Norberto Galasso: pensar la historia desde América Latina – Por Solange Martínez
Norberto Galasso: pensar la historia desde América Latina
Por Solange Martínez*
La muerte de Norberto Galasso, el 7 de septiembre a los 90 años, vuelve sobre una obra que durante más de seis décadas buscó reconstruir la historia argentina desde las luchas populares, la condición semicolonial del país y su pertenencia latinoamericana. Sus investigaciones sobre Manuel Ugarte, Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Juan José Hernández Arregui, John William Cooke, Perón, San Martín y los llamados “malditos” de la historia argentina estuvieron atravesadas por una preocupación persistente: revisar la “historia oficial” impuesta como arma ideológica de la oligarquía agroexportadora representada en Mitre y Sarmiento, y recuperar los procesos históricos como enfrentamiento de proyectos político-estratégicos.
Su obra abordó problemas que continúan abiertos: dependencia e imperialismo, liberación nacional y liberación social, dominación económica y producción de ideas, revolución y contrarrevolución, y la relación entre las luchas de cada país y la construcción de una fuerza latinoamericana.
Estas cuestiones adquieren nuevas determinaciones en la actual fase del capitalismo, atravesada por la hiperconcentración del capital, la revolución tecnológica y la digitalización de las relaciones sociales. La disputa por los territorios y los recursos estratégicos de América Latina y el Caribe se desarrolla mientras Estados Unidos procura reafirmar su predominio regional y la creciente presencia de China modifica las condiciones en que históricamente se desplegó ese dominio.
Recuperar a Galasso en este escenario supone colocar sus categorías y, sobre todo, su método frente a una realidad transformada.
Los hechos y su encadenamiento
Galasso comenzaba sus cursos con una definición aparentemente elemental: la historia era el relato de los sucesos ocurridos en el pasado y de su “encadenamiento”. La formulación condensaba un método que distinguía la heurística —la búsqueda de los testimonios necesarios para establecer los acontecimientos— de la hermenéutica, donde comenzaba su interpretación.
Los acontecimientos adquirían sentido dentro de procesos atravesados por contradicciones, fuerzas sociales y relaciones que se modificaban. De allí que Galasso pudiera encontrar conexiones entre las luchas federales del siglo XIX, el yrigoyenismo, FORJA, el 17 de octubre y el peronismo, atendiendo a las particularidades de cada experiencia y a las trayectorias que permitían relacionarlas.
Esta concepción discutía también la supuesta neutralidad de la historia. Establecer rigurosamente los hechos era indispensable, pero interpretarlos exigía determinar cuáles resultaban relevantes, qué actores intervenían, qué intereses expresaban y qué relaciones permitían comprender el proceso.
Galasso se inscribió así en una corriente historiográfica socialista, federal-provinciana y nacional-latinoamericana, que obligaba a preguntarse por la inserción del país en una región dependiente y por las relaciones de poder que condicionaron su formación.
Su trabajo como historiador estuvo acompañado por una intensa actividad de formación y divulgación: cursos en sindicatos, organizaciones políticas y sociales, centros culturales, libros y espacios de comunicación, donde reconstruir el pasado popular permitía reconocer tradiciones políticas y comprender las condiciones del presente.
Ese método conserva actualidad frente a coyunturas donde aranceles, disputas por recursos, operaciones financieras, plataformas tecnológicas y campañas comunicacionales pueden aparecer como acontecimientos independientes. Reconstruir actores, intereses, estrategias y trayectorias permite reconocer el proceso del que forman parte.
Dependencia, imperialismo y pensamiento colonial
El imperialismo ocupa un lugar central en la producción de Galasso porque su interpretación de la historia argentina parte de una formación social atravesada por relaciones de semicolonialidad impuestas luego de la independencia política. Su recuperación de Scalabrini Ortiz mostró cómo esas relaciones se materializaron mediante el control extranjero de ferrocarriles, bancos, servicios públicos y circuitos del comercio exterior, articulando intereses externos con sectores de las clases dominantes locales.
En América Latina: unidos o dominados, Galasso extiende el problema a la escala continental y vincula la balcanización latinoamericana con la penetración imperialista, primero británica y luego estadounidense. El sometimiento tenía también una dimensión ideológica: diarios, universidades, fundaciones y editoriales formaban parte de esa trama, mientras la historia continental era fragmentada en una veintena de historias nacionales desconectadas entre sí.
Galasso condensó su crítica a una intelectualidad subordinada a concepciones elaboradas fuera de sus propias condiciones históricas en una frase: “no elaboraron, remedaron; no produjeron luces, distribuyeron sombras”.
