Entre Jerusalén y el FMI: Argentina como enclave en la guerra del eje Estados Unidos – Israel – Por Emilia Trabucco

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Entre Jerusalén y el FMI: Argentina como enclave en la guerra del eje Estados Unidos – Israel

*Por Emilia Trabucco

El viaje del presidente Javier Milei a Israel, iniciado el 19 de abril, ordena con claridad la política exterior argentina en el escenario de guerra. Milei llegó a Jerusalén en medio de la profundización de la ofensiva de Israel y Estados Unidos en Asia Occidental. La agenda incluye visitas al Muro de los Lamentos, reuniones con el Primer Ministro Benjamin Netanyahu y el presidente Isaac Herzog y participación de los actos del Día de la Independencia israelí. En ese marco recibió la Medalla Presidencial de Honor, la máxima distinción civil del Estado de Israel, otorgada por su “apoyo inequívoco” y por haber convertido a la Argentina en un “aliado clave”.

El comunicado de la Presidencia israelí fue más allá: señaló que Milei es el primer líder extranjero en encender una antorcha en la ceremonia oficial y que la visita incluía la inauguración de la embajada argentina en Jerusalén, aunque Milei dijo que se realizará “cuando estén dadas las condiciones”. La agenda incluyó además la apertura de una vía aérea directa Buenos Aires-Tel Aviv, y la firma de los “acuerdos de Isaac”, que busca “profundizar las relaciones entre Israel y los países latinoamericanos en distintos frentes: diplomático, comercial, cultural y estratégico”. El eje central del acuerdo es la seguridad, “sumando esfuerzos contra el terrorismo, el antisemitismo y el narcotráfico” y la “cooperación en inteligencia artificial”. Todo esto ocurre mientras el ente sionista sigue perpetrando el genocidio en Palestina y expande sus crímenes a escala regional.

La comitiva argentina incluyó a Karina Milei, secretaria general de la Presidencia; Pablo Quirno, a cargo de la agenda exterior en esta gira; y Juan Bautista Mahiques, ministro de Justicia, incorporando al viaje la dimensión judicial y de seguridad. A ese núcleo se suma una figura central, el embajador en Israel Axel Wahnish. Rabino de confianza y guía espiritual de Milei, Wahnish fue designado desde el inicio del gobierno como pieza orgánica del vínculo con Israel.

Wahnish viene impulsando una agenda que excede la diplomacia. La Cámara de Comercio Argentino-Israelí, presidida por Mario Montoto, lo recibió como parte de la expansión de oportunidades de negocios. La Cámara organiza desde 2025 encuentros empresariales, rondas de inversión y misiones en tecnología, defensa e innovación. En noviembre de ese año coordinó actividades con la Embajada de Israel para fortalecer vínculos en tecnología. En enero de 2026 promovió encuentros entre empresas de Argentina, Uruguay e Israel. La relación combina diplomacia, seguridad, innovación y negocios.

En ese marco, según trascendió en medios, el gobierno habría acordado la apertura de una línea de crédito por 150 millones de dólares a través de la aseguradora estatal israelí ASHRA. Se trata de un instrumento atado a la participación de empresas israelíes en proyectos específicos, que condiciona el destino de esos fondos a la expansión de sus negocios en sectores estratégicos. Este tipo de líneas, además, suele anunciarse como parte de la agenda política bilateral, pero no siempre se traduce en desembolsos efectivos, reforzando su carácter de herramienta de inserción económica antes que de asistencia financiera.

El entramado económico incluye otros actores con peso directo en la articulación entre finanzas, tecnología y política. Entre ellos, Eduardo Elsztain (IRSA), uno de los principales aportantes de Milei y figura central en la red Endeavor, que conecta empresarios locales con capitales internacionales y tiene presencia en más de 60 países. En ese mismo circuito aparece Marcos Galperín (Mercadolibre), integrante de Endeavor y vinculado a redes empresariales y financieras que articulan con el ecosistema tecnológico israelí y estadounidense. A esto se suma la presencia de Mekorot en la Argentina, involucrada en proyectos vinculados a la gestión del agua, un bien común crítico en la disputa por infraestructura y control territorial.

En febrero de 2024 Milei realizó su primer viaje a Israel, visitó el Muro de los Lamentos y se reunió con los rabinos principales, acompañado por Wahnish. En junio de 2024 el rabino asumió formalmente como embajador. En junio de 2025, durante una nueva visita, Milei anunció el traslado de la embajada a Jerusalén Occidental para 2026 y firmó el Memorándum de Libertad y Democracia en Combate del Terrorismo y el Antisemitismo. La Presidencia lo presentó como base para profundizar la cooperación bilateral, incluida la dimensión de defensa. Este tercer viaje profundiza esa línea en el momento de mayor tensión regional.

