Intento de CEPAL por volver al proyecto industrialista y de integración

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Intento de CEPAL por volver al proyecto industrialista y de integración

Roberto Pizarro Hofer

El reciente documento de la CEPAL, denominado Rupturas y Oportunidades, presentado por los expresidentes de Chile y Colombia, Michelle Bachelet e Iván Duque, en su sede de Santiago, es un intento de recuperar las propuestas originales de Raúl Prebisch, primer secretario ejecutivo de la CEPAL, sobre desarrollo e integración regional.

Ello resulta difícil por la propia responsabilidad que en décadas anteriores le cupo a la CEPAL, cuando aceptó, sin mediaciones, la globalización comercial, inversionista y financiera. Fue su propuesta de regionalismo abierto la que racionalizó sus coincidencias con el Consenso de Washington. Así, pasó al olvido el proyecto desarrollista, industrialista y de integración regional, que tan elocuentemente impulsara Prebisch en los años sesenta y setenta desde la CEPAL.

Recuperar lo perdido además es de dudosa viabilidad, con la generalización de gobiernos de extrema derecha en el continente, defensores del neoliberalismo y, al mismo tiempo, complacientes con la agresiva ofensiva política, comercial y militar sobre América Latina del gobierno de Donald Trump, quien ha reeditado la doctrina Monroe de “América para los EE. UU.”

CEPAL reconoce en su documento la dramática realidad económico social que hoy vive la región con un crecimiento per cápita de apenas 0,9% entre 2014 y 2023, inferior incluso al de la década perdida de los años ochenta; la persistencia de una alta desigualdad y débil cohesión social; y, con gobernanza poco efectiva.

Sin embargo, en ese diagnóstico doloroso no reconoce la responsabilidad que tuvo la misma CEPAL en aceptar una globalización radical y desigual, que profundizó la dependencia de la región ante las grandes potencias y desindustrializó las economías de la región.

Ahora dice que esa globalización ha llegado a su fin y junto con ello se ha erosionado el multilateralismo, mientras la competencia multipolar entre EE. UU. y China se muestra como la nueva realidad geopolítica mundial. Pero olvida que ella misma no quiso o no se atrevió a desafiarla.

Parece que el neoproteccionismo de Trump está ayudando a esta nueva reflexión de CEPAL.

Funda su optimismo en los activos de gran importancia con que cuenta la región, entre los que destacan: la dotación de recursos estratégicos, como la energía, los alimentos, los minerales críticos y la biodiversidad; las capacidades productivas, humanas y financieras; el tamaño del mercado y la red de mecanismos de integración y cooperación de la región.

El argumento central es que si esos activos se aprovechan de forma inteligente la región  tendría un enorme potencial para generar oportunidades y avanzar al desarrollo.

Aquí es donde CEPAL se equivoca, porque gran parte de esos activos ya estaban presentes en décadas anteriores y precisamente la globalización y el regionalismo abierto los debilitó, les impidió potenciar el desarrollo.

Con la apertura radical al mundo y los Tratados de Libre Comercio (TLC) se redujeron las capacidades productivas nacionales en la región Se radicalizó la producción para la exportación de recursos naturales, a costa de un repliegue industrial y de deterioros medioambientales. Se reprimarizaron las economías, no hubo inversión en ciencia y tecnología, el sector financiero se desnacionalizó, la educación de calidad se concentró en los sectores de altos ingresos, aumentó la informalidad y no hubo empleo de calidad.

Por otra parte, la apertura indiscriminada al mundo debilitó la integración regional, que en Prebisch era fundamental para el rediseño de la estructura de producción de las economías y asegurar el establecimiento de actividades de carácter industrial en un mercado ampliado.

La CEPAL nos dice que la dotación de recursos y las capacidades productivas son clave para impulsar el crecimiento económico, la transformación económica y la mejora del nivel de vida y, al mismo tiempo, sugiere una política nacional y regional de no alineamiento para desafiar la competencia geopolítica en torno a los minerales críticos, porque estos recursos son estratégicos en el desarrollo de las nuevas tecnologías y la IA.

Sin embargo, junto con el debilitamiento de las capacidades productivas la región se encuentra con serios problemas políticos para impulsar el desarrollo. Por una parte, los gobiernos en curso han sido explícitos en la defensa de políticas neoliberales, con estados domesticados por los mercados. Por otra parte, los gobiernos actuales ya han suscrito memorandos de entendimiento para vender los minerales y tierras raras, sin agregación de valor a los países desarrollados, en particular a EE. UU.

En consecuencia, con los gobiernos actuales difícilmente se podrán implementarán políticas de desarrollo productivo en la agricultura y con los minerales críticos y la energía, porque precisamente (como dice la misma CEPAL) han adquirido importancia estratégica en el contexto mundial actual; y, a consecuencia de ello están siendo monopolizados bajo la forma de recursos naturales por el gobierno estadounidense.

Así las cosas, también resulta dudoso que el estado mínimo destine mayores recursos para potenciar la educación, la ciencia y tecnología, lo que impedirá aumentar la productividad, diversificar la producción y fortalecer la agregación de valor.

El asunto no es fácil. Sólo un cambio político de envergadura y una visión económica que rompa con el pensamiento hegemónico podrán hacer viable las propuestas de desarrollo sugeridas en Rupturas y Oportunidades. De otra forma no son más que buenas intenciones.

Al mismo tiempo, la autonomía nacional, el no alineamiento y la integración regional, aunque fundamentales para avanzar el desarrollo, se ve difícil su implementación, tanto por la política agresiva del actual gobierno estadounidense, como por la complacencia de los gobiernos de la región, con contadas excepciones que desafíen esa política.

El documento de la CEPAL Rupturas y Oportunidades debe ser valorado como un buen diagnóstico de la actual realidad económica, social e internacional de América Latina. Sin embargo, sus propuestas, aunque interesantes, encuentran escasa viabilidad en el actual cuadro político nacional e internacional. Probablemente servirá a políticos y economistas valientes, con real voluntad transformadora.

*Exministro y exembajador de Chile, exdecano Facultad de Economía Política de la Universidad de Chile, exrector Universidad Academia Humanismo Cristiano, exconsultor de CEPAL, ALADI y UNCTAD.

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