Peter Thiel y su vínculo con el boom de las AgTech en la región – Por Carolina Sturniolo y Bruno Ceschín
Peter Thiel y su vínculo con el boom de las AgTech en la región
Por Carolina Sturniolo y Bruno Ceschín
La nueva fase del capitalismo, marcada por la financiarización y la digitalización, ha penetrado en uno de los ámbitos más sensibles para la humanidad: la producción de agroalimentos. En este terreno, lo real, lo virtual y lo biológico se entrelazan a través del conocimiento estratégico, que hoy pesa más que los capitales tangibles. La digitalización y virtualización del agro —a partir del big data, la inteligencia artificial y las redes 5G y 6G— generan un salto estructural basado en la instantaneidad de la información. Al mismo tiempo, el manejo de las biotecnologías y nanotecnologías revoluciona el componente biológico con técnicas como la clonación, la edición génica, la genómica y el uso del universo microbiano, extendiendo los límites de la producción hasta permitir incluso producir carne sin tierra cultivada ni animales. Por su parte, la robotización, la agricultura de precisión y los drones automatizan las tareas productivas, liberando tiempo de trabajo o especializándolo en el manejo de datos y la toma de decisiones. Lo que está en juego no es únicamente qué comemos, sino quién controla, decide y se beneficia de esa producción. Bajo esta lógica, un kilo de arroz, una hamburguesa de laboratorio o una barra energética funcional se parecen más a un bono bursátil que a un bien esencial para la supervivencia.
La irrupción de las AgTech en América Latina y el Caribe marca así un cambio profundo en la producción de alimentos. El agro, históricamente asociado a la tierra y al trabajo manual, se convierte hoy en un laboratorio de biotecnología, big data y capital financiero. El boom de inversiones en startups agroalimentarias revela tanto el dinamismo de la región como la creciente influencia de actores globales, entre ellos Peter Thiel, magnate tecnológico y referente de los aceleracionistas de derecha, que ven en el agro y en las condiciones extraordinarias que ofrece la región un terreno estratégico para desplegar su agenda de control digital y político.
En los últimos cinco años, la inversión de capital de riesgo en biotecnología agrícola en la región creció más de un 2000 %. Brasil y Argentina lideran un ecosistema de entre 600 y 700 startups activas, con un financiamiento acumulado superior a los USD 7000 millones desde 2018. El mercado de agricultura de precisión alcanzó los USD 1097 millones en 2023 y podría duplicarse antes de 2030. Los drones agrícolas ya mueven USD 236 millones y los robots agrícolas, valuados en USD 8290 millones, podrían triplicarse en una década. La magnitud de estas cifras muestra que el agro latinoamericano dejó de ser un sector tradicional dominado por las élites locales para convertirse en un nodo de innovación global, ligado a una nueva aristocracia financiera y tecnológica.
El mapa de inversiones es diverso. Fondos como Bossa Invest, en Brasil, financian carne cultivada y pescados de laboratorio. Semillero Partners, en Puerto Rico, apuesta por derivados de la yaca como sustituto cárnico. Inversiones Enfini respalda a Aleph Farms y UPSIDE Foods, pioneras en agricultura celular. Corporaciones tradicionales como Grupo Lala, en México, se expanden mediante adquisiciones millonarias. El caso de Gridx, con 81 startups en su portafolio y presencia en siete países, muestra cómo la ciencia pública se transforma en capital privado: investigaciones financiadas por universidades e institutos estatales terminan convertidas en propiedad intelectual de empresas emergentes.
En este escenario aparece Peter Thiel, cofundador de Palantir Technologies y figura central del capitalismo de vigilancia. Su visión libertaria y neorreaccionaria defiende monopolios tecnológicos y jerarquías verticales. Thiel invierte en startups que rediseñan la cadena proteica y digitalizan el agro. Algunas de esas empresas son Halter, con collares solares para ganadería digital; Eat Just, con huevo vegetal y carne cultivada; Hoxton Farms, con grasa biofabricada; y Phylagen, que desarrolla trazabilidad del microbioma. Su estrategia no se centra en semillas o fertilizantes, como ocurre con otras empresas líderes del sector que controlan cadenas agrícolas, sino en controlar el desarrollo de proteínas de distinto origen y la manipulación de la big data. En Argentina, su vínculo con el “círculo rojo digital” —Galperín, Migoya, Oxenford y Elsztain— conecta capital local con redes globales y con el proyecto político del presidente Javier Milei, orientado a transformar al país en una plataforma tecnológica sin inclusión social.
La pregunta de fondo es quién controla y se beneficia de esta transformación. Hacia dónde nos dirigimos al poner el desarrollo tecnológico en función de la acumulación privada. Frente a esta aristocracia financiera y tecnológica, que ostenta la mayor concentración de riquezas que haya visto la humanidad, no alcanza solo con sospechar. Es necesario tensionar un programa productivo, sustentable y latinoamericano que conecte los desarrollos científicos locales en verdaderos nodos de innovación, articulados a nivel regional en una red de polos científicos y tecnológicos, donde la inversión pública y la investigación y el desarrollo se nutran de los saberes populares y ancestrales para socializar ese conocimiento colectivo en pos de la construcción del devenir nuestroamericano. Fortalecer la soberanía tecnológica y la investigación pública con modelos productivos sustentables y regionales es parte central de esa disputa.
América Latina y el Caribe se encuentran en una encrucijada. Pueden convertirse en una vanguardia tecnológica, liderando mercados de precisión, drones y biotecnología. O pueden quedar atrapados en un neocolonialismo digital, donde la soberanía se reduzca a una variable disponible para la acumulación global. El desafío es construir un modelo que combine innovación con justicia social, conocimiento con soberanía y tecnología con integración regional. El futuro del agro no depende solo de lo que comemos, sino de quién decide cómo se produce y con qué fines.
Si querés saber más sobre esto, mirá el programa completo acá:
