Bolivia: nuevo esquema cambiario con devaluación del 10%
Bolivia: nuevo esquema cambiario con devaluación del 10%
Como parte de las reformas estructurales para revertir la recesión económica en Bolivia, el Gobierno de Rodrigo Paz modificó el régimen cambiario del dólar, de fijo, establecido hace 15 años, a flexible desde el pasado 29 de junio. La medida busca oficializar el nuevo, pero informal, costo de la moneda extranjera, dictaminado por un mercado paralelo abierto hace tres años, cuando el Banco Central admitió falta de liquidez. El nuevo modelo comenzó con un dólar a 9,76 bolivianos y, poco más de dos semanas después, se cotiza a 10,75, una subida del 10,5%. Si bien la iniciativa ha sido aplaudida por organismos financieros internacionales y aumenta la credibilidad del esquema económico, se implementa en un momento financieramente sensible, cuando las reservas de divisas han caído más del 70% desde 2014.
Para el economista y docente investigador Fernando Romero, el nuevo tipo de cambio es necesario, pero no cree que se haya aplicado en el momento justo. “Se ha develado un problema estructural de una crisis cambiaria: un mercado con mucha demanda y poca oferta. Si esta medida no viene apoyada de otras leyes estructurales, carece de credibilidad”. Para inyectar dólares que regularicen el mercado se debe, dice Romero, incrementar las exportaciones, atraer inversión extranjera y reactivar el aparato productivo.
El precio oficial del dólar antes del 29 de junio (6,96 bolivianos) era ilusorio y las importaciones y transacciones con la moneda estadounidense se realizaban tomando en cuenta el costo del mercado informal, provocando una inflación anual del 12,5% en junio y que el FMI pronostica que será del 20% para fin de año. Además, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió más del 2% de abril a mayo, según los datos recién difundidos por el Instituto Nacional de Estadística. Sin embargo, el nuevo modelo cambiario no ofrece señales de invertir la tendencia por sí solo: organizaciones de transportistas y pequeños comerciantes han advertido de una mayor subida de costos en sus servicios y productos.
El vocero presidencial, José Luis Gálvez, pidió a la población no alarmarse con la tendencia al alza de la divisa. “Hoy por hoy hay una escalada, pero la fluctuación del dólar se trata de eso, va a subir y bajar”. El economista Romero, no obstante, cree que hay que tomar con cautela las palabras del portavoz. “La gente entra en pánico cuando sucede un acontecimiento político o social, empieza a demandar dólares para resguardarse. Es parte de una paranoia social y de la idiosincrasia del boliviano que continuará mientras no haya una señal clara por parte del Gobierno de que habrá dólares”.
La inyección del billete norteamericano al sistema financiero parece ser el camino evidente para restablecer el equilibrio del mercado cambiario, el problema es el estado de los mecanismos del país para conseguirlos. La captación de inversión extranjera es mínima: de cada 100 dólares que llegaron a América Latina en 2025, Bolivia solo atrajo 30 centavos, de acuerdo con Romero, en base a un estudio de la Cepal. En cuanto a las exportaciones, el Estado recauda apenas alrededor del 12% de los ingresos por esta vía, asegura el ingeniero financiero Rodrigo Fernández.
“En 1996, por ejemplo, las exportaciones estaban obligadas a liquidarse en el Banco Central de Bolivia. Hoy nadie mete dólares en el Banco Central ni en el sistema financiero. No hay incentivos para traer dólares”, apunta Fernández. La confianza en la moneda nacional es inexistente, además de que Bolivia vive una especie de corralito desde 2023, con restricciones a los retiros de dólares en los bancos. Es cierto que el Gobierno de Paz decretó que desde principios de este año se podían empezar a retirar los dólares de forma escalonada y solo pueden acceder los ahorristas, con un máximo de 3.000 dólares en sus cuentas.
Frente al desalentador panorama, la vía más accesible para conseguir la moneda estadounidense parece ser un crédito del FMI. El mismo Gobierno anunció que estaban en marcha negociaciones para acceder a un préstamo. Los economistas coinciden en que, en caso de concretarse el crédito, el precio del dólar bajará, pero puede ser solo una solución momentánea, apenas un parche.
El principal problema de una cooperación con el FMI, opina Fernández, son “las duras condiciones”. “Una de ellas es que bajes el déficit fiscal. Sucede que, cuando la austeridad es muy fuerte, la economía se deprime y, además de poner en riesgo a los sectores vulnerables, deja de responder y sucede lo que el propio FMI llama consolidación autodestructiva. Tu actividad económica se reduce, pero aumenta tu deuda”.
El préstamo sería beneficioso, apunta Fernández, si es canalizado a sectores productivos para tener un alto impacto social. O decidir invertirlo en los llamados multiplicadores, áreas en las que cada dólar que se invierte en sectores específicos genera un mayor retorno al PIB. En Bolivia, por ejemplo, destaca el área de saneamiento básico, servicio del que carecen alrededor de 4,4 millones de bolivianos y al que dedican un promedio de 3,5 horas. “Imagínate si ese tiempo pudieran dedicarlo a producir, educarse o cualquier otra cosa. Por eso tiene el mayor multiplicador”.
