A setenta y ocho años de la Nakba, continúa el genocidio y también la lucha – Por Lucas Aguilera y Paula Giménez

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A setenta y ocho años de la Nakba, continúa el genocidio y también la lucha

Por Lucas Aguilera y Paula Giménez*

El Día de la Nakba encuentra este 2026 a Palestina atravesando una nueva etapa de desplazamiento, destrucción y crisis humanitaria en la Franja de Gaza. Mientras en distintas ciudades del mundo se realizan movilizaciones y actos en memoria de la expulsión del pueblo palestino en 1948, el presente marca la continuidad histórica de aquella catástrofe. El genocidio israelí sobre Palestina representa la prolongación de un proceso iniciado hace casi ocho décadas.

El 15 de mayo de 1948 comenzó la Nakba, tan solo un día después de la proclamación de la “independencia” del Estado de Israel. La catástrofe palestina marcó el inicio de un proceso de desplazamiento forzado y masacres sobre todo un pueblo, tras la imposición de la creación del Estado israelí en ese territorio. Aquello constituyó una de las mayores manchas en la historia de la Organización de Naciones Unidas, que impulsó el plan de partición sobre una Palestina que, desde el final de la Primera Guerra Mundial, permanecía bajo ocupación colonial del Imperio Británico.

Miles de personas fueron asesinadas y unas setecientas cincuenta mil personas fueron expulsadas de sus hogares y obligadas a refugiarse en países de Asia Occidental como Líbano, Jordania y Siria, lo que representó un 75% de su población. Hoy, buena parte de los descendientes de aquellos refugiados sobreviven precisamente en Gaza, el territorio que hoy concentra gran parte del accionar genocida israelí y la crisis humanitaria regional.

La Nakba, palabra árabe que significa “catástrofe”, dejó una marca permanente en la identidad palestina. Pueblos enteros fueron destruidos o despoblados durante los enfrentamientos de 1948. Grupos armados sionistas como el Irgun, Haganá y la Banda Stern participaron en ataques y masacres que impusieron una lógica de terror y muerte, muy bien descrita por el historiador israelí antisionista Ilan Pappé en su libro “la limpieza étnica en Palestina”.  Todo este recuento sirve como advertencia para comprender que los horrores sionistas no comenzaron en octubre de 2023, fecha a partir de la cual Palestina atraviesa un proceso de devastación que afecta a toda la estructura social del territorio. Más del ochenta por ciento de las construcciones fueron dañadas o destruidas. Hospitales, escuelas, universidades y viviendas quedaron reducidos a escombros. La imagen aérea de Gaza muestra barrios enteros arrasados y ciudades completas desaparecidas.

La situación humanitaria golpea especialmente a quienes descienden de las familias desplazadas en 1948. Gran parte de la población gazatí proviene de aquellos refugiados de la primera Nakba que hoy vuelven a vivir desplazamientos internos permanentes, pérdida de viviendas y falta de acceso a servicios básicos. Organismos internacionales informaron que tan solo el cuatro por ciento de las tierras cultivables siguen utilizándose y que el bloqueo israelí también restringe el acceso al mar Mediterráneo.

La destrucción del sistema de salud refleja la dimensión del conflicto. La Organización Mundial de la Salud informó que la mayoría de los hospitales de Gaza quedaron fuera de servicio o trabajan con capacidad mínima. El hospital Al-Shifa, ubicado en Ciudad de Gaza y considerado el principal complejo médico del territorio, opera parcialmente luego de sufrir graves daños. Otros centros, como el Hospital Europeo de Gaza en Jan Yunis o el hospital Al-Awda, enfrentan cortes eléctricos, falta de combustible y escasez de medicamentos.

El sistema educativo también colapsó. Más de dos mil trescientos centros educativos fueron destruidos o dañados. Cerca de seiscientos cincuenta mil niños y jóvenes permanecen fuera de las aulas por segundo año consecutivo. Varias escuelas administradas por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos, conocida como UNRWA, dejaron de funcionar como espacios educativos y fueron convertidas en refugios para desplazados.

Las organizaciones palestinas remarcan que la Nakba no puede entenderse sólo como un episodio histórico. La ofensiva actual sobre Gaza es presentada como parte de un proceso continuo de expulsión y fragmentación territorial, propia de un régimen de apartheid. Por eso, las marchas del 15 de mayo ya no recuerdan únicamente lo ocurrido en 1948. También denuncian el presente de Gaza y la situación de millones de palestinos que siguen viviendo entre el desplazamiento, el bloqueo, la destrucción y el genocidio de un pueblo entero.

Las movilizaciones realizadas este año en ciudades de todo el mundo reflejan la solidaridad internacional de los pueblos. Por ejemplo, en universidades estadounidenses y capitales europeas crecieron las protestas contra la ofensiva israelí y contra el apoyo político y militar brindado por Washington. El reclamo central apunta al fin de los bombardeos, al levantamiento del bloqueo y al reconocimiento de los derechos del pueblo palestino.

Ya en 1974, el periodista y escritor argentino Rodolfo Walsh, en su libro La Revolución Palestina, denuncia estás situaciones y reivindica el derecho a la resistencia, en una frase tan célebre cómo vigente: “El objetivo palestino es recuperar la patria de que fueron despojados los palestinos. En la más discutible de sus operaciones, queda ese resto de legitimidad. El terrorismo israelí se propuso dominar un pueblo, condenarlo a la miseria y al exilio. En la más razonable de sus ´represalias´, aparece ese pecado original.”

También advierte que Palestina es la causa más justa de la humanidad. Décadas después, aquella definición conserva plena vigencia. La Nakba no pertenece únicamente al pasado y continúa desarrollándose en el presente, mientras millones de palestinos siguen luchando por existir, resistir y regresar a su tierra. Su lucha por el derecho al retorno es un grito de dignidad para toda la humanidad.

*Paula Giménez es Licenciada en Psicología y Magister en Seguridad y Defensa de la Nación y en Seguridad Internacional y Estudios Estratégicos. Lucas Aguilera es Magíster en Políticas Públicas. Ambos son directores de Investigación de Nodal

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