La guerra aceleró el proceso. El 28 de febrero de 2026, tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, el gobierno elevó el nivel de seguridad a “alto” en todo el país. El 9 de marzo, en la Universidad Yeshiva de Nueva York, Milei afirmó: “Soy el presidente más sionista del mundo”. En la misma intervención sostuvo que la Argentina tiene una “alianza estratégica con Estados Unidos e Israel” y que “somos enemigos de Irán” porque “nos han metido dos bombas, una en la AMIA y otra en la Embajada de Israel”, acusación infundada. La definición fija una línea de Estado.

Las decisiones siguieron ese discurso. El 1 de abril Argentina declaró a la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista. El 2 de abril expulsó al encargado de negocios iraní, Mohsen Tehrani, tras declararlo persona non grata. Irán acusó a Milei y a Pablo Quirno de ser “cómplices de ataques militares” sobre su territorio. El Ministerio de Exteriores iraní calificó la decisión como “no convencional e ilegal”; el Tehran Times sostuvo que Milei cruzó una “línea roja”. La reacción iraní fue directa y colocó a la Argentina dentro del escenario de confrontación.

El frente securitario interno acompaña esta orientación. El 16 de abril se inauguró el Centro Nacional Antiterrorismo bajo la órbita de la SIDE, con presencia de autoridades del FBI y del embajador estadounidense Peter Lamelas. El organismo coordina inteligencia, articula agencias estatales y establece cooperación internacional. Se activa en paralelo a la escalada diplomática y al viaje presidencial y consolida una arquitectura de seguridad subordinada a los dispositivos de inteligencia y defensa de Estados Unidos y el eje de poder occidental.

El cuadro se completa con la dimensión económica. El 15 de abril el FMI aprobó la segunda revisión del acuerdo con Argentina y habilitó un desembolso de 1.000 millones de dólares dentro del programa de 20.000 millones, a pesar de que Argentina sigue incumpliendo las metas del propio organismo. El FMI proyectó una inflación de 30,4% para 2026 y reacomodó las metas de crecimiento a la baja, ubicándola en un 3,5%.

En marzo la inflación fue de 3,4% mensual y 32,6% interanual. Los combustibles aumentaron alrededor de 15% desde fines de febrero y en el agro, la guerra que el gobierno argentino respalda políticamente impactó con fuerza. La urea pasó de 500 a 1.000 dólares por tonelada, afectando la campaña de trigo. La caída del consumo y la presión sobre salarios se profundizan. En ese contexto, el viaje generó críticas en redes sociales y en medios, señalando la distancia entre la agenda internacional y la crisis interna. Ese deterioro económico se inscribe en la misma lógica de inserción subordinada en la que se reorganiza la política exterior y de seguridad, que se vincula con la estrategia hemisférica de Estados Unidos. 

La Estrategia de Defensa Nacional 2026 plantea restaurar la dominación militar estadounidense en el hemisferio occidental y asegurar el acceso a territorios clave en toda la región. SOUTHCOM, en su informe de postura de marzo, define prioridades concretas: no ceder acceso ni influencia sobre territorios clave, garantizar el control del Canal de Panamá y disputar infraestructura crítica, puertos, minerales y bases espaciales. En ese marco, Argentina es configurada como enclave de provisión de recursos estratégicos bajo subordinación a la estrategia estadounidense en el hemisferio.

Los hechos materiales refuerzan esa posición. El 4 de febrero de 2026 Argentina firmó con Estados Unidos un acuerdo sobre minerales críticos, incluyendo litio y cobre. El 27 de febrero el Senado aprobó la reforma de la ley de glaciares para facilitar inversiones mineras. El esquema articula apertura regulatoria, extracción de recursos estratégicos, tutela financiera del FMI y subordinación geopolítica, configurando una inserción dependiente en la economía de guerra del bloque Estados Unidos–Israel.

La política exterior argentina abandona así la neutralidad relativa frente a conflictos extrahemisféricos y asume una inserción directa en el dispositivo de poder que articula a Estados Unidos e Israel en la región. Esa definición reorganiza la política de seguridad, condiciona las decisiones económicas y redefine los vínculos internacionales del país. Argentina queda inscripta como pieza funcional en la estrategia de guerra del bloque occidental, como proveedor de recursos estratégicos, habilitando condiciones para la expansión de capitales y ajustando su arquitectura estatal a los requerimientos de ese esquema. Este desplazamiento se produce en simultáneo con el deterioro de las condiciones de vida, la presión inflacionaria y la caída del consumo. La subordinación externa y la crisis interna avanzan en el mismo movimiento.

Psicóloga, Magíster en Seguridad. Directora de NODAL. Analista del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE) en Argentina.

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