Nicaragua: los banqueros y la concentración de la riqueza
Oscar René Vargas *
La casualidad no es la ausencia de orden, sino la incapacidad humana para explicar las múltiples determinaciones que hay detrás de un acontecimiento sociopolítico o fenómeno económico.
Una de las características que define a la sociedad nicaragüense contemporánea es la brecha cada vez mayor entre ricos y pobres. La igualdad legal formal existe, aunque la desigualdad material es cada vez mayor. La desigualdad extrema, el trabajo precario y el poder corporativo han aumentado en la época del capitalismo de amiguetes en vez de disminuir.
El capitalismo de amiguetes genera tanto una fuerte insatisfacción como una enorme inestabilidad. Ocho de cada 10 hogares nicaragüenses no pudieron salir de la pobreza laboral en los últimos años debido a que enfrentan barreras educativas, de salud y problemas estructurales del mercado de trabajo. Esto significa que los ingresos del trabajo de la familia no alcanzan para cubrir el costo de la canasta básica del hogar.
De acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Información y Desarrollo (INIDE), al cierre del 2025, el salario mínimo promedio era de C$ 8,882.5 córdobas (equivalente a US$242.5 dólares), el salario promedio nacional era de C$13,754 córdobas (equivalente a US$375.5 dólares), el costo de la canasta básica de alimentos (23 productos) fue de C$14,777 córdobas (equivalente a US$403.5 dólares) y el valor de la canasta básica completa de 53 productos esenciales era C$20,821 córdobas (equivalente a US$568.5 dólares).
La situación de desigualdad del país se explica en parte porque el retorno del capital (por ejemplo, las ganancias de los banqueros), ha crecido más rápido que la economía en su conjunto y ha acelerado la concentración de riqueza en pocas manos. La economía se ha caracterizado por una tasa de retorno del capital de los empresarios millonarios mayor que la tasa de crecimiento de la economía en su conjunto.
De acuerdo al Fondo Monetario Internacional (FMI), el Producto Interno Bruto (PIB) nominal (a precios corrientes) de Nicaragua es de US$20,689 millones de dólares en el 2025, con una tasa de crecimiento de 3.4% y el PIB per cápita (con una población de 7.0 millones de habitantes) fue de US$2,953 dólares en el 2025. Sin embargo, el Banco Central de Nicaragua (BCN) estima que el PIB crecerá en un rango entre el 3.5% y el 4.5% en 2025.
De acuerdo al Banco Central de Nicaragua (BCN), en el 2025, las exportaciones alcanzaron los US$8,908.9 millones de dólares y las importaciones fueron US$11,399.5 millones de dólares. Por lo tanto, el país registró un déficit comercial de US$ 2,490.6 millones de dólares, equivalente al 12.6% del PIB.
El crecimiento de la economía nicaragüense en el 2025 resultó modesto, por debajo de lo que necesitamos, por debajo de lo que requerimos. Al cierre del año 2025, 80% de la población (alrededor de 5.6 millones de personas) no podía adquirir una canasta básica con los ingresos que reciben en su hogar, sobre todo porque la gran mayoría de la población económicamente activa que tienen trabajo formal siguen padeciendo pobreza laboral. Es decir, que el ingreso fruto de su trabajo es insuficiente para adquirir la canasta básica.
Paralelamente, en 2025, la riqueza de los banqueros de Nicaragua creció en 7.5% más rápido que el crecimiento de PIB, lo que nos indica que el proceso de concentración de la riqueza continúa en detrimento de los otros sectores económicos y de la población en general. Los ricos nunca habían sido tantos ni tan ricos como hoy.
El auge de las oligarquías (nueva y tradicional) impacta negativamente en la sociedad nicaragüense. Por ejemplo, la riqueza conjunta de los banqueros, que poseen miles de millones de dólares, creció en más de US$1,014.06 millones de dólares acumulados entre el 2018 y el 2025. Tal concentración responde, en parte, a que la economía se ha caracterizado por una tasa de retorno del capital de los banqueros significativamente mayor al avance que tiene la economía de la nación en su conjunto.
