Brasil incorpora el Hip Hop en las escuelas públicas como política educativa
Por Gabriel «Rulock» Pineda
El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva lanzó la Escuela Nacional de Hip-Hop H2E, una iniciativa que busca integrar la cultura Hip Hop en el sistema educativo como herramienta pedagógica, fortalecer la enseñanza de las identidades afrodescendientes e indígenas y reducir las desigualdades desde el aula.
El Hip Hop pasa a estar en el centro de las miradas una vez más, en esta ocasión para ser protagonista de un proyecto que se propone potenciar una de sus aristas principales, ser un transformador social.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, junto al ministro de Educación Camilo Santana, anunciaron el pasado 31 de marzo la Escuela Nacional de Hip-Hop H2E, una iniciativa que busca incorporar el Hip Hop como herramienta pedagógica dentro de las escuelas públicas del país. El anuncio forma parte de una política impulsada por el Ministerio de Educación, que contará con una inversión de 50 millones de reales en los próximos dos años.
El programa tiene como eje central integrar la cultura Hip Hop en los procesos educativos, como herramienta de aprendizaje, formación crítica y construcción de identidad. La propuesta apunta a fortalecer la implementación de las leyes 10.639 y 11.645, que establecen la enseñanza obligatoria de la historia y cultura afrobrasileña, africana e indígena en la educación básica. En palabras de Lula: “Porque la élite brasileña no quería que la gente pudiera estudiar. Nacías para trabajar; estudiar era para los ricos. Y por eso somos un país atrasado”, afirmó durante la presentación, denunciando el trasfondo histórico marcado por el racismo entrelazado con otras opresiones en el acceso a la educación.
Desde el gobierno señalan que buscan impulsar una innovación curricular que ponga en valor la cultura Hip Hop, movimiento popular de fuerte identificación y con una larga tradición en el país, al mismo tiempo que promueve la formación docente continua incorporando conocimiento y conectando con los estudiantes desde un lugar más cercano. Entre sus objetivos también se encuentran fomentar el liderazgo juvenil y reducir las desigualdades educativas.
“Estamos reduciendo esa brecha para decirles que no hay vuelta atrás”, agregó el presidente, reforzando el carácter estructural de la medida. El programa propone acompañar a las instituciones educativas en la incorporación del Hip Hop como herramienta didáctica, fortalecer la formación de docentes y generar un puente entre los saberes populares, tradicionales y el conocimiento académico dentro de los contenidos escolares.
En el mismo evento, el gobierno presentó datos actualizados del programa Programa Universidad para Todos (Prouni), que en sus 21 años de funcionamiento registró 27,1 millones de postulaciones, otorgó 7,7 millones de becas y permitió la graduación de aproximadamente 1,5 millones de estudiantes. Por otra parte, compartieron también cifras sobre la Ley de Cuotas, que en 14 años posibilitó el acceso de cerca de 2 millones de estudiantes a la educación superior, a través de distintos sistemas de ingreso y financiamiento.
Lo que está pasando en Brasil no es menor. No se trata solamente de sumar una disciplina artística al aula, sino de reconocer al Hip Hop como una herramienta de construcción de conocimiento, reafirmación de identidad y promoción de pensamiento crítico. Cuando un Estado decide invertir en una política como esta, está diciendo algo muy claro: que los saberes que nacen desde los sectores populares, en las periferias, en las comunidades negras e indígenas, son de un conocimiento y una funcionalidad que valen la pena incorporar. Que no todo pasa por la academia tradicional, y que hay otras formas de aprender, de enseñar y de entender el mundo.
El Hip Hop, históricamente, fue mucho más que música o baile. Fue denuncia, fue organización, fue comunidad. Fue una forma de narrar lo que muchos sistemas educativos omitieron durante décadas y un espacio que cuestionó incluso las instituciones. Por eso, llevarlo a la escuela no es “modernizar” la educación: es disputar qué historias se cuentan y desde dónde. En este contexto, la decisión del gobierno de Lula también dialoga con una deuda histórica en América Latina: la de incorporar de manera real las perspectivas afrodescendientes e indígenas en los contenidos educativos, no como algo decorativo, sino como parte estructural.
Y acá es donde la pregunta se vuelve inevitable: ¿qué pasa en nuestros territorios? ¿Qué lugar ocupan estas culturas en nuestras escuelas? ¿Quiénes son reconocidos como portadores de conocimiento? Pensar el Hip Hop dentro de la educación no es solo pensar en arte. Es pensar en acceso, en representación, en identidad y sobre todo en un futuro que tenga un horizonte de transformación social.
*Artista y activista antirracista afroargentino de DIAFAR.