Su recuperación de Ugarte, Scalabrini Ortiz, Jauretche, Hernández Arregui y Cooke adquiere sentido dentro de este problema: reconstruyó una tradición intelectual y política porque encontraba en ella herramientas para estudiar la dependencia, el imperialismo, las clases sociales, el protagonismo popular y la unidad latinoamericana desde las condiciones concretas de la región.
Cuestión nacional, revolución y contrarrevolución
La formación de Galasso en la Izquierda Nacional colocó tempranamente en el centro de su obra la relación entre socialismo, peronismo y cuestión nacional. El 17 de octubre exponía una contradicción decisiva: la clase trabajadora, cuya representación histórica reivindicaba una parte de la izquierda argentina, participaba mayoritariamente de un movimiento nacional y popular que muchas de sus organizaciones habían sido incapaces de comprender.
En ¿Qué es el socialismo nacional?, escrito durante las movilizaciones de 1973, Galasso cuestionó el traslado mecánico de experiencias revolucionarias producidas bajo otras condiciones históricas y la separación entre cuestión de clase y cuestión nacional. Allí escribió: “No hay socialismo sin lucha antiimperialista porque no puede haber clase obrera victoriosa en un país derrotado”.
La revolución adquiría así determinaciones específicas en los países dependientes: la transformación de las relaciones sociales estaba ligada a la lucha contra el imperialismo y a la cuestión nacional, mientras su consolidación remitía también a la escala latinoamericana. Galasso vinculó allí la liberación de las “patrias chicas” con su unificación en la Patria Grande de San Martín y Bolívar.
Esta perspectiva resulta central para comprender su lectura de las derrotas de los años setenta. Galasso reconstruyó el período a partir de una relación de fuerzas que excedía las fronteras argentinas: el gobierno de Velasco Alvarado en Perú, Juan José Torres en Bolivia, Salvador Allende en Chile, la continuidad de la Revolución Cubana, Torrijos en Panamá y el ascenso de la movilización popular argentina configuraban un escenario regional de avance de distintos procesos de transformación.
La sucesión posterior de golpes, intervenciones y derrotas modificó esas condiciones y culminó en Argentina con el golpe del 24 de marzo de 1976 y lo que Galasso caracterizó como una “contrarrevolución oligárquica y genocida”. Revolución y contrarrevolución forman parte, en este recorrido, de una misma dinámica histórica: procesos de transformación y fuerzas que actúan para derrotarlos, interrumpirlos y modificar la relación de fuerzas construida en el período anterior.
El secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y la diputada nacional Cilia Flores, el 3 de enero pasado, forma parte de un escenario regional más amplio, marcado por el avance de fuerzas alineadas con Estados Unidos, el debilitamiento de los mecanismos de integración y la disputa por territorios y recursos estratégicos, donde se articulan mecanismos económicos, financieros, políticos, comunicacionales, tecnológicos y militares orientados a modificar la relación de fuerzas.
Volver sobre Galasso permite incorporar una dimensión adicional a este análisis. Comprender una derrota requiere estudiar las capacidades y estrategias de las fuerzas que impulsan la contrarrevolución junto con las contradicciones, decisiones y límites de los procesos que buscan transformar la realidad.
La Patria Grande como problema de poder
La cuestión nacional conducía a Galasso hacia la unidad latinoamericana. En las primeras páginas de América Latina: unidos o dominados se pregunta si América Latina constituye una nación todavía inconstituida o una veintena de naciones diferentes, e inmediatamente traslada ese interrogante hacia experiencias concretas: la Bolivia de Juan José Torres, el Chile de Salvador Allende y la Guatemala de Arévalo y Árbenz.
Galasso reconstruye también las independencias desde esa escala. Las campañas de San Martín, Bolívar y otros protagonistas de la emancipación desbordaron las fronteras que luego organizaron las historiografías nacionales. En una entrevista de 2000 caracterizó por eso a San Martín como “un general latinoamericano más que como un general argentino” y cuestionó una historia donde “se subraya lo que divide y no lo que unifica”.
La fragmentación territorial estuvo vinculada, además, con grupos sociales locales que se beneficiaron de ella: la disolución de los proyectos de unidad continental y la formación de pequeños mercados crecientemente vinculados a las potencias extranjeras crearon condiciones favorables para la dependencia. Galasso lo sintetizó en una de sus formulaciones más potentes:
“Lo que pudo ser la victoria de la Patria Grande se convirtió en las veinte derrotas de las patrias chicas”.