La fortuna de los millonarios nicaragüenses se incrementó en los últimos años, no por mérito individual, sino por un modelo económico injusto, el capitalismo de amiguetes, que depende del trabajo de millones de personas y de los recursos de todo el territorio nacional, pero que distribuye sus beneficios entre muy pocos. Así, la desigualdad en el país no es un accidente, ni un fenómeno natural, sino es el resultado de decisiones políticas públicas del régimen Ortega-Murillo.
Los millonarios se enriquecen a costa del tiempo de trabajo de los trabajadores, del tiempo libre de la gente (vacaciones y distracciones), de la precariedad laboral y de la incertidumbre de millones de personas. El régimen no solo extiende la carga horaria, con menos indemnizaciones y facilidades para el despido. La política económica rebaja los salarios reales, no moderniza, ni alienta la inversión productiva. Tan solo propicia la generalización de la informalidad.
El poder económico de “los de arriba” producto de la alianza del gran capital, la “chayo burguesía” y los banqueros han tomado el control político para impulsar agendas políticas económicas regresivas que benefician a un puñado de magnates.
Este poder económico se convirtió inevitablemente en poder político. Los millonarios acceden a los espacios de decisión, influyen en políticas públicas y heredan su poder dentro de dinastías empresariales sin legitimidad democrática; y en ese sentido también han orientado los nichos en los que se invierte.
Mientras más de la mitad de la población vive en condiciones de pobreza al recibir ingresos de menos de US$2.3 dólares al día (equivalente a C$84.5 córdobas diarios) y un tercio de la población padecen hambre moderada o grave, el problema ya no se limita al poder de mercado de los magnates y sus empresas ni en la creciente desigualdad, sino en la toma del poder político que legitima las agendas económicas regresivas para la mayoría de la población.
Esta concentración extrema de riqueza en el país convive con 2.4 millones de personas sin acceso a una alimentación nutritiva y de calidad; 5.6 millones con carencias sociales o ingresos por debajo de la línea de bienestar y millones de mujeres que dedican al menos una jornada completa al trabajo de cuidados no remunerado.
La desigualdad económica socava la actividad económica y limita la reducción de la pobreza, erosiona la democracia y la cohesión social y debilita la capacidad colectiva para enfrentar la crisis sociopolítica en curso. Cuando la riqueza se concentra, también lo hace el poder de decidir qué, cómo y en qué condiciones funciona la economía.
La expansión del fenómeno de la informalidad en Nicaragua dirige al mercado laboral hacia una fase de debilidad estructural de la economía. La informalidad en el país es el gran reto para el mercado laboral y para la economía, pues más 4.5 millones de personas trabajaron en condiciones informales al cierre de diciembre de 2025. El desempleo, la calidad del empleo y la informalidad continúan siendo el gran desafío estructural.
La generación de empleo, como la pérdida de patrones en el INSS, debido a que se tiene una menor capacidad futura de generación de plazas laborales formales. El menor dinamismo empresarial y el cambio estructural del empleo, que es tan preocupante, que es el aumento de la economía informal. Por ejemplo, en las zonas francas, entre julio de 2022 a diciembre de 2025 han cerrado 18 empresas pasando de 187 a 169 empresas y han perdido sus empleos 35,051 trabajadores al pasar de 140,866 a 105,815 trabajadores.
Nicaragua es uno de los países más desiguales y corruptos del mundo, y esto responde al modelo del capitalismo de amiguetes que por años ha beneficiado la rentabilidad del capital en detrimento del bienestar público. De acuerdo a la publicación de Transparencia Internacional titulada “Índice de Percepción de la Corrupción 2026”, Nicaragua es el país más corrupto de Centroamérica y el segundo de América Latina y el Caribe, evidenciando un proceso de deterioro por la existencia de instituciones fallidas y cooptadas por el régimen dominado por una mafia en el poder.
Frente a una política económica que explota y roba tiempo a las personas trabajadoras, subsidia a los poderes fácticos empresariales y políticos, que permite la acumulación de la riqueza y la concentración de oportunidades, es necesario cambiar el sistema político para garantizar los derechos de los trabajadores e impulsar una política social más distributiva. La decisión clave para lograr la justicia económica en el corto plazo es establecer un gobierno favorable a la movilización democrática de la inversión social e institucionales que promueva una política económica renovada.
