Pax Silica vs. WAICO: diferentes respuestas a la disputa por la inteligencia artificial – Por Lina Merino
Pax Silica vs. WAICO: diferentes respuestas a la disputa por la inteligencia artificial
Por Lina Merino*
El 16 de julio pasado, China presentó en Shanghái la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO), un acuerdo constitutivo firmado por 29 países.
Semanas antes, Argentina había anunciado su ingreso a Pax Silica, la alianza de cadenas de suministro impulsada por Estados Unidos. Ambas iniciativas responden a la misma disputa de fondo, el G2 tecnológico entre Washington y Beijing, pero proponen arquitecturas casi opuestas ya que una organiza dominación, la otra se presenta como cooperación.
Pax Sílica, diseñada para la guerra
Es una iniciativa estadounidense para asegurar la cadena de suministros de la IA, no compartirla. De hecho se presenta con un término de guerra: si estás en esta iniciativa habrá “paz”, y si estás fuera habrá violencia.
Pax Silica fue lanzada por el Departamento de Estado en diciembre de 2025 como una red de países «aliados» o «socios confiables» para asegurar el abastecimiento de minerales críticos, tierras raras, litio, cobre, energía, semiconductores y centros de datos.
No es una alianza entre iguales, mientras que Estados Unidos conserva el comando político, financiero y militar, Japón, Corea del Sur o los Países Bajos aportan capacidades industriales, Israel en ciberseguridad, los países del Golfo el capital. Argentina, en cambio, ingresa como proveedora de recursos y territorio aportando minerales, energía, infraestructura, condiciones regulatorias excepcionales, sin acceso a las capas donde se diseñan los modelos, se fabrican los chips o se define la soberanía de los datos.
Ese lugar periférico se profundiza con el Súper RIGI. El Super RIGI, aún proyecto de Ley, amplía el régimen de incentivos para las grandes inversiones y que ofrece treinta años de estabilidad normativa; reducción impositiva y libre disponibilidad de divisas a cambio de inversiones en IA, centros de datos y minerales, sin exigir transferencia tecnológica ni política de datos. Para el caso argentino, la Pax Silica ordena el alineamiento externo mientras que el Súper RIGI adapta el marco legal interno. Es una lógica brutalmente imperialista, que el geógrafo David Harvey definió como acumulación por desposesión.
En ese marco, entran los dichos de Dean W. Ball, responsable de prospectiva estratégica de OpenAI, quien sostuvo que un mundo dominado por modelos open-weight (pesos abiertos) podría desembocar en un “comunismo total de IA” donde la tecnología dejaría de funcionar principalmente como mercancía y pasaría a ser ofrecida por los Estados como infraestructura pública digital. Acá nos preguntamos si esta tecnología de uso social cada vez más masivo e intensivo, que se edifica sobre el intelecto general (categoría de Marx), es decir, por el conocimiento generado históricamente por la humanidad, no debería pensarse más bien como un bien común.
WAICO, una institucionalidad alternativa
Por otro lado, WAICO se presenta como el reverso institucional de ese esquema. Es una organización intergubernamental con sede en Shanghái, abierta a todos los países, que reúne a naciones de América Latina (Brasil, Cuba, Nicaragua y Venezuela), Asia, África y Europa con Rusia, Serbia y Bielorrusia también firmantes. Se apoya en la fórmula china de consulta amplia, contribución conjunta, beneficios compartidos y declara respetar la soberanía, la diversidad de sistemas políticos y los mecanismos existentes de la ONU, como el Pacto Digital Mundial.
Sus ejes declarados son el desarrollo de IA, gobernanza compartida, estándares técnicos comunes, reducción de la brecha con el Sur Global y sostenibilidad energética que contrastan con la lógica extractiva de Pax Silica.