La Patria Grande era, en este sentido, un problema económico, político y estratégico: los procesos populares desarrollados dentro de Estados fragmentados enfrentaban la presión de fuerzas cuya escala de actuación era mundial.
Por eso Galasso escribió:
“Las luchas locales se irán entonces encadenando —de Méjico a la Argentina—”.
El encadenamiento aparece en los dos extremos de su pensamiento: como método para comprender la historia y como problema de construcción política. Los acontecimientos adquieren sentido por las relaciones que establecen entre sí; las luchas adquieren fuerza cuando consiguen construir relaciones capaces de superar su fragmentación.
Esa disputa adquiere hoy referencias concretas: América Latina y el Caribe concentran hidrocarburos, litio, cobre, agua, biodiversidad, alimentos y capacidad energética estratégicos para las transformaciones productivas y tecnológicas mundiales. La fórmula “unidos o dominados”, recuperada por Galasso de Perón, remite precisamente a esa relación entre escala y poder.
Aprender de nuestras derrotas, construir nuestras victorias
Durante las primeras décadas del siglo XXI, distintos procesos populares latinoamericanos en posición de gobierno ampliaron derechos, recuperaron capacidades estatales y construyeron mecanismos de coordinación regional. UNASUR, CELAC y ALBA-TCP expresaron, con alcances y contradicciones diferentes, la búsqueda de mayores márgenes de autonomía.
Galasso observó aquel proceso después de haber atravesado las derrotas de los años setenta y la reestructuración neoliberal. En la reedición de ¿Qué es el socialismo nacional? volvió a situar la unidad latinoamericana como condición para consolidar procesos de liberación, y encontró en las nuevas experiencias regionales elementos de una posibilidad histórica derrotada décadas antes.
La modificación posterior de la relación de fuerzas obliga a estudiar también sus límites: las conquistas alcanzadas convivieron con estructuras productivas dependientes, condicionamientos financieros y tecnológicos y dificultades para consolidar instituciones regionales capaces de sostenerse frente a los cambios políticos nacionales.
Ese balance comprende tanto derrotas como victorias. Las luchas anteriores dejan conocimientos, organizaciones, instituciones, vínculos sociales y capacidades políticas que las generaciones posteriores reciben bajo nuevas condiciones.
Esa tarea es hoy más urgente: los grandes capitales financiero-tecnológicos operan mediante redes e infraestructuras que atraviesan fronteras, y esa escala contrasta con la fragmentación de buena parte de las capacidades económicas, políticas y tecnológicas de América Latina y el Caribe. La integración regional adquiere entonces un contenido material: estructuras productivas complementarias, capacidades financieras y tecnológicas, infraestructura, producción compartida de conocimiento, defensa de los recursos estratégicos e instituciones capaces de sostener esos procesos.
El momento abierto el 3 de enero vuelve urgente esa discusión. Comprenderlo exige reconstruir qué capacidades regionales fueron debilitadas, cuáles permanecen y cuáles necesitan ser construidas, en una tarea donde intervienen gobiernos, organizaciones y movimientos populares, producción intelectual y comunicación, desde posiciones y funciones diferentes.
Galasso dedicó buena parte de su vida a recuperar las experiencias de quienes habían enfrentado problemas semejantes bajo otras condiciones históricas. Reconstruyó a los “malditos” silenciados en la historiografía oficial, las luchas populares y los proyectos de unidad continental porque encontraba allí una tradición desde la cual pensar las tareas de su propio tiempo.
América Latina y el Caribe cuentan con una historia acumulada de revoluciones, gobiernos populares, movimientos de trabajadores, organizaciones territoriales, luchas campesinas, indígenas, feministas y estudiantiles, experiencias de integración, producción intelectual y cultural, resistencias antiimperialistas y proyectos de soberanía. Esa historia contiene derrotas que deben ser comprendidas y victorias que también necesitan ser estudiadas.
Recuperar a Galasso en 2026 implica volver sobre esa experiencia para comprender cómo aprendemos de nuestras derrotas y cómo construimos nuestras propias victorias. La respuesta involucra relaciones de fuerzas, organización, elaboración estratégica, transformación material, producción de conocimiento e integración regional. En ese proceso se juega la posibilidad de que las luchas de nuestros pueblos vuelvan a encadenarse y construyan una fuerza capaz de intervenir sobre las condiciones históricas de nuestro tiempo.
*Psicóloga. Docente. Investigadora del Instituto de Asuntos Internacionales y Estudios Políticos Manuel Ugarte (UNLa). Analista de Nodal y del CLAE