Al mismo tiempo, Nicaragua se ha transformado en un país desgarrado por la fuga de cerebros (alta migración producto de la represión y las faltas de perspectivas laborales), por la desfinanciación de las universidades, la congelación y/o desmantelamiento de la mayoría de los beneficios o recorte presupuestario en salud y educación.
Por ejemplo, la partida presupuestaria para el Ministerio de Educación para el 2026 fue C$19,047 millones de córdobas, mientras que en el 2025 fue de C$18,642 millones de córdobas equivalente a un incremento del 2.17%. Mientras que el presupuesto de la Policía, en el mismo período, se incrementa en un 12.1% y en un 25.46% el presupuesto del Ejército. El régimen se alimenta de maquillajes y gestiona con puras mentiras.
El modelo actual, el capitalismo de amiguetes, es insostenible porque funciona con un incremento anual de endeudamiento (deudas) para pagar más deudas, que ya están en el nivel más alto de la historia reciente, con una porción significativa de vencimientos en los próximos meses. La deuda externa total alcanzó los US$16,139.3 millones de dólares a septiembre de 2025, lo que representa el 81.9% del PIB, según los datos del Banco Central de Nicaragua. En tanto, el servicio de la deuda externa fue de US$781.2 millones de dólares a septiembre de 2025 superior a la inversión en educación o salud.
¿Pero qué ocurre en la cúpula del poder real? Por un lado, el establishment le permite todo a Ortega-Murillo, la crema innata de los poderes fácticos y del círculo íntimo lo apoya porque ellos mismos se benefician. Por eso los grandes capitalistas adoptan y aceptan el modelo económico-político del régimen.
Sin embargo, el régimen mantiene solamente una base social estrecha, pero muy fanaticada. Gestiona, además, un gobierno con inédito grado de corrupción. Pero la acción represiva tiende a generar respuestas de otro alcance, porque tarde o temprano los pueblos explotan. Ya que la economía no repunta y no hay inversiones productivas importantes. El gobierno afronta una hemorragia permanente de funcionarios y no tiene la solidez de una gestión eficaz, en un marco internacional muy alejado a la neutralidad de las décadas anteriores.
De acuerdo con las informaciones conocidas, los 15 magnates más acaudalados del país concentran más riqueza que la mitad más pobre de la población, es decir, más de 3.5 millones de personas. Más allá de la desigualdad, las oligarquías (nueva y vieja) siguen promoviendo manera abierta políticas económicas regresivas
Las personas más ricas del país han construido su poder político principalmente de tres formas: comprando apoyo, legitimando el poder del régimen y garantizando un acceso a las instituciones que determinan las políticas públicas.
Este desequilibrio perpetúa a las élites que compran influencia política y reproducen la desigualdad por generaciones, condicionando decisiones públicas y limitando los recursos en beneficio de las mayorías empobrecidas, alimentando un ciclo de concentración que sostiene y reproduce la desigualdad.
En los últimos años, la riqueza sumada de los banqueros ha aumentado en millones de dólares cada mes, en los últimos 96 meses (entre el 2018 al 2025 equivalente a 2,112 meses) han acumulado ganancias por US$10.56 millones de dólares por mes. En contraste, de acuerdo al Presupuesto General de la República 2026, el salario promedio de un maestro es de US$294.52 dólares mensuales (US$3,534.34 dólares al año). Puesto de otra manera, un maestro necesitaría 2,987 años para ganar lo que los banqueros obtienen en un mes.
Mientras el país se enfila a otra década perdida en términos de reducción de la pobreza, hambre y reducción de la desigualdad, como ha advertido la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL): sin embargo, para los millonarios ha sido una “década dorada”. En los últimos años, la riqueza conjunta de los banqueros magnates creció más de dos veces más rápido que el PIB promedio que avanzó la economía. Es decir, se ha consolidado una élite cuya prosperidad avanza al margen y a costa del resto de la sociedad.
* Sociólogo, economista y analista político nicaragüense. Ex preso político. Autor y coautor de 59 libros. Su libro más reciente se llama: ¿Jaque Mate? Nicaragua 2025-2026 publicado en julio de 2025.