Mientras que la Casa Blanca que necesita que la IA sostenga la hegemonía del dólar y el orden de posguerra, la respuesta que se lee en WAICO no es la confrontación militar ni el aislamiento tecnológico, sino la construcción de institucionalidad alternativa y de una base material propia:
- Multilateralismo con membresía abierta. Al reunir a 29 países de cuatro continentes, WAICO evita el molde restringido del G7 o la OCDE y disputa directamente el relato de que solo Estados Unidos puede convocar una gobernanza global de la IA.
- Anclaje en Naciones Unidas. Al presentarse como complemento del Diálogo Global de la ONU sobre IA y del Pacto Digital Mundial, y no como su reemplazo, China busca legitimidad institucional en lugar de imponer un bloque paralelo y confrontativo.
- Sustitución tecnológica material. El 15º Plan Quinquenal chino (marzo 2026) puso en el centro la estrategia «AI+», los semiconductores, la robótica humanoide y la computación cuántica. SMIC y Huawei avanzaron con litografía DUV en procesos de cinco nanómetros, y Huawei integró sus aceleradores Ascend con los modelos de DeepSeek, reduciendo la dependencia de equipos occidentales pese a las restricciones de exportación estadounidenses (la MATCH Act y las limitaciones sobre el Nvidia H200).
- Palanca de las tierras raras. El control chino sobre la separación y refinación de tierras raras (itrio, galio, germanio) le da capacidad de negociación sobre cadenas aeroespaciales, electrónicas y militares, y explica en parte el esfuerzo estadounidense (Project Vault, el foro FORGE con 54 países) por construir reservas propias.
- Soberanía digital interna. Con HarmonyOS, Huawei apunta a reducir la dependencia de Windows y macOS en administración pública e infraestructura crítica, y Beijing coordina centros de datos, almacenamiento energético y generación renovable hasta 2030.
Frente a esto, Washington responde reforzando controles de exportación, ampliando listas de empresas chinas vinculadas al aparato militar e integrando a las grandes tecnológicas (OpenAI, Google, Microsoft, Amazon, SpaceX) directamente con el Pentágono y sus redes clasificadas.
El contraste entre ambas iniciativas es notorio. Pax Silica organiza abiertamente una jerarquía con Estados Unidos al mando, y países como Argentina en la periferia extractivista. WAICO se presenta como cooperación entre iguales, aunque nace de una potencia donde China es «anfitrión y fundador principal», que también busca proyectar su propio modelo de desarrollo y disputar la definición de las reglas globales. Pax Silica ofrece a cambio grandes inversiones, que explícitamente exigen un cerrado alineamiento geopolítico. WAICO, por su parte, ofrece un lenguaje de soberanía y beneficios compartidos, pero sin transparentar aún mecanismos vinculantes.
En ese marco, para países como Argentina, la disyuntiva no debería reducirse a elegir entre dos patrones. El desafío es construir una agenda propia sobre datos estratégicos, control público de infraestructura, límites ambientales a los centros de datos y desarrollo científico-tecnológico local, en lugar de aceptar pasivamente cualquiera de los dos lugares que ofrece esta nueva división internacional del trabajo de la inteligencia artificial.
Por supuesto, hay un polo en decadencia cuya invitación es al sometimiento neocolonial, mientras un polo en ascenso cuya propuesta es una clara estrategia de acumulación de fuerzas para dar la dispuesta, lo que abre escenarios de oportunidad. Pero, sin dudas, el tercerismo debe guiar nuestras posiciones políticas, con organización social y protagonismo popular. No puede ser de otra manera si asumimos que, con la IA y todos los procesos de digitalización, virtualización y automatización de la nueva fase capitalista en curso, los destinos de la propia conciencia sobre lo humano es lo que está en el centro del debate.
*Lina Merino es Lic. en Biotecnología y Biología Molecular, Dra. en Ciencias Biológicas (UNLP), diplomada en género y gestión institucional (UNDEF), Profesora (UNAHUR), investigadora (CICPBA).
