Estados Unidos firma un acuerdo para ayudar a Arabia Saudí a desarrollar un programa nuclear civil que le permitirá enriquecer uranio

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Trump autoriza un pacto nuclear que permitirá a Arabia Saudí enriquecer uranio

El acuerdo se circunscribe al uso civil de la energía, pero sus críticos temen que permita a Bin Salmán buscar la bomba atómica.

De las muchas justificaciones que Donald Trump ha dado en casi cinco meses para su guerra en Irán, la de impedir que el régimen de los ayatolás continúe con su programa nuclear y pueda acabar teniendo la bomba atómica es la que ha acabado cristalizando en el argumentario de la Casa Blanca y sus aliados. El presidente de Estados Unidos no ve problema, con todo, en que otro actor esencial en Oriente Próximo tenga la capacidad de enriquecimiento de uranio.

Su Administración firmó este miércoles un pacto nuclear con Arabia Saudí. Fue el secretario de Energía, Chris Wright, el que dio una noticia avanzada desde el día anterior por varios medios estadounidenses. La Casa Blanca promete que ese pacto generará miles de millones para la industria norteamericana.

El acuerdo es para la creación de un programa energético con fines civiles, pero, a falta de conocer sus detalles, no hay garantías de que este no vaya a desembocar en un uso militar. De viaje en Manila, el secretario de Estado, Marco Rubio, dijo que Estados Unidos nunca adoptaría ninguna política que aliente la proliferación nuclear.

El pacto, con su potencial de aumentar la tensión en Oriente Próximo en plena segunda fase de la guerra en Irán, tiene que ser sometido a votación en el Congreso, donde, para salir adelante, basta que no coseche el rechazo de una mayoría cualificada en el Senado. Es algo improbable: muchos republicanos están a favor del acuerdo, y los demócratas no cuentan, en principio, con los votos necesarios para pararlo. También se da por descontada la oposición de Israel, país que sí tiene la bomba atómica, pese a que es reticente a reconocerlo.

La idea del pacto con Arabia Saudí no ha sido (o no solo ha sido) de Trump. Durante la Administración de Joe Biden (2021-2025), estuvo encima de la mesa como parte de un marco más amplio que perseguía la normalización de relaciones diplomáticas entre el reino e Israel. Esos intentos se entienden como una continuación de la firma en 2020 de los Acuerdos de Abraham, el mayor logro diplomático de Trump en su primera presidencia, que trajo la reanudación de relaciones entre Israel y Marruecos, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin.

El plan de Arabia Saudí quedó aparcado tras los ataques del 7 de octubre de 2023 de Hamás en territorio israelí, que provocaron 1.200 muertos y fueron respondidos con una brutal ofensiva en Gaza, que ya se ha cobrado al menos 73.000 vidas en la Franja, según las autoridades locales.

Para sacar adelante el pacto, Trump −quien, según los medios estadounidenses, ha negociado directamente con el príncipe heredero, Mohammed Bin Salmán (MBS)− ha sacado el requisito de la mejora de relaciones con Israel de la ecuación. Los detalles quedaron fijados en reuniones posteriores entre diplomáticos de ambos países de menor rango.

La principal beneficiada del pacto nuclear con Arabia Saudí, alcanzado con una duración de 30 años, será Westinghouse, según apunta The New York Times. Se trata de la empresa que diseña buena parte de los reactores nucleares comercializados por Estados Unidos en el extranjero.

MBS, que visitó Washington en noviembre, ha declarado su intención de buscar la bomba atómica si Irán la lograra antes. Desde el inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las tensiones entre Riad y Washington han registrado varios picos, como cuando MBS presionó en mayo a Trump (y logró que surtiera efecto esa presión) para que desistiera de su plan de que el Ejército estadounidense escoltase barcos por el estrecho de Ormuz, cuello de botella del comercio global de hidrocarburos que también concentra toda la tensión de una guerra cuya salida no se adivina.

Trump también dio marcha atrás la semana pasada con otra idea: cobrar un peaje del 20% de la carga a los buques de los países del Golfo que quisieran usar el estrecho. Menos de 24 horas después, y tras hablar con algunos de los jefes de esos Estados, decidió que esa tampoco era una posibilidad.

El acuerdo nuclear con Arabia Saudí incluye, según el Times, dos cartas, secretas en virtud de la información comercial y de seguridad confidencial que contienen. Todo indica que estas se convertirán en uno de los puntos de fricción en el debate sobre su aprobación en el Congreso de Estados Unidos.

En Washington, aún está fresco el recuerdo de la responsabilidad de MBS, defendida por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, en el asesinato y salvaje desmembramiento del disidente saudí y columnista de The Washington Post, Jamal Khashoggi, en el consulado de Estambul en 2018.

En una decisión ampliamente criticada, Biden ya se vio con el príncipe heredero en 2023. En noviembre pasado, Trump lo recibió con todos los honores en la Casa Blanca. MBS es uno de los líderes mundiales con los que mantiene una relación más cercana. La corporación que dirigen sus hijos, la Organización Trump, cuenta con suculentos intereses en Arabia Saudí. Riad fue, antes de eso, la primera parada del primer viaje al exterior del republicano en su segundo mandato.

EL PAÍS

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