de limitación del que se retiró Trump en la primera legislatura, pero descarta de plano renunciar a su programa de misiles, que considera su última arma disuasoria contra Israel y parte de su soberanía nacional. “No es negociable, ni ahora ni en el futuro”, ha dicho Aragchi.
Por el momento, el modus operandi de EE UU recuerda al de los meses previos a su intervención en Venezuela, en los que combinó la negociación con el régimen de Nicolás Maduro con una presión económica cada vez más sofocante y una acumulación de poderío militar sin precedentes en décadas. A ese precedente se suma el convencimiento de la Administración republicana de que Irán se encuentra en su momento de mayor debilidad. Más las pérdidas que han sufrido sus milicias aliadas. Está, además, su querencia por golpear a Teherán: en 2020 ordenó el ataque que mató en Bagdad al poderoso general iraní Qasem Soleimani. Años más tarde, Trump dijo que “nunca olvidará” que Netanyahu lo “dejó tirado” al anular su participación en este asesinato la noche antes y “sin explicar por qué”.
“Trump cree que cada una de esas apuestas mereció la pena”, opinaba el analista Karim Sadjapour, del laboratorio de ideas CSIS, en una videoconferencia organizada por la revista Foreign Policy este martes. “Ahora piensa además que Irán está más debilitado que nunca, porque no controla su propio espacio aéreo. Así que, si ve que esas negociaciones no avanzan, la probabilidad de que emprenda acciones militares se vuelve más alta”.
