Bolivia: Sangre India – Por Tupaj García

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Bolivia: Sangre India

Por Tupaj García *

Tres semanas de protestas han sacudido al corazón de Sudamérica. Los aymaras y quechuas creen que el conflicto ordena, pone las cosas en su lugar, el caos de la batalla se entiende como una expiación de trabas, un sinceramiento de posiciones y la construcción de un orden. Veamos cuanto ha ordenado esta visión ritual de la violencia el campo político boliviano.

En los movilizados, el campo popular boliviano, se observa una movilización inminente aymara. Los 30 días de movilizaciones de las naciones indígenas amazónicas, sumada a la ola de protesta, dieron de baja la ley 1720 –quinto intento del Estado boliviano de arrebatar tierras comunales en 200 años– y los marchistas se replegaron victoriosos. Los maestros urbanos y rurales, movilizados a nivel nacional –pelearon por el incremento salarial del 20%–recibirán el 7% en forma de bono para fin de año, salen victoriosos pues son el primer sector en forzar medidas económicas al gobierno.

En lucha permanecen las comunidades aymaras (La Paz), la ciudad aymara (El Alto), un batallón campesino del evismo –llegaron a El Alto este domingo 17 tras 6 días de marcha– y los maestros rurales del departamento de La Paz, que no aceptaron el bono. El conflicto tiene por epicentro la sede de gobierno y a los aymaras, cuyos dirigentes expresan en cada discurso su rechazo a un gobierno que pretende volver al orden colonial. La dignidad no está en venta, afirman, y nadie les voto para entregar los recursos naturales y la soberanía, cierran.

Por su parte, el gobierno optó inicialmente por el desgaste, humillando a las dirigencias y rechazando los pliegos de los sectores. Cuando se le juntaron los frentes, expresó señales de pánico que fueron atendidas desde Santa Cruz, inicialmente para defender la ley 1720 y luego para sugerirle que gobierne desde el oriente. Aun así, eligieron ceder la ley 1720, el aumento a maestros y un bono especial a la policía nacional, disconforme también por la inflación.

La fragilidad del gobierno fue olfateada por las cooperativas mineras de Potosí –sector con capacidad de combate, pero lealtad voluble– que se movilizaron a la sede dando una batalla campal con la policía para luego tener una mesa de negociación donde el 80% de la agenda fue aceptada. Tan pronto se conoció el acuerdo, otros sectores de las cooperativas mineras (La Paz y Cochabamba) dieron plazo hasta el lunes al gobierno para ser atendidos.

El gobierno respondió la presión con fuego, movilizando a militares y policías para desbloquear, intentaron mostrar fuerza, reprimir sin matar, un límite difícil de manejar. El resultado fue la bronca, no el miedo, cohesionaron los barrios aymara de El Alto al escarbar en una memoria reciente de masacres a manos de la misma combinación de uniformes en 2019. Masificación de bloqueos urbanos, refuerzos desde áreas rurales y anuncios de 4 marchas, más la evista, para el lunes. Los aymaras anuncian batalla, los quechuas responden.

Los Ayllus Guerreros de Norte de Potosí salen a las carreteras y en Cochabamba, Oruro y Chuquisaca se preparan para unirse el lunes. Su incorporación irradiaría el conflicto a nivel nacional, paralizando el país y poniendo en jaque al Estado como en 2019 o 2020.

A Rodrigo Paz se le cierran los caminos y cada uno parece más trágico que el anterior. Puede aceptar el salvavidas de la agroindustria y gobernar desde Santa Cruz, poniendo en riesgo la sede de gobierno y la radicalización de las protestas. Otra opción es ceder ante los movilizados, perder el apoyo de la elite y gobernar con la desconfianza constante del bloque popular al que traicionó. La última es militarizar, aplacar con sangre las protestas y derrumbar ideológicamente a una derecha que se jactó de democrática, liberal y otros adjetivos demasiado grandes para sus burdas ambiciones.

El conflicto ha rayado la cancha: Indios contra Q´aras, soberanía contra inversión extranjera, dignidad contra colonia, Estado Plurinacional contra Republica.

En la indiada, una alianza obrero – campesina camina los bloqueos. Mineros y comunarios bloqueando juntos, maestros y campesinos combatiendo hombro con hombro, obreros y guardias indígenas (Ponchos Rojos) marchando al mismo grito. En los discursos rebrota la voz de Felipe Quispe “El Mallku”, los aprendizajes de Álvaro G. L., los logros de Evo Morales, los símbolos de Genaro Flores y Sabina Choquetijlla. Es una regeneración ético moral del campo popular en tiempo real.

Es muy temprano para augurar si esta alianza avanzará, peor aún decir que habrá victoria. Lo que existe es lucha, identidad y memoria. Si nuestra sangre se derrama, abonará la Pacha y la causa para quienes vendrán. Venimos de una historia de victorias y caídas que auguran lo que venimos diciendo desde hace 245 años:

Volveremos… y Seremos Millones.

*Tupaj García. Miembro del Movimiento de Resistencia Plurinacional (MRP)


 

